jueves, 7 de junio de 2007

CALLES DE LA HABANA


Caminar La Habana es algo esencial. La Habana, nuestra Habana y la de todos es esa mezcla de adicción, dolor, risas y tristezas. Las aceras de la habana tienen memorias y saben contar historias. Las aceras del mundo son nuevas y no saben nada, a veces son tan viejas que prefieren olvidar. Pero las aceras de La Habana son esas cincuentonas que no se resisten a que pase su época o su historia. Esas señoras hermosas que a pesar del descuido y el tiempo aún muestran amablemente partes hermosas de su cuerpo. Que con manos ávidas acarician la esperanza del regreso o de la memoria. Memoria. La Habana apesta a memoria. Sus desvencijados desagües llevan sueños disueltos en las aguas grises de un jabón inventado que deja las ropas más grises de lo que estaban y con olor a potasa. La Habana no tiene perfumes porque sus flores huelen a odio y a persianas. Persianas. Ese lugar por donde pasean los ojos a falta de vista. Las aceras de la Habana te aman y las persianas te miran. No es tecnología, es espiritu. La ciudad casi muerta, apestosa, vieja y triste te mira estés donde estés y espera como perros de Ulises tu vuelta. para que, aun sin jabón del bueno, con sus años, con sus calles marchitas y sus necedades, la ames como un primer día y para siempre.
Un comentario "anónimo" que tiene un lugar en esta entrada.
Anónimo said...
Vivir lejos de tu ciudad es tan duro que duele describirlo, es un desgarramiento de lo mas intimo, es lo no ser. Todos tus recuerdos que se resisten abandonarte y te prohíben adaptarte a lo nuevo, se entrecruzan con las nuevas experiencias y despiertas en medio de la noche jadeando por el ahogo. El desarraigo es ilegal es amoral y debiera ser prohibido, así rezaría “Todo aquel que sea apartado de sus raíces ya sea de forma consentida o bajo otras circunstancias será condenado a vivir eternamente enclaustrado a sus recuerdos y solo será liberado el día….” La Habana, no se si las demás ciudades también, tiene vida y los habaneros saben de que hablo, la ciudad respira, exhala, eructa y defeca, tiene lo bello de mi parque y lo hermoso de mi calle, el árbol que sembró mi padre frente a la casa mucho antes de partir, el gastado escalón de la pequeña escalera que da al portal de mi casa, el contén de mi calle, el quisio (así le decíamos) de la bodega de la esquina que esta pulido de soportar tantas generaciones.Ahora que debo permutar por disposiciones del primer mundo, recuerdo que fui a la escuela con mis amiguitos de la cuadra y algunos me acompañaron a la Universidad, aprendí y mataperree (digo yo) con aquellos mismos que luego fueron mis rivales en las conquistas de doncellas adolescentes, con los que luego llore en una funeraria o acompañamos a un familiar en una sala de emergencia o los que por hombría no me despidieron, pues en la habana los hombres no lloran.Quería ser imparcial y decir todo sobre ella, contar lo feo, enumerar lo malo, describir lo derruido, lo siento no pude las lagrimas no me dejaron......

jueves, 24 de mayo de 2007

Ivan manda este poema a alguien especial

Dedicado a María del Mar:
Otros versos sin ti…

Un pedacito, un borde, una esquirla...
una esquinita, una rendija, una pulgada...
un acento, una hebra, una minuta
diciendo "aquí estuve", brevemente...

Algo en el mundo que me diga que existes
y que no eres tan solo este silencio.

Un latido, una huella, un desvelo...
una letra, un sonido, un sortilegio
como cuando cierras y abres los ojos
y el mundo y la ciudad nacen de nuevo,
como si levantaras las cortinas
y entraran corriendo,
ruidosos y a la vez,
la mañana y los niños...
26/abril/2007

viernes, 18 de mayo de 2007

¡Existen! Documental desde La Habana

Jóvenes realizadores Cubanos
un excelente documental de Esteban Insausti.

Esteban García Insausti, nacido en La Habana en 1971.

Licenciado en Artes de los Medios de Comunicación Audiovisual, en la especialidad de Dirección para cine, radio y televisión. Estudió además música, devenido también productor musical y director de arte, ostenta además varios postgrados en marketing, Dramaturgia, Estética y Semiótica.
Fue reconocido con el titulo de Master en Ciencias del Arte por la municipalidad de Cultura del estado de Mérida. Ha sido jurado de varios eventos cinematográficos dentro y fuera de su país. Ha impartido Seminarios, Talleres y Conferencias en varias Universidades y escuelas de arte tanto dentro como fuera del país.
Comenzó su carrera profesional en el medio audiovisual a los 19 años como guionista en la Televisión Cubana; se convirtió luego en uno de los primeros realizadores independientes (Sincover producciones), cuya escuela fundamental fue el publicitario (comerciales, spot, trylers) tanto dentro como fuera de Cuba.
Irrumpe dentro de la industria (Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos) con su primer cortometraje de ficción Más de lo mismo (Sección oficial Cannes 2001, Quincena de realizadores) y se convierte en uno de los jóvenes talentos de la generación más novel dentro de la industria cubana del cine. Su obra ha sido premiada y exhibida en los más importantes festivales nacionales e internacionales (E.U.A, Canadá, España, México, Holanda, Italia), conciliando con éxito la opinión de críticos y público.
Como cineasta es miembro de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Sociedad General de Autores de España (SGAE). Es miembro además, del Comité ejecutivo del Festival Internacional de Cine Alternativo de México.

articulo relacionado en Cubaencuentro



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sábado, 12 de mayo de 2007

Josef y la vaca disidente (Capitulo2 y 3)



 Capitulo II

Aunque amaba con locura cada surco de la acera de su casa, su perro, su barrio y todas las cosas insignificantes que le rodeaban, a veces se levantaba con ganas de volar de pronto y perder de vista todo aquello que le acompañaba día a día. A veces odiaba el malecón aunque fuera una parte viviente de su cuerpo. Los carros hacían tanto ruido que parecía que lejos de rodar iban arando las calles y la gente imperdonablemente cabizbaja seguía con su vida como si no hubiera más tierra un poco más allá de sus pasos. Alguien le había hablado que en Pinar del Río se pescaba bueno. Que esa zona no estaba tan arrasada como La Habana en cuanto a peces se refiere, así que cogió las cosas y se fue al Lido a intentar tomar algo para el oeste. Temprano en la mañana ya la terminal estaba llena de gente. Es inexplicable como viaja tanta gente todo el tiempo. Gallinas, cajas, ruedas de carro, bolsas de nylon en colores con raras flores estampadas. Mujeres mayores, hombres con caras de campesinos, gente con perros. De todo se sube a un camión de los que va a Pinar del Río. Josef se quedaba en el entronque de Guanajay, así que se montó de último. Un duro banco de madera le dio para sentarse a duras penas con la mochila entre sus piernas. Las caras de los viajantes estaban desencajadas por el madrugón, o por el largo e incomodo viaje que se les venía encima. El camión arrancó sin más. Ya estaba rodando cuando algunas personas seguían tratando de subirse pero el supuesto ayudante del conductor se los prohibía. Se veía algunos con billetes de veinte en las manos ofreciendo pero era inútil la súplica. Era un momento tenso y triste a la vez. Quizás era muy importante para muchas de esas personas no perder ese camión. Ya Josef estaba encima. Le dio un poco de vergüenza ajena y pena en general. Una señora decía que iba ver a su hijo preso y contaba a su lado todos los avatares de cada viaje para llevarle comida. Se vanagloriaba de haber podido conseguir leche condensada. Su estomago estaba hueco a esas horas. Con que gusto se hubiera empinado hasta el final una lata de leche condensada y después medio litro de agua, con pan o galleticas. Se le había prohibido tanto por la escasez empinarse una lata de leche que era una de las cosas que estaba entre sus sueños. Algún día lo haría –pensó- y se acomodó como pudo con la cabeza recostada a la mochila y mirando la monótona carretera como enflaquecía detrás del camión que a pesar de sus humos dejaba entrar un poco de brisa de amanecer por los agujeros de la lona que hacía de carpa donde mucha gente día a día hacia mas de cien kilómetros desde La Habana hasta Pinar del Río.
Lo despertó una de las mujeres que cargaban con grandes bultos. La luz le hirió los ojos aunque intentó volverlos a cerrar lo más pronto posible. El camión estaba vacío. Habían llegado a Pinar del Río y el estuvo dormido como una piedra todo ese tiempo. Por supuesto que no podía volver, además no tenía mas dinero y la idea era pescar para vender por ahí mismo y volver con algo de dinero. Se bajó en una carretera llena de gente desconocida y a pesar de revisar con la vista los bultos de todas aquellas personas ninguno era pescador al menos por lo que llevaban. Contó su capital. Le quedaban quince pesos, a ver si con eso llegaba a cualquier lugar que hubiera mar, si encontraba el mar estaba salvado ¿para donde quedaría el mar mas cercano? Estuvo un par de horas mirando para donde iban todos los carros que le paraban a la gente por ahí. Viñales, Soroa, Piloto, Cinco pesos, Taco taco, Quiñones, El Brujo. Todos iban a cualquier lugar pero ninguno le sonaba a mar hasta que una furgoneta azul muy pequeña mencionó el morrillo. Poca gente iba ese lugar. Se acomodó entre sacos de papas y un par de bidones de 200 litros de petróleo. Ahí se volvió a dormir un poco pero entre una cabezada y otra veía pasar hermosas montañas verdes cortadas por carreteras insignificantes ante tanta naturaleza. El color de todo lo verde iba cambiando en tonalidades a capricho de la humedad o la sequía como si un pintor hubiera esparcido toda la pintura en algunos lugares y en otra se hubiera dedicado tan solo a limpiar un viejo pincel.
La furgoneta paró al pie de un viejo muelle de tablas por donde corrían dos raíles y un carro pequeño de carga que era tirado por personas. Al apagar el motor el silencio parecía un gran manto desde donde solo se escuchaban voces muy lejanas y de vez en cuando el ruido de alguna gaviota. La orilla de este mar donde había llegado Josef parecía de cristal por calmada y clara que estaba. No había que esforzarse para ver peces casi saliéndose del agua. Ya no me muero de hambre al menos – pensó y se acercó metiendo sus pies en el agua. Había pequeños cajices, roncos y mojarras husmeando tan cerca de sus pies que casi se podía pensar en pescar de una patada – esto en La Habana ya no lo hay. Miró alrededor y vio como dos hombres intentaban descargar de la furgoneta los bidones de petróleo. Era un atentado al rico olor del mar que se le salieran algunas gotas. Soltó la mochila y se puso a ayudarlos. Los bidones fueron al carrito con ruedas de tren que iba por los raíles y después fueron descargados en un pequeño barco pesquero de ferrocemento lleno de parches y pintado con varias pinturas que se iban descascarando por turnos. Josef ayudó incluso a inclinar los bidones para que le cargaran de combustible los tanques del barco que se engulló los 400 litros con tranquilidad. También se bajaron sacos de papas, ajos, una lata de aceite de girasol, libras de pan viejo y algunas latas de leche condensada. Repitió su promesa de un día empinarse una lata de leche entera. Se disponía a abandonar el barco cuando uno de los marinos le extendió la mano muy agradecido.



- No eres de por aquí ¿verdad?
- No…
- Bueno, gracias por ayudarnos a descargar esto, eres pescador por lo que veo.
- Si, quería ir pa la herradura pero me quedé dormido en el camión.
- Entonces vienes de La Habana.
- Si…y no tengo dinero para volver... ¿Donde se pesca bueno por aquí?
- ¿Por aquí? Donde quiera, aquí mismo si te tiras esto esta lleno de peces pero como te cojan.
- ¿Me cojan? ¿Quien?
- ¡Muchacho! Aquí esta prohibido pescar, si sacas una escopeta vas preso ¿Has desayunado?
- No.
Extendió una mano y con tranquilidad cogió una libra de pan y una lata de leche condensada. Josef la aceptó gustoso. Dio las gracias y se alejó un poco del muelle donde no se oyeran los murmullos de los pescadores. Al sentarse en la orilla el agua tibia le acarició los pies descalzos. Las chancletas hacía rato que estaban dentro de la mochila. Con el cuchillo de pesca le hizo dos agujeros a la lata, no se podía estar mejor. Las cosas pasaban por algo, murmuraba para si mismo. Tenía que haberme quedado dormido en el camión y pasarme unos cientos de kilómetros de donde iba originalmente para cumplir este sueño. Aquí, en la orilla de un mar cristalino, calmado, amaneciendo prácticamente empinándome una lata de leche condensada y una libra de pan. Que rico. Que bien. Por momentos se le olvidó a lo que había ido. Le daba igual pasarse lo que le quedaba de vida en esa posición y haciendo aquello. Al tirar pequeñas migajas a la orilla los peces se la disputaban con mucha energía. Vaya lugar mas lindo. Vaya buen día.
Sintió unos pasos por la arena a su izquierda, era el pescador de antes. Un hombre de unos cuarenta años muy musculoso pero con una barriga de embarazo. Se acercó y preguntó sin pensárselo.
- ¿Como te llamas?
- Josef……Josef Mignola.
El pescador ladeó la cabeza como si le sonara raro. La verdad es que su nombre siempre sonaba raro en Cuba. Quizás en otro lado no. No se sabe si venía de italiano, latín o que y para colmo ese nombre inglés que le puso su madre por el actor de una película vieja. Bueno quizás estaba mejor que Maikel o Yosan, pero eso no quitaba que la gente siempre se quedara un rato analizando si no le estaban tomando el pelo.
- ¿José?
- Bueno si, José igual.
Extendió la mano de nuevo, Josef aprovechó para agradecerle una vez más el haberle cumplido un sueño ese día.
- Soy el Cuadrao, el patrón de este barco ¿eres pescador?
- Si, más o menos.
- Es que me dijiste que estabas sin dinero ni siquiera para volver a La Habana. Yo salgo de campaña dentro de un rato y me faltan dos pescadores que me han dejado embarcados –rió profundamente- ¡Que bien viene la palabra embarcado en este momento! Que si no te mareas y quieres estar unos días pescando con nosotros puedes venir. Te ganarás unos cuatrocientos pesos mas o menos en esta semana en dependencia de cómo nos vaya la pesca, lo jodío es que hay que trabajar muy duro y romperse las manos. Veo que tienes careta snorkel y cosas de esas.
- No se que decir.
- Son las ocho de la mañana y saldremos a eso de las doce así que te lo puedes pensar con calma, de todas maneras sin querer ya has hecho tu trabajo de hoy que ha sido ayudarnos a avituallar el barco. Salimos a esta hora porque quizás estemos toda la tarde navegando para llegar en la noche a cayo ratón o cayo levisa que es donde hacemos noche.
- Está bien, voy con ustedes – Josef se levantó de un salto sonriendo para si por lo que creía una buena idea. Quizás esto mismo es lo que necesitaba. Además ni con todo el oro del mundo se le iba a dar la oportunidad de navegar por el litoral norte del un lugar tan hermoso como Pinar del Río.
- ¿Estudias o algo? No vaya a ser que yo este aquí dándote que hacer y mañana debas ir a la escuela o algo.
- No
- ¿Trabajas?
- Si, ahora, contigo.
Los dos fueron riéndose como si se conocieran de siempre. Se montaron en el barco y conoció al resto de la tripulación. Además del Cuadrao que era el patrón estaba también el negro, que era un negro cincuentón con gafas de mucho aumento y cerraba los ojos como si no viera bien, el maquinista que nombraban el rubio y un cocinero muy joven que le decían marinero. Este ultimo no habló nada y parecía algo hostil, tenía un cuchillo en cada mano y se metió rápidamente a la cocina a pelar papas que era lo que estaba haciendo cuando el Cuadrao llamó a toda la tripulación a conocer el nuevo “pescador” como le llamó a Josef con aire casi paternal.
El motor rugió con furia. La palanca que hacia de embrague era un pedazo de hierro horizontal al lado de la torreta del timón, timón lleno de cortes, despintado y con algún que otro mango arrancado. De las cabezas de sus tornillos lloraba un viejo oxido verde que dejaba ver que una vez fueron de bronce. El barco entero estaba descascarado, de no ser por lo que se contoneaba encima de las olas podría decirse que era un pedazo de muro derrumbado que se había caído al mar pero por curioso que parezca sobrepasaba las olas con un poco de maestría y algún orgullo oculto de lo que fue quizás en sus principios, ser un barco decente. El barco se dirigía rumbo oeste del todo sin perder de vista la verde costa Pinareña. Para Josef fue un placer inmenso volver a navegar, las cosas hasta ahora iban saliendo bien. El sol iba cayendo por la proa y el espectáculo era imponente. A veces por la tierra, a veces por el mar. En dependencia de la distancia que llevaran de la orilla el sol huidizo daba de si su mejor espectáculo. El cuadrao se acercó dejando el timón solo. Los demás estaban cada uno en sus faenas conocidas, revisando redes, marino cocinando. El cuadrao le pidió a Josef que lo ayudara a “nevar” que consistía en picar grandes piedras de hielo y esparcirlas por la nevera para la conservación de las capturas. A pesar de estar en el frío del hielo Josef sudaba a chorros. Cortar hielo a base de golpes es bastante difícil y aunque las manos le dolían por el frío al esparcir los picotillos de hielo por toda la nevera, sonreía y no creía que hubiera la posibilidad de que le hubiese pasado algo mejor que esto que le estaba sucediendo. Al salir, las tenues luces de posición del barco y un oxidado reflector le hicieron caer en cuenta que ya era de noche. Todos los marinos estaban echando redes al agua por la popa y Josef se puso en funciones, el resto lo observaba como asombrados de saber en casi todo momento lo que tocaba hacer y se dieron cuenta que Josef tenia alguna experiencia así que dejaron de cuidarlo y se pusieron a la tarea de “calar” todas las redes hasta que bien entrada la noche terminaron los últimos 500 metros de red. Navegaron hasta que se suponía que estaban cerca de la orilla y echaron el ancla. Un café con leche y unos pedazos de pan fue la humilde ¡cena de ese primer día y después se fue a dormir en un colchón de espuma sin forro que daba un poco de mala impresión pero con el cansancio al final era inmejorable. Fueron turnando las guardias. A Josef le tocó a las 5 y 30 de la mañana hasta las 7 y 30 eran un par de horas fáciles. Además con el solo hecho de estar en el mar ya todo estaba arreglado y todas las cosas eran hermosas incluso que te despertaran a las 5 de la mañana con un trago de café negro y la noticia de que tenías que vigilar que el barco no se le soltara el ancla y encallaran en la peor de las condiciones con todo el mundo dormido a bordo.

 Capitulo III
No se puede contar como es un amanecer en la costa norte de Pinar del Río. Las palabras lejos de enriquecer quizás hagan mella en el intento. Tantas luces y colores, unido a una temperatura levemente fría y el sonido de pequeñas olas de un mar calmado casi a la perfección son cosas que no caben ni en papel, ni en fotos. La nitidez que provoca la transparencia del azul mar invitan a intentar ver el fondo aunque nunca lo logres, eso si, de vez en cuando enormes colonias de corales asomaban como advirtiendo que tanta hermosura era peligrosa y que si te distraías mucho podías quedarte sin barco en cualquier momento. El motor hizo añicos el suave pasar de la brisa y las olas. El gastado barco puso proa a cayo Levisa. Desde lejos se divisaba una playa infinita y blanca y una costa llena de pinos. Josef estaba tan alelado que despertó cuando la proa del barco encalló en la arena. En la cara de sus compañeros solo sonrisas. Saltaron al agua por la proa como si fueran descubridores. La emoción de ese gesto hizo a Josef saltar sin pensarlo también. Lejos de lo que se imaginaba el agua estaba tibia y perfectamente agradable. La transparencia seguía siendo un enigma. No le quitaba los ojos del fondo que se veía de cristal, con tantos peces y tanta belleza. Todos se pusieron a disfrutar de la hermosa playa, Josef se quedó en la orilla mirando como si esperara a que le dieran su próxima misión pero se equivocaba. Habían encallado ahí por puro disfrute de la playa y el cuadrado se lo dijo invitándolo a meterse con bruscos gestos y una sonrisa infinita. Cuando se le acercó le explicó entre zambullidas como un niño que lo llevan por primera vez al mar.
- Este cayo esta riquísimo, aquí venimos a darnos un chapuzón tranquilos hasta que caiga la tarde porque en medio del sol no hay quien se ponga a recoger redes, además así se queda una horitas mas y a ver si tenemos suerte y pesca algo.
Josef no preguntó nada, cogió la careta, las aletas y se puso mirar. El fondo de arena parecía un desierto en miniatura con pequeñas dunas que daba la impresión de estar sobrevolando el Sahara, de no ser por los peces, tanta transparencia habría creado el efecto de estar suspendido en el aire sin mas. Había tramos de ceibadal que es como la hierba de los jardines marinos. Cientos de criaturas pululaban por todas partes sin inmutarse por la presencia de Josef. Lo ignoraban al no estar acostumbrados a la presencia humana. Ya entrada la tarde se iban a recoger las redes como cada día. De vez en cuando asomaba una tortuga y los pescadores se animaban un poco. Quedaba claro que cada vez la pesca estaba más escasa y difícil. Al cuarto día apenas tendrían unas 350 libras de carne en el barco de las mil aproximadamente que debían capturar en una semana. Los víveres se agotaban, la paciencia, las energías y la esperanza.


Josef notaba que de vez en cuando la tripulación se reunía dejándolo a el fuera y hablaban en voz muy baja. Marinero, al parecer el mas inocente del grupo lo miraba de reojo a cada rato. Josef empezó a ponerse tenso e imaginarse cosas. Quizás querrían irse a los Estados Unidos. Y ¿si lo tiraban al agua en una noche y lo dejaban abandonado por ahí? ¿Y si no le iban a pagar por lo mal que estaba yendo la cosa y no sabían como decírselo? Josef conocía a mucha gente y reconocía por los gestos de la cara si las personas eran buenas o no y estas personas le habían parecido inmensamente nobles y honestas. Decidió tomar iniciativa y dejar claro ese asunto que estaba resultando incomodo para todos.
- Cuadrao – Rompió el silencio con la voz lo mas seria que pudo, los tripulantes dejaron de hablar murmurando y lo miraron con curiosidad.
- Yo no quiero ser un estorbo – comenzó hablando casi mas con las manos que con palabras – yo veo que la cosa está mala, que no hay pesca y que de seguro no habrá dinero. Quiero que sepas que yo con algo que me de pa volver a La Habana ya estaré tranquilo, la cosa está mala, es mas si me desembarcas por aquí mismo con un par de latas de leche condensada yo las vendo y con eso regreso. De todas maneras la he pasado muy bien y me he alegrado muchísimo de poder navegar y de haberlos conocido.
Se hizo un silencio largo. El cuadrado suspiró profundamente, se levantó del techo de la cubierta y fue donde Josef. Lo miró como un padre mira a un hijo y poniéndole la mano por encima del hombro suspiró de nuevo.
- José… ¿Tú crees que le puedo decir a mis hombres que cojan dos latas de leche condensada y se vayan a su casa? Como capitán de este barco no puedo hacer eso. La pesca esta mala… imposible, es verdad. ¿Pero que hace el negro en su casa si les dice a sus dos hijos que no ha pescado nada? O marinero que ni siquiera tiene familia ni casa. ¿Crees que puedo rendirme? Tú eres uno de mis hombres ahora y yo hice un trato. Tú no te vas a casa sin dinero joseíto.¡Arranca el motor negro!
Al negro se le iluminaron los ojos y de un tirón ya estaba en el cuarto de maquinas arrancando el viejo 3D6 ruso que antes había sido motor de un tanque de guerra T-34.
- Vamos a pescar a cayo carmen – dijo el cuadrao ante la mirada extraña del resto de los tripulantes, después de una pausa miró a Josef con lástima – espero joseíto que esto te lo lleves a la tumba, sino muchas familias se quedarán sin comer.
Ya la noche había caído con esa calma de los meses de verano caribeños. Hacía un calor inmundo y no se movía ni gota de viento cuando una luz que resultó ser un cayo en medio del mar se coló sin permiso por entre las maderas de los cajones de redes del barco. Los hilos de las redes brillaban con intención de hacerse notar a pesar de su triste inutilidad por la escasez. La proa abrió un surco en la arena. El motor dejo de andar. Todos fueron a tierra. Josef también. No se imaginaba que tipo de pesca se podría hacer en ese cayo. También era de pinos. En medio del silencio y las pequeñas olas de la orilla se oían a lo lejos unas voces y música muy distorsionada. Los tripulantes empezaron a dar voces.
-¡Juan Tomás! ¡Juan Tomás!
- pasen caballeros – la voz venía de la maleza, se oía también el ruido de un motor pequeño, de esos que suenan como un martillo a todas horas que usan las pipas de agua. Llegaron a una casa rustica de madera donde una planta alimentaba un pequeño antiguo televisor donde Juan Tomás veía una novela acompañado de unos perros que no se inmutaron ante su presencia y una escopeta de dos cañones embadurnada en grasa y oxido que olía a hierro recién sacado del mar.
- ¡Que hay Juan Tomás? ¿Cómo están las cosas? – Juan Tomás respondió sin dejar de mirar la televisión.
- Mala está la cosa cuadrao. El mes pasao tuve un lio con una “vaca loca”
- ¡A si? ¿Que pasó?
- Una de las vacas… se fue nadando. Yo creo que quería irse para los Estados Unidos.
De pronto a Josef le vino una risa pero se la tragó al ver al resto de sus compañeros en perfecto silencio y muy serios. La novela transcurría captando casi toda la atención del anfitrión que aun así prosiguió con la historia. -Yo no se que pasa, están ahí tan tranquilas y de pronto una hace muuúúú y se manda a correr con todas sus fuerzas pa la orilla y entra al mar como una lancha. No me da tiempo a hacer nada y ni siquiera encuentro los huesos aunque sea pa justificar que se murió por accidente. Luego cuando explico que la vaca se fue nadando se ríen de mí. Mira, estoy cansado cuadrao aquí solo en este cayo de mierda cuidando vacas pa que no se las coman la gente de tierra firme y en mi casa se pasa hambre… y aquí también. Namás me dan chícharos y sal ¿se han pensao que yo soy una paloma?
- Que se le va a hacer Juan Tomás, de todas maneras te vamos a dejar una paletica de tortuga que te vas a chupar los dedos, alégrate que al menos estás en tierra firme y no tienes que preocuparte por nada.
- yo no se cuadrao… a veces no se que hago aquí. Llevo años en esto.
Josef se percató que se había quedado solo con Juan y el cuadrao. Los demás hombres habían desaparecido entre la maleza de la costa. Las hojas redondas de la uva caleta dejaban pasar pequeños reflejos de la luna como si enormes manchas redondas quisieran abarcarlo todo. Se oía el zumbido de los mosquitos en todo momento. El cuadrao se despìdió sin más.
- Bueno Juan Tomás, seguimos rumbo que la cosa está mala y quizás terminemos pescando por el cabo y tu sabes la propela que hay que dar pa eso.
Se estrecharon las manos y aun así Juan Tomás no dejaba de mirar la novela de una esclava brasileña que se enamoraba de un burgués joven mientras su dueño le hacía la vida totalmente imposible por amor también. El cuadrao puso rumbo a la proa encallada del barco donde los demás esperaban. Josef seguía sin entender en que momento de la noche o del día iban a pescar. Arrancaron el motor y pusieron proa al norte, a mar abierto con la maquina casi a full que amenazaba con aflojar los dientes a la tripulación de tanta vibración. En la popa del barco una cuerda se iba desenroscando a la misma velocidad que salía el barco, Josef fue a recogerla pensando que podía ser un cabo que se había quedado suelto pero el cuadrado con un discreto guiño se lo impidió. Se quedó inmóvil sin saber que hacer o que sucedía, todos miraban por la popa como si hubiese algo mas que mirar que la negrura de una noche que cada vez dejaba ver menos sombras porque la luna cansada de que no le hicieran caso se iba retirando como buscando lugares mejores, o mas románticos.
El rollo de cuerda se terminó. Todos se miraron entre si como si pasara algo y Josef estaba alerta para ver que se estaba cociendo sin el enterarse de nada. El estrechonazo que dio el final de la cuerda que estaba atada a una robusta cuaderna de hierro hizo disminuir violentamente la velocidad del barco a pesar de su enorme peso.
- ¡A Jalar coñoo!
Con ese grito se pusieron todos, Josef incluido a tirar de la cuerda con frenesí. El chorro de agua que saltaba al pasar las manos por la cuerda empapada los iba bañando a todos. El agua estaba tibia y agradable a pesar de ya haber pasado la medianoche. Una gran maraña de cuerda mojada se hizo sobre la cubierta hasta que se acabó. En el extremo una gran masa blanca se veía en la impecable transparencia del mar nocturno hasta que llegó a la banda del barco. Un par de cuernos asomaron y Josef del susto se le aceleró el corazón tanto o más que el ruidoso motor del viejo barco. Estaba en primera línea. Al mirar atrás vio la tripulación con horribles cuchillos herrumbrosos y machetines pero con una franja niquelada en la parte del filo que denotaba que se había hecho meticulosamente hacia pocos minutos. Las caras de los hombres recordaban una película de piratas o de caníbales. Josef no salía de un susto para entrar en otro. En menos de media hora una vaca fue izada al barco descuartizada, hecha bistec y debidamente helada junto a la carne de tortuga con la cual no tenía mucha diferencia. Josef no cerraba la boca. A eso de las dos de la mañana ya habían terminado. Por la borda con cubos de agua se intentaba convencer a la sangre que ya no le quedaba mas nada que hacer en ese cuerpo ni en ese barco. En el agua se veían pequeños tiburones frenéticos dando coletazos al aire sin sentido y toda clase de peces y calamares esperando un festín anunciado pero que nunca llegaría a sus ayunadas vidas.
- Hemos pescao- Dijo el Cuadrao tranquilamente encendiendo un tabaco – ¿vaya pedazo de tortuga verdad? casi tan grande como un tinglado. Los marineros acomodaban los pedazos de carne dentro de los viejos carapachos de tortugas que Josef siempre se había preguntado para que los guardaban. Nunca se imaginaría esto. Por la radio se escuchaba la voz de Juan Tomás llamando a todas las autoridades que había tenido otro caso de “vaca loca” – otra vaca se fue nadando coño, otra mas- gritaba sin contenerse entre la estática del viejo radiotransmisor canadiense. Después silencio.
Un par de horas después con casi los claros de la mañana llamando al borde de la tierra el Cuadrao destapó un ron Nucay que venía en una botella de cuerpo ancho como las botellas de lejía. La etiqueta era de solo dos colores, el papel amarillento y las letras rojas con un intento de dibujo de un indio a algo por el estilo. Cada uno se dio un largo trago como si de un café con leche se tratase. Josef no fue menos. El ayuno y la dosis le dieron un mareo terrible. El barco puso proa al morrillo en lo que el Cuadrao gritaba sin mas que ya habían cumplido los planes de producción. Una suave brisa de amanecer empezó a agradecer la movida y nerviosa noche que ya le iba quedando menos. De vez en cuando se oía un quejido por la radio. –otra vaca se fue, otra vaca se fue.
En la mañana, ya amarrados en el muelle descargaban y contabilizaban toda la carne de tortuga capturada en esta semana. Se iba metiendo en cajas de plástico grises y seguían rumbo para cualquier lugar menos para los ojos de un cubano. Como si de material sagrado se tratase se envolvía y etiquetaba en el mismo muelle y casi se custodiaba hasta el camión nevera que la haría seguir su rumbo hasta el misterioso y fantástico consumidor final. Josef con el dinero prometido en el bolsillo se despidió con un abrazo de sus compañeros de faena. Caminó al entronque de cabañas y en un par de horas y tres vehículos ya estaba montado en el camión que lo dejaría en el Lido. Se metió la mano en el bolsillo y apretó el bulto de dinero y con la otra se enrolló la bolsa de los equipos de pesca. Iba feliz, económicamente feliz pero aun aturdido y asustado. En su conciencia aun retumbaban las palabras distorsionadas de la radio desesperada con la rayada voz de se ha ido otra vaca. Intentó pensar cosas agradables. Pensó que quizás se compraba una buena bicicleta que tanto soñaba y quedándose dormido hasta La Habana, medio en sueños le dio gracias a la vaca disidente.

jueves, 10 de mayo de 2007

miércoles, 9 de mayo de 2007

Cubanías II

Esto me lo enviaron por E.mail
Gracias Vicky

Curiosidades Cubanas....
El origen del fufú de plátano:
¿Ha comido usted alguna vez el fufú de plátano?
Según Don Fernando Ortiz, el gran investigador del folclore cubano, durante la dominación inglesa en Cuba, después de la toma de La Habana, entraron muchos esclavos llevados por los ingleses. La comida que normalmente se daba a los esclavos era plátano hervido y machacado y se cree que esta forma de comerlo venía de Ghana y Sierra Leona. Los negreros ingleses acostumbraban a decir "food,food,food" (comida, comida,comida!), cuando repartían las raciones a los esclavos; de ahí que éstos comenzaran a darle el nombre de "fu-fu".

Este plato se conoce en el Caribe y, en algunos lugares del oriente cubano, como machuquillo, matajíbaro, mofongo en Puerto Rico; y mangu en República Dominicana.

Los "Fotingos"

Los cubanos del siglo pasado solían llamar a los automóviles "fotingos", pero es interesante saber el por qué, ya que la palabra no existe en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española.
En 1908, la Ford Motor Company de los Estados Unidos sacó su famoso Ford Modelo "T". Desde el punto de vista técnico el Ford Modelo "T" incorporó la modalidad del sistema de tres pedales: embrague, freno y acelerador.
La publicidad de la Ford describía la novedad como el sistema de "foot it and go", es decir, pisar y arrancar.
Los primeros automóviles arribaron a Cuba en 1899 y eran de fabricación francesa, pero cuando el modelo Ford llegó al país se hizo popular y los criollos comenzaron a usar la palabra "fotingo" (cubanizando la frase "foot it and go") para designar al modelo "T" de la Ford.También le llamaban "tres patas" (embrague, freno y acelerador).
¿Por qué los cubanos les llaman a los campesinos "guajiros"?

Durante la Guerra de Independencia de 1895 en Cuba el campesinado se unió a las tropas libertadoras que comandaba el Generalísimo Máximo Gómez, nacido en la bella isla de Quisqueya y ejecutada por el Apóstol de la libertad de Cuba Jose Martí y Pérez.
La Guerra del 95, como le llaman los cubanos a la Guerra de Independencia, ya casi estaba ganada por los mambises (palabra derogatoria de los españoles hacia las tropas cubanas). Cuando las tropas norteamericanas desembarcaron en Cuba, le llamaban a los combatientes cubanos War Heroes, para el oído de los campesinos y otros cubanos al comando de las tropas sonaba Guajiro. Y por esta razón que el único campesino en toda nuestra América es referido como "guajiro".

El gallo de Morón

Entre los cubanos es popular la frase:"se quedó como el Gallo de Morón,sin plumas y cacareando". Muchos piensan que se trata de un famoso gallo originario de Morón, Provincia de Ciego de Avila, Cuba. Pues bien, la historia es que el Gallo de Morón ni era un gallo, ni era de Morón, ni tuvo que ver con Cuba.
Se trata de una leyenda del siglo XVI, cuando el recaudador de impuestos de Granada se presentó en Morón de la Frontera (Sevilla) a ejercer su oficio. Como el sujeto tenía aspecto de matón y forma de actuar muy grosera se le bautizó como el Gallo de Morón.
Los moronenses se hartaron de los desplantes de aquel gallo y un buen día le atizaron una tunda de palos tan contundente, que éste tuvo que marcharse de Morón sin atreverse a volver por más impuestos. De ese episodio surgió una copla popular que decía: "Anda que te vas quedando / como el Gallo de Morón / sin plumas y cacareando / en la mejor ocasión".
El origen de los "guatacas"

La azada es un apero de labranza que se utiliza en los campos de Cuba para desbrozar los cultivos, es decir, eliminar las malas yerbas y para despejar las guardarrayas en los campos de caña. Los cubanos la llaman guataca.
También llamamos guataca a esos seres abyectos que se dedican a adular a los poderosos, sobre todo a los gobernantes. El origen de esta palabra se remonta a los tiempos del presidente Machado. Con Machado los aduladores se "pasaron de rosca", como se dice en cubano, en otras palabras, estaban en abundancia. Le llamaban El Egregio y le construían arcos triunfales a su paso.
El genial caricaturista Ricardo de la Torriente, del semanario satírico "La Política Cómica", comenzó a publicar unas caricaturas en las que aparecia Machado rodeado de un grupo de aduladores que provistos de azadas o guatacas, precedían al General limpiando la senda que este debía pisar.
El pueblo empezó a llamar a estos aduladores "guatacas" y el mote pegó. Había nacido la palabra guataca y el verbo guataquear. Desde entonces a todo aquel que adula, "hala la leva" o "hace la pelotilla", se le llamó en Cuba guataca.
La hora de los mameyes
En el léxico cubano hay una frase que muchos usamos sin conocer su significado: "la hora de los mameyes”.
Esta frase, según me cuentan, se originó hace más de doscientos años durante la toma de La Habana por los ingleses. Durante ese episodio, los habaneros, con esa costumbre tan cubana de ridiculizar a los que no podemos vencer, dieron en llamar "Mameyes a los soldados ingleses por el color del uniforme que vestían: chaqueta roja-mamey y pantalón negro. Por aquella época La Habana estaba rodeada por una muralla que la protegía de corsarios y piratas. Cada noche a las nueve se disparaba un cañonazo desde la Fortaleza del Morro, para avisar a los habaneros que las puertas de la muralla se cerrarían durante la noche. Y como a esa hora los odiosos "mameyes" se hacían más visibles patrullando las calles, los habaneros bautizaron a las nueve de la noche como "la hora de los mameyes”.

La maquina del tiempo (PM) el documental de la caja de Pandora


El cine es como la máquina del tiempo sin el peligro de desintegrarse en el invento. Como ya una vez dije, cada persona capturada en la cinta se queda contigo para siempre y te visita cada vez que quieras. Esta vez hemos ido mas lejos. Seguro entre estas personas están nuestros padres o abuelos y quizás muchos de ellos ya no estén con nosotros pero por esta vía nos visitan una vez más en lo que fué la antigua vida de La Habana. La sensación que me causó este documental fué muy intensa porque exactamente estas personas han hecho lo mismo que años después me dedicaría yo a hacer que es filmar la gente común, la vida, los pasantes y a dejar constancia de los sonidos de la ciudad. Quizás esto lo hizo un YO anterior porque exactamente tiene el mismo tipo de tomas y encuadres que me gusta hacer aunque ya sería pretencioso y fantástico imaginar que en un futuro me fuí en una maquina del tiempo al pasado y yo mismo he hecho esto. Sueños aparte lo que puede parecer un video monótono, oscuro, es para mí y espero que para muchos de ustedes esa pregunta que siempre nos hacemos de como era la vida antes y como eran nuestros antepasados. Nótese el detalle de la lancha que cruzaba la bahía como si fuera un botero diciendo "regla" pa conseguir clientes, la musica, los trajes, el baile. Es un agujero para mirar al pasado, literalmente hablando. Que lo disfruten.

Mas datos de este interesante documental se encuentran casi borrados por el tiempo. Este material fue (ayudenme en esto) la mecha detonante de la famosa frase de Fidel ...dentro de la revolución, todo; contra la revolución, nada.... Viendolo desde mi perspectiva y tiempo, no hallo nada agresivo, ofensivo ni mucho menos político en este documental que puede pasar por las tomas de cualquier turista que visitase la Habana pero ¿quien entiende los censores? En fin. ojalá el paso del tiempo y el silencio no acabe con este tipo de obras sepultadas vivas en la orgía de la incultura, la censura ciega y el autoritarismo que en todos los tiempos y épocas intentaron clausurar por la fuerza, las ideas, los sueños y la belleza, de esos seres "extravagantes" que gracias a todo con la hermosa capacidad de ver el mundo de otro color nos regalan pensamiento y aprendizaje para vivir y convivir mas cerca de la humanidad y el humanitarismo del que tanto nos alejamos cada monótono día de nuestras vidas.

como dato curioso, escenas de este documental fueron usadas en los créditos finales de la pelicula homenaje a Reinaldo Arenas (Antes que anochezca)

sábado, 7 de abril de 2007

El despertar de Josef Mignola (Capitulo 1)

Algunos días cuando el sol salía, valía la pena pasar por el malecón lleno de rocío como si una gran ducha lo mantuviera húmedo religiosamente. Para el calor que hacía en esos veranos de la Habana, la sensación de pegar la espalda en un lugar frío era como un premio por haber esperado toda la noche en vela, en silencio y con un apagón. A los primeros rayos de sol se podían divisar las personas desesperadas, durmiendo en las azoteas como fuere, con sus niños a cuestas y abanicos espantadores de mosquitos que funcionaban casi por instinto. Cada día al despertarse las madres hacían recuentos de las nuevas picaduras de mosquitos Aedes en los brazos de sus pequeños y aguantaban en silencio la gran batalla pirrica que se desataba a cada segundo en la Isola perdida y abandonada a la mano del marketing político y la pobreza generalizada. Hoy no es un buen día para morirse, decía Josef Mignola al que todos le nombraban cariñosamente Joseíto. Había estado becado toda la vida y cuando uno se pasa la vida pensando en como salir de una etapa, estar dentro de ella no provoca tantas molestias. Solo se dedicaba a mirar a los demás. Las imágenes que se pasaban por sus ojos cada día eran horripilantes, pero al no haber ruidos ni sangre, el planeta entero las daba por normales. Se apuró su agua con azúcar, llamado cariñosamente agua miloddo con un pan que tempranito traía un viejecito medio ciego que sobrevivía haciéndole las compras a la gente del barrio por un poco de café en la mañana.
Josef cogió la escopeta y se fue al malecón a pescar. Con un par de bichos que cogiera ya tenía asegurado el día. Después de todo no era tan difícil como lo pintaban. No se imaginaba situación igual sin una naturaleza rica que lo respaldara con sus peces cada día para calmar su hambre y su bolsillo. Bienaventurados los que vivimos cerca del mar, pensaba a ratos acompañado de una leve sonrisa solitaria y pesimista. El placer de los pies descalzos sobre el asfalto frío en un país donde todo hierve a tempranas horas de la mañana ya lo llenaba de ánimos para el resto del día. La ciudad se iba desperezando poco a poco, tan lento que se podía mirar un buen rato caer una hoja porque en ese lugar todo está ralentizado. Las cara de sueño de las personas que aun se iban a hacer como que trabajaban en un centro donde hacen como que les pagan y los pasos contados cabizbajos era el contraste del azul hermoso del cielo y algunas nubes blancas y puras que recordaban que quizás no todo estaba perdido. Josef sonreía sin razón. Ya se acercaba al mar. El olor le terminaba el desayuno. Alimentarse del olor del mar es un arte perdida en las prehistóricas generaciones. Pocas personas lo logran hoy en día y la mayoría no repara en ello. Josef era uno de ellos.
Lavar la careta y meterse en el agua era casi un instante, enseguida aparecía algún otro pescador que se ofrecía a hacer pareja. Era mejor entre dos. Siempre había sido mejor. Por si pasaba algo. Esta vez llegó “Cilindro” uno que vivía por malecón y D. No se sabe que hacía por el lugar donde Josef se metía al agua, raras veces se cruzaban. El nombre de cilindro le venía porque siempre quería pescar en una caverna cilíndrica que había por la calle G a unos 40 metros de la orilla que el fondo estaba lleno de buenos peces pero a casi 65 metros. El cilindro ya se había cobrado unas cuantas vidas de pescadores, solo Mojarra, Pipín, el Cromagnon y un par de ellos más bajaban lo suficiente como para coger buenas presas. Josef nunca se atrevió. Un día echó una ojeada y le provocó tanto pavor ese agujero que procuró por siempre estar lejos de ese sitio. Cilindro tenía una conversación fija siempre. Pescar en el cilindro. Cada tarde se pasaba y miraba según el unas chernas grandísimas, pargos y todo tipo de manjares marinos. Pero nadie quería ir con el. Además el no era bueno, era de la media. Quizás un par de minutos o 20 metros era lo que mas bajaba, Josef a pesar de sus cuatro minutos tampoco pasaba de los 25 metros así que se tenían que conformar con eso y Josef lo llevaba claro, el cilindro NO. Su conversación se hacía pesada, monotemática y reafirmante de su nombre cilíndrico.
Al dejarle bien claro que nunca iba a pescar al cilindro maldito aceptaba de mala gana ser su pareja de pesca de se día. Poca gente se tiraba por el puentecito de la calle 16 del vedado. Debajo de la gran avenida del malecón había unos escombros grandísimos al parecer de un anterior puente donde solo Josef sabía coger un par de langostas que siempre aguardaban. Los dólares estaban recién permitidos y le hacía mucha ilusión comprar alguna cosilla, quizás una pequeña grabadora donde tendría un único cassete de los Eagles para oír su canción preferida de todos los tiempos. Hotel California. De hecho la tarareaba mientras no se concentrara en algún pez. A pesar de haberla escuchado en emisoras cargadas de interferencias de 120 millas al norte se la sabía de memoria y cada una de sus palabras y frases cada día renovaban el sentido de su vida. Hotel California era algo que hacia valer la pena estar vivo y aunque ya las interferencias formaban parte de la canción al tararearla, mas la publicidad con que la cortaban su sueño era solo ese por ahora. Tener una pequeña grabadora con esa canción para oírla cada vez que le diera la gana.
El agua estaba tibia como en todas las primaveras, agradable. Meter la cabeza y mirar un mundo desconocido para los habaneros con un sonido especial era un privilegio que añadía valor a la aventura de cada día. Quizás las millones de personas que han pasado por la Habana nunca han mirado a los techos de las casas para descubrir esculturas profanas y mensajes de generaciones, tampoco han visto el fondo de sus kilómetros de costa llenos de información paleolítica, cretácica o moderna. Simplemente la mayoría de la gente que pasa por la Habana, pasa por esa ciudad como mismo pasa por la vida, sin darse cuanta que las dos cosas van en serio.
Estuvo en el agua hasta que se dio cuenta que el sol le estaba picando terriblemente en la espalda. Solo había cogido dos langostas que significaban cuatro dólares y algunos peces pequeños que no pasaban del los 30 pesos que al menos darían para unas suculentas pizzas de harina acida de las del puente de hierro de la calle 11. Salió como a las doce del día del la costa del castillito de la chorrera esquivando brujerías y chancletas de goma flotantes sin pareja. Un rato estuvo observando la basura. Un día encontró una goma de bicicleta casi nueva que le sirvió por mucho tiempo a su oxidado 28 ruso. La basura de los 80 era distinta. En los 80 se veía en las costas brujerías con hermosos racimos de plátanos que le servían de almuerzo de vez en cuando. Se veían algunos juguetes flotando, sobre todo unos muñecos terribles de las olimpiadas y unos toquis. Alguna que otra Dorotea, espadas plásticas rojas y azules, cascos de vikingo con uno de sus dos cuernos, chancletas de corcho que cortadas en pedacitos daban unos hermosos flotadores para usar de boya al pescar peces con anzuelo y además si mirabas al fondo podías recoger a lo largo de toda la costa muchas botellas de refresco que al venderlas ganabas dinero sin matar a los escasos peces asustados y paranoicos del litoral Habanero. Pero esto era basura de los 90, esta basura daba a entender que las cosas habían cambiado en esta isola. Habían latas de cerveza y bolsas plásticas por todos lados. Entre las piedras de la orilla podía leerse Cubalse, TRD, Diplotienda y cosas así, nada de comer en las brujerías, solo hierro. Imitaciones a espadas, cuchillos, herraduras. Solo hierro. Quizás esto era una señal de algo que nunca pudo entender. Aunque la costa estaba igual que siempre llena de basura, esta había cambiado como mismo cambiaban las cosas en tierra firme de la Isola larga.

miércoles, 4 de abril de 2007

Ser Cubano no es jamón


(Esto me lo enviaron por Mail)


Si señor, no sé quién dijo que te esperan en el aeropuerto pa' entregarte tu primer millón. Todavía estoy esperando a la gente de la CIA para que me pasen la plata que dicen en Cuba que le pagan a los que se van de allá. Lo que sí he aprendido es que hay varias etapas por las que se pasa y son más o menos así: - La primera etapa: El Obstinamiento. Todavía estás en Cuba. No tienes claro donde vas a aterrizar, pero no importa, siempre que no veas más nunca un camello, ni verano de Santiago sin ventilador. - La cuerda floja. Que si me voy que si no me voy. Los combatientes de inmigración te hacen conocer que aún puede ser peor. Maratónica espera: la carta blanca, liberación, pasaporte, carta de invitación. Acto final: aeropuerto con tu familia. Ha sido un camino largo, todavía algo se puede joder. El uniforme de Inmigración aún te hace temblar. Finalmente, la ventanilla. Momentos de tensión, el guardia lee de punta a cabo el pasaporte como una novela, ¿qué carajo buscará?, mira 40 veces en el espejo que tienes a tu espalda, (pa´ vacilarte). Sudas. ¿A dónde vas? ¿Por qué? ¿Visita por tres meses? ¿Y vuelves? (Sí, espérame sentado) -Sí compañero, ¡por supuesto! Finalmente el Cuño... COÑOOOO!!! ¡Un momento! Y ahora ¿por qué el avión sale con retraso? Seguro que es por mí. ¡Ustedes verán! Alguien se enteró de los 40 fulas al Director por la firma de la liberación. (No te quejes, si taita Julián hubiera podido comprar su carta de libertad por40 dólares, la historia de Cuba hubiera sido otra). Cuando el avión finalmente se separa del piso te vuelve el alma al cuerpo. - El papelazo: Esta etapa empieza en el avión. ¿Cómo se cierra el cinturón? No pides otra Coca Cola no vaya a ser que no te toque o la aeromoza te dé una mala contesta. Puede durar mucho aprender a usar un celular, que cosa es un Seguro, como sacar dinero de una Cash machine sin meter la tarjeta al revés. ¡El mundo es tan lindo! Te deslumbran los autos nuevecitos, las mujeres maquilladas, los hombres de cuello y corbata en el banco. En inmigración (la otra era EMIGRACIÓN), aunque no te quieran, te tratan con respeto. Por primera vez pasas de las 120 libras pues te haces las tortillas de 10 huevos. ¿Cuánto puede durar esta etapa? No sé, pero aún no quieres ver Cuba ni en fotografía y escribes en estos foros que no te hacen falta amigos. - Aterrizaje (toma más tiempo de lo que muchos creen). Ahora a buscar trabajo! y pasaron 1, 2, 3, 4, 5, 6 7 semanas? y na´. Ni de sepulturero encuentras un puesto. Conoces la ciudad de arriba abajo y no has hecho ni un amigo. ¡Te empieza a molestar la soledad y no hablar tu idioma! Tu mente es una cabrona. Empiezas a pensar en la vieja, en el barrio, en la mesa de dominó. En los negrones que al pasar te decían cochinadas (hoy piensas son piropos). ¡Qué simpáticos muchachones! que diferentes a estos rubios que no tienen sangre en las venas. No bastan ojos azules y 1.80. Una vez escuché Radio Reloj on line. Eran las 6:30 de la mañana en Cuba. Podía ver a mi viejo levantarse e inundar la casa con el aroma de café que aunque fuera chícharo en ese momento no querría uno mejor. Estuve como media hora oyendo el TIC TAC que me despertó cada mañana de mi vida. ¿Creerías que este que te escribe rompió a llorar? - La morriña empieza cuando llega tú único amigo por el resto de tus días: El gorrión. Tarda pero llega. Un 31 de diciembre, o el día de las madres te preguntas: ¿Y qué coño hago yo aquí? Los recuerdos te acorralan y te sacan sangre. Reconoces qué lindo es tu país y su gente y ¡que jodía te tiene la nieve! Descubres a Lecuona, Matamoros y a Cuní. Tu libro de cabecera se llama ¿donde está mi Habana? En tus CD's están El Bola, la Charanga y Lázaro Ross, en tus DVD: Buena Vista Social Club. Idealizas una Habana que sólo existirá en tu corazón, diferente a la mía o la de otros. La palabra Asere no te suena fea. Usarás más y más malas palabras y dicharachos criollos que te diferenciarán del resto de Madrid. Porque ahora quieres ser diferente, es más hacer saber a todos tu origen. Te fajas con los que hablen pestes de tu patria. Te fajas con los comemierdas que dicen que la Salsa no es el Son o discuten que Salsa es esa mierda llamada New York Style. -Señor la salsa se baila sólo de dos maneras: BIEN o MAL. - la última etapa: Resignación. Cuando dos cubanos se encuentran la primera pregunta es: ¿Cuánto tiempo llevas aquí? Como si estuvieras en prisión. Porque es verdaderamente una condena no estar en tu tierra. Entiendes de una vez que los que estamos fuera, necesitamos más de los que estén allá, que ellos de nosotros. Sus problemas se resuelven mandando unos dólares, lo que necesitamos nosotros no cabe en un paquete de correos. Llega finalmente la esperada primera visita a Cuba.¡Qué desilusión! Estás allá y ya no eres de allí. No conoces al grupo de moda, a donde va la ruta 222 o qué novela estén poniendo. La Habana te es más ajena que Hong Kong. Al segundo día, si no fuera por la vieja quisieras volver a casa.¿A casa? ¿Pero no era esta tu casa? No perteneces a ningún lugar. No existes, todo es un espejismo. Como dice la canción: No eres ni de aquí, ni de allá. Ser CUBANO es una carrera muy larga, se llega por diferentes caminos y tú escogiste el más difícil. En el aeropuerto, al regreso, esa vez no te harán tantas preguntas. Las preguntas te las vas a hacer tú. Si yo lo hubiera sabido antes. Tarda tiempo y muchas lágrimas entender cuál es nuestro verdadero lugar. Quizás hasta el momento no hayan vertido ni una lágrima, quizás sí. Pero si ya lo han hecho como dicen en mi barrio les digo: - ¡Eso no es na´ prepárate pa´lo que viene!

viernes, 23 de febrero de 2007

Un Granito de arena (Apnea III)

Simplemente no puedo escribir nada presente. Pega. ¿Qué voy a contar? ¿Que me despierto entre ruidos de obras quinquenarias y que me desayuno lo primero que cojo apurado para irme al trabajo? Sin embargo aunque deseo vivir así, me la paso recordando mi escabrosa vida anterior. Muchos años sin saber que iba a ser de mí mañana. Aunque no lo puedo contar todo aun. Son historias entretenidas para hacerles a mis nietos en algún momento de la vida. No envidio a Tom Sawyer ni a Huckleberry Finn. Yo soy así como ellos, O peor.
No tengo la lista completa de todas las cosas que hice en Cuba para sobrevivir. No fui a la escuela. La dejé en 9º grado después de repetirlo tres veces. Esa es mi primera carrera. Licenciatura en 9º grado. Hay alguien que odio, me cuesta decirlo y lo ando buscando con sobradas ansias de venganza. Ruffini. Ese maldito ¿Dónde andará? Si alguien le ve por ahí o a sus descendientes que me avise. Pago por ello.
Es decir, al no ir a la escuela me la pasé literalmente mataperreando con todas las de la ley. Está en mi currículo. Doctorado en mataperrerías. De noche miraba las estrellas y me preguntaba si en el 2000 podríamos subir a ellas. Todos me decían que no. Que el 2000 sería como ahora o peor, por eso dejé de estudiar. Mi primer sueño de ser astronauta ya estaba truncado. La gente es sabia. No solo no subimos al espacio si no que ni siquiera sabemos que hay bajo nuestros pies o dentro de nosotros mismos, así que hice bien en no tirar mi tiempo estudiando. Cosa que no quisiera que hicieran nuestros hijos. Haz lo que yo digo pero no lo que yo hago. De mis cientos de formas de buscarme la vida ya he estado contando de una. La apnea. Quiere decir contener la respiración en este caso aplicado al buceo. Viví bastante del buceo, más específicamente la pesca. De estas tribulaciones tengo para hacer dos libros entretenidos. Hoy cuento la segunda parte de apnea, esa historia de cuando hacíamos competencias de ver quien era más estúpido, o teóricamente quien aguantaba más la respiración bajo una piscina.
Pues ganarse un Kake por estar cuatro minutos bajo el agua estaba bien. Además eso servía para ver si nos conseguíamos una novia porque siempre estábamos en la fuacata económicamente hablando sin mencionar el desamparo textil que nos caracterizaba. Teníamos mala pinta y digo teníamos porque éramos una pandilla de maleantes sobrevivientes. Hoy los veo. Tan papás, tan mamás, tan profesores e ingenieros, tan jefes que me asusto. Quizás algún día crezca pero mientras gozo con asustarme de ellos. ¡Ay Tom! Como me gusta mi barril.
Llevaba meses ganando, ya la gente me conocía, se habían generado apuestas seguras sobre mi persona y llegué a ganar dinero. Pero un día perdí. Y dejé de hacerlo. Ese fue un momento hermoso y raro, trataré de relatarlo.
Días antes había salido de pescar y como siempre limpiaba en la orilla todo el pescado que había cogido esa jornada que tampoco era mucho, pero me servía de sustento. Me encantaba tirar los desechos o las escamas en la orilla y meter la cara para ver a través de mi vieja mascara como peces y cangrejos se repartían el botín. Hasta los más diminutos corrían con felicidad inexpresiva con ese regalo de la mañana. Los cangrejos, como viejos gruñones arrastraban las mayores partes no sin ser molestados por ávidos peces que no respetaban su trofeo y no paraban de darle tirones con el objetivo de arrancárselo de las pinzas, pero estos seguían su camino seguros de que nadie tenía más fuerza que ellos en sus muelas y así era. Con pequeñas perdidas en el viaje llegaban a su cueva con el día hecho. Si no tuvieran una coraza por cuerpo seguro sonreirían al allegar a la puerta de casa. Y suspirarían aliviados. Venderlo era solo salir a la calle primera y ya alguien me estaba esperando. Por lo general era a 15 pesos la libra. Con el antebrazo como balanza hacíamos un estimado y eso se me pagaba al momento. Me servía para desayunar y guardar algo para coser las velas de mi tabla. Gracias a algo aun existía en Santa Fé un señor muy mayor que le decían el mallorquín y nos cobraba poquísimo por el caro trabajo de coser velas viejas de tablas de surf. Cosía velas de los turistas de la marina Hemingway y cobraba mucho dinero pero nunca dejó de regalarnos su arte a los muchachos pobres de la costa. Ojala aun esté vivo, se me pasó preguntar.
Por esos días cuando salía del agua, había una muchacha lindísima (tengo que repetirlo) lindísima que estaba en la playa solitaria con un perro negro pequeño de estos que parece una frazada de limpiar el piso y se sentaba a mirar el horizonte en lo que el viento le movía caprichosamente su pelo rubio. Era una visión fílmica del sueño mío. Como una de estas películas francesas lentas y aburridas pero que nadie se para del cine y se va porque “hay que verla” Casi sonaba música de piano cuando la veía. Describir estas cosas y no parecer cursi solo lo puede hacer un buen escritor y yo soy mas bien tirando a mecánico automotriz. Pero es que todo se paraba. Que si, que si, que es cursi lo sé. Las olas venían en cámara lenta y el sonido del mar murmuraba cosas que solo había oído en sueños. Es ella, me gritaba una voz dentro de mis costillas a golpe de tambor cardíaco. Es ella, lo sé. Que puedo decir que no suene tonto. En fracciones de segundo, como cuando uno está a punto de morirse, pasó delante de mí, mi vida en imágenes y reflejos. Me hice un recuento de que no era una buena forma de vida y que nunca llegaría a tener algo tan hermoso como un amor correspondido. La vida pasó y pasó como cuando uno se muere porque enamorarse es como morirse. Es dejarse su cuerpo para andar por las nubes. Es tirar el alma contra el piso, pisotearla y no recuperarla jamás. La gente no debería llorar cuando alguien se muere, la gente debería llorar más cuando alguien se enamora. Porque lo pierdes del todo una vez que ha caído y lo más duro que sabes donde va a estar esa alma restregándose por el suelo de los sentimientos que te hacer no ser más nunca tú. De no ser porque Hiscler* me tiró del brazo se me hubiesen podrido los pescados en la mano y no me hubiera dado cuenta ni de las moscas. Sentí que me arrastraba como cuando llevan un perro grande al veterinario que va haciendo un surco con las uñas en el piso. De haber estado atento hubiese oído chirriar mis pies ante la negativa. Pero el negro me llevó a cumplir con mi vida de ese día. Vender nuestro pescadoTengo que hacer un alto para una reflexión un poco burra. El amor es como los sueños creo. Hay gente que no sobrevive a ello. Buscarlos es genial, verlos pasar emocionante, tenerlo ya es indescriptible, pero ese pequeño momento de encontrarlo ante tus ojos es un momento mágico que no les puedo contar bien porque mis dedos se cansarían o no me saldrían palabras. Ahí es donde se prueba de verdad de que estas hecho. Es cuando nada tiene explicación, de cuando pierdes el horizonte y no vez mas allá de ese suceso que te provoca sentirte horriblemente bien. Donde el corazón se te cae al suelo dentro de la piel de las piernas y tienes que subírtelo a su lugar como monedas que se te han caído por el hueco de un bolsillo roto. Es donde respirar duele porque estas aplastado en sentimientos e incertidumbres. Donde cada bocanada te llevas el aire de 20 millas a la redonda y dejas al mundo sin vida porque toda la vida la tienes tu. El amor es expansivo, implosivo y a la vez devastador. Green peace aun no lo sabe. Menos mal. Estaría jodido un movimiento contra el amor.
Me dio igual que me dieran 36 pesos que 50, me dio igual. Poco faltó para que Hiscler me galleteara con razón. El estaba vivo, yo no. En el valle de los muertos de nada sirve el dinero. Caronte se lo queda todo en forma de una moneda que se mete en su bolsillo que cubre sus costillas. Yo ya no existía, me miraba a mi mismo desde arriba y moví mis hilos para volver a la playa. Ya ella no estaba por supuesto. Creía que debería ir al medico, una clínica de desintoxicación por favor. Algo, ayuda, que me peguen en la cabeza con un buen mazo, que me den en la cara con una tabla o que me encierren. Dios mío. Estaba perdido.
Por suerte algunos traumas, enfermedades y lesiones al paso del tiempo ceden un poco y con el amor no era distinto. Unos días después ya estaba dispuesto a ganarme lo que fuera en la competencia de apnea del Cristino Naranjo y fui con mi habitual alarde fingiendo que hacía yoga minutos antes de la inmersión, de lo cual no tenía ni pajolera idea pero lo había visto en una película y eso le daba swing al asunto. Caminé como solía hacerlo.”Suave pa que te conozcan” rumbo a la piscina donde ya otros novatos victimas que no pasarían del minuto me esperaban deseosos de quedar bien delante de sus burguesitas novias militarizadas. Esperando el silbido de comienzo vi acercarse a un concursante nuevo, era un tipo raro, un poco esquelético y con una trusa que más bien parecía un calzoncillo sin elásticos por donde se podía vender de todo. Tenía una mandíbula prominente y un peinado con raya al lado impecable. Vaya sujeto más raro*.
–este es el primero que sale- pensé y me dispuse a acabar aquella batalla ganada. Silbido. Comienzo. Mis cuatro minutos eran imbatibles. Comencé a zambullirme con seguridad y una sonrisa pero cuando estaba a punto de meter los ojos en el agua una visión me dio un flachazo en la mente que me dejó ciego. ¡Ahí estaba ella! De no haber estado bajo el agua la primera explosión de mi corazón hubiera matado unos cuantos. En el reloj de mi mente vi con impunidad como el oxigeno se bajaba desmedidamente como si tuviera ponchado los pulmones. ¡Serás estúpido!- me grité a mi mismo mentalmente – has suspirado ¡has suspirado que te he visto estúpido estúpido!- miré las burbujas como se iban con todo mi tesoro hacia la superficie. No había estudiado nada referente al buceo y la apnea pero estoy seguro que no había que ser tonto para saber una que era una cuestión que, vista de donde se viere, era una contradicción fatal. Aguantar aire no era soltarlo en un suspiro. Era incluso idiomáticamente imposible aguantar antónimo de soltar, concentrarse antónimo de enamorarse. Hacer buceo y respirar sinónimo de

comemierdaenamoradoquevasaperderestacompetenciacomountonto. Por supuesto que a los 36 segundos ya me estaban dando convulsiones y me halaron por los brazos fuera de la piscina. Fui el primero en salir y oí el vergonzoso pitido de la derrota hasta ahora nunca tocado por mi. La gente gritaba a los héroes que aun estaban bajo el agua y nadie me miraba ni me hacían el más mínimo caso. Con miedo recorrí con la vista la muchedumbre. Tenía la cabeza tan baja que la visión se me dificultaba al intentarlo a través de mis cejas. Di marcha atrás y logré salir del tumulto. Esperaría a que terminaran y pediría una segunda oportunidad pero el tipo raro de la trusa por calzoncillo hizo 4 minutos con 26 segundos. Me superaba con creces. Maldición, ¡todo perdido! ¡Todo perdido! Seguí buscando, quemando con la vista a las personas para ver a través de sus cuerpos, buscando, buscándola hasta que la encontré. El maldito corazón no se estaba quieto. Los bombazos que pegaba cada vez que la veía me aflojaban todos los tornillos del esternón si hubiera tenido. Imaginé mi cara como la del lobo de unos muñequitos de Bugs Bunny en el oeste cuando ve una chica vestida de Cowboy que canta en un bar y se le cae la mandíbula hasta el suelo como un gran pedazo de hierro. Esto no podía ser. Me pararé al lado de ella porque no puede ser tan perfecta y algo decepcionante tiene que tener por el bien de mi salud. Fue peor. Pero noté que con el que andaba yo le conocía así que le abordaría en cuanto se separara un poco de ella. A este muchacho le decían el Bujío porque escupía mucho al hablar y alguien un día le dijo – oye echas mas chispas que una bujía de moto- a lo que el respondió –en todo caso un bujío, un bujío que yo soy macho- y ahí se le quedó el mote, montábamos tabla juntos de vez en cuando así que ni corto ni perezoso le caí encima en cuanto pude y lo interrogué como se ve en las películas de los nazis diciéndole a los rusos prisioneros ¡dime nombres!¡DIIIMEE NOOOMBREEES!

El Bujío se detuvo a mirarme de arriba abajo como si fuera yo un mendigo tratando de entrar en la casa blanca. Se esmeró en los flecos de mi pantalón cortado de mezclilla, mojado y medio seco con prominentes manchas de sal o sangre de pescado. Mirándome desde afuera mi aspecto era deplorable. Sonrió.

- ¿Esa?Esa se va a casar con un mexicano millonario en unos meses y se va pal carajo.

Europa 1943. Las sirenas se oían como bestias desgarradoras de tímpanos, el sonido de los motores de los aviones bombarderos anunciaba su carga de muerte. Un silbido ensordecedor aquí y otro allá seguido de las explosiones que ya no se oían porque ya estabas sordo. Solo veías los pedazos de carne y concreto saltando por el aire y el retumbar de cada uno de tus huesos con la onda expansiva. No sabias si vivirías en el próximo segundo porque desde el humo negro del cielo y de la muerte seguían cayendo racimos de bombas engendradas con el mayor odio del mundo hacia la vida. De nada valía correr a ninguna parte, de nada valía quitarte la tierra de os ojos. Quizás era mejor estar ciego y sordo. O mejor muerto. Las explosiones se sucedían aquí y allá. Solo era quedarte donde estabas, viendo la negra tierra llover como una hermosa primavera en negativo. La peste a sangre lo inundaba todo y los rostros de los que aun vivían estaban irreconocibles de no tener ninguna expresión, solo esperando la muerte hasta que los aviones se alejaban y sabrías que llegarías en ese preciso instante a estar vivo hasta mañana.

Así me sentía yo..............

- ¡Me cago en el mexicano! ¡Me cago en los millonarios, en los turistas, en el dinero y los dólares! ¡Cuando me vuelvan a pagar por limpiarle el casco de los barcos en la marina voy a ir con un taladro y lo que voy a hacer es hundirle todos los barcos! ¡Me caguen todos los extranjeros en Nikita kruschov, en Cantinflas, en Charlie Chaplin, en Robert Redford!

Estuve maldiciendo un rato hasta que se me acabó la corta lista de extranjeros conocidos. De todas maneras a Cantinflas lo repetí varias veces por ser de la nacionalidad del maldecido. El Bujío esperó pacientemente a que me cagara en todo lo cagable y prosiguió con tristeza como si a el también lo afectara.

- esa niña está muy linda ¿Qué tu te crees? ¿Que se va a morir de hambre con nosotros? Se piraaa como todo el mundo que puede.

Quizás eso era mejor. Los sueños, sueños son. De todas maneras fue bonito lo que sucedió. Ahora solo quería llegar a mi casa y romper todos los poemas absurdos que había escrito con ahínco para leérselos un día. Me hubiera gustado llorar un poco incluso, pero eso estaría muy mal delante del Bujío. ¡Mierda! Se me sale una lágrima. Corrí todo lo que pude por el muro del cristino dejando al Bujío con la palabra en la boca y como Supermán me lancé al vuelo a toda carrera desde el muro de unos tres metros de altura. Caí con tanta fuerza en el agua que se me quedaron detrás algunos de los pensamientos más tristes. Nadé y nadé como una maquina hasta que llegué a la playita de doce en pocos segundos. Ahí ya me estaba esperando Hiscler para irnos a descansar un rato antes de sacar las tablas de surf a navegar. -¡se nos ha enamorado, se nos ha enamorado!- repetía como una cotorra. A mi me venía a la mente una película que se llamaba masacre en la que un tipo con una motosierra iba despedazando a todo el reparto en lo que duraba el filme, ese día supe de donde el director sacó la idea, si Hiscler no se callaba.

Al llegar a casa no quise subir. Me quedé sentado en la esquina en las raíces de un árbol que ya tienen a forma de una perfecta butaca. Allí, mirando los carros doblar una vez que pasaban el puente de hierro. Aunque trataba de olvidar la cabeza me seguía dando vueltas como un trompo. En lo más profundo de mi no paraba de maldecir, blasfemar y quejarme de todo. Pero mi otra voz me decía que no tenía nada que no me mereciese por el lugar y la época en la que estaba viviendo. Me negué a salir a navegar con Hiscler. Vi entre las casetas de los pescadores como la vela amarilla de su tabla salía dando cortes para poder ir en contra del viento que a esa hora era un poco del nordeste. Caminé de una esquina a la otra sin rumbo, sin deseos de llegar a ningún lugar. La vida en el barrio era bastante tranquila, siempre había algún que otro borrachín tirado por una de sus esquinas, una señora que no paraba de discutir y pelearle a sus nietos y algún que otro perro sato yendo a toda las personas posibles para ganarse una caricia. En eso apareció como una sombra por detrás mío Miguelón, un negro gordo de unas 250 libras que fungía como guardaespaldas de los macetas de mi barrio. Me dio su tosca mano y me preguntó que qué hacía que no estaba en la playa como todos los días. Quizás pensé que por contárselo a alguien me sentiría un poco aliviado y le solté toda la historia. Cuando termine el Miguelón se había quedado boquiabierto y me miraba como si yo fuera un bicho raro. Pensé que lo había aburrido con tanta muela y estaba preparando una disculpa cuando el migue soltó un sonido que parecía que venia desde dentro de una cueva.

- Buaf yo pensé que esas cosas solo pasaban en las películas, coóoñooo.

Se me quedó mirando como quien mira un cuadro en un museo. -¿se lo has dicho?- freí un huevo a toda velocidad

–como se lo voy a decir tu estas loco ni siquiera me mira si le hablo yo creo que me llama a la policía.

- pues tienes que decírselo aunque sea lo ultimo que hagas ¿Cómo te puedes quedar con eso que me has contado por dentro?

- Pero ¿Qué puedo hacer?
- Decírselo, ¡¡¡decirseloo!!!

El negrón había puesto cara como de quien ve que algo muy grande se pierde ante sus narices. Casi estaba ofendido por mi supuesta cobardía y daba vueltas como pensando, como si mis actos le hubieran ofendido directamente a el. - ¡Ya sé! - Exclamó casi rugiendo. Se quitó las cadenas, el reloj e intentó engancharme todo eso. Yo me retiré un poco como asustado y el insistía en lo que ya era una orden. Miraba a los lados y llamaba a mas compinches suyos del negocio a gritos. ¡Potaje! ¡Chapa! Los colegas vinieron más por curiosidad que por sus gritos. Miguelón les despojó de todas sus doradas alhajas y me las fue poniendo una a una. Cadenas, medallas, manillas que parecían cadenas de barcos. En un momento parecía yo el jefe del cartel de la posada de 11 y 24. Potaje me dejó su camisa casi por la fuerza y me obligaron a subir a uno de sus carros después de repetirle el negrón en extracto la historia a los dos recién llegados. Amarré la tabla de surf en el techo y nos fuimos rumbo a la playa, yo con un miedo como si a lo que me llevaran fuera a darme una paliza. Llegando al teatro Kars Marx se bajaron misteriosamente del carro y me dijeron con un pequeño empujón que tenía que seguir yo solo. – Si le gustan los millonarios ahora tu eres millonario – me dijo el negrón en lo que yo me sentaba al timón del flamante chevy 57 plateado sin columnas V8 con escapes directos que rugía como king kong (el de la película).

Entré suavemente en la playa de 12 sabiendo exactamente el lugar donde ella solía sentarse a esa hora con su perro y paré a menos de medio metro del muro donde ese pelo rubio que me sacaba de mis cabales jugaba a placer con el viento de la tarde como cada día. Me bajé del carro pero sin mirarla. Al sentarme al lado suyo con una distancia bastante corta fingí que estaba mirando al mar como buscando algo. El problema estaba en que no me atrevía a mirarla. No se cuanto rato estuve mirando el mar. Creo que me hubiera quedado ahí sin decir nada por el resto de mis días. Mientras la supiera mi lado. No progresaba nada. Ni siquiera podía con el rabillo del ojo observar que hacia ella. El perro se estaba bañando alegremente en las olas así que ella no se había marchado aun. No se cuanto tiempo pasó hasta que llegaron los tres amigos y se sentaron a mi izquierda, respetando la derecha que era el espacio que quedaba entre mi tieso cuerpo asustado y la chica de mis sueños. Me empezaron a dar con el codo. Potaje comenzó a hablar con marcado acento teatral.

- Yeeeeeehaaa ¿cuando viniste de México!

Me vino otra vez la idea de la sierra a la cabeza.

- ¿que tal los negocios por allá y tu yate lo dejaste en la marina?
- Ehhh………¿Qué rayos dices?
- ¡Haz algo coño! –Susurró -¡Aunque sea tírale agua pa que te miente la madre no se!

Me quité la ropa con marcado convencimiento de lo absurdo de la misión. Entregué todas las cosas doradas y me metí con mi tabla a la playa sin mirar atrás en lo que los tres villanos me decían casi al unísono. Báñate que te cuidamos la ropa las cadenas de OROOO y el carro, no te preocupes ¿en que hotel estás hospedado?
Por un momento levanté la vista y los vi divirtiéndose y dándose codazos como si estuvieran presenciando una comedia ¿o estaban realmente presenciando una comedia? Me monté en mi tabla y me fui al medio del mar, a lo azul, me senté con ánimos a esperar que cayera la tarde con su rojo sol que cada día explotaba en colores al tocar el mar.


Algo raro pasaba en la costa. Me atreví a mirar. Los tres villanos ya no estaban sin embargo habían dejado el carro, empecé a preocuparme. Volví a la orilla y subí la tabla parcialmente. Llegue donde el carro y no había nadie, el carro estaba cerrado a cal y canto con mi ropa adentro. Suspiré y me senté en el muro a esperar que aparecieran los compinches.

- Toma las llaves, me las dejaron tus amigos para cuando volvieras.

La voz vino de donde solo podía provenir a esa hora de la tarde. ¡Ella me había hablado! Tomé las llaves de sus manos sin poder esconder un desagradable temblor de las mías.

- ¿tienes frío? – La pregunta sonó como un retumbar en un mundo abandonado.
- No.
- ¿y porque estas temblando? ¿ya no vas a montar más?
- Sss si..nooo este creooo
- Es que me gustaría montar en una de esas- señaló a la tabla con decisión, yo no pude mas que bajar la tabla al agua enseguida después de guardar su pulóver blanco dentro del carro de los socios del barrio.

Alcé la vela impecablemente como si en vez de estar montado en una inestable tabla de surf estuviera sobre la cubierta de un crucero. Cacé la botavara y esta despegó como cuando se le da la orden de despegar a un avión. La pink Panther era una tabla fabricada por mi que a pesar de estar anticuada navegaba y cargaba bastante bien. A las primeras olas que cortó miré abajo para cerciorarme de que estaba teniendo alucinaciones o era un sueño pero no, ella estaba ahí montada en mi tabla, acostada disfrutando y riendo de cómo el mar la golpeaba con suavidad y las nubes de salitre se dibujaban en arcoiris coloreado por mi alegría. Cuando miré al frente Hiscler venía a mi encuentro en su tabla que le decían el panviejo por la cantidad de parches mal acabados que tenía que semejaba la corteza de una libra de la panadería de calzada y 18. Al ver a mi pasajera abrió la boca hasta que se le vieron todos los empastes y empezó a hacer una cantidad de muecas de todo tipo dejando ver su alegría por mi momento de tal manera que en el par de segundos que nos cruzamos me provocó un ataque de risa tan violento que me caí al agua. Al salir ella estaba mirándome con una sonrisa reservada y la cabeza apoyada en su hombro. Yo no sabía que decir. Nos quedamos callados en ese momento en que el mundo puede derrumbarse y nadie enterarse. Otra vez el mar se paró como esperando y seguro algún que otro pez cogió espacio en un buen coral para presenciar el desenlace de esta hermosa y a la vez difícil situación.

- Pensé que nunca ibas a hablarme, hace meses que miro como montas vela- dijo con toda la seguridad del mundo en lo que yo intentaba tragarme junto a un poco de agua de mar ese nudo traidor que se forma en la garganta cuando uno le hace mas falta. El sonido de la proa de la tabla en su subir y bajar por las pequeñas olas añadía una percusión estable como intentado crear una melodía de acompañamiento. Imaginé debajo del mar al cangrejo de la sirenita empujándome y creando música para que yo por fin de una buena vez abriera la boca aunque sea para decir alguna estupidez.
- Pues yoooo..... nunca te había visto.
Ya dicha la primera estupidez típica. Al menos me sentí mas seguro por haberme destrabado la lengua rígida como una columna de cemento.
- Me llamo Sandra*- a cada letra se grabó con un surco en mi memoria esculpido con violentos cinceles.
- Y yo…………………..Josef. – pos vaya mierda de nombre pensé para mi mismo ¿Cómo es que crees que le puede gustar a una chica como esta alguien que se llame Josef? Mi otro yo me estaba molestando. Pasaban minutos y minutos y yo no sabia que hacer hasta que sentí que era una situación extremadamente incomoda y decidí echarlo a perder del todo y salir de aquello de una vez y por todas – y me gusta montar tabla…….y me gustas tu y ahora mismo casi preferiría que me fuera al fondo del mar antes que decirte que…..- el nudo ¡el nudo coño! ¡El nudo ataca otra vez! Metí la cabeza en el agua repetidas veces, me sacudía como un perro acabado de bañar. Sentía que había jodido el momento mágico. Que quizás conociéndonos, o hablando a lo largo de los días se podía lograr un acercamiento pero así de sopetón, de pronto. La has cagado decía el otro yo maldito. Hay que irse. Hay que irse. Salí de debajo del agua y me crucé con su mirada risueña.

- ¿Decirme que?
- Queeee… que…….

Me quedé mirándola fijamente esperando que ella bajase la mirada pero no la bajaba. Me acordé de un tío mío que decía que las cosas cuando se pusieran malas y sin arreglo lo único que quedaba era ponerlas peor pero que nunca me quedara donde estaba que eso era de cobardes, así que no lo pensé mucho como cuando uno salta por primera vez en paracaídas que te encomiendas a dios y a Arquímedes y me fui acercando aun con la esperanza de que alguien parara eso que estaba sucediendo pero cuando sentí un mar de labios tibios en los míos y después de contenerme para no dar el grito de Tarzán me empecé a creer que aquello había sucedido. Mil tentáculos me iban agarrando todo el cuerpo con solo tocar sus labios y sentí como la piel se rompía al compás de la música de las olas para dejar entrar algo que aun no puedo ni podré describir en el pobre lenguaje de las letras. Cuando nos separamos el mundo estaba al revés, el mar era rojo y el cielo lleno círculos de todos los colores, quizás acabamos de chocar con un meteorito de esos que va a acabar la humanidad pero ya puede pasar lo que sea que ya he vivido. Sandra no dejaba de mirarme con curiosidad y una leve sonrisa como si disfrutara que me estaba rompiendo en mil pedazos y esparciéndome alegremente por sobre si misma como si fueran una vulgar lata de talco.

El sol ya hacia un buen rato se había escondido y cuando llegamos a la orilla ya estaba bastante entrada la noche. Sandra acarició a su perro que ya estaba hastiado de esperarla y en la playa no quedaba nadie. Ayudada por ella amarré la tabla en el techo del chevy y me dispuse a llevarla a su casa que era en la calle 6 ahí mismo cerca. Dentro del carro siguieron los besos, las caricias. Y yo sin disfrutarlo del todo porque aun no me lo creía. Esperaba con ansiedad el momento de despertarme solo, en medio de la costa de ese terrible sueño. Pero mis manos por su cuenta se iban metiendo por debajo del frágil pulóver blanco. A cada centímetro que descubría me paraba unos segundos a disfrutarlo. Sandra me miraba extrañada de porque me quedaba en blanco paralizado como una película de tres cuadros por segundo pero era eso. Un centímetro, otro, otro y pausa entre ellos hasta que llegué a donde terminaba la piel y comenzaba la trusa. Entre besos mis devoradores dedos descubrieron un grano de arena y me detuve. Sandra seguía mirándome extrañada como si tuviera en su poder un bicho raro. Me separé suavemente y encendí la luz interna del carro. El pobre bombillo amarillento daba una tenue luz como si estuviera cansado a esas horas. Volví a toda velocidad adonde el grano de arena pero esta vez para verlo de cerca, con la punta de la lengua lo hice mío y me volví a separar. Lo tomé entre mis dedos y lo miré a trasluz. Era un pedazo diminuto de concha blanca bivalvo. Con mucha calma saqué mi cartera y lo guardé dentro de mi carné en una pagina sin usar y sagrada, las otras tenían otras cosas, mosquitos de Jaruco, hojas de Bacunayagua, un anzuelo. Pero esta tenia ese grano de arena sagrado que me merecía. Me sentía rico y feliz la vez. Nos tomamos de las manos y nos seguimos mirando mucho rato. El solo estar ahí, a la luz amarillenta y mirándonos provocó en mi la mayor sensación que recuerdo en casi toda mi vida. Quizás estuvimos una hora o más tomados de las manos y mirándonos. Sin palabras, sin movimientos congelando para la eternidad los latidos y el vibrar de un cuerpo de dos personas.

La acerqué hasta su casa. Con un beso y un te veo mañana nos despedimos. Salí suavemente con el chevy que me llevaba en sus acerados brazos como un triunfador. Paré en 3ª y 4 y me bajé un momento del carro. No me pude controlar las ganas de gritar y saltar hasta que vinieron la gente de la casa del oro y la plata que está por esa esquina a ver si me sucedía algo malo. Dejé de llamar la atención y cosa rara en Cuba seguí mi camino bordeando los dos túneles para no coger por la calle diez que ahí siempre estaba la policía. Las ventanillas se empañaron a mis gritos dentro del carro que me ensordecían a mi mismo y mi mala forma de cantar We Are The Champion. Crucé el puente, llegué al barrio. Los villanos me esperaban. Al ver mi cara aplaudieron como cuando se mete el mejor de los goles Salí brincando y dejé el carro encendido atravesado en la calle con tabla y todo. Mañana la recogería. Subí a mi casa y temprano, muy temprano. Me acosté con mi granito precioso de arena para que llegara rápido el otro día.