lunes, 16 de marzo de 2009

Un sueño


Siempre sueño con el mar. es como esa parte de mi vida que he dejado abandonada. Pero el no me deja. Viene a mi cada noche para dejarme saber que está ahí. que por muy lejos que esté el sabe de mi, me recuerda. Un día volveré a él, lo sé.

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miércoles, 4 de marzo de 2009

El rastro de Madrid

Hoy he vuelto a preguntarme porque blogeo. Sigo sin descubrirlo. Quizás lo que cuente no tiene ningún uso, nada más que ser un espejo de la memoria andante. Mi blog es el sitio donde la memoria se mira al espejo. Pero aún así, no lo tengo claro. Eso sí, me gusta venir aquí y ver que los recuerdos están guardados en un sitio donde puedo visitarlos, verlos que están escritos y no en un sitio nebuloso y confuso que con el tiempo se va centrando en olvidarlos.
También me gusta hacer videos, es un entretenimiento trabajoso, difícil y a veces costoso. Pero es interesante para mí, un fanático de las memorias ver a todas las personas que se quedan conmigo dentro de mi cámara. Madrid es un sitio excelente. Cuando hace sol saltan los colores quizás más que en casi toda Europa y de hace unos días a esta parte me he prometido mirar el sitio donde estoy, donde voy, donde vivo. Esta ciudad está viva. Debemos mirarla, respirarla, soñarla y quererla como el resto de los sitios que están en nuestras almas. A propósito, es costumbre en mis videos tener una especie de alma guía, por lo general una persona que quiera mucho, esta persona siempre se mezcla en el entorno que retratan mis cámaras y raras veces intervienen en un cuadro completo, es como un punto que me centra en la realidad, porque en general cuando filmo también sueño y no logro centrarme en nada terrenalmente correcto. Por eso mis videos son raros y a alguien que entienda le parecen de una calidad técnica horrible. Gracias. En este video esa persona guía a la que quiero mucho le he dedicado unas fracciones de segundos porque me hace sonreír, he puesto la escena en blanco y negro porque al verla me he quedado todos los colores para mi, esos segundos son vitales para que mi ánimo se cargue a seguir escribiendo, a seguir filmando. No la busquen. Es como una musa o una cosa rara de estas mitológicas que solo habita en mis sueños.


El rastro de Madrid.

Debe su nombre a que en la zona donde se instala se ubicaban antaño varias tenerías o curtidurías en torno a la calle de la Ribera de Curtidores cerca del matadero que se encontraba en la ribera del Río Manzanares, por lo que al transportar arrastrando las reses ya muertas con sus pieles desde el matadero hasta las curtidurías, se dejaba un rastro de sangre Una oscura leyenda atribuye también el nombre a la sangre que dejaban los condenados a garrote vil, que eran ejecutados públicamente en este lugar. El término también significaba las afueras, límite hasta donde alcanzaba la jurisdicción de los alcaldes de Corte.
Puede parecer agobiante, pero muchas veces nos metemos en sitios absolutamente saturados de gente. La mayoría de las cosas que se puede comprar aquí tienen mejor precio que en otros sitios, y además, hay una tradición de tapeo por la zona muy interesante, con bares muy típicos.

Un Madrileño dice del rastro:
Puede ser cutre, peligroso, incómodo, sucio, desordenado y hortera, pero al mismo tiempo es uno de los lugares mágicos de Madrid. Hay que ir temprano, sin prisas, sin prejuicios, con cuidado pero recorriéndolo entero, calle a calle, puesto a puesto, rincon a rincón. Hay de todo, objetos vulgares a precios astronómicos y preciosidades secretas que se pueden conseguir a precios ajustados. Todo depende del tino, la paciencia y la capacidad de mirar y ver del comprador. Y, además, no es obligatorio comprar, se puede disfrutar mucho paseando y preguntando. Recordar cosas vividas, objetos que usamos y perdimos y que ahora allí regresan a nuestro encuentro. Y aprender, de la gente que vende en la calle (duro oficio) de los tenderos con historias, de los compradores que saben lo que buscan. Es verdad que hay mucha morralla, mucha bandera y mucho objeto del todo a cien, pero rascando un poco aún aparece el espíritu del Rastro de toda la vida.
Muebles, juguetes, ropa, cámaras de fotos, relojes, radios, cromos, revistas, libros, objetos diversos. Todos de segunda o tercera mano, algunos verdaderas joyas con historia.

jueves, 26 de febrero de 2009

No mezclar Ron con limón

Algunas personas se alimentan del pasado. Yo por ejemplo. No engorda. El pasado NO es una animal que tu matas y te comes, no. Tampoco es una planta que cortas y una vez consumida muere para siempre. No es algo que haya que replantar, regar o cuidar porque existe por si solo y se regenera aun en contra de la voluntad del que lo sufra o lo disfrute según sea el caso. Genera la misma polémica que las demás cosas humanas o terrenales como el amor, la guerra o la evolución. Está unido en una relación enfermiza a la memoria. Uno no puede existir sin el otro, son complementos que a su vez por si solos también son capaces de actuar sobre los estragos o los logros de la vida de cada cual. A pesar de todo lo anteriormente dicho, el pasado es como un animalito que a veces te mima, o te hace reír. Recordar los viejos tiempos, o no necesariamente buenos te puede ayudar en un día tedioso ó monótono. Cuando vives en un sitio seguro. La memoria te puede enseñar quien eres, cuando te quejas de que tu teléfono móvil de ultima generación no le caben tantas canciones Mp3 como quisieras, o de tu flamante carro que no tiene la potencia de el de al lado para que no te adelante esos escasos segundos en los que queremos salir primero de un semáforo para no ir a mas ningún sitio que un monótono trabajo donde no eres nada mas que una absurda herramienta. Es un buen momento para echar mano de la memoria, pensar que una vez reímos sin nada. Recordar que el mar era nuestra única pregunta y fin. Que ver un pez saltando daba suerte para ese día y la ilusión de conseguir un amor prohibido era la meta más imposible que teníamos. Nuestras metas ahora son otras. Metas que no están en nuestras manos ni en nuestra palabra, que las tenemos por seguir la corriente a una sociedad que te exige eso. Tener metas, mientras más grandes mejor. Incluso las imposibles metas materiales de las que se alimentan muchos. Por eso no me adapto, y me gusta no adaptarme. Ningún tiempo pasado fue mejor, solo que el actual es diferente. Hay palabras que te hacen pensar….

Estimado Yoyi:
Veo que con frecuencia te embarga la nostalgia que se agudiza cuando uno está lejos de su tierra y de su gente y lo comprendo. Sin embargo hay que impedir que las cadenas de esos recuerdos no sean un lastre que te impida vivir el presente con plenitud sin perder la esperanza en un futuro mejor...
Un abrazo

Hay personas que navegan sobre la razón, el pensamiento y la experiencia. También cualquier día es bueno para cambiar. Cambiar es el principio de las cosas nuevas ya sean buenas o malas. Quizás es lo que necesito para ver el sitio donde vivo de manera diferente.

Quizás ha llegado un momento de hacer cosas distintas, mirar al suelo, al cielo. Ninguna vaga esperanza de vivir tiempos hermosos y simples va a volver porque es matemáticamente imposible. Quizás debo fijarme en los techos de Madrid o en las calles de la hermosa Barcelona, en los prados de las sierras de Ávila o en los hielos de la inmensa cordillera pirinea. Creo que ha llegado el momento de estar aquí. Después de más de 7 años, estoy viendo venir un alma que debe ser la mía. Se cansó como todos de esperar que las cosas mejorasen en mi sitio natal. No va a ser por ahora y se iba a morir sin fe, sin tierra y sin mi, así que quizás por eso ha venido. No hay nada que disculpar. Aquí estamos, no valemos para cambiar las cosas porque en principio no nos ponemos de acuerdo para nada, somos rebeldes inútiles. No se puede responder a una coz con una coz y es lo que venimos haciendo generacionalmente por siempre. No sé. Cuando pasan muchos años y no se llega a ningún sitio quizás uno deba cambiar de rumbos, este que llevamos quizás navega por el borde de ese disco que es la tierra y que algunos por educación piensan que es redonda. Hoy es un día raro. Como siempre estoy diciendo y pensando cosas que quizás nunca voy a hacer, pero no está mal darle vueltas a la chola, olla, bola, cabeza o como quieran llamarle. Mañana no he dicho nada. Esto no ha valido de nada, era solo un pensamiento.

viernes, 20 de febrero de 2009

Aquellos sitios de juegos (part 02)


Otro gran sitio de juegos. El parque Almendres. ¿Quien no fue a este sitio a alquilar botes en su tiempo? a buscar un sitio apartado, silencioso, con un misterioso río que corría en silencio cómplice de lo que estuvieras haciendo. También era buen sitio para estudiar, para leer. En la sombra de sus árboles me leí las colecciones de Julio Verne, Emilio Salgari, Jesus Díaz, Eduardo del Llano, los libros de historia, etc. ahí en su momento, vendían yogurt de sabores de esas botellitas de cristal de cuarto de litro que ya no se ven, bombones a doce pesos la caja (carísimos) 5% de un salario medio. y en periodo especial cuando todo estaba completamente paralizado había una pizzería tan oculta que se podía ir a comer pizzas sin colas y nadie lo sabía. Recuerdo que la descubrí por el olor, estaba al final, colindando con el bosque de la Habana y no me lo quería creer, se rumoreaba que en realidad era el uso por cuenta propia de un sitio del estado. acuerdo que se estilaba mucho en aquella época cuando los administradores no querían cerrar por reparaciones eternas sus cafeterías estatales que tanto dinero daban aun mas en la gran crisis por al que se estaba pasando. El golfito era un sitio de risas y reuniones, era tan simple que el reto era emborracharse y jugar entonces para agregarle emoción a la cosa. Por las noches era un sitio de miedo, de mitos e historias. A veces nos quedábamos hasta tarde contándonos terribles historias de miedo y después no había valor de ir solo hasta casa. yo recuerdo que aunque fuese en dirección contraria, para ir a mi casa subía de nuevo a la calle 23 que era mas céntrica y después bajaba por 26 o 24 según fuera la iluminación con las historias de aparecidos frescas aún en la memoria. Buen sitio, buen recuerdo.


De Mario Benedetti.....

lunes, 16 de febrero de 2009

Aquellos sitios de juegos (part 01)

Hace poco volví a este sitio. Es la Isla Japonesa del 1830, sitio que en el pasado fue casa del ministro de obras públicas de Cuba Carlos Miguel de Céspedes. De pequeño me colaba saltando varios muros con toda la pandilla del barrio para jugar en este sitio para nosotros misterioso y acogedor. Correr por sus túneles y pasadizos perseguidos por el que le tocaba era emocionante. Jugar a las espadas en el borde del puentecillo y el que se cayera al agua perdía, tomar por asalto la fortaleza cruzando a nado el foso de mar que la rodea y enfrentado a una feroz tribu de niños de otro barrio a pedradas en las cuales a más de uno hubo que darle puntos, era lo mejor de la época y el sitio. Hace poco volví y todo es pequeño, silencioso. No por eso el mar infinito deja de hacer su música contra las piedras coralinas colocadas cuidadosamente por artistas japoneses de la arquitectura. De ahí su nombre. La isla Japonesa del 1830.

 Años después, un buen sitio de pesca, también un buen sitio de amor con las novias del barrio y única manera que la visitáramos de noche dado el miedo que le teníamos y la mitológica historia de que ese sitio por las noches se hundía y resurgía cada día al amanecer, se que no es verdad, pero en cada mañana de sábado cuando podíamos acudir a tan hermoso lugar se veían en todas las piedras un goteo intermitente, salían pequeños cangrejos de todos lados y había un fortísimo olor a mar y a algas. Olor que me trae miles de recuerdos de toda una vida.
 En los 90s se convirtió en un sitio en dolares y entonces si que no pudimos acercarnos más los chicos del barrio, ya no lo cuidaba el viejecillo que le daba de comer al mono que estaba encerrado en una jaula y se enfurecía cada vez que pasábamos tirándole cuanta cosa nos encontráramos en el camino, ahora lo cuidaban gente uniformada con armas y walkies. Era un reflejo de todo, dólares, prohibiciones, uniformados. 
Esta ultima vez que fui, yo tenía dolares, pude pasar, me quedé atónito como el señor que tanto me persiguió con palos y piedras para echarme del sitio fue el mismo que me sirvió la cerveza amablemente. 
- ¿recuerda unos niños que le tiraban cascaras de mango al mono y se tiraban al mar cuando usted los perseguía? - le pregunté sin mas. 
- El mono murió hace veinte años - dijo sin inmutarse - y esos niños, están intentando venir a molestar todos los días, a todas horas. 
Filmé lo más que pude para llevar conmigo esa parte de mis recuerdos (como siempre hago) y al salir vi a los niños, en short de escuela, rotos, desteñidos, a piedras contra las matas de uvas caletas expoliadas por los pequeños nativos, tratando de subir al muro, tratando de entrar a a fortaleza de los dolares
 - ahí en la orillita hay un pedazo de andamio - le dije a uno que me escuchó con extrañeza - si lo pones en el muro ya saltas. 
Malas ideas, malas ideas. todos entraron y en menos de un segundo mi mente se fue con ellos, correr descalzo, sin mas ropa que un short corroído por el salitre y las piedras, a gritos, a veces es un alivio para la memoria.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Sabiduría

Los heroes que se van yendo de la memoria......

Mi Isola está plagada de héroes, héroes grandes, héroes anónimos. Gente que con el decursar del tiempo y la vorágine de la vida diaria vamos olvidando poco a poco como esa mancha de café en el mantel de nuestras madres que se va borrando, no por el detergente sino por el cansancio. Hay héroes en todas las esquinas, en todos los sitios, en todos los tiempos. Para mí, son irremplazables en la vida. A través de ellos aprendí a decir verdad, a soñar, a luchar por los sueños por muy utópicos o desalmados que sean y suelen serlo, no hay otra forma de llamar a los sueños mas que con estas palabras que para algunas personas pueden ser una ofensa. Los héroes están por lo general enfermos de sueños y en casos mas graves hasta de esperanza. La vida los lleva por los caminos mas duros y a veces hasta suelen comportarse como todo lo contrario, quizás por modestia, quizás por costumbre o porque la mayoría de las veces ellos mismos no saben que son héroes de alguien. Desde que tengo uso de razón ellos van pasando poco a poco por mi memoria hasta que se van, por eso intento que algunos se queden para siempre. Lo peor es que quizás en momentos en que estuvieron enfrente de mí, ni siquiera reparé en ello, lo vengo a pensar ahora, cuando ya no están. Cuando el tiempo y la situación me llevan a aferrarme a no olvidar las cosas que me han hecho como soy porque no quiero ser como el sistema donde vivo, pretende que yo sea. Quiero ser como nací y para eso debo asistir a mi pasado casi todo el tiempo, es eso lo que nos hace un poco humanos.

De pequeño no había juguetes en ningún sitio y los padres a veces se echaban en cara a si mismos una carestía tan penosa como esa, ya que quizás otra cosa no, pero los niños en cuba, los hijos, suelen ser sagrados. Es normal ver a una madre no comer o no vestirse por darle de comer a sus hijos, es normal ver a un padre recorriendo muchos kilómetros por conseguir algo de proteínas para sus retoños, además es un acto de orgullo, es una costumbre cubana y de ahí vienen muchos héroes. Uno de los juguetes mejores que tuve en todos los tiempos fue un fusil de madera que hizo mi padre a golpe de serrucho, lija y pintura, por desgracia como éramos dos había que pintarlos diferentes y se pintó con lo que se pudo, el de mi hermano azul claro y el mío era rosado. No daba ni una pizca de respeto aquel fusil, en los juegos.

Cuando “mataba” a alguien este nunca se moría, ni siquiera se inmutaba con los decibelios de las ráfagas mezcladas con saliva pulverizada que salía de nuestras bocas. Pero ese era mi juguete, el que me hizo mi padre, el mejor del mundo. Aunque fuera rosado, me duró casi hasta el día de hoy. Ahora en mis manos es muy muy pequeño y ya no es rosado, las capas de plywood que ha ido soltando lo han dejado en un desvencijado e irreconocible pedazo de madera contrachapada.
Un día andaba por ahí, no me acuerdo con quien, ni como. Solo que vi doblar por la esquina de un barrio destrozado y lleno de baches un pequeño autobús, tan pequeño como la caja de un refrigerador antiguo, con pequeñas rueditas y eso si, atestado de niños. Niños y más niños corriendo detrás del curioso artefacto esperando su turno. Por desgracia los detalles se me han borrado, creo que incluso a manera de broma delante llevaba un rotulo que decía (leyland) que era la marca de unos antiguos autobuses que corrían por las calles de Cuba, eso si, recuerdo que el volante estaba en el medio y lo conducía un señor muy delgado, de pelo blanco. Este señor mágico gozaba viendo la cara y el escándalo de los niños por “dar una vuelta.” Parado me quedé un rato mirando semejante sueño aparecido en la realidad. Estuve muchos días soñando con ese pequeño autobús. Era como si de pronto el mundo no fuera gigante, como si las cosas fueran más fáciles para un pequeñajo como yo. Le contaba con lujo de detalles a los de mi aula y no me creían, incluso de broma empezaron a llamarme Gulliver, nombre que me gustaba pero no duró mas que el día que hice la historia para tomar posesión de nuevo mis apodos el yoyi, o el flaquito.

Meses estuve escudriñando todas las calles de los sitios donde estuve con mi madre o con cualquiera de la familia a ver si aparecía de nuevo la ilusión rodante pero nada, quizás pasaron años y la guagüita no aparecía. No recuerdo si en silencio lloré por no haber pedido una vuelta o al menos haber preguntado donde vivía ese señor de pelo blanco que manejaba una guagüita del tamaño de una caja de cartón grande. Lo dí por perdido, como se pierden los sueños, como se pierden los héroes.
Un buen día, mi padre fue a casa corriendo a buscarme al mediodía. A la misma velocidad me sacó y me llevó a su trabajo sin decirme el porqué de tanto apuro. Al entrar en la base Náutica del INDER donde trabajaba me encontré con otro tesoro gigante, la replica de un pequeñísimo Jeep Land Rover rojo y el señor del pelo blanco, de ojos grandes y tristes aunque con una sonrisa humilde perenne en su rostro. Mi padre con orgullo me lo presentaba como haciéndome un regalo, pero los niños son raros, ni siquiera levanté la mano para responder a aquel mago que me tendía la suya. Recuerdo con mucha vergüenza que me quedé paralizado mirándolo y mirando el Land Rover.
- ¿quieres montar? - Me dijo con una voz seria como si le fallara, me senté dentro del carrito en menos de lo que puede contarse y otra vez el mundo dejó de ser ajeno, gigante y hostil para mí. Al sentarme dentro de ese pequeño engendro rojo sentí que había crecido, que ya era lo suficientemente mayor como para dominar todo lo que me rodeaba, la pequeña magia mecánica me hizo crecer de un tirón lo que después crecería en años, pero seguía siendo un niño, me bajé y no di ni las gracias, mis palabras solo fueron ¿Y la guagüita?
- La están arreglando – contestó aún disfrutando de mi fascinación.
- ¿Puedo montar mañana en el yipi (Jeep)?
- Todos los días que quieras, se va a quedar aquí por un buen tiempo.
Cada día, al salir de la escuela, sin quitarme siquiera el uniforme iba directo al trabajo de mi padre, este a duras penas me hacía casi por la fuerza comer algo porque no me interesaba mas nada en el mundo que montar en el Jeep rojo de Funes. Solo dios sabe cuantos miles de millas recorrí con mi imaginación en lo que con la boca hacia un ruido ensordecedor de un motor de Jeep con los fallos incluidos y los cambios de marcha. Recuerdo un día que me enfermé y no pude ir a montar en el Jeep de Funes, estuve en cama varios días y después mi padre me escuchó de nuevo haciendo como un motor en marcha y acelerando.
- Tiene buena compresión – le dijo a mi madre entre risas – eso es que ya está bien.
Hoy, muchos años después y como casi todo lo que hago, tarde, doy las gracias a Oliverio Funes por ser un héroe y ojala donde quiera que estés, me perdones por no habértelo dicho en ese momento y seas perdonado por los héroes que tuviste a tu alrededor y quizás te faltó decírselo, que a pesar de los ojos tristes y el pelo blanco o de una forma de ser no tolerada por ti, te quieren y te tienen por siempre en la memoria como un ser querido.


Nota: según se ve en la foto, al no haber tienda de materiales ni herramientas en Cuba, despues que este genio fabricara entre otras cosas esta pequeña replica de un Lan Rover real, le obligaron a inscribirlo como un coche propiedad del estado segun se lee en la matricula "estatal" que casi es tan grande como el frente del Jeep, Supuestamente lo había fabricado bajo la colaboración del " estado" el motor era un Briggs Stratton de dos cilindros (12HP) que se arrancaba con un pequeño cranque (manivela) y las ruedas eran de carretilla. No tenía cambios, solo marcha alante y atras y la la palanca era el tubo de una bomba de aire de bicicleta.

lunes, 2 de febrero de 2009

¿Por cuanto somos Lo que somos?

Coooñoo asere que frío, dice en buen cubano un amigo español. No lo dice por complacerme, tampoco por agradarme ni hacerme reír. Lo dice porque lleva tanto tiempo oyéndome que se le ha pegado, como mismo a mí se me ha pegado el vale, el hay que joderse, y que te follen para decir, está bien, esto es una mierda y vete pal coño e tu madre. He tenido que aprender los insultos y la gama de palabras obscenas mas usadas para defenderme del entorno hostil que existe a todos los niveles en todos los sitios del mundo. Aquí no es la diferencia. Esta sangre árabe y celta que llevamos en las venas nos conducen al histerismo comunicativo, a la violencia de palabra y al descontrol sobre la meditación de cada momento. Si meditáramos cada segundo de nuestras palabras quizás fuéramos mejores personas. El cerebro es una computadora grande, puede analizar casi 300 palabras en menos de un segundo, es mas puede oír hablar a tres personas a la vez y quedarse con la mayoría de lo que nos quieren decir, si no, no existieran los coros, digo yo.
Desde hace un tiempo a esta parte intento perder esa reacción en cadena cada vez que veo cosas agresivas delante de mí, como que maltraten a un compañero mío en el trabajo por ser joven y no ser adivino. O que se burlen de otro por ser gay aunque sea mejor persona que todos los que le rodean y supuestamente no lo son. Son cosas feas que pasan y no están en mi controlarlas, pero suelo pasarme con el hacha de mi lengua y cortar muchas cabezas de un solo tajo cuando desenvaino y esto no debe ser, me aconsejan, pero no tengo la suerte de ser inglés o suizo, soy como soy y aunque esté todo el tiempo poniéndome parches a la conducta tiendo a explotar, cada vez menos por suerte. Nos estamos poniendo viejos y mi frase de estos tiempos es disfruta que me has cogido viejo y cansado. No se porqué me da risa, me da risa. La cuestión es, ¿por cuanto somos lo que somos? El porque lo sé, todas las tradiciones, africanas, españolas, la rebeldía y bla bla bla pero ¿por cuanto? ¿Por cuánto somos lo que somos?
Recuerdo cuando hicieron las elecciones esas en Cuba que todo el mundo tenía que votar a favor, fue un pataleo para opacar la ebullición de la genial idea del proyecto Varela aprovechando un hueco legal en la todavía poco justa constitución Cubana. Había que votar no se qué pero un socio del barrio me había hablado del proyecto Varela y me parecía justo lo que decía, así que no voté a los que querían lo contrario, sabía que no se lograría nada, pero aun así por encima de los miedos de mi familia y amigos dije que NO incluso sabiendo que estaba en tramites para salir de Cuba y que cualquier cosa puede cerrarte las rejas de la isla por insignificante que sea.
El porque hice eso, no viene al caso. Hoy me pregunto el por cuanto. Dentro de un tiempo iré a Cuba, quisiera visitar a Yoani pero todo el mundo me pide que no lo haga, que hay gente parada en su puerta del DTI o el G-2 o las SS o la CIA o lo que sea. Que te fichan, que te graban, que te observan, que te preguntan. Y yo me digo, entonces por cuanto podría yo decir NO y visitar a esa persona que admiro tanto. He tenido pequeños NOs en mi vida. Algunos me han traído problemas, otros han pasado desapercibidos. Pero justo hoy me escribe una amiga que vive a pocos metros de mí que lleva más de cinco años de castigo sin poder ver a su familia por decir un día NO. Ella, no es disidente, no habla de política, no hace contrarrevolución, quizás hace mas revolución que los que vigilan a Yoani porque con el dinero que manda a Cuba paga los salarios de tres del DTI y quizás varios médicos. Pero un supremo todopoderoso le prohíbe entrar a Cuba por más de cinco años. El panorama lo conozco de cerca. La madre sufriendo, un padre en cama y eso que le da igual tu condición humana porque no eres mas que una pequeña cabra salida de la alambrada de púas de un terreno decadente y árido. Entonces ¿por cuanto somos lo que somos? ¿Porque el mundo no es justo? ¿Por qué si es justo, pero no ven lo injusto de su vecino? Hace unos días cogí un periódico de la calle para quitar la nieve del parabrisas del carro y leí un pequeño titular de unos Cubanos que protestaban por la permisividad y el apoyo de la política española con el sistema cubano dentro de la isla. Y entonces, si mi amiga va a una aeronave española con su pasaporte cubano y más de mil euros gastados en un pasaje a SU CASA como es posible que el personal español, le pueda decir que no se puede montar en el avión que va a La Habana. ¿Como pueden hacer extensible la ilegalidad desde Cuba hasta miles de kilómetros de distancia? Yo mismo me rendí cuando supe que mi padre murió en el lapso de tres meses que esperé mi permiso de entrada a Cuba. Nos rendimos todos, se rindió el que vio como los familiares se perdían en el mar, el que sufrió palizas y mítines por decir NO, el que se ahogaba de asma corriendo para coger una guagua rumbo a un penoso trabajo que le daba para subsistir 10 días de un mes que tiene 31.
Creo que nos rendimos, nos dejamos rendir, si no ¿porque siguen las peleas entre cubanos en todas partes del mundo si aparentemente queremos lo mismo? ¿Por qué hay gente de las dos partes aparentes (estado cubano-disidencia) monitorizando cada palabra de cada persona de a pie para ver con quien estás, como piensas. ¿Porque nos perseguimos de ambos lados? Me pregunto por cuanto y como no lo se, por eso no persigo a nadie, leo de todo y me siento libre. Cada pensamiento merece respeto, cada opción, cada decisión. Lo que no impide que hoy maldiga de todo y use todas las palabras mas terribles del mundo para los que no dejan que mi amiga vea a su madre por un capricho decadente y torturador. Y como digo mi amiga, digo miles. ¿Cuando se va a acabar esto caballeros? ¿Cuando todos vamos a decir no? incluso los que ejecutan estas ordenes del mas allá (literalmente) Decir que tengo un sueño sería parafrasear algo que se ha usado mucho en estos días. Pero sí, tengo un sueño. Todos Juntos trabajando en Cuba, haciendo que la nación de nuestros hijos y nietos sea decente, sea lo que soñamos todos en teoría de todos los bandos. Queda poco amiga… se que vas a ver a tus padres bien, que todo va a estar bien, por lo pronto ten mi abrazo, de muchos minutos, ten mi fe, ten mi esperanza y cuando te hayas ido de mi presencia déjame romper algo con un puño y gritar en ingles, cubano y español todos los improperios que me sé para los causantes de este triste momento.

miércoles, 28 de enero de 2009

Josef y Ciudad Libertad (Part 12)

-Quisiera ver al director- Soltó sin más a una asombrada secretaria que se le resbalaban las gafas de aumento por el sudor de la nariz en un sitio a 32 grados y con poquísima ventilación.
- ¿tiene reunión con el?
- no, solo quiero hablarle un momento.
- Ehhh…… - El titubeo produjo unas vibraciones tan extrañas como la situación que estaba creando Josef al ir a preguntar sin más por el director de Ciudad Libertad, centro estudiantil del oeste de La Habana.
- Bueno, espera aquí un momento que le aviso ¿eres familiar?
- Nop…
- ¿Es por algo de notas?
- Nop!
- y… ¿me puedes decir para que es?
- Si…quiero estudiar.
La humilde secretaria lo miró más raro todavía. En esas latitudes era difícil encontrar a un muchacho de 18 o 19 años intentando estudiar, era realmente raro. Se sumergió en las oficinas y no tardó nada en salir invitando a pasar a Josef. Mas personas de la que trabajaban en el sitio salieron lo mas discretamente que pudieron a mirar a tan extraño ejemplar. Josef ignoró a todos, fue directo a la puerta que un día fue blanca y tenía un agujero en el sitio del picaporte muy grande donde además se podía ver que el mobiliario interior eran las mismas mesas de escuela solo que un poco mas cuidadas y sin los carteles propios del arte rupestre estudiantil.
- Buenas, soy Carlos, cuéntame. – el director le dio la mano a Josef con todo protocolo de respeto y educación, lo invitó a sentarse y tomó el también una de las sillas de madera del lúgubre sitio que hacía de despacho. Pasaron unos incómodos minutos antes de que Josef empezara a hablar. ¿Como explicar que no había estudiado casi nada en su vida?, que se había escapado de casi todas las escuelas, que ninguno de sus padres podían con el y que la misma vida, la misma jodida vida que tenía de pescador en el mar le había aconsejado bajo pena de muerte que hiciera algo en la tierra. ¿Como decirle que estaba cansado de ser casi un pez?, que quería caminar, que quería adaptarse, ser casi como los demás e incluso poder conversar con alguien de la tierra y menos con los pensamientos propios. Tejió en pocos segundos la forma de decirlo, más o menos de manera que pudiera entenderse y no pareciera raro como para que le llamaran una ambulancia en el mejor de los casos o la policía.
- Quiero estudiar…. No he estudiado nada en mi vida. Me la he pasado pescando, estoy cansado de ser un pez, quiero caminar, quiero adaptarme, quiero ser casi como los demás, quiero conversar con alguien de la tierra y menos con mis propios pensamientos. Mis padres no han podido hacerme estudiar pero de hace un tiempo a esta parte yo he creído que es necesario y por eso quiero aprender algo que me permita vivir sin meterme en el mar la mayor parte de mi vida, quiero aprender un oficio.
A Juzgar por la cara del director parecía que este día prometía, que no iba a ser un tedioso día de miles de ir a trabajar, rellenar y firmar papeles, de hablar con algún alumno rebelde o conflictivo y darle la misma charla que le tenía asegurada a todos por defecto. Josef, a pesar de haberse aparecido de la nada con un historia rara daba buena impresión, así que sin pensarlo siguió adelante tratando de apoyar la rara petición sin siquiera pensárselo un segundo. Era raro, muy raro pero a la vez reconfortante ver que alguien tenía ánimos o energía para empezar, era como las sonrisas que se dan en los sitios tristes u olvidados que brillan el doble.
- ¿Y… que quieres estudiar mijo?
- Chapistería. Me han dicho que eso da dinero y se puede sobrevivir de eso…
Sobrevivir. Sobrevivir era una palabra a la orden del día. Una clave que abría puertas. Una puerta que hermanaba o enemistaba personas en estos tiempos que corrían. El director levantó el auricular de un viejo teléfono negro que parecía estar allí desde que ese sitio era un cuartel militar de gobiernos anteriores.
- ¿Javier? Me hace falta que vengas un momento…..si ahora..Te espero.
¿Josef me dijiste que te llamabas?
- Si, Josef.
No entiendo bien que quieres, en todo caso tendrás que esperar a septiembre, no puedo matricularte ahora además tienes que traer..
- No quiero matricularme, ni notas ni nada de eso. Solo quiero ir a las clases y aprender.
Javier entró por la puerta, era el profesor de chapistería. Tendría poco mas de 30 años y cuando el director le contó se quedó también un poco perdido. Miró a Josef de arriba abajo varias veces para asegurarse que no era algún tipo de psicópata o algo por el estilo pero para asombro de Josef asintió sin pensarlo más.
- ¿cuando quieres empezar?
- ¿mañana puede ser?
- Si, las clases empiezan las ocho en punto.
- Pues mañana a las ocho estoy aquí, gracias, muchas gracias.
Tomó su bicicleta 20 que recién le había comprado a algún sujeto de su barrio y se fue a casa sin mirar atrás. Javier y Carlos se le quedaron mirando hasta que se perdió por las puertas de la escuela gigante. Después se miraron entre si, aun sin salir de su asombro y sin comentar nada cada uno se fue a su sitio. Hoy...el día prometía.

viernes, 26 de diciembre de 2008

Josef y La Banda de Dick Turpin (part 11)



Josef daba vueltas sin más, parece que la vida terrestre no era tan fácil como parecía. Las losas del piso de su casa se revelaban en cada ranura o mancha, quizás cada punto de esto tenga su historia que valdrá la pena contar algún día. Bajó las escaleras de nuevo, esta vez con mucho apuro para alcanzar un sitio de meditación en un lugar agradable. Ya el día había avanzado mucho y la luz penetraba por los ojos aturdiendo la poca paz que quedaba en la cabeza de Josef. Estaba a acostumbrado a que sus días eran azules o verdes marinos y este día estaba siendo rojo, negro amarillo y de cuanto color se le había ocurrido a los vecinos pintar sus paredes o ponerse en ropas de todas partes del mundo y de todas las épocas. Faltaba el sonido del mar – si un día me alejo del mar creo que me muero- pensó Josef estremeciéndose de solo imaginarlo. La calle se podía cruzar con los ojos cerrados, el trafico nuca era abundante o rápido, además siempre había mucha gente obstruyendo la vía comprando, vendiendo, hablando y esa clase de cosas que hace la gente que vive donde hay mas gente. Volvió al contén, esta vez, había mas de diez suspirantes reunidos hablando de sus cosas, Josef prestó atención.

-¡Una fuente de tomate!- gritaba una mujer a manera de discurso, levantando el dedo amenazadoramente contra los que la escuchaban - ¡Te puedes meter todo el tomate que quieras mi chino!¡ y col….y lechuga! Pero nada de azúcar ni grasa… ¡yo me meto a diario to los platos de vegetales que quiero y miramee! ¡toy en la linea! Pero es que aquí siempre es el paaan… y el agua con azucar y el paaaaaannn y to lo frito que se pueda… tas engordando y lo que estas comiendo es mierdaa!!
Josef se conectó con otra conversación, esta ya pasaba a ser amenazante, además no tenía nada que ver consigo mismo cuando su madre cada día intentaba que comiera algo porque estaba casi en la piel y los huesos. En la otra esquina de la conversación estaba potaje, un tipo de barba, delgado y encorvado que también era alcohólico profesional. Habían muchos por ese barrio por una conocida ronera o piloto como le llamaban donde se vendía solo ron las 24 horas del día. Se acompañaban de una pequeña lata de cerveza que rellenaban constantemente de ron o un pomo (bote de cristal) de compota por el que se veía a través de una penosa transparencia el constante líquido amarillento de olor dulce que era el ron Santa Cruz que se vendía muy barato. Todas estas personas se pasaban el día ahí sentados en cualquier esquina hablando de los mas disímiles temas con la convicción de un catedrático. Les decían la banda de Dick Turpin, en ella también estaba Catarro que se merece un libro para el solo, Chávez el que sabe, Fuego, que siempre estaba contando historias trágicas de boxeo, Tomás el mecánico, Durdú, Chapotín el posadero, Simón, Verde el que se fue y viró y así incontables personajes de la picaresca callejera Cubana. Josef se fue acercando y trató de hilar alguna de las más de veinte conversaciones simultáneas que se estaban manteniendo en ese momento. Todas eran aseverando algo, dejando saber que tenían dominio sobre un tema en especifico. Todas eran muestras gratis de enseñanza y aprendizaje, por esto quizás pensó Josef que tal vez era buen momento para proseguir con su pregunta, y en cuanto pudo se la soltó a Potaje, el que parecía mas serio de todos.

- ¿Potaje? ¿De que se puede trabajar para vivir tranquilamente?

Hubo un silencio sepulcral, todos miraron a Josef de arriba abajo. Por suerte al conocerle desde niño, tenían claro que Josef no les estaba tomando el pelo, Simón ya llevaba buen rato recomiéndose por dentro, intentando dar respuesta a esa pregunta desde la madrugada de ese mismo día.
-Josef ¿Por qué no sigues pescando y nos traes esos pescaitos ricos que tu pescas y hacemos uno ahora aquí mismo?
- No quiero pescar más…… No voy a pescar más.
La mujer de la conferencia de dietética intentó romper el silencio – también puedes comer pescado, el pescado tampoco engorda lo que pasa que es muy caro y difícil de conseguir……- Pero se quedó sin respuesta, pasaron unos dos minutos de silencio y de pronto arrancaron todos a hablar sus respectivas ideas a coro pero sin ningún tipo de coordinación. La banda de Dick Turpin estaba generando consejos e ideas a cien por segundo. Josef se enteró de lo que realmente quería decir la frase tormenta de ideas, tanto fue así que se agobió de tanto ruido en todas las frecuencias posibles y amablemente se despidió rumbo al malecón con la certeza de que ya no se tiraría a pescar porque tenia en mente mas de cien consejos de cómo sobrevivir en la tierra firme dado por las personas mas sabias del barrio, esa gente que algunos pasan de largo y otros desprecian por vivir su vida como les parece mejor y como pueden, con sus propios medios aunque no sean los mas legales del mundo. Dio gracias a la banda de Dick Turpin y después de recorrer los escasos metros que le separaban de la costa del malecón de La Habana se sentó con los pies al vacío del salado muro, respiró el delicioso y alimenticio salitre y dio rienda suelta a organizar las ideas de cómo viviría y de que, a partir de mañana.

jueves, 18 de diciembre de 2008

Josef y la tierra (Part 10)

Otro día más en la tierra. La Habana amanecía como siempre, propietaria de todos los colores del mundo entero. Era como para sentir un poco de vergüenza porque en ese momento una pequeña isla del caribe amedrentaba al mundo con una explosión de rojos y naranjas en un cielo inmenso que la superaba en tamaño con creces. Como si fuera la única manera de poder decir algo sin que los de la tierra pudiesen controlar el sentido de las cosas. Josef se había levantado de madrugada como de costumbre, como una maquinaria nueva y afilada. Pero no había tomado su escopeta. Tenía que luchar contra su adicción a la rutina y aunque a esa hora no tuviera sueño, evitar por todos los medios tirarse al frío mar de esas horas y cazar algo que nadase para sobrevivir era una prioridad. Decidió esperar, esperar en el lugar que la gente de su barrio usaba para esperar, donde se tomaban las decisiones del día y se consolidaban todos los pensamientos. El contén de la acera del barrio. Vió pasar en la cámara lenta característica de los lugares donde la gente espera, al panadero que por la madrugada se iba a trabajar, a los pescadores, a los que aun hacían como que trabajaban en empresas que hacían como que les pagaban. Por suerte la penumbra de los tupidos árboles de su cuadra le salvaba de la vista de los demás y así no tuvo que interrumpir sus pensamientos para saludar a nadie o inventar una conversación de esa hora. Los rojos del cielo seguían creciendo sin control y ya las escasas luces se iban apagando cuando llegó otro inquilino de espera. Un contén de acera de cualquier barrio se puede llenar de inquilinos de espera, esto es algo normal en un sitio donde no hay espacios para tanta gente que espera.
Primero que nada el ritual de sacudir infructuosamente el pedazo de acera del que vas a hacer uso, después sentarte con un suspiro. Josef observaba todos los comportamientos porque si iba a vivir de lleno en la tierra firme tendría que quizás pasar por persona normal o al menos desapercibido, era Simón, el negro chino del barrio, alcohólico profesional y con mas heridas que piel. Simón tenía una frase favorita y mas que nada tenía una sonrisa que le daba ánimos al moribundo. La vida de Simón era terriblemente simple, quizás hacer como que trabajaba en la construcción para conseguir alguna lata de pintura que pudiera canjear por alcohol y algunos panes para comer con azúcar en medio de una tormentosa resaca de desconocidas formulas alcohólicas que es posible hubieran ganado un gran premio en otros sitios al ser un combustible de alto octanaje o un disolvente de buenísima calidad. Pero para Simón era lo que echarse en el cuerpo en el diario luchar por la espera y la nada que conservaban como un tesoro todas las personas de ese sitio. La frase mágica era (tó ta ahí) que traducido al castellano del que hacemos y manchamos uso a diario quería decir mas ni menos (todo está ahí) esta frase iba acompañada de un dedo apuntando al sentido que no dejaba ver si era como un arma o un consejo, pero en realidad, pensando un poco todo estaba ahí, en ese sitio donde se teje la vida y la muerte de cada cual. En ese sitio donde nadan los recuerdos, las buenas y las malas acciones, el único sitio donde se es por momentos realmente libre o al menos donde se puede crear la ilusión de serlo. Simón terminó el ritual, se sentó y sin mas disparó una pregunta, los buenos días estaban de mas. Se daba por hecho que había buenos días porque estabas vivo, y sentado en un sitio de espera, no había que nadar, que sobrevivir, que huir, al menos por esos breves momentos.
- ¿Qué volá no te tiraste al agua hoy?
- Ya no quiero pescar Simón, la cosa está mala, además estoy un poco cansado.
- Cansado estamos todos, pero hay que seguir, a media maquina…tirando…
- ¿Qué haces despierto tan temprano?
- Vigilo a la jeva, que sale pal trabajo, tu sabes que a esta hora hay una pila de borrachos fulas por ahí que se meten con to el mundo y mi jeva no le puede pasar ná asere.
La jeva, era una mujer que era madre de muchos hijos de la misma edad de Simón, en su cara se veía el maltrato de haber luchado el doble de tiempo que él con las escaseces y los avatares de un sitio impredecible y salvaje, Simón la acompañó hasta la esquina, con un beso se despidió de la persona que en ese momento le daba el ánimo de decirle que lo quería. El ánimo era una buena moneda de cambio. En el sitio donde transcurre esta historia el ánimo es como la comida que escasea pero es bien recibida y fuente de energías, la madre de las energías para seguir luchando o al menos sobreviviendo. Por suerte, el ánimo aun no está en venta y te lo puede regalar cualquiera. Es de esas pocas cosas como los amaneceres que no se pueden controlar o matar, no se pueden ver para los que no tienen ojos nada mas que para el poder o el dinero. El ánimo ha logrado escaparse y salvarse de las guerras, de las tristezas, incluso de la muerte. Simón volvió al sitio de los suspirantes, de los esperadores. Profesiones venidas a menos después de de las perdidas de esperanza, pero que aun se aferraban a la vida y a mantener el espíritu de existencia de millones de personas que sueñan que quizás la vida puede ser mejor.
- Esta jeva es buena, me cuida como gallo fino – frase para indicar que alguien es muy atento o preocupado por algo, que hace las cosas bien, que es inmejorable.
- ¡Simón?
- ¡Dimelo!
- ¿asere? Que pincha (trabajo) es buena pá vivir con tranquilidad??
- La tuya asere…te tiras al mar… no le ves la cara a ningún jefe..y si se la vieras es porque se están ahogando y eso es bueno no??
- Si, pero en la tierra ¿Qué pincha es buena en la tierra? El mar ya no da ná.
- No se asereee….¿medico?
Eso es lo que nos decían nuestros padres, de grandes hay que ser médicos, o maestros. Eran trabajos respetables. No podía culpar a Simón por responderme según sus instintos. Cuando se está en un sitio donde las cosas no son como deben ser uno aprende a dejarse llevar por los instintos, mas que nada pone un piloto automático de respuestas aboliendo las que te pueden meter en líos y en esta cesta caben todo tipo de respuestas por muy absurdas que parezcan.
- No se asere… que clase de pregunta me has tirao a esta hora de la madrugá
- ¿Simón? Con que puedo ganarme la vida sin molestar a nadie, sin soportar a nadie, con mis manos, como en la pesca pero en la tierra…..
Simón quedó un buen rato, pillado por sus respuestas o sus ideas sin sabes que decir. Para el, Josef era un buen muchacho del barrio, de pronto se sintió como su padre. ¿Qué iba a decir? Hacer una acción diaria por dos panes y un poco de alcohol no era un buen ejemplo, pero quizás en lo mas profundo de su sabiduría popular o sus recuerdos podría hallar un buen consejo para Josef…..
Estuvo un buen rato en silencio, ese silencio del amanecer en Cuba cuanto todos damos gracias a lo que sea sin saberlo por llegar al otro día. Llegó la luz, el día y comenzaron a llegar los poncheros, los que arreglan bicicletas en el barrio, los que venden pan con algo que no se sabe en las improvisadas cafeterías del barrio. Tardó mucho tiempo Simón en responder. Nada se le ocurría. ¿Como ganarse la vida tranquilamente? Era una pregunta que estaba de mas en un sitio donde el contexto de esta pregunta era imposible. Como………..ganarse la vida…………….
Llegó el día esperando la respuesta, Josef se paró, se despidió y se fue a su casa. Simón se quedó sin respuesta. Pero juraba por sus dioses que le respondería. ¿Como sus años y sus heridas no le iban a permitir dar una respuesta a tan simple pregunta?
Se dio cuenta que vivía una vida sin respuestas, suavizada por el alcohol y la espera, esas drogas que inundan toda La Habana. Nadie lo sabe pero existen, incluso no lo sabe ni quien vive de ello.
- Mañana te digo Josef…………..
Dijo Simón y se quedó rumiando nombres de profesiones decentes con las que ganarse la vida, lo malo, que en todas ellas, había que hacer como que trabajabas, porque ellos hacían como que te pagaban.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Where the Hell is my head ó (Hace mucho frío en Madrid)

Estaba viendo videos de Where the Hell is Matt, y Para quien no lo sabe Matt es un hombre al parecer de muchos recursos que viaja por todo el mundo con un baile caracteristico. Ya cada vez nos muestra mas sitios donde la gente se une a él a bailar. Matt hace un buen material que hace sentir cosas al mas pinto o al menos eso es lo que me parece. Por lo demás hoy ha sido un buen día. No he trabajado (ya por eso es un buen día) He desayunado cafe con leche y galletas de dulce metidas dentro y me he puesto a ver la televisión cosa que nunca hago. Hay mucho frío, mucho frío y lo dicen todo el tiempo en todas partes. Es el tema de conversación. El sofá es una fuente de concentración, me gustaría viajar como Matt pero mi condición de no persona del mundo no me lo permite. Quizás si algún día dejo de ser lo que soy y me convierto en Europeo o Norteamericano pueda, pero por ahora no puedo. Para colmo trato mentalmente de ir a sitios por ahí y mi cabeza se va a los sitios que conozco, pasa el tiempo y cada vez soy mas incapaz de recrearme imaginaciones serias. La mente aprovecha para escaparse y aun así.....sigue siendo un buen día.

viernes, 24 de octubre de 2008

Josef y los rayos de luz (parte 9)



Un día estaba jugando en uno de los tantos placeres de tierra abandonados por el barrio. Como cada niño de 8 años bastaba una rama y abrir un par de huecos en la tierra para entretenerse lo suficiente como para no apedrear los cristales de la casa del vecino o enredarse a golpes con los otros niños territoriales del barrio. Como de costumbre, al abrir un hueco sacaba las bolas de vidrio y las miraba a trasluz, no se imaginaba, ni por los cientos de veces que se había hecho la pregunta como alguien había logrado poner allí, dentro del vidrio esas aspas de colores, habían tres paletas, cuatro paletas, de muchos colores, pero ya el máximo era tener algún trofeo ganado en juego y apuesta que tuviera los colores distintos en cada aspa. Josef tenía una y nunca la jugaba, ni siquiera la sacaba a la vista de otros. Solo la observaba meticulosamente cuando estaba en algún sitio abandonado o solitario como este placer de la calle 24 donde al mediodía nadie iba por el fuerte sol que pegaba, que hacia salir vapores de los pequeños charcos de agua formada perennemente de alguna tubería rota por el sitio. También tenía lo que llamaban tirito, era codiciado por muchos niños pero a Josef no le gustaba. Esa bola no era transparente y a Josef le gustaba lo transparente. El tirito era blanco con algunas leves rayas de colores alrededor. A Josef le parecía más bien una bola de leche, un durofrío de bola o de plástico. Lo más lindo del cristal que era hacerte la ilusión de tener una pequeña gota de mar en la mano, era lo que mas le encantaba de las bolas, y las azules, las bolas azules eran ese punto mágico por donde te puedes escapar cualquier día, era como tener pequeños pedazos de mar en el bolsillo.



Cavando el pequeño agujero habitual donde irían a parar las bolas con destreza de pronto algo resplandeció hermosamente como si el sol hubiera caído en ese punto por unos segundos y hubiera dejado algunos rayos de recuerdo. Josef miró alrededor por si había algún testigo de lo que pudiera ser un hallazgo genial. Le encantaba encontrarse cosas. Encontrar cosas era como alimentar un sueño desde antes de tener uso de razón que lo guiaban por los senderos de la exploración, la curiosidad y la emoción de sorprenderse cada día con las cosas que le tocaban en la vida. Siguió cavando con más fuerza, el brillo era metálico, controló sus fuerzas al ver que el objeto parecía frágil hasta que lo sacó. Era algo como una lata, pero muy ligera, eso si con colores brillosos y dibujos extraños. En aquello se podía leer canada dry, Josef pensó que era una suerte de mensaje oculto pero al mirar en su interior solo encontró más tierra y después de abrillantar el objeto un poco con la mano se lo puso dentro de su camiseta para cruzar hasta su casa y examinarlo con detenimiento. Tenía muchos detalles que ver, así que recogió las bolas en sus bolsillos y corrió cuanto pudo a casa.
Al llegar, lo primero que hizo fue preguntarle al padre. El padre era sabio en todas las cuestiones porque leía muchos libros. Enseñó la lata con orgullo y el padre sin mas importancia le comentó – es Canada Dry un refresco que había antes que se vendía en laticas así. La simple respuesta dejó un poco anonadado a Josef. Como es posible que algo tan bello, con tantos colores fuera una cosa antigua, del pasado. ¿Acaso estaban degenerando los seres humanos? ¿Como es posible que hoy el refresco que hay en la escuela sea una botella tan simple sin la alegría de los colores? Bajó con su lata y la decepción en ambas manos, intentó mostrar su no tan importante descubrimiento a los demás muchachos del barrio. Hebert uno de los pocos que no tenía ningún apodo lo invitó a entrar a su casa, en una caja de cartón tenía mas latas como esa, o al menos parecidas, una azul metálica, una roja, una que tenía un hermoso caballo con un caballero y su armadura, otra que tenía un escudo. A Josef se le fue apagando la ilusión del día. Hebert le ofreció cinco bolas por esa rara lata que no tenía en su colección, con tristeza Josef aceptó. A veces las cosas que uno piensa que son grandes cosas no son mas que insignificantes pasajes diarios de la vida de cualquiera. Otras dejamos de ver gigantes momentos por el hastío del convencimiento de que nunca pasará nada con nuestras vidas. Quizás uno debe estar atento al brillo de cada cosa que se pasa por adelante y no cejar de cavar hasta algún día encontrar algo bueno y valioso de verdad. No es bueno rendirse y si uno se rinde lo mejor que puede hacer es no decírselo a nadie. A menos que estés convencido que siempre, siempre lo único que uno va a encontrar son absurdas laticas de bellos colores que pertenecen al pasado.



sábado, 30 de agosto de 2008

Foto de recuerdo ó Puentes rotos.

Estaba navegando un poco con el Google Earth por mi barrio como siempre hago cuando vi que habían actualizado fotos, entre ellas la del puente de hierro que está abierto hace bastante tiempo porque no hay presupuesto para recuperarlo. Y no niego que me da escalofríos ver desde este programa lo que con mis propios ojos reconozco como mi verdadero hogar y mi casa. Me alegró .. o no se bien que sensación me dio ver fotos que poco a poco va subiendo la gente sobre Cuba, ese desierto negro de Internet. Desde afuera, entre nostálgicos y turistas van llenando ese gigantesco espacio de desinformación que es la mas grande de las antillas. Poco a poco se va viendo información en Wikipedia, videos en youtube, mas que nada hechos por los que estamos fuera o sacados del país en su momento.

Deleitando mi memoria con fotos mas actuales de las que tengo, encontré una que se merece contar una historia. Nada comprobable aunque así desearía que fuera. Es una historia que me contó mi padre, que le contó su padre y está relacionada con un viejo casco de barco que sale en una de las fotos encontradas en Google la cual me tomo el atrevimiento, previo comentario a su dueño de ponerlo en este blog.

Se llama El Criollo.

Trataré de armar los pensamientos ya que los pedazos que quedan son breves y gracias a esta foto no desaparecieron del todo con las malditas Coca-Colas del olvido que se toma uno aquí a diario.
Me pongo música… me pongo las fotos.. mi memoria esta dormida y solo se levanta a comer, trabajar, soñar un poco y esperar al otro día. Vamos memoria haz algo….



Parte 1º
Empiezo con un nombre: Thornwald Sánchez.

Cuentan que era un americano de ascendencia española amante de la navegación y de Cuba. Construyó una Base Náutica en la que trabajó mi padre más de 20 años, después trabajé, yo, mi madre y hasta mi hermano en alguna ocasión. Cuenta mi padre que le cuentan que Thornwald tenía los dos barcos más rápidos de Cuba y Centroamérica. Uno tenía su nombre Thornwald Sánchez y el otro se llama Criollo que es el que sale en la foto.
La base náutica que fue su propiedad hoy está destrozada, la visité en mi ultima estancia y casi lloro al ver como se hunde esa parte tan hermosa de mi vida, de conocer el mar, de aprender a nadar, a pescar, a navegar a vela, que es esa tremendísima espina que tengo clavada en el seco Madrid.
Por artes del destino y por cosas que sabemos en el año 1959 Thornwald Abandonó Cuba para siempre. Su sueño se quedó hecho la base del INDER Dionisio San Román en la parte de Miramar del puente de hierro y su barco preferido que llevaba su nombre fue rebautizado con el nombre del Zargaso que no se porque se ponía con Z, debió ser algún error de inscripción o algo por el estilo. Pues bien, al cabo de muchos años, por esas vueltas que da la vida mi padre después de trabajar en un montón de sitios vuelve a caer en la Base Náutica y esta vez como patrón del barco velero Zargaso porque su anterior Capitán de nombre Jaime, no recuerdo mas, era un viejito muy mayor y ya se jubilaba con tristeza abandonando lo que había sido su vida entera a bordo del barco mas rápido de Cuba a la vela. La primera vez que me subí al Zargaso tendría yo unos 10 años, sentí esa sensación de que llegas a un sitio que se quedará contigo para siempre. Mis pies descalzos hacían honor a cada tabla que pisaban ya que el barco era enteramente de madera. Paradójicamente la gente que conocía la historia siempre se burlaba un poco en broma de mi padre porque el Zargaso siempre había quedado en segundo por detrás del Criollo en todas las competiciones deportivas. Muchos años duró la restauración de tan precioso modelo. Madera por madera, aparejo por aparejo. Conseguir las cosas relacionadas con un deporte de ricos es imposible en el medio en que vivía el abandonado líder marino. Pero poco a poco se pudo hasta que llego un día en que salió a navegar y por supuesto, yo con el.
Mariano Valdés Cunill era el nombre del marinero que junto a mi padre desperezaron el dormido monstruo del lecho del río Almendares y lo hicieron moverse con todas sus toneladas de plomo en la Orza una tarde de verano. Recuerdo claramente como me vestí para la sublime ocasión, incluso me robé el reloj de mi hermano mayor. Un poljot soviético dorado que había costado la astronómica cifra de 123 pesos en el ten cent de 23 y 12 por aquella época. Yo no tenía reloj, era un regalo de fin de curso y mi fin de curso como siempre, había sido pésimo, por los pelos, como es de mi estilo.
Con Mariano Valdéz Cunill (marinero) Mi Padre "Pipo"(Patrón) a bordo del Zargaso. A mi lado mi madre y las demás personas creo que eran del ICAIC.

El pesado barco, pintado meticulosamente de blanco impecable, lavado tantas veces el río lo manchara con su contaminación comenzó a crujir las jarcias y cortó el agua con timidez de adolescente mientras estuvo en lugar mirado por todos. Salir con este barco, era un espectáculo porque había que abrir el puente que en aquel tiempo funcionaba. El estar bajo las miradas de todos los transeúntes me hacia el niño mas feliz y orgulloso del mundo, se que todos ellos o al menos la mayoría darían lo que fuese por estar en mi sitio. Mi sitio era el timón, mi padre me había enseñado lo suficiente como para con diez años hacer una navegación de cabotaje segura a cualquier puerto de Cuba y el me dejaba, se ponía con Mariano a desenredar cabos, a enganchar las velas, a tirar de los molinetes y trinquetes. Mi trabajo era solo llevar el barco por camino seguro y velar que la tosca botavara de unas 80 libras de peso no me golpeara la cabeza.
Ver el sitio donde vives desde un ángulo distinto es algo alucinante. El malecón no parecía distante ahora que yo estaba en el medio de la desembocadura. Todo era pequeño. En todo el recorrido por la orilla la gente se quedaba congelada mirando a tal reliquia moverse por si misma tan lentamente como si se pensara cada metro. Supongo que si las cosas tienen alma, el Zargaso o el Thornwald Sánchez estaba orgulloso de si mismo, de sobrevivir a generaciones, de ver el río pasar, de ver la vida pasar. Por los años que habían pasado quizás Thornwald ya no estaba entre nosotros, pero me hubiera gustado verlo y decirle que su barco era genial, que era fuerte, majestuoso, orgulloso y sobre todo un sobreviviente como casi todo lo que me rodeaba a partir de los sucesos que pararon el tiempo desde que yo nací. Todas las fantasías de piratas, abordajes, batallas marinas fueron subiendo al compás de las velas que ya los tripulantes subían con toda la energía de sus brazos a una velocidad como si algo se estuviera quemando. Se notó el cambio de agua sucia del río al agua cristalizada del mar Caribe, tan transparente que se traga los rayos de sol hasta el infinito y por mucho que te dejes la vista buscando donde se acaba siempre aparece mas profundidad. La espuma empezó a darme en la cara y dios o lo que sea envió unas fuertes ráfagas de viento que hicieron saltar todo el equipo como un disparo ladeándose peligrosamente por las cientos de toneladas de empuje en unas gigantescas velas cosidas, remendadas y recuperadas por el mallorquín de Santa Fé, dios de los veleros, único hombre en La Habana y quizás en Cuba que cosía velas casi desde el principio del siglo XX.

Fue impresionante ver como la proa cortaba con furia descomunal las olas que venían como tontas a su encuentro. El Zargaso crujía, rechinaba, pero con la misma un empuje y otro cada vez mas rápido, cada vez mas enérgico como si miles de espíritus lo empujaran frenéticamente para tratar de llevárselo por siempre de su triste y enlodada prisión en una abandonada orilla del Río mas sucio de Cuba entera.

A la tarde entró con vergüenza a su sitio de nuevo. En silencio lo amarramos. Recuerdo que mis manos apenas podían anudar bien los gruesos cabos de amarre y eso me desesperaba un poco. Me salían ampollas y quemaduras de intentarlo una y otra vez. Mi padre me miraba y se reía como orgulloso y yo por dentro también me reía aunque por fuera blasfemara todo lo posible como un buen pirata o marino debería hacer en situación parecida.

Parte 2º
Nueve años después.

Con diecinueve años ya el zargazo me había visto fumar en su camarote, emborracharme, llevar a los amigos a que “vieran un barco por dentro” a las amigas y a las no tanto amigas las cuales les parecía algo del más allá hacer “cosas” dentro de un lujoso barco velero. El Zargaso era mi casa y cuartel, nunca que yo recuerde me alejé de el mas que los dos kilómetros que había de distancia hacia la otra casa, la de tierra firme. En mi barrio apenas me conocían porque yo apenas llegaba algunas noches y salía muy temprano. El INDER le encomendaba a mi padre trabajos con este barco a cambio de algo de salario, pintura y algún que otro poco de combustible para su desvencijado motor Perkins ingles de renombrado espíritu. También en el pescábamos y manteníamos algo la proteína casera. Entre los trabajos recuerdo que era dar clases de navegación, pesca o buceo a los alumnos de la Escuela Superior de Licenciatura de Deporte Manuel Fajardo mas conocida como la mariposa por su diseño arquitectónico que aun esta en pie detrás de la Ciudad deportiva. Otros trabajos que hacíamos era dar apoyo a eventos deportivos como la competencia anual de pesca deportiva Ernest Hemingway que se hacia una parte en Cojímar y la otra en la Marina Hemingway llamada por aquellos tiempos antes de la explosión turística Base Cubanacán.
Un día llegó un trabajo especial. Apoyar llevando los jueces de unas olimpiadas no recuerdo cuales, en las competencias de vela. Esto era en la Academia Naval de la Marina de Guerra en el poblado de Baracoa al Oeste de La Habana donde hoy está la escuela Latinoamericana de medicina. Cuando entrábamos por ese río para atracar en los muelles de la marina mi padre y mariano, se quedaron petrificados. Sentí unas vibraciones extrañas a lo largo de todo el cuerpo. Si las cosas tienen vida, y creo que la tienen o al menos algún tipo de energía, yo sentí al Zargaso encogerse sobre si mismo, sus cables acerados se destensaron lo suficiente como para que yo supiera que algo estaba pasando. Intenté seguir con la vista el objetivo que no dejaban ni un segundo mis dos compañeros de navegación hasta que mi padre habló.
- El Criollo- dijo en un susurro como si se destaparan sus pensamientos. El Criollo estaba ahí, en el río Santa Ana, majestuoso, agresivo, poderoso como un animal dueño de su reino. No hubo más palabras porque lo sentí todo a través de esas energías que te hablan y uno nunca sabe de donde. Era un encuentro con sabor a venganza.

Cuando amarramos vinieron unos marineros vestidos de uniforme a ver el barco nuestro, eran reclutas o militares de bajo rango. Sin ningún tipo de respeto al menos por los dos viejos que componían la tripulación se empezaron a reír en nuestras caras porque sabían la historia del Criollo y del Zargaso. Estábamos en un perdedor por mucho cariño que le tuviéramos. Yo me bajé al muelle y me acerqué al Criollo. Si, era de la marina de guerra de Cuba. Un hermoso mástil de aluminio moderno relucía con sus trinquetes niquelados al lado de los nuestros color bronce y verde sulfatados del viejo salitre y manchados todo alrededor como si llorase oxido y tiempo de vejez..
Miré al Criollo como se mira a un traidor, era exactamente la copia rejuvenecida de nuestro barco, pulida por cientos de reclutas esclavizados con un falso orgullo por algo tan ajeno como un maldito barco militar, tenía ganas de escupirlo pero me hubieran dado una paliza ahí mismo. Mi padre se me acercó silenciosamente y me puso la mano en el hombro –eso es postalita nada más- murmuró con tanta seguridad que aplastó mi rabia y me sacó las risas de donde no había - Le han puesto un mástil muy ligero y moderno pero sin saber le han descompensado el equilibrio exquisito con el que fue construido por carpinteros de Santander. Muy ligero de arboladura, como todo lo que le quitaron no se lo hayan cargado en la Orza no son nadie, no son nadie.

-¡A las 4 cuando se acaben las competiciones voy hasta la bahía de la Habana y tu hasta el Río Almendares, podemos probarlos!- Gritó el capitán del Criollo desde lejos quizás porque oyó lo que mi padre me decía. Mi padre no tardó una centésima de segundo en asentir, la sangre de marino se desbordaba hinchada en adrenalina mientras los gemelos Zargaso y Criollo se miraban con odio. Ese día mi padre no asistió a su trabajo, se quedó dentro del puerto Santa Ana probando velas, revisando cabos, atando jarcias. Me hizo izar y bajar mas de diez veces el Genovés, la Mayor, el Foque. Mi agilidad de aquel tiempo me permitía andar por los cables del mástil revisándolo todo como un mono en un circo. A las cuatro menos cuarto un barco con tres hombres encima, pintado de blanco con pintura barata y tornillos enmohecidos salía con furia controlada a un punto de mar afuera donde esperaba un barco enteramente barnizado, pulido y encerado, con una tripulación numerosa de jóvenes inexpertos pero locos por burlarse de sus viejos oponentes que no eran mas que un señor de 64 años, mi padre de poco mas de 50 y yo de 19 años.

El viento había arreciado como prestado a tremendo circo. Las nubes habían ocultado el sol y las pequeñas crestas de las olas se vaporizaban formando pequeños y efímeros arco iris que no dejaban verse por la tensión y la concentración reinante. Mi padre me dio una bengala. Los marinos del otro barco estaban cada uno en sus puestos y recibiendo órdenes como alaridos de una bestia diabólica y agonizante. En nuestro barco había silencio total, cada uno sabía exactamente lo que tenía que hacer y si faltaba una orden era dada más que nada como un consejo a base de miradas. Mariano sacó de un compartimento casi secreto una oxidada brújula compás y la puso en su sitio histórico delante del timón, no sin antes con unos trapos negruscos retirarle la grasa de conservación en la que estaba envuelta. Todos en sus sitios.

Por un momento el viento hizo una pausa, o quizás yo dejé de sentirlo, o formé parte de él... Mirada.... Desenrosqué suavemente el tapón de la bengala y con un fuerte tirón reventé aquel artefacto. Me gustaría haberme detenido a mirar de qué color era pero no fue posible, las chicharras de los trinquetes empezaron a moler el silencio desesperadamente y tuve que agarrarme como pude al timón del Zargaso. Brioso, dio un salto ladeándose hasta que le entraba agua por la borda con una corriente brutal que arrastraba todas las cascarillas de pintura que no estuviesen bien pegadas a la cubierta. Nunca vi tanta velocidad en ese barco. Todo el conjunto rechinaba, gemía y crujía en una horripilante orquesta de maderas y cables de acero dolorosos. No me atrevía a mirar a la izquierda. Si perdíamos no quería verlo. Solo miraba adelante y a estribor de donde venía el viento. Las velas casi mencionaban el nombre de su creador con tanta tensión. Toneladas de madera y plomo más unas descabelladas esperanzas de cumplir un sueño que duraba más de 20 años, llevado a cabo por generaciones ajenas al origen, llevaban la mole marina como podían. Me di cuenta que ni mi padre ni Mariano miraban tampoco al contrincante y se habían dejado de sentir las voces y los alaridos quizás desplazados por tanto ruido de viento explosivo pujando por ver quien era mas fuerte.
Íbamos al este, pero el viento venía del este. Así que estábamos navegando viento en contra y había que orzar varias veces porque en contra del viento se navega en zig-zag, al grito de ¡¡¡¡¡¡¡ORZAAAAAAARRRR!!!!!!! De la ronca voz de Mariano se desataba una coreografía para hacer un cambio de ataque del viento, dura unos tres segundos pero es decisivo para ganar tiempo a los mas inexpertos. La costa iba variando rápidamente en lo que nos acercábamos al punto de decisión, la desembocadura del río Almendares. Por la orilla pasó a toda velocidad Santa Fe, Jaimanitas, La Concha, Ya estábamos a la altura de Miramar cuando nos atrevimos a mirar al contrincante y este estaba unos metros por detrás, pero solo unos metros y eso no es nada así que se cazaron más las velas hasta sentir que saltaban las costuras como para rematar al perdedor. Cada trinquete avanzó unos tres dientes mas con la consabida música de reloj antiguo. Algunos cabos soltaban humo al deslizarse por los molinetes y se sentía algo de peste a quemado. Casi el río, casi el río Almendares, ya nos dedicamos a mirar descaradamente al gemelo barnizado y arrogante que nos quería poner en ridículo. Contábamos la distancia por las calles de la tierra, la entrada del río estaba en calle cero e íbamos por la 70, 60, 42, calle 10, teatro Karl Marx………

Se escuchó un grito de terror, era Mariano arriando las velas y mi padre tratando de tensarlas. No entendía nada. Forcejeaban uno y otro por hacer lo contrario, mi padre empujaba a Mariano y Mariano no soltaba la manivela del trinquete. Amarré el timón con una pequeña cuerda disponible al efecto y me lancé hacia la proa a ver que pasaba. No entendía los gritos, mi padre me miró con los ojos enrojecidos y me gritó que cazara las velas a toda costa en lo que Mariano me gritaba que no, vi en una fracción de segundo al criollo adelantarnos limpiamente y poner proa vencedor a la bahía de La Habana. Por un momento odié a mariano, lo odié tanto hasta que vi como se le aguaron los ojos y empezar a llorar, las velas se soltaron solas y flameaban con histeria, entonces fue cuando me di cuenta que el mástil se había rajado a todo lo largo y estaba a punto de desplomarse con todas sus toneladas de madera sobre la cubierta. De no ser por mariano quizás hubiéramos perdido todo, nos hubiéramos hundido ahí mismo desde el momento que la columna avejentada del titán hubiera cedido un milímetro más. Recogimos todas las velas sin perder de vista la peligrosa e inestable mole de madera que chirriaba herida de muerte con el vaivén de las olas y con el pequeño motor inglés llegamos a puerto y amarramos en silencio.
 Al año siguiente me cogió el servicio militar, a mi padre, quien mas nunca pisó el Zargaso le comunicaron en mi casa que se había hundido una madrugada de mucha lluvia, de esas que suele haber en verano. Me escapé de la unidad y fui a verle. Solo se veía la parte del mástil herido que quedó fuera del agua. Ahí, a escasos metros del puente de hierro se dejó vencer del todo por los años, cayendose sin resistencia sobre el fangoso fondo que engullía sin tregua todo lo que se dejase tocar por el . Las sucesivas tormentas y crecidas de río terminaron por romperlo del todo y sepultarlo para siempre. Se donde yace, se donde ha muerto. Por mas que intenté recuperar la documentación para sacarlo a flote entre los amigos no pude porque al estar al servicio del INDER y entrar en calidad de naufragio una persona se adueñó de el. De nombre Rafael Mesa si mal no recuerdo, profesor o creador del grupo de Buceo Barracuda. Por más que quise comprar o conseguir los papeles del barco nunca lo logré. Lo mas que me ofreció era que yo lo sacase y me dejaría ser marinero del mismo. Pero no accedí a esto.

Hoy veo esta foto del criollo y me ha removido de adentro toda esta historia, máxime que el criollo ya no esta en la marina de guerra como parece, ha perdido el barniz y esta lleno de chapuceros remiendos. No tiene nada de arboladura y se ve que le queda poco. Ese barco de madera, ese exquisito barco de madera que no fue atornillado por cuestiones competitivas y de peso, sino atarugado y encolado con manos maestras esta ahora en su lecho de muerte y por una paradoja del destino. Como para despedirse o para unirse a su hermano gemelo esta actualmente como muestra esta impresionante imagen a escasos metros donde yace el Zargaso en una tumba olvidad en el fondo de un río contaminado y triste de La Habana Cuba.


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Fotos de Google earth:

http://www.panoramio.com/user/1115111 asereco

viernes, 8 de agosto de 2008

El Relojero.





No se de donde salió. Los pelos blancos que le caían hasta los hombros de su saco ennegrecido por el tiempo y el uso le daban un aire mágico digno de las películas de Walt. La voz le acompañaba, ronca y gastada como toda su apariencia sin darle ni el más mínimo descanso de hacer sentir viejo todo lo que le rodeaba. Su olor era terrible sin embargo tenía un valor para la sociedad de la pequeña barriada a la orilla del río Almendares. Era el relojero.
En los días en que lo vi venir por vez primera había algo de frío, pero la inmensa actividad de alguien de 11 años hacía que no necesitara abrigo e incluso me burlara del deseo que tienen los cubanos de que venga un poco de frío para sacar esas camisas de mangas largas y esos abrigos abandonados en la maquina del tiempo que llamamos escaparate.
Este señor venía encorvado. Interrumpí mis juegos diarios para mirarle, daba miedo, y mas miedo dio cuando lo vi tomar rumbo a mi casa, tocar en mi puerta y que mis padres lo recibieran con alegría. Abandoné todo lo que estaba haciendo para ver quien era ese extraño sujeto y aproveché la más minima oportunidad de preg
untar, pero la respuesta era mi madre sonriente que venía con las manos llenas de relojes. Unos despertadores rusos marca vityaz, un poljot de mi hermano que se le había roto el cristal, un raketa mío que me había regalado el esposo de mi abuela en mi cumpleaños y que por eso le habíamos apodado el mafioso. Poco me duró el reloj. Yo pasaba mas tiempo debajo del agua que fuera de ella y todo lo que tuviera en esta vida tendría que ser subacuatico o pescado. El reloj de mi tío abuelo el mafioso no lo era, ni aunque me lo asegurara con todos sus relucientes dientes de oro y sus gafas de matón batistiano.

Con manos temblorosas desempaquetó de una pequeña toalla que quizás alguna vez tuvo algún color definido unas herramientas muy pequeñas y un lente que se pegaba en el cristal de unas gafas tan rayadas que no se sabe que vería por ellas. Mi madre le limpió la mesa meticulosamente de las pequeñas migajas de pan que siempre quedaban del desayuno. Yo las dejaba a propósito, cada vez más grandes. Los gorriones entraban planeando entre las persianas sin tocarlas y con incalculable maestría cogían rápido las pequeñas partí
culas de pan y se iban con la misma. Yo los miraba y me preguntaba como podrían manejarse a sí mismos tan rápido y no chocar contra nada en ese vuelo desenfrenado y rápido. También le improvisaron una lámpara a pesar de ser completamente de día y soleado con unos cables y un bombillo de los amarillentos, esos que uno desea que se fundan a ver si cambia la luz o al menos la oscuridad te trae un sueño mas interesante que el de ver como pasan los días sin mas ningún aliciente que soñar a todas horas y con todo lo posible.
El primero que revivió fue el Vityaz. Su estruendoso timbre despertador rompía toda posible concentración en cualquier cosa de este mundo. No obstante la pequeña sonrisa que se vio en la cara del relojero que hasta ahora apenas hablaba iluminó toda la pesantez del ambiente. – Ya funciona- dijo con orgullo paternal y le dio cuerd
a con una energía asombrosa para una persona de la edad que parecía. Cuando me volví estaban casi todos los vecinos mirando, como era de costumbre habían entrado a mi casa que siempre tenía la puerta abierta y se habían quedado prendados del oficio de hacer latir a una pequeña caja de piñones y cuerdas.

- Deja ver- pregunté irrespetuosamente como preguntan los niños antes de enterarse que hay formas de comportarse según el hombre civilizado. Miré dentro de la maquina y vi el latir de muelles y ruedas. - Jamás entenderé porque funciona esto -, m
e dije a mi mismo y salí corriendo a recuperar mis juegos como si por lanzarme por la escalera saltando de diez en diez los escalones me pudiese llevar al mismo segundo en que dejé el interesante juego de las aventuras de Enrique La´Garder en el cual no me sabía el nombre de mi personaje pero repartía una espada con un pequeño cuje de guayaba que todos temían menos uno de los malos que tenía un pedazo de palo de escoba que también dolía cantidad cuando te atizaba en los dedos o en las canillas.
Al poco tiempo salió el viejo de nuevo, aún había gente esperando e
n los portales para que mirara sus relojes, el se limitaba a dejarlo para mañana. Cada persona le pagaba entre cinco y treinta pesos lo que era una fortuna por aquella época. Nos pasó cerca de nuestro terreno de juegos y con su mano protegía la sagrada toalla llena de manchas que contenían sus herramientas. Uno de los niños mas pequeños se le quedó mirando sin mas, el relojero intentó con una sonrisa tocarle la cabeza pero el niño retrocedió con espantada velocidad – ¿por que tienes tanta peste? – Le gritó como si se quejara. – Porque en mi reino- Respondió calmadamente y con una leve sonrisa – Todo lo lindo lo vuelvo feo para que nadie me lo quite. Así mi peste es el más caro de los perfumes, mi ropa, la más distinguida de las sedas y mi oficio…el más importante para que el mundo sepa que ya es tiempo de soñar.
- Este esta borracho también -, pensé yo, acostumbrado a la venta de ron en la esquina de 26 y 11 donde los beodos se arrastraban por el piso después de una jornada etílica digna de una película de guerra y hoy, mas de veinte años después, cuando se me rompió la manilla del reloj y se me cayó al piso recordé esa escena. La mente me juega malas pasadas. Me trae, en la monotonía del día a día recuerdos que no tienen porque estar ya conmigo y me los hecha en cara como si estuviera haciendo algo mal o algo malo. Me hace sentir culpable y lo peor de todo, no hay forma que me deje echar raíces en el sitio donde estoy.
Es tiempo de ir tejiendo un viaje a la tierra que me vio nacer.

viernes, 4 de julio de 2008

Insuficiente adiós al Plátano


Enviado desde el Centro Pablo centropablo@cubarte.cult.cu


Pocas palabras llegan con la sorpresa. Un silencio largo hace que las imágenes pasen como en un cine, mientras trato de acomodarlas en la mente ante la noticia: “Se murió el Plátano”
Con sus tantas historias a cuestas, sus poemas lúgubres y cercanos, sus dibujos y pinturas, sus fotos (las ciertas y las imaginadas), el Plátano nos ha dejado con el misterio de su ausencia repentina e inexplicable. A todos nos parece mentira. De voz en voz pasa el asombro como una epidemia que cala en el pecho y nos hace mirarlo nuevamente. Tal vez nunca supo, que él también quedó plasmado en las fotografías que hacemos de nuestras propias vidas. Interpuesto entre la mirada y el escenario, trató de hacer nuestro mejor retrato y tal vez lo logró.
El olvido es la peste de nuestros tiempos.Y es que hemos perdido nuestro espejo en esta ciudad que cada vez se mira más en las vidrieras ajenas y menos en sus propios charcos. Cuántas veces habremos seguido de largo ante la viejita que cuida el baño, el señor que revende el periódico o el triste amolador de tijeras. Este hombrecito, aparentemente breve, es el más auténtico símbolo del ciudadano común, del transeúnte real, sin barnices de riqueza ni perfumes de gloria.
Se entregó como un devoto a pegar nuestros afiches en cada superficie posible, bajo amenaza de multas; a repartir como un niño en plena fiesta los volantes de conciertos y exposiciones. Murmuraba noticias y anunciaba el más mínimo rincón de arte como quien grita un evangelio en medio de la sordera nacional. Mal pagado centinela de nuestras aspiraciones, público fiel y alentador de los más nuevos.
Su muerte nos conmueve y su historia nos compromete a recordarlo con justicia. Plátano nuestro de cada día, nos aburríamos de oírte y ahora mismo te pedimos un discurso más, un par de palabras que anuncien, por lo menos, cuanto vas a tardar en regresar.
En esta era digital, petrolífera y desmemoriada no podemos hacer menos que estar orgullosos de haber estado alguna vez cerca de ti. Te decimos adiós desde cada guitarra, desde todos los escenarios donde se siga subiendo este canto valiente y masacrado. Desde nuestras soledades camufladas y nuestras miserias inconfesas. Desde nuestra cordura convenida y nuestra limpieza aparente.
Ningún adiós es completo. Con tu partida nuestro ejército ha sido diezmado, pero tu recuerdo nos acompañará en la última carga.

Ariel Díaz
(Miércoles 18 de junio de 2008,1:05 am)
Centro Cultural Pablo de la Torriente BrauCalle de la Muralla No. 63, entre Oficios e Inquisidor, La Habana Vieja, Ciudad de la Habana, CubaTele-fax: 537 8666585Correo electrónico: centropablo@cubarte.cult.cu
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No hay adiós que valga
Pues si señores. Ah muerto el plátano. ¿Que decir de el? Yo no lo conocía, sin embargo por esos encantos que tiene La Habana me crucé con el un montón de veces y su estilo cuidado para ser visto funcionó a la perfección en mi. Después me enteré que vivía como todos nosotros de la ilusión, así que se convirtió en un compañero anónimo de tribulaciones habaneras. El plátano acaba de darme un manotazo en la cara, y si es posible nos lo ha dado a todos nosotros. Por eso no se merece ningún discurso de despedida. El plátano es uno de esos que tiene una entrevista pendiente conmigo, una foto, una conversación y se ha ido sin más. No, no se ha ido al norte, tampoco a Europa. El plátano no es de esos. No lo veo yo trabajando en un lugar frío y monótono durante los siguientes años de su vida. No lo veo dando vueltas por los blogs cubanos buscando ese atisbo de recuerdos que nos alimenta a muchos o generando ideas de futuro para una nación cancerosa con utópicas intenciones. El plátano era más de pegar carteles de conciertos o pegarle una muela al que sea con tal de hacerse oír un poco. No le pagaban esos trabajos siquiera, nadie sabe como alimentaba su cuerpo físico o su sonrisa relajada en medio de una inmensa tormenta. Se ha ido donde el Bola, o el Caballero de París, se ha unido a las legiones de locos soñadores de la triste y pequeña ISOLA de Cuba y aun así nos ha enseñado que estamos perdiendo el tiempo, que nos hemos hundido en la posposición y la impotencia. Impotencia que nos esta llevando por la fuerza a apartarnos de lo que somos sin resultado ninguno mas que esa pena que llevamos dentro de haber dejado nuestra casa. Bienaventurados aquellos que logran desprenderse de sus raíces y pueden mirar adelante sin más. El plátano no era de esos. Se va sin mas pertenencias que su roída cámara rusa de fotografía, o sus intempestivos panes con croqueta de la pelota de 23 y 12. Adiós plátano. Ya nos veremos, le debes una entrevista a mi cámara cansada.

El yoyi 05 de Julio del 2008 04:16 am Madrid.