lunes, 4 de febrero de 2008

La ultima pesca de Josef (Capitulo 8)

Llegó al barrio caminando ya mas tranquilo cuesta abajo por la calle 24. Desde encima de la loma se veía su cuadra llena de árboles verdes y tupidos como si de una selva se tratase. Abajo lo estaba esperando Baratija, otro de los compañeros de pesca sui géneris. Le apodaban así porque solía comprar cosas en los pueblos de campo y venderlos en la ciudad. A veces se iba con jabones, medias o ropa y venia con frutas, pollos y cosas así. También solía pescar pero nunca fue un buen pescador, fumaba mucho. A pesar de tener un par de años más que Josef parecía un tipo de cuarenta, quizás su piel blanca y los ojos profundamente azules no soportaban el clima caribeño, o el estrés, o tanto darle a la cabeza para sobrevivir. Estaba sentado en el contén de la acera donde Josef pasaba sus días últimamente. Se incorporó como un resorte cuando lo vio acercarse y haciendo uso de su inacabable sonrisa gritó desde lejos como si fuera la ultima persona del mundo.
- Joseeeeef Joseeeeef asereeé estás perdío.
Josef ni se inmutó con su rara flema inglesa. Se acercó hasta el y lo miró con recelo. Si Baratija estaba esperándolo no era por nada bueno, Baratija nunca había venido a nada bueno, solo lo metía en líos como un día que se le ocurrió hacer del buceo una cosa turística y buscó clientes y todo, los cuales después de ver los equipos con que buceaban además de estarse un rato partiéndose de la risa por las antiguallas de la primera guerra mundial se fueron sin bucear y sin pagar por supuesto.
- Coño asere hace tiempo que te estoy buscando.
Josef lo miró con recelo. No se estaba tranquilo. Mientras hablaba gesticulaba más que sus propias palabras y daba pequeños saltos. Clavaba la mirada en su interlocutor a no ser que pasara alguna muchacha por la cual interrumpía cualquier conversación hasta que se fuera de su campo visual y después la retomaba como una maquina que hubiese sido pausada un momento.

- Dime Baratija…¿Qué quieres?
- Ná consorte… tengo un negocito bueno ahí pa ti.
- ¿negocito?¿negocito? ¿en que candela te estas metiendo ahora?
- En ninguna asere cien por ciento seguro.

Le vino a la mente a Josef otro día que el Baratija dijo que era pintor de neveras, lo invitó como esta vez a un buen negocito y tuvieron que salir corriendo de la casa porque el Baratija no solo pintaba horriblemente sino que se metió de mala manera con la hija del dueño de la casa y para colmo andaba con un short con un agujero en el trasero mas grande que la prenda en cuestión y sin calzoncillos. Intentaba recordar algún “negocito” bueno con el Baratija pero por más que se exprimía el cerebro no recordaba ninguno en años. El Baratija solo creaba problemas.

- facilito asere…pescar sin pescar, llevo como tres días esperándote por el malecón…cuando me dijeron que ya no pescabas me aterroricé pero menos mal que ya te encontré esto es baratija asere, baratija..
- Ya no pesco……
- ¡Que no pescas de que asere! cuando te cuente esto vas a pescar de nuevo y para siempre.. Lo tuyo es pescar asere no quieras hacer otra cosa que tu eres un pescao , lo tuyo es pescar…..
Lo tuyo es pescar sonó un poco punzante. Cuando uno se decide a dejar algo y después por asomo viene la idea de volver a ello es bastante frustrante. Josef no quería pescar más, ahora quería ser mecánico, algo de tierra, de gente. Estaba cansado de ser una especie de animal marino que la gente miraba con complacencia y un poco de lástima. Vio un poco las calles y quizás le estaba empezando a llamar la atención la forma de vida que existía en tierra firme, en tierra seca.
- ¿a ver que coño es Baratija?
- Mira asere – Baratija enseñó una bolsa con carne al parecer fresca – Carne de tortuga asere, de caguama, se vende estelar, esto es una baratija y sin riesgo.
- No quiero matar más bichos Baratija
Baratija abrió los ojos azules que parecía que se iba a tragar el barrio en un mar desenfrenado y aumentó desesperantemente la frecuencia de los saltitos que daba. Al parecer le había dado un buen pie para explicar su idea, su rara idea. De semejante cabeza nunca iba a salir nada sano.
- si ya están muertas asere, no hay que matar naa, no hay que llevar ni escopeta, solo es recogerlas como una mata de mango……llegar y recogerlas, solo hay que llevar buenos cuchillos.
- Cuéntame bien esa mierda –Josef ya se estaba desesperando, hubiera querido ser sordo o que la tierra se tragara al Baratija, el maldito instinto de supervivencia lo estaba jugando la mala pasada de interesarse cada vez mas por el tema.
- Mira asere…hay unos paños (redes) tirados por una parte de Pinar del Río que yo me sé. Es de los barcos pesqueros. Las tortugas están enganchas y muertas, namás hay que recogerlas sin romper la red pa que no se den cuenta y sin ambición una cada día, aunque hayan diez, solo una, o dos, o bueno quizás tres.
Josef quedó en verle mas tarde. Habría que pensárselo. Baratija presionó que si no se decidía buscaría otro compañero para ese negocio tan seguro pero a Josef esto no le hizo ningún efecto porque sabía que nadie quería pescar con Baratija. A lo largo de su vida había metido en problemas a todos y cada uno de los pescadores del barrio de alguna manera y había que ser muy calmado para volver a coincidir con el en una jornada de pesca sabiendo que te podía hundir la vida literalmente en cuestión de segundos. Su enfermiza mente solo generaba trastadas y malos cálculos, apenas sobrevivía con su ímpetu, su optimismo y su suerte, a esas tres cosas si no había quien le ganara, sobre todo a optimismo, difícil medicina contra la rendición en un lugar inundado de trabas e imposibilidades.
Volver al mar le venía terriblemente mal, se estaba poniendo nervioso cada vez que pensaba en eso como si fuera su primera vez. Esa primera vez que recordaba con claridad que se dio cuenta que podía sobrevivir de la pesca al matar a su primer pez con una artesanal escopeta de ligas de poco alcance. También sonreía cuando se veía a si mismo con nueve años salir corriendo del agua porque le habían dicho que las picúas (barracudas) eran peligrosas. Recuerda que temblando se metía temprano en el agua tibia de la costa de Miramar mirando a todos lados por si veía un tiburón como el de las películas. Había oído muchas historias y le tenían aterrado. Casi diez años después le daba más miedo la tierra que el agua. En la tierra solían haber personas que te podían hacer mucho daño, nada estaba equilibrado y había mucha locura y energías raras a las que no se acostumbraba, sin embargo el mar… era perfecto. Aun de noche, de ciclón o en un mar desconocido, el mar para Josef era mas seguro que la tierra. Baratija estaba completamente loco, loco peligroso. Pero ¿y si esta vez daba el buen golpe? ¿y si con este invento del descerebrado Baratija ya podía darse el lujo de pescar solo una vez al mes y no tenia que estar dándole preocupaciones a Madre? Eso estaría bien. Interrumpió su camino a casa y volvió sobre sus pasos rumbo puente de hierro que cruza el Río Almendares dando grandes zancadas, sabía que alcanzaría al Baratija por ahí dándole conversación a todo el mundo por el camino, inventando nuevos trueques y estafas hasta que se reunió con el en la calle tercera desde donde llegaba una amenazadora brisa marina que presagiaba un regreso al adorado y temido medio azul.
- ¿Cómo hacemos? – El Baratija se alegró e iba a empezar su ritmo de saltos y alegres gritos, hacía de todo un gran espectáculo como si cada segundo de la vida fuera una gran película por la que había que aplaudir en un cine de niños.
- ¿Como que como hacemos? Mañana tempranito en el Lido a las doce de la noche por lo menos, no lleves escopeta, lleva cuchillo.
El Lido era un punto de poner nervioso a pescadores. Desde ahí se iba siempre a la aventura de la provincia de Pinar del Río, quizás uno de los mejores lugares de pesca de la Isola. Costaba después de varios días sin madrugar, dejar de dormir plácidamente y soportar ese pequeño intervalo de frío de noche y amanecer en el Lido en una guagua que se cogía en la calle línea. Ahí, al llegar se encontraban todos con rostros desencajados del madrugón o la resaca. A esa hora nadie hablaba como no fuera para pedir el último de la cola de los camiones que salían ininterrumpidamente. Daba una pequeña alegría el saber que en unas cinco horas todo este territorio estaría inundado de luz solar, calor y colores. La vida iría barriendo la oscuridad y abrazaría a todos y cada una de las personas que estuvieran en la calle en ese momento y el mar, el hermoso mar de todos tomaría su color que cada momento mejoraba a los ojos de quien viviera de el o por él, como todos estos jóvenes que tomaban un camión rumbo a las costas del oeste de Cuba a esa hora de la madrugada. Revisando las caras encontró al Baratija en una esquina de la terminal, discutía a esa hora acaloradamente con otro pescador el Quimbaova, quisiera saber su nombre pero es imposible recordar entre tantos apodos.
- El mar no es tuyo, ¡¡el mar no es tuyo!! – repetía continuamente Baratija sin razón aparente en estado de frenesí nervioso. Los saltos acostumbrados esta vez ya eran de mecanismo neumático. Josef se acercó a ver que pasaba y saludó al Quimbaova con desdén, el Quimbaova vio en Josef un apoyo e intentó ganarlo para su causa.
- Josef – decía el Quimba alzando cada vez mas la voz - yo quedé con este tipo en ir a la mina un día yo y un día el, y este día me tocaba ir yo ¿¿que coño hace este aquí???
De primera instancia ni entendió porque se originaba esta discusión. Josef se limitó a mirar como si tratara de leer los labios de los dos acalorados pescadores.
- Josef….. ¡Josef!- Los gritos en aumento lo iban trayendo de vuelta poco a poco.
- Dime – respondió bajito intentando concentrarse en lo que parecía una discusión estúpida.
- ¡Compadre! ¿Este no te dijo que nos turnábamos para ir a la mina?- dijo señalando acusadoramente a Baratija.
- No….. ¿Porque habría que turnarse? ¿Porque le llaman la mina?
Baratija dio un salto desesperado en lo que el Quimbaova le tapaba la boca de un manotazo- ¿No te dijo no? ¿No te dijo nada este cabrón? ¡Pues que te diga! soltó el Quimbaova también en un susurro pero con las venas y las facciones de la cara como si estuviera gritando a todo pulmón.
Baratija no hablaba, para ser tan locuaz estaba dolorosamente callado y casi dando la espalda. Cualquiera que no lo conociera pensaba que tenía vergüenza pero ante esa pregunta un día su respuesta fue –mi vergüenza era verde y se la comió un chivo.
Josef se volvió hacia donde estaba casi ocultándose el Baratija, estaba pegado a la mugrienta pared de la terminal donde los colores se confundían con tanta suciedad o grasa, quizás algún día fue pintada pero a juzgar por la textura es posible que también estuviera en el cemento puro ennegrecido por tanta gente recostando sus pies en la espera o por el hollín disuelto de los humeantes motores de los viejos camiones y guaguas que pernoctaban o pasaban por ese sitio. Un bombillo amarillento a pocos metros de ahí solo dejaba ver cuando mucho, el brillo de los ojos de de algún niño lloroso por la horrible y fría madrugada a que lo sometían sus padres para ir a ver quizás a algún familiar a una escuela en el campo o por desdicha algún pariente preso. Josef se acercó al Baratija y a pesar de no tener ningún signo de enfado o mal humor visible el Baratija se asustó un poco. Algunas personas tenían a Josef por un psicópata pero en realidad mas calmado y pacifico no podía ser.
- bueno….¿y porque hay que turnarse?
El Quimbaova le dio un suave golpe con la mano abierta por la nuca como para que soltase lo que tenía que decir, suficiente para que el Baratija cargara sus pilas y mostrara una sonrisa tan natural como las frutas plásticas de adorno.
- Hay que turnarseeeeee……………. Porque…………………..porque es un buen lugar de pesca y no queremos que lo descubran mas gente, tu sabes que cuando eres bueno la gente te persigue, la envidia y to eso. Incluso las personas que te rodean te empiezan a vigilar para ver de donde sacas tan buena pesca, incluso es posible que se nos escape donde pescamos y se llene eso de gente y……………….
Josef estaba empezando a molestarse con tanta habladuría.
- porque claro no es lo mismo llegar con un par de pescaos que con varias libras de un producto de primera y las consecuencias de ser efectivo en lo…lo…lo que es…….la…..lala laaaa……………..
- ¡¡Y porque coño le dicen la mina??
El silencio dominó un rato tan tenso momento. El Quimbaova no había soltado aun el cuello de la camisa del Baratija que la tenía apresada como si este se fuera a escapar en cualquier momento. Un simple estrechonazo valió para que el Baratija arrancara de nuevo su discurso.
- Le dicen la mina porqueeee…………………………….¡¡Porque es una mina de oro!! ¡¡Porque se pesca mucho ahí y se gana mucho dinero!! ¡¡Porque es el mejor lugar donde…donde puedas pescar en tu vida!! ¡¡Vas a ver ………
Otro estrechonazo en el cuello le valieron para callarse y retomar el discurso, esta vez, a juzgar por la seriedad y la solemnidad de sus palabras si se podía apostar porque estaba hablando la verdad.
- le decimos la mina………………….- el largo silencio no hizo mas que aumentar a punto de ebullición la tensión reinante –porque……son redes de la marina de guerra, el barco de la marina patrulla esos paños y el día que nos cojan vamos a explotar pero bien…
- ¡¡¡¡Vamos cuéntale más coño!!!! El Quimbaova lo soltó con desprecio sabiendo que ya se había hecho justicia, Josef volvió a la calma de nuevo, no se podía esperar menos del Baratija. Pasaron unos largos segundos en que se vio a si mismo pescando vacas, robando tortugas del acuarium, rompiendo artes de pesca de los barcos estatales. Se preguntó por un momento que vida era aquella. Recordó también la gente que había visto a las puertas de la universidad, con sus maletines, sus libros y por mas que intentaba no se podía ver a si mismo en una situación tan pacifica como aquella, pensaba que quizás un día eso acabaría con suerte con sus huesos en una cárcel o algo así o quizás con la muerte aunque lo segundo nunca le preocupó en lo mas mínimo, de hecho, ya casi la había experimentado y le había gustado morir, incluso podía ser algo bello pero estar metido en una cárcel…en la tierra.

- si el barco de la marina te ve saqueándole los paños te disparan…………..

……………..¡EL CAMIOOOOOONNNNNN!!!!!...............

 El grito provenía de varias partes. Desde luego que el Baratija lo había metido en problemas una vez más como era de esperarse. Esta operación pesquera llevaba ya riesgos mayores que los anteriores. Pero en todo caso toda posibilidad de caer en este vacío preocupante podía ser anulada con una simple decisión. Con tan solo decir, no voy y coger la guagua de regreso a casa se acabaría todo. Josef observó como la gente en cámara lenta se iba subiendo en los camiones y acomodándose como podían en los fríos y mojados bancos de hierro del viejo camión del año 56. Quimbaova y Baratija se quedaron inmóviles mirándolo, ya estaba ahí, era la hora y el lugar para meterse en un buen problema o salir airoso. Solo había que decidir. Josef repasaba una por una las imágenes de su caminata por la desconocida ciudad. La gente, los carros viejos, los edificios esta vez no habían ocasionado esas muestras de repugnancia por lo terrestre que lo invadía desde niño. Se alegró un poco porque quizás se estaba adaptando a lo que debía ser, quizás lograra en algún momento llevarse bien con las personas que le rodeaban y sentir la forma de vida o las costumbres como debían ser. La calle 23 era interesante con tanta vida, estar preso, quizás morir no estaba por ahora en sus planes pero había un instinto de supervivencia muy calmado y confiado en su poder de control sobre la mente de Josef, existía un ordenamiento que le indicaba luchar y luchar, no ser nunca una carga, sobrevivir una y otra vez además con honor de hacerlo en contra de las reglas hechas por los terrestres para controlar todo método u objeto de supervivencia.

- ¿vas o te quedas?- preguntaron con palabras y gestos los dos aventureros, sin ningún tipo de sonido el camionero les decía que si se iban a montar se montaran de una vez por todas. Aun había oscuridad y frío, algún pasajero con algún bulto le había dado un golpe al amarillento bombillo de la terminal lleno de puntos negros de moscas, se balanceaba dando una dantesca imagen del entorno, las sombras se multiplicaban y se movían en una danza infernal como si dieran la señal de un futuro amarillento y descontrolado. Josef no decidía. Recordó el hermoso cuerpo del Alma Mater pero ya no había tiempo. Quedaban segundos para la decisión. Si esperas algo el tiempo se hace largo, si necesitas tiempo, este se va de las manos como finos granos de arena. Todo esto sucedió en pocos segundos. La energía del habla de Josef despertó, fue recorriendo el cuerpo con escalofriante fuerza hasta recoger las ideas ya tomadas y organizadas en un cerebro cuerdo y calmado aunque un poco ansioso. Josef se dispuso a decidir según fuera lo mejor a su punto de vista. Siempre había hecho así, el mar, entre tantas cosas buenas que le había dado, le ofrecía cada día de estancia en él, la posibilidad de ser libre. Tantas horas pasadas bajo agua que constituían años lo habían hecho cuerdo y capaz de tomar casi siempre la mejor de las decisiones y este momento no era una excepción. La decisión ya estaba tomada.

.................... II .........................

Caminó hacia el camión con toda la confianza del mundo y de un salto se subió en uno de sus oxidados bancos. Los dos alocados compañeros lo siguieron en silencio. El camión arrancó sin más. Le esperaban cientos de kilómetros. Cuando la vista se adaptó a la oscura lona mugrienta que hacía de techo por donde a través de unas afortunadas rendijas pasaba algo de luz, comenzó a ver rostros de mas locos y arriesgados pescadores. Tocaba rezar para que no fueran todos al mismo lugar o aquello iba a acabar mal. No era la primera vez que violentos seres que vivían de la naturaleza discutieran por una posición favorecida dentro del mar y acabaran ellos ensartados en sus propias armas mortíferas de matar lo que apareciese. El ruido del motor se fue haciendo monótono hasta que se asoció al cansancio y la hora, la mayoría comenzaron a caer dormidos como almas sin cuerda Josef estaba nervioso pero a la vez un poco orgulloso de si mismo. Se veía como un sobreviviente y cada vez que se podía demostrar a si mismo que estaba apto para ganarse la vida se tranquilizaba. Era quizás retazos de un trauma que le había pasado madre de tanta carestía a lo largo de su vida. Josef no temía que le faltara algo o no poder comer, su mayor fobia era que algún día, no pudiera buscárselo con sus manos.

Por suerte para todos, los pescadores se iban quedando en distintos puntos de costa. Ellos se quedaron en uno de ellos, La Herradura, otros siguieron en el camión hasta el fin de su trayecto. Existía la creencia que mientras mas lejos te fueras de casa mejor pesca tendrías, era como un reconocimiento a tu esfuerzo y tiempo. Cuando se alejó el camión se fue con ellos la única luz viva del lugar. La extensa negrura de la noche vino sin dar tiempo a nada acuchillándolos con el frío húmedo de la madrugada tropical y el ruido de los grillos a esa hora ensordecedor e infernal.

No se había intercambiado una palabra mas, era costumbre antes de pescar. El silencio era un amuleto de buena suerte, más que nada si el lugar de pesca estaba estrechamente relacionado con la marina de guerra y gente de mal humor y con armas de fuego. Atravesaron una extensa maleza que luego se convirtió en mangle, a ratos se oían sonidos que venían de una zona de trailers (caravanas) donde la gente ya extinguía las borracheras de todo el día y se dejaban devorar por los entusiastas mosquitos en su zona de fiesta. Delicadamente se intentaba hacer el menor ruido posible, de ser visto por las personas de los trailers la misión corría peligro. Pudieran llamar a los guardias o también asustarse y ponerse agresivos. En ese sitio podía haber cualquier cosa, como mínimo cualquier grupo aficionado a las apuestas ilegales o la droga. También familias que iban a pasar días de asueto tranquilamente con lo que su economía les permitía que era por lo general un desvencijado trailer con las ruedas desinfladas y ya sembradas formando parte del lugar. Pronto se oía ya el siseo de la costa, este sonido era hermoso y emocionante. Era la línea donde en teoría se acababa el mundo de los humanos y solo lo cruzaban a esa hora algún aventurero o alguien en un desesperado intento por alcanzar las costas del norte, país de sueños para muchos. El agua estaba tibia como todo lo terrible al principio. Sacaron los equipos de los sacos, consistían en pequeñas botellas de aire comprimido con obsoletos reguladores, las botellas de acero ruso estaba medianamente pintadas de azul mate y oxido. El ruido de la comprobación de los reguladores de buceo acallaba los pocos grillos que quedaban tan cerca de la costa, mezcla de arena, piedras y bultos raros expandidos que se vislumbraban en la poca luz de luna que iba quedando. Ya con todo puesto los tres suicidas parecían engendros genéticamente erróneos. La sola visión de esta silueta quizás podría crear cualquier rumor de extraterrestres en las costas de Pinar del Río.

Había que tirarse en un lugar marcado e ir mirando una extensa red diagonal a la costa con casi dos kilómetros, si se veía alguna tortuga enredada solo había que bajar, decapitarla y meterla en un saco. Por lo general, a no ser porque se hubieran enredado recientemente lo cual era poco probable porque hacían sus movimientos temprano en la noche estaban ya muertas. La red era una maquina mortífera de exterminio en masa que dejaba claro cuan peligroso es la especie humana. A Josef le parecía a pesar de ser un depredador nato, un abuso. No había oportunidad de escape ni de ningún tipo de defensa, máxime cuando Josef siempre pescaba para vivir y este tipo de artes de pesca realizan matanzas en masa que a veces ni llegan a manos de los hombres porque ya sea por falta de recursos o dejadez no se revisan con la frecuencia correcta y se pudren las víctimas sin ser aprovechadas en lo mas mínimo, de hecho Josef tenía la manía de cada vez que se encontraba una red sacar un afilado cuchillo de doble hoja y dejarla completamente inutilizada, su padre también odiaba las redes y su abuelo. Josef venia de una estirpe de pescadores de supervivencia no de pescadores industriales.


Aun sin palabras, solo con señas acordaron la misión, los tres iban a peinar una parte del mar rumbo norte. El primero que viera la red haría señales con la linterna a los demás y ahí empezaría la revisión palmo a palmo de manera exquisita, las tortugas estaban mas o menos entre diez y veintidós metros de profundidad así que había que ir nadando a unos 6 metros para ahorrar el poco aire de la botella de 7 litros y si en unos veinte minutos no veían nada ya el día estaba perdido. Al menos acabaría rápido, se consolaba Josef en su pensamiento, también emponzoñaba su propia mente con imágenes de su cama plácida y tranquila y con un despertar a las diez de la mañana sin ningún tipo de preocupación. Pero el era dos personas dentro de una y por lo general, la irresponsable, la aventurera, la sobreviviente ganaba a la calmada, a la vaga, a la pesimista.

Al sumergirse los pocos metros necesarios para pasar desapercibidos de cualquier observador se encendían las linternas. Esta imagen era sublime. En los sueños de pequeño de Josef estaba haber ido al espacio y la situación casi lo superaba, el silencio, la oscuridad, la ingravidez. Solo las burbujas y el peligro de que un tiburón viniese, lo cogiera desprevenido y acabara todo lo separaban de una imaginación perfecta, pero en el espacio había otros peligros pensaba. El haz de luz parecía una infinita espada, pero era interesante también apagar la linterna y quedarse a oscuras. Esa sensación de dejar de ser material, de desaparecer todas las fuerzas que te unen a la tierra y sentirse algo flotante, errante, también era otras de las pagas de ese inhumano trabajo. Una luz empezó a moverse como alocada a lo lejos pero se divisaba entre los pequeños peces que jugueteaban con ella que quería decir algo, era la red, el quimbaova la había descubierto, se unieron las tres almas errantes sobre ella, el espectáculo era horrible, una extensa malla llena de limo hacia de pared artificial a la libertad submarina. Algunos peces intentaban sobrevivir al abrazo de unos hilos incorrompibles que una vez que se anudaban sobre la cabeza como cruel tela de araña no soltarían jamás hasta que viniera la sórdida maquina de matar humana. Algunos ya eran cadáveres que se balanceaban con la poca corriente existente y por la perdida de colorido, escamas o parte del cuerpo se notaba que llevaban bastante tiempo ahí sin siquiera recibir el destino de ser aprovechado mas que por las bacteria de la descomposición. La botellas de aire empezaban a flotar, esta perdida de peso paulatina indicaba que ya le iba quedando menos presión y quedaba poco tiempo, unos cincuenta metros mas de revisión y ya habría que volver a casa.

De pronto los bultos negros suspendidos en la red empezaron a ser cada vez más grandes, había desde la superficie de la red hasta unos 20 metros mas bajo. Por supuesto que el objetivo eran las mas cercanas a la superficie, no había aire ya suficiente para hacer un riesgoso trabajo de profundidad, además cuando las tortugas venían en grupo casi todas eran de la misma talla y daba igual coger la primera que estuviera mas cerca. Bajaron a por una que ya estaba muerta pero aun tenía los ojos brillosos que asustaban. Delicadamente intentaron sacarla sin romper la red y en menos de 10 minutos lo consiguieron, con uno de los tres mirando en derredor por si aparecía algún tiburón que hubiese olido la muerte o el barco de la marina. Lograron cercenarla con afilados cuchillos y meterla en un saco plástico que al cerrarse en teoría no dejaba escapar sangre y cortaba el rastro para los tiburones en la retirada. El silencio cada vez se hacía mas cruel, quizás la tensión era la provocadora de un silbido en los oídos que no era normal a medida que nadaban rumbo sur, a la costa, el maldito y horrendo silbido se hacía más evidente. Quizás llegar a la costa era cumplir una parte del plan pero llegar a la costa acababa con tantos peligros e iniciaba otros que no había ninguna ansiedad por alcanzarla. Era como pasar de una simple fase de un estado terrible a otro. Josef como siempre, se recriminaba a si mismo de meterse en estos menesteres y de haberse engañado a si mismo al haberse prometido que dejaría este tipo de vida pero su otro yo guardaba cada detalle para después recordarlo, quizás algún día contarlo cuando estuviera bien lejos de todo riesgo o posibilidad de tener que hacerlo de nuevo, fecha que no veía ni remotamente cerca al no saber nunca que rumbos llevaría su vida en los minutos siguientes y ni siquiera si estaría vivo en el día de mañana. Las luces de sus compañeros se apagaron pero con el ultimo recurso de sus entrenadas retinas logró ver como iban rumbo al fondo aleteando a toda velocidad, no existió el tiempo entre que vio la huida y una enorme mole de cemento le cruzó a pocos centímetros de la cara, el silbido se había convertido en estruendo y acto seguido Josef encendió su potencia de combate instintiva nadando al fondo con toda la velocidad que le permitieron sus remendadas aletas de rana.

Potentes reflectores taladraban el agua como si en un milagro se deshicieran de ella y no quedara más que un haz de fuego blanco que hacía de día todo lo que tocaba. Lo que parecían cardúmenes de peces huyendo de la luz no eran sardinas, eran balas que zigzagueaban traviesas como seres felices escapando de una embarazosa situación y dejando una hermosa estela de burbujas. Josef se agarró a un coral del fondo porque la botella de aire comprimido ya flotaba demasiado y le hacía consumir muchos recursos en mantenerse hundido, las piedras que tocaba eran demasiado ligeras o raras, tomó un puñado y en uno de los pases de las luces de los hambrientos guardianes reflectores pudo ver claramente que tampoco eran piedras, eran casquillos de balas, verdes, llenos de lino y algas. Se aferró con más fuerza al coral aunque ya sentía una sensación de quemadura que la prefería a ser atrapado por lo que fuera que estaba allá arriba. No tenía miedo, solo pensaba que quizás había llegado su hora como tantas veces. Las balas caían sin energía en el fondo acusando un llamativo color de bronce entre tanta vegetación acuática. Los peces, pequeños curiosos acudían a cada una y después se retiraban como decepcionados de ver que no era otro pez ni mucho menos nada comestible, eran pedazos de plomo y bronce lanzados por la especie depredadora. Hubiera querido rezar pero era bastante ateo y sus creencias no se habían detenido a pensar en quien podía aferrarse en un momento como este. Su yo sádico, en el fondo estaba disfrutando de tan dantesca situación y en el fondo, literalmente hablando, quizás esbozó una sonrisa en lo que las luces blancas seguían hurgando la costa con desespero exterminador. Desde luego que tampoco tenía mucha fe en lo que estuviera arriba. De momento lo que tenia arriba era una gente disparando a ciegas y alumbrando con potentes luces que cegaban lo que se cruzara con ello. Era lo mas parecido a dios que Josef había conocido en su vida y además con extrañas coincidencias.
La calma llego con la oscuridad. A pocos metros al sur estaba otro cuerpo al parecer humano también como aferrado al fondo, Josef se acerco sin encender su linterna, dejándose llevar por el instinto más que por la poca visión que tenía. Lo tocó con sus manos ya llenas de pliegos por la humedad y sintió una sensación placentera al roce contraria a la agresividad del coral que había tocado antes, se quedó a su lado asustado de no recibir respuesta de vida y esperó a que hubiera mas calma aun, cuando dejó de sonar el silbido que al final eran las maquinas del horrible barco de cemento encendió su linterna de nuevo. Se sobrecogió de la primera impresión, soltó el saco de carne de tortuga y como un ave dio vueltas lentamente sobre el cuerpo mirándolo desde todos los ángulos.
Era un joven delfín, pequeño. Ahogado con su hocico enredado en la red. Lo tocó una vez más. Apagó la linterna porque de todas maneras las lagrimas dentro de la mascara de buceo no le dejaban ver nada. Lloró a cantaros, lloró como pudo, sin aire, lloró por dentro, lloro su cuerpo. Se abrazó al cuerpo y notó que aun estaba caliente, supuso que minutos antes huyendo de las luces, los ruidos o los gritos desaforadamente perdió su control perfecto y se enredó de esa manera en la red. Aun se divisaba en la cara del pequeño delfín la sonrisa inamovible que llevan desde su nacimiento pero los ojos estaban sin vida, Josef tomó su cuchillo y lo liberó en el acto cortando la red. Lo entregó a la corriente que se hizo responsable de que continuara su camino y notó que ya estaba respirando con mucha dificultad, el regulador hacia un pitido característico de asma tecnológica, le quedaba de estar sumergido unos tres minutos. Tres minutos relámpagos porque no se puede medir el poco tiempo que usó para decidirse, empuñó el cuchillo con fuerza y nadando con toda la potencia de sus gruesos muslos fue cortando toda la red de lado a lado, atrasó los metros que ya tenia ganados hacia la orilla rumbo mar adentro contra la red, esta soltaba nubes de microorganismos cuando sus hilos iban sucumbiendo al filo del cuchillo, la hoja fue mas rápida incluso que los peces que se beneficiaban de las partículas orgánicas que generaba semejante desastre, ya no había aire y en menos de cuatro minutos la red estaba casi completamente inutilizada, acostada sobre el fondo con sus restos sin la posición vertical necearía para exterminar todo lo que pase por su lado. Josef no tuvo más remedio que volver a la superficie. Al salir ya unos claros rojizos empujaban la oscura y alocada noche mortífera. La brisa fresca de la madrugada relajó un poco la energía destructiva de Josef y de paso secó el torrente de lagrimas que no había dejado de manar de sus enrojecidos y ardientes ojos. Empezó a temerle a la muerte, ahora si había visto la muerte de cerca en algo tan valioso y sentimental como un inocente delfín que era masacrado en su propia casa. Se despertó un odio por todo lo que fuera pesca y exterminio, de por si como humano no le interesaba mucho su especie pero esta vez ya estaba rozando con el odio, a partir de este día la vida valía menos y quizás ni un hermoso amanecer como el que se vislumbraba iba a poder curar esto.
Recogió el saco de carne de tortuga siguiendo el rastro de la desaparecida red y llegó a la orilla más cercana sin más contratiempos. Se internó en el mangle justo por donde creyó que habían entrado, caminar se le hacía raro después de tal shock nervioso. Le temblaban descontroladamente los pies y la mandíbula. Se sentó un rato en las cálidas aguas del manglar para intentar relajarse y organizar ideas. No había reparado que era la primera vez en su vida que se había salido de sus cabales pero se asustó al pensar que quizás le faltaban por ver muchas escenas como esta a lo largo de lo que le quedaba de existencia. Baratija apareció del follaje con cara de mas allá y sin decir palabra cogió el saco de carne, en sus ojos se veía un miedo descontrolado como si aun no hubiera salido de la situación.
Al mirar a la costa, venía saliendo del mar Quimbaova, blasfemando por todas las vías posibles y escupiendo a todos lados, le habían sorprendido tan pegado a la orilla que se tuvo que tapar con arena y estaba lleno por todas partes incluso tragó un poco. Se reunieron los tres en lo mas tupido del manglar costero en posición triangular. Un silencio incomodo se adueñaba de la situación en lo que ya los claros del día dejaban ver mas detalles del hermoso mar que tenían a sus espaldas.
El Quimbaova tomó aire como le dejaron sus traumatizados pulmones y con la voz entrecortada rompió la calma venida a menos después de la terrible tormenta.
- ¿quien coño rompió la red?- dijo blandiendo el cuchillo amenazadoramente.
- yo la rompí- respondió Josef como quien da los buenos días.
- ¿era tuya?
- ¿y era tuya? – Josef empezó a convertirse en aquello que no quería ni por asomo ser nunca, agravado por instintos animales y odios adquiridos en una noche tormentosa y critica.
- Oe caballeros, tesen tranquilos, hemos salvado el pellejo y al menos tenemos ganancia – dijo el baratija intentando no tener otra situación que se imaginaba tan mala o peor que la anterior de la cual ni siquiera había tenido el tiempo de celebrar que se había escapado.
- ¿Porque soltaste el delfín muerto? ¡Eso era carne!
Josef se acabó de encender en modo criminal, por suerte el barato le arrebató el cuchillo que ya iba en dirección al cuello del Quimbaova, este al ver que se había pasado se desplazó rápidamente al suelo dejándose caer de espaldas y dejando claras muestras de que no quería combate pero Josef también pudo controlarse, todo se paró un rato como si el tiempo también se hubiera detenido, había sido una horrible jornada, de las peores, sin mas palabras comenzaron a caminar por el mangle en silencio ayudándose unos a otros, la complicidad resurgió de nuevo e incluso podría aventurarse a hablar de amistad. El Quimbaova de nuevo rompió el silencio.
- me estoy cagando y no es de miedo caballeros, espérenme aquí un ratico- se quedó atrás un par de metros aun con el agua a la cintura y se puso en funciones.
El baratija y Josef organizaban la carga para llevarla de la mejor manera posible en lo que disfrutaba de cómo la luz se aventuraba entre las tonalidades verdes de las hojas de los mangles que despertaban como ajenos a todo o invencibles a cualquier situación trágica como la que podrían contar por el simple hecho de vivir en la costa norte de Cuba.
- ¡¡¡Baratija!!!- gritó el Quimba con rara muestra de descontrol.
- ¡¡¡Dime aseré!!!
- ¡y si te tiro la mierda??

Baratija.
El Baratija se puso blanco. No entendía nada y no le hizo ninguna gracia. Desaforadamente gritó todo tipo de improperios contra el Quimba y toda su generación, Josef estaba un poco alejado sumergido en sus meditaciones y cálculos. Cada día estaba mas decidido a dejar de hacer este tipo de cosas, esto solo se veía en las películas y en la realidad nunca salían bien así que era un afortunado. Sintió un golpe y cuando volvió a la realidad vio al Quimba y a Baratija enfrentados los dos cuchillo en mano porque el Quimba le había lanzado los excrementos e hicieron blanco en el, volvió a asustarse pero notó enseguida que ninguno de los dos se movía hasta que el baratija bajó la cabeza, dió media vuelta y refunfuñando soltó a duras penas.
- asere te salvaste que no me dio en la cara ¡¡¡oiste!!!
Las risas, lo inundaron todo. Josef tampoco recordó haberse reído tanto ni por tanto tiempo, risas y mas risas reforzadas por Baratija amenazando al Quimba que si encontraba lo que le había tirado se lo devolvería de la misma manera, incluso amenazó con que le estaba doliendo la barriga y no podía ser mejor momento por tratarse de una venganza. Entre risas Josef vio su propio reflejo en el agua verdosa del mangle, porque ya el sol estaba repartiendo vida a los que les quedaba ese día. Y se dio cuenta una vez mas que era un ser humano, esta vez al mirarse, riéndose como cualquier mortal se aceptó un poco mas a si mismo y aceptó pacíficamente los cambios que se avecinaban dentro de él. Pronto volvió a sus meditaciones. Además la misión no había acabado, era necesario llegar con esa carne y los equipos de buceo a salvo hasta La Habana en un medio lleno de jaurías censoras, decomisadoras, vigilantes, guardias sedientos de usar su cargo, ladrones con uniformes y toda una fauna de sujetos que su mísera vida daba solo para hacer cumplir o defender un sistema que no se preocupaba ni por ellos mismos, se encomendó a lo que mas le parecía dios que era el alma del hermoso delfín y prosiguieron el camino entre risas con la esperanza de que aun faltando una de las partes mas difíciles del día de pesca, el día no hubiese sido en vano.

martes, 22 de enero de 2008

El recomenzar de Josef (Capitulo 7)

Emprendió una marcha sin rumbo por la calle 25 y el malecón por la espalda sin mirar atrás como si su yo interno se hubiera dado cuenta que debía huir del mar. Atravesando manzanas se dio de bruces contra la escalinata de la universidad y disfrutó del hermoso cuerpo del Alma Mater y su cara perfecta, subió, contando los escalones como si fuera un nuevo hallazgo valioso y llegó hasta las puertas sin mirar alrededor. La gente que lo rodeaba llevaban maletas, carpetas, folios o papeles y el tenía las manos vacías. Se avergonzó un poco. No había ido a la escuela, al menos no su mente, su cuerpo si. Había sido obligado a perder el tiempo durante años en su niñez hasta que la rebelión fue más fuerte que todo y logró escapar de tan raro ritual humano de reunirse a que un profesor te contara lo que debías aprender. El mundo era muy raro, muy raro.



Sus pasos prosiguieron hasta la calle 23 desde la cual se ve el mar y cogió a la izquierda por instinto de acercarse a casa y esquivar la costa del malecón que se veía a lo lejos cuesta abajo por la calle Rampa. Vio que unos coches americanos de los 50´ llevaban gente de un lado a otro y algunos decían taxi, estaba cansado de caminar así que le hizo una señal a uno y se montó sin preguntar donde iba, sabía que en La Habana para donde sea que fueses te darías con el mar de cara o al menos con el Río Almendares o la bahía así que se montó sin decir nada y se aseguró de mirar por la ventanilla todo lo que pasaba a su alrededor. Gente, tanta gente, tanto humo, tantos edificios destrozados.
-¿Hace calor pa ser enero verdad?
El taxista como todo taxista que se respetase estaba intentando establecer conversación. Aunque a Josef esto no le gustaba, pensaba que se debía adaptar a la vida terrestre así que de buen grado aceptó esta especie de relación taxistica pero con ideas propias que le venían a la cabeza.
-¿Cuánto ganas en cada día?
El taxista lo miró receloso, pero Josef seguía dejando los ojos por la ventanilla como si estuviera recién llegado a este mundo, y casi lo estaba.
- ¿eres inspector o que?
- ¡No! ¿Que es eso?
- Es que eso no se pregunta....
- ¡Ah! Ta bien……….
El taxista incrédulo seguía observando a Josef, llegó a pensar que quizás era uno de esos pacientes de psiquiatría que se escapan del Hospital Calixto García y deambulan por las calles. Su comportamiento era extremadamente raro y a la vez sereno.
- Unos 400 pesos…..pero 200 me gasto en gasolina…….
- Ah……. Está bueno….más de lo que gano pescando, mucho mas.
- ¿Cuánto ganas pescando?
- 25 a 60 pesos diarios
- ¡Coño! – Dijo el taxista ya confiándose - ¡Míralo desde la parte buena! No tienes lío de inspectores, de que se te rompa el carro, de pagar licencia, de que te roben, de gastarte todo lo que has ganado en los mecánicos, esos si que ganan buen dinero, ahí tranquilitos en sus casas, apretando tuercas y la gente no sabe ni que existen.
Josef dejó de observar cada detalle del carro americano donde estaba montado, se concentró en imaginarse como sería ser mecánico. A fin de cuentas estaba buscando alguna actividad rentable que hacer en la tierra y esa parecía una. Quizás llegaría la gente con sus carros y el apretaría tuercas pero para eso debería estudiar y eso no le hacía ninguna gracia. Le venía a la mente la voz de su padre con el bucle de sonido de siempre – ¿si tu no has estudiado nada como esperas tener algo? ¿Por arte de magia? No has estudiado, no te toca nada, no te corresponde nada.
Se bajó en la calle 23 y 24, por la calle 24 saldría rumbo norte a su barrio. Cuando pagó los 10 pesos al taxista este le recalcó –Ser taxista es una jodienda, mejor ser mecánico, esos si que ganan dinero. Emprendió una caminata automática cuesta abajo por la calle 24. Iba descubriendo todo un nuevo mundo desconocido a pesar de ser su barrio. Había techos con palomas posadas, raíces en las paredes, gente en cámara lenta, bodegas vacías, barberías con sillones rojos y agujeros en la tapicería por donde asomaba un amarillento relleno de guata, heladerías sin helados, niños corriendo. De pronto se detuvo y se miró a si mismo. Ya no era un niño. Aquello que tenía que afeitarse en la cara para que no le entrara agua por la desvencijada careta de buceo era una barba. Se tocó la cara con dos manos como si también se descubriera a si mismo en ese día de tantos hallazgos. Se asustó más aun y apretó el paso a lugar seguro. Al mar.

sábado, 5 de enero de 2008

Josef regresa a la terra (Capitulo 6)


Llevaba bastante tiempo sentado en el contén. No hablo de horas, hablo de meses. Josef no hacía más que meditar y el tiempo se escurría como quien espera no esperar nada. Había entablado una especie de amistad con la gente del barrio que nunca tuvo y tampoco nunca supo porque le caía bien a la gente. Cabe la remota posibilidad de que como solo era un observador pasivo del comportamiento humano no molestara a nadie con esta actitud e incluso fuera interesante. Había gente normal, gente jodida, agresiva, borracha, noble, deshonestas. Había de todo en ese pequeño barrio. Vio en esos pocos meses como los niños crecían a una velocidad pasmosa antes sus ojos. Experimentó como les salían canas a los jóvenes y mas arrugas a los viejos. Todo esto en pocos meses pero lo que mas le impresionó es que todo el mundo estaba luchando, luchando por su vida e incluso por la de los otros que dependían de los primeros. En el pequeño barrio del Vedado cerca del malecón Habanero no paraba la actividad nunca. Era como una fabrica de sueños las 24 horas del día donde nunca se cumplían ni remotamente las metas pero no cesaba la energía e incluso la materia prima más difícil en esos casos que era la esperanza. Josef no necesitaba nada de esto, malo que bueno estuvo muchos años metido en el agua luchando pero no había conseguido mas que para la comida diaria y ayudar un poco a la madre que ahora le daba comida, mala que buena diaria y no le pedía nada a cambio. Madre de Josef se buscaba la vida trabajando en un lugar donde le dejaban llevarse una pequeña ración de comida diaria para su casa. Pero un día Josef se asustó, se asustó mucho. Una mañana fría de enero cuando fue a poner su cuerpo junto al poste de siempre, en el contén de la acera de cada día, se asustó mucho, dio un brinco. Se dio cuenta y aun no se sabe que razón lo llevó a ello, que el mundo giraba.
Arrancó como un loco a correr y sus pasos lo llevaron a donde único sabía ir, a la costa del malecón. Llegó hasta el muro que separa la piel de la ciudad del inmenso planeta donde estaba asentada y miró donde único sabía mirar; al mar.
Mirar al mar le producía miedo. A pesar de ser casi un pez y haber vivido la mayor parte de su vida metido en el le aborrecía volver, pero a ratos pensaba que era un inútil terrestre. Que no sabía hacer nada para sobrevivir en la tierra, que apenas tenía paciencia para mantener una conversación y que generalmente los animales terrestres y los humanos le causaban repulsión en lo más profundo de si mismo. Todo lo que se moviera aplastado contra una superficie por la fuerza de gravedad no era de su mundo y era hasta hace un tiempo un poco agresivo incluso. Pero había que vivir en este mundo. Maldijo en silencio no ser delfín como siempre soñó y tener que andar a dos piernas, pero recordó de donde venía, madre también se lo recordaba de vez en cuando. -Ya eres un hombre Josef- decía de vez en cuando cada vez que lo veía con la mirada perdida en el baile de unas medusas imaginarias. Josef estaba un poco perdido y lo reconocía ahí, en su lugar de siempre. En la costa de La Habana.
De pronto se fue volviendo. Escuchó unas voces femeninas que venían de la calle. Vio unas muchachas que estaban en el malecón esperando por algún carro que las llevara. Quizás a su trabajo, quizás a sus escuelas. Tenían una risa contagiosa y lo miraban como si fuera un pequeño animalito escapado de su casa. Exactamente como lo que era. Recordó que hace años tuvo algo parecido a una novia. Alguien que a pesar de no entender ese tipo de relación humana o psicología le alegraba el día y le daba sensaciones raras pero agradables. Recordó que se había hecho fanático de un granito de arena que pululaba siempre por los muslos de una chica. Miró más allá de las muchachas. Vio que había calles, que había vida fuera del agua. Que había más gente que en su barrio, más ruido, luces, voces. Caminó un poco más. Se deleitó con cada espécimen que pasaba por su lado menos cuando lo miraban a el que cambiaba la vista inmediatamente para no ser hostil. Había más vida en la tierra, sin dudas había más vida.
Emprendió una solitaria caminata por el malecón. El día poco a poco iba secando los charcos de rocío o lluvia de la noche como si el sol necesitara de ello para seguir su camino. A veces los pescadores del muro dejaban restos de pescado y al olerlos Josef se alejaba casi hasta la calle y los esquivaba. No quería saber nada del pescado, nada de su anterior vida. Le costaba trabajo andar, lo suyo era aletear. Era difícil acostumbrarse a este nuevo método de locomoción. A sus pies se iba abriendo una Ciudad. Una Ciudad noble que lo recibía como madre recibe a sus hijos aunque se vayan, aunque vivan lejos, aunque se mueran en el mar. La ilustre Ciudad lo dejaba arrastrar sus pies como si nunca se hubiera ausentado, es mas, lo absorbía, le daba la bienvenida. Josef se alegró un poquito. Tenía una tierra llena de gente a su disposición, quizás tendría alguna esperanza de ganarse la vida como terrícola, como un terrestre, como un Habanero normal común y corriente. Se abría una nueva etapa. Había que aprender cosas nuevas. Había que empezar de nuevo. Había que vivir dentro de la ciudad de la grandiosa Ciudad de La Habana, y sobrevivir a ello.

lunes, 31 de diciembre de 2007

Otro año que se vá (parte 1)

ESTOY INTENTANDO RECUPERAR ESTE VIDEO.......SORRY


Feliz año nuevo 2008 ¡¡Vivan los sueños!!

Otro año que se vá (parte 2)


Cuando salí de Cuba, como dice la canción, el aturdimiento que rondaba mi cabeza era mayor que cualquier posibilidad de meditación o pensamiento. Cambiar de pronto esa tierra que tienes debajo de los pies y de la cual sabes que te has de largar porque ya no resistes más, pero que te arrancará un pedazo cuando te marches de ella, puede cambiar muchas cosas. De hecho, cuando me monté en el avión no me lo creía ni remotamente. Pensaba que iba a ser un típico viaje a Santiago de Cuba de esos que hacía por trabajo y gracias a los cuales conocí esta hermosa provincia, pero no. El avión sobrevoló Santiago sin aterrizar y las escasas luces amarillentas apenas visibles desde esta altura se fueron quedando atrás como si me miraran con envidia y tristeza. De haberme visto en un espejo seguro yo tendría esa mirada incrédula que suele existir en nosotros cuando nos pasa algo bueno. Esa misma mirada como cuando recibes algo bueno después de haberlo luchado o soñado desde hace años y cuando lo recibes has sufrido tanto que este pequeño triunfo no mejora la triste posición de todas las partes de la cara. Quizás el oír hablar con acento español a las azafatas comenzó a ponerme un poco nervioso pero tenía mucho, muchísimo que hacer en todo el viaje. Tenía que explicarme a mi mismo que me estaba yendo y que de una vez me lo tenía que creer, que estaba sucediendo. Que al fin….Me estaba yendo.

En serio….Cuba se estaba quedando atrás en la estela del avión. Quizás intentó engancharse a este, no por irse conmigo, yo no soy nada para Cuba, no le existo. Quizás se intentó enganchar para moverse, para cambiarse. A Cuba le hace falta un cambio. Es posible que en unos de esos saltos que da el avión en el aire haya sido porque la pequeña y cansada isla no le quedaban fuerzas para agarrarse y cayó en el mismo sitio donde flota desde hace siglos a pesar del peso de sus tristezas. Cuba se quedó y cuando me empecé a dar cuenta, ya no se veían ni sus luces. El airbus A-320 huía sin mirar atrás. No podía concentrarme en nada, ni en la película, ni en la azafata, ni en la ventanilla del avión con tanto que me gusta. Me trajeron la comida, era rara, unas pastas que parecían tornillos con colores que sabían a mierda. Le eché una salsa que traía el pequeño depósito plástico espacial y marciano donde sirven la comida en los aviones y sabía a mierda con salsa de mierda. Pero lo comí, después de muchos años a agua con azúcar cualquier cosa puede bajar por mi garganta y alimentarme por unas horas.

Estaba sentado en el barrio. Sentado como ayer y como mañana. Sentado. Ya había hecho todo lo posible y había hecho de todo y no quedaba nada por hacer. Solo irme. Las advertencias del jefe de sector* de que me pusiera a trabajar en algo y dejara la mecánica callejera y la corredera de carros ya iba en serio. Ya estaba por escrito la citación de la policía la cual guardo con vergüenza como memoria de algo que no se debe olvidar. Yo era peligroso…..peligroso. Tenía herramientas y me ganaba la vida arreglándole el carro a los socios y a los no socios a los que les cobraba. Era peligroso por trabajar para mí. Cuanto me hubiera gustado hacer ese mismo trabajo en paz. Pagar impuestos o licencia o lo que fuera pero en el momento que lo hice ya no se podía, ya habían arremetido contra los trabajadores por cuenta propia otra vez y mas fuerte. No había vida. Me negaba rotundamente a trabajar en un sitio donde hubiera que resolver (robar) para vivir. No me adaptaba al sistema, nunca pude.

Marqué el teléfono del Muppet. Le decían Muppet porque en serio parecía uno de los Muppet show de Jim Henson. Raras veces lo cogía en su casa, se dedicaba a cualquier cosa menos a mi especialidad que era esperar por algo. En serio, los últimos años en Cuba los dediqué a especializarme en “esperar algo” pero me salió el padre del Muppet que era tan Muppet como él porque se parecía y su hermana que a pesar de también ser una Muppet si la mirabas mucho rato podías descubrir algo hermoso en ella, mas cuando sonreía porque es de esas personas que sonríen con los ojos y eso alegra el día. Me respondió con un si lacónico cuando le pedí hablar con su hijo, después de un tiempo se puso al teléfono.

-¿Que volá muppet?
-Aseeereee no me diga muppeee que a mi mamá no le gusta….
-Es que nunca me sé tu nombre viejo, mupeee pacá… mupeee pallá…
-Diego…………..
-Bueno asere…….La tabla de surf esa que estabas vendiendo ¿Qué volá?
-Ya no la tengo… La vendí hace unos días...Pero puedo buscar otra.
- Coñoo…me va haciendo falta…La cosa no se me dá.


La cosa……La cosa era una de las tantas cosas innombrables de esa tierra. Hay una extensa lista de cosas innombrables. Como el tipo, el caballo, la volá, el tema, la burumba, el bizne, la evolución, lo tuyo, lo mio y así hasta llegar al millar de frases o palabras que se entienden pero no dicen literalmente nada. La cosa.. La cosa no se me daba. Llevaba más de un año en colas, papeles, maltratos, madrugones, esperas, firmas, cuños, sellos, minrexes, chequeos y así sucesivamente para acabar con un NO rotundo con maltrato convoyado por parte de los funcionarios cubanos de la embajada Española. Mi alivio era caminar un poco al sur de la embajada y pararme frente al tanque del museo de la revolución y ahí expresar mi más fervoroso sueño de que me dejaran con ese tanque y mis herramientas. Seguro estaba que lo echaba a andar en poco tiempo, no importa cuan inutilizado estuviera e iba a llevar a cabo algo que Cuba siempre ha necesitado y pedía a gritos, una carga…..una carga para matar bribones. Por favor si llega la globalización o el relajo a Cuba algún día véndanme ese tanque, o dónenmelo, o regálenmelo. Yo quiero hacer que funcione, es una obsesión de las que me traje, de esas que debe ser revisada por un medico y no reviso.
Se hizo silencio en el avión, la gente ya empezaba a dormirse. El ronronear de los motores agradable a mi oído de mecánico me fue relajando poco a poco, pero no logré dormir. ¡¡Te estás yendo!! Me repetía como una maquina. ¡¡Te estás yendo!! ¡¡Despierta coño!! ¡¡Te estás yendo!! Las manos se me empezaron a enfriar. Me hubiera gustado decir antes de subir al avión una frase que me gusta y me asusta….hoy no voy a dormir en Cuba….y mañana voy a amanecer en otro lado del mundo. Pero no lo dije porque no lo sabía, no me lo sabía a pesar de que el boarding card decía Madrid claramente. Es como cuando alguien se va o se muere, que esperas verlo al otro día porque tu cerebro no se lo cree ni te permite mencionártelo. Pero el maldito avión no paraba, no aterrizaba o yo no despertaba de ese macabro sueño donde un tubo con alas llevaba mi cuerpo a su antojo.

-Muppeee!!
-Aseeree dime Diego…me llamoo Diego….
- ¿Qué volá?¿me tienes eso?
-Si, pero esta vez me ha costado mucho conseguirla, vale 70 fulas
-ÑÑÑióóooo Muppeeeee
-70 fulas aseree..hay mas gente que la quiere, ven a verla pronto.
-Ta bien voy palla.

Me paraba en el malecón donde pega el mar que enfría un poco las costillas de la ciudad. Ciudad innombrable también porque le decíamos casa. Ciudad de palomas esqueléticas y desplumadas. De perros sabios y supervivientes, de carros desvencijados y esperanzadores, de basura plástica capitalista y de consignas tontas y repetitivas como la música de las discotecas de los hoteles cercanos. Ahí, donde salpicaba y se oía la nada romántica vibración del motor de una avioneta amarilla que esparcía vapor de combustible diesel sobre los hombros de la gente en contra de los mosquitos. Miraba el mar cada día, prometiéndole, contándole. Intentaba ser su amigo para que no me tragara. Años antes por este mismo mar se había ido un buen amigo en tabla de surf, lo despedí en mi propia tabla cuando lo acompañé a unas veinte millas mar adentro donde ya no se veía la costa de Cuba ni de nada. Néstor volvió en unos años de visita turística a Cuba. Nos tomamos unas cervezas y cuando le pregunté después de contarme todo el viaje si lo volvería a hacer no tardó ni un segundo en responder. ¡¡Lo haría ahora mismo otra vez, no estaría aquí hablando contigo, sabiendo lo que tu sabes, lo que yo sé y con el viento del este!! ya mismo estuviéramos saliendo por ahí., dijo señalando al norte, único punto cardinal que se saben sin fallos todos los cubanos.

¿Café? ¿Refresco?.......

No quiero nada gracias.. De seguro miré con mala cara a la amable azafata de vuelo con su uniforme raro y su pelo químicamente rubio. Tenía ese nudo de la garganta, ese nudo……. El amanecer advirtió que estaba lejos. No coincidía con la hora de mi heroico reloj, miré el reloj -deben estar durmiendo allá – y ese “allá” apuñaló la poca calma que me quedaba. Que terrible palabra de cuatro letras para un amanecer tan lejano.

-Esto está mu caro Muppeee….
-Oye no me digas mupeee compadree no te la puedo bajar, es lo mínimo que te la puedo dejar
-pero esta tabla parece un pan viejo, si esta to descascará.
-eso es que donde la hirvieron la pintaron así pa que pareciera una tabla vieja pero si la miras bien esta como nueva y la vela…y to eso….to eso está nuevo.

El concepto “nuevo” en Cuba es un concepto raro. Quizás se puede traducir por bien conservado, bien cuidado, bien restaurado, o que simplemente conserve algún porciento de las funciones del objeto que sea.

-Bueno me la llevo pal carajo mupeee
-oye ¿Por qué coño la gente me dice muppe?
- porque tienes cara de que te metieron una mano por el culo y te manejan desde ahí.
-ah………..

El Muppet se quedó pensando.

Monté tabla muchos días seguidos, a decir verdad después de varios ajustes la tabla funcionaba bien. Cogía el viento con dignidad y rompía las olas como podía, los cabos al mojarse iban dando latigazos a cada toque con el agua a algún ser que quisieran flagelar por su mal comportamiento. El mar estaba ahí y era mi calle, hacía doce horas diarias de entrenamiento, recorría más de 60 millas diarias con tranquilidad y lo sabía. El viento no iba a abandonarme, el poco miedo que tenía era el mar y mi padre. Mi padre que quizás podría sufrir mucho mi partida de manera “ilegal” pero ya no quedaba otra. Era necesario hacerlo así, era necesario no dormir esta noche en Cuba y al otro día amanecer en otro lado del mundo. Y no podía más…

Nos acercábamos a la vieja y fría Europa por Portugal. La tierra se veía carmelita (marrón) con divisiones en perfectos cuadrados geométricos. En el inmenso azul se veía una estela blanca de algún barco que no se divisaba de lo pequeño que estaba. Tuve ganas de llorar. Quizás el mar se quedó esperando, quizás lo traicioné. Ahí estaba azul, azul blanquecino, sin olas o al menos invisibles, con una costa férrea, acantilada, con rompiente invisible y perenne, carreteras como serpientes gigantes entrecruzadas y tierras…y más tierras. Una extensión que no se divisaba a pesar de la altura. Pequeños pedazos de hielo en la ventanilla del avión me anunciaban que sería de mi vida partir de ahora. Una luz potentísima del sol de las alturas, pocas nubes con las que acurrucar la tristeza y el ronronear de los motores llegando cansados después del largo vuelo transoceánico. Un tubo con alas…estaba en un tubo con alas.

Esta noche no duermo en Cuba….y mañana amanezco en otro lado en el mundo. Me dije a las seis de la tarde en el malecón de La Habana. Miraba cada piedra como despidiéndome. A esa maldita hora ya echaba de menos cada gente que pasaba por la calle aunque no la conociera, la panadería de calzada y 18, el castillo de la chorrera, sus murciélagos y gatos, la calle línea, las manchas del muro, el polvo del aire, el murmullo, el ruido de las guaguas, mi mamá comprando naranjas, la rumba del negro.

Acaricié mi vela amarilla y verde como si fuera un fiel perro que me acompañaría hasta el polo norte….o sur. Miré mi tabla de surf, traída quizás por algún iluso o despechado turista pensando que esto era realmente un paraíso tropical hasta que el muppet o quien fuera se metiera nadando en la marina y se la llevara a hurtadillas entre la borrachera y las prostitutas alegres de Jaimanitas. No recuerdo si recé a algo..no sé pero apreté con fuerza el coral negro que me colgaba del cuello, quizás ese dia me hubiera venido bien creer, creer en algo.

El avión dio un estrechonazo cuando tocó tierra. La gente aplaudió con frenesí. No se porque aplauden cuando alguien hace algo como debe ser, siendo así deberían aplaudir al guaguero en cada parada, al maestro en cada clase, al enamorado en cada beso. Llegamos y cuando se abrió la puerta entró un frío inusual para mi cuerpo. Al menos había sol, pensé y cogí lentamente mi pequeña mochila con las escasas pertenencias con las que solemos cruzar los océanos porque ya vamos pasados de peso en recuerdos y poesías. Nada material tienes, nada material te queda. Naces en el nuevo mundo sin nada. Por eso se llama nacer. En ese lugar con frío después de una cola en silencio y organizada llegué a una ventanilla de cristal donde lo que parecía ser un policía me dijo con una sonrisa después de mirar mi pasaporte ¡Bienvenido! Me sonó mal que alguien uniformado me tratara bien pero me alivió tremendamente. Nunca me olvido y doy las gracias a esa persona que como un medico que da esperanzas te dice esa palabra mágica al dejar tu piel en una retirada sin regreso de todo lo que constituye una vida.

Saqué la tabla, la vela, el mástil y todos los andariveles a hurtadillas de casa de Mª Caridá, ella se huele todo y no quería alarmarla. So pena de que formara un escándalo que se enterara todo el Vedado, Hacía tiempo que ella estaba muy asustada porque leía nuestras mentes con su humilde sabiduría y sabía que las huidas por el mar estaban a la orden del día. Su propio esposo hacía poco se había ido en una de mis tablas por eso había tenido que comprar una. Me hubiera gustado despedirme de ella, abrazarla, dejarle que me desease ella y todos sus santos un buen viaje y sabía que de seguro lo habría hecho pero después de la bronca. Me hubiera gustado abrazar a mi madre y a mi padre, quizás darle la mano al pencatazo de mi hermano, ver a mi hermana y en silencio besarla porque ella si lo sabía todo, abrazar a mi sobrino, a todos, a todos los socios del barrio, a las madres de los socios del barrio, a los perros satos, a los gatos, a los viejos, a los postes. Irse en silencio desgarra, apagarse en silencio mata, perderse en silencio aplasta.

El mar ya estaba lo suficientemente negro como para meterme en el y que nadie me viera. El viento estaba tan suave que daba vergüenza, pero poco a poco sabría que al alejarme apretaría un poco, cogería mi marcha. La de todos los días. Convertirme en una maquinaria y llegar, llegar, llegar y llegar. Nada de barcos que me recogieran, nada de veleros o cruceros, llegar a la tierra única idea, idea fija salir y llegar…salir y llegar.

Esta noche no duermo en Cuba….y mañana amanezco en otro lado en el mundo.

Se oyeron los gritos de mi hermana cuando amarraba la tabla en el pequeño remolque adaptado a la bicicleta. Venía cruzando la calle como una loca, como si su cuerpo se hubiera incendiado con un fuego invisible. Gritaba peligrosamente mi nombre y llegó hasta mí con un papel en la mano. Era una carta…..del consulado Español en La Habana.

Pedían disculpa por un error que habían tenido por el cual me habían denegado la visa. Todo estaba arreglado ya tenía visado, debía recogerlo en 15 dias y no hacer la cola…..

No sabía que decir, no sabía que hacer, no sabía que prueba era esta o porque pasaba esto. Me quedé de una pieza en lo que mi hermana se alegraba como si se hubiera ganado una lotería. No se, me había quedado sin ninguna palabra. Volví a mi casa, miré a mi madre, mi perro se alegró como siempre. Comí unos chicharos que ya echaba de menos y miré la televisión. No se porque estas cosas suceden pero esta noche duermo en Cuba y mañana amanezco en esta triste isla antillana. Estaba frío, como si me hubiera quedado con ganas, como si me diera vergüenza de no haber llevado a cabo lo planificado para esta noche. Vergüenza que siempre tengo y tendré hasta el fin de mis días. Néstor aun me espera en uthah, Carlos en New York, ulises en Colorado, Martin en Miami.

Madrid es una hermosa ciudad, es mas de lo que me esperaba. Es grandiosa y humilde a la vez. La gente de aquí es buena o al menos he tenido suerte. Me han pasado cosas que no las cambio por nada del mundo aunque me quede con la vena de ver Estados Unidos,. Un día de estos no duermo en Madrid y me despierto en otro lado del mundo, vamos a ver que pasa con la vida. Si dios quiere.

- RRRIIIINNGGGGG RIINNGGGG RIINGGGG
- ¿¿Quien eeeehhh??
- Mupeeee ¿¿eres el mupeeee??
-No me digas mas mupe cojoneee….me llamo Diego
-Oye mupee voy pallá con la tabla pa que me devuelvas el dinero esta tabla es una mierda..
-ta bien traila que ya la tengo vendía a uno ahí que no se le dá la cosa.
-voy palla
-no me digas mas mupeee
-ta bien mupeee
-tu madre
-la tuya
-te espero……..

…..clock.........

02:41 am 1 de Enero 2008

Feliz año nuevo.

Jefe de sector* Jefe local de policía.

lunes, 12 de noviembre de 2007

Memoria Latente

ESTOY INTENTANDO RECUPERAR LOS VIDEOS DE ESTA ENTRADA....PERDONEN EL FALLO


Este olvidado vídeo en youtube ha recibido recientemente unos comentarios que me impresionan sobremanera. Que el simple hecho que yo me dedique a almacenar mis recuerdos en vídeo y en las páginas de youtube haya servido para también guardar y mostrar los recuerdos de otras personas es algo para mi grandioso. Mis cámaras llevaban tiempo apagadas, pero estas enormes recompensas hacen que con mucho cariño comience a quitarles el polvo de nuevo, hace que comience a pensar en ir de nuevo a cazar imágenes, recuerdos, atardeceres. Esas imágenes que llevamos dentro y que la vorágine de la vida desarrollada Europea o Americana va sepultando bajo una capa de lodo tecnológico y desarrolllado. Yo no quiero olvidarme de esto. Yo no quiero que nadie se olvide de esto. Quisiera que estas imágenes se queden para siempre, que sean nuestro refugio y escudo, que nos lleven por siempre a la paz del lugar hermosísimo y amado de donde venimos, que sea nuestro verdadero lugar y el de nuestros hijos. Nuestra tierra es hermosa y está llena de recuerdos y sentimientos.
EStos son los comentarios de este video:

Joseif escribió .......................
una amiga mía me relató una historia vivida en ese lugar que me lo describió tan bien que yo le dije donde era y que lo había visto en youtube. Anoche en su casa cuando me contaba sus vivencias entré y le puse este vídeo, quedó impactada, yo también he estado en ese lugar muchas veces de campismo hasta tres semanas en mi juventud, acampé atrás de esa entrada de mar, gracias por ese vídeo tan lindo.



habananueva escribió .............

Soy solo una Cubana más que escogió el exilio por que no soportó mas vivir sin libertad, en ese tu vídeo Amanecer Cubano un amigo me sugirió que lo buscara en las paginas de youtube por lo bien realizado que estaba, cuan no seria mi sorpresa al descubrir que mi primer intento de salir de CUBA fue precisamente por ese lugar y en esa piedra donde tu te detienes debajo en esa cueva de rocas, mi refugio a esperar la llegada de la lancha, ese intento fracasó, de ahí salí directo a la tenebrosa seguridad del estado cubana, pero aun así con tenacidad y esfuerzo logré llegar varios meses después a esta ciudad Miami por igual vía pero esta vez a través de Pinar del Rio, gracias por tu vídeo, gracias por hacerme revivir esos momentos que hoy desde aquí los veo como parte de la historia de mi historia, de la historia de cualquier cubano, nunca hubiera podido tener esas imágenes a mi país de nacimiento. No puedo regresar ni aun de visita así que solo tendré ese recuerdo a través de ti para mostrar a mis familiares y amigos y para mostrarme a mi como la vida puede sorprendernos a cada instante, muchas gracias.


Este es otro video de ese mismo lugar que quizas no has visto habananueva y joseif. Se los regalo y me voy a cargar mis cámaras.

Pues en este lugar pasábamos los días y los días de campismo pero en plan "guerrilla" o sea sin comida y sin ná, yo solía pescar y comíamos de eso. Un día el tiempo estaba tan malo que no pudimos pescar y la gente empezó a comerse los caracoles y los quitones. Teníamos un tronco de uva caleta que quizás aun esté ahí que le decíamos el sofá, porque nos sentábamos a tocar guitarra y créeme que era una buena forma de irse, cualquier cosa que te alejara era una forma de irse, casi llorábamos al volver a la semana o a los quince días. Recuerdo que siempre teníamos problemas con los guardafronteras que venían a decir que estábamos esperando una lancha y en mas de una ocasión nos quisieron llevar presos. Una vez me negué rotundamente a ir con ellos a Santa Cruz que era donde tenían la estación de esa zona y el policía por suerte desistió porque me iba a tener que llevar arrastrado, por regla general cuando les veíamos venir a lo lejos nos escondíamos en la maleza de uvas caletas o nos íbamos corriendo al camping mas cercano para confundirnos entre los campistas de verdad. Después volvíamos. Una vez no teníamos agua e hicimos espaguetis con agua de mar, ya te puedes imaginar lo salados que quedaron, no nos lo pudimos comer pero cuando vino el guardia a lo mismo de siempre le brindamos. Por suerte no comió porque no se que hubiera sido de nosotros. Eramos niños que huíamos de algo. Necesitábamos estar ahí, lejos, ocultos. Volver a la amada Ciudad de la Habana era terriblemente triste en tren de Hersey. Lo cogíamos en la parada que se llama La Cañada a cuatro kilómetros de Bacunayagua. Solíamos ir de madrugada, llegábamos a las cuatro de la mañana y a esa hora entrábamos por aquel monte lleno de barrancos escarpados pero nos conocíamos cada piedra, cada agujero, cada cueva, de hecho hay una piedra que se llama la carabela donde nos reuniremos algún día de nuevo todos por juramento solemne.....
nos vemos en la carabela.

Aquellos fueron dias hermosos a pesar de todo. A pesar de la pobreza, las tristezas. Creo que con veinte pesos o un poco más nos alcanzaba para hacer todo aquello. No teníamos ni siquiera para pagar un camping real, aunque era mil veces mejor y preferíamos estar ahí, sin la rumbantela por los altavoces rajados de un campismo, sin el escándalo o las borracheras del personal campista común. también fui mucho a campismos normales claro. pero el único lugar cerca de la habana aislado por un gigantesco muro de piedras naturales, donde podías quedarte dormido en la costa mirando las estrellas y mirando al mar era ese. El único lugar donde sabías que nadie nadie se atrevería a entrar de noche, solo nosotros, era ese. Ese era nuestro lugar. Ojalá las generaciones de jóvenes actuales también se escondan ahí. Sueño volver y verlos, quizás cantar con ellos. ese era nuestro sitio y el tuyo. A el fuimos con alemanes, colombianos,chilenos,españoles y todos coincidían en que era un santuario de naturaleza y aislamiento. De paso los guardafronteras se preguntaban ¿que coño hacía un alemán ahí también esperando una lancha? ja ja hermosos recuerdos.

domingo, 14 de octubre de 2007

Josef y las señales (Capitulo 5)

Nunca había pasado tanto tiempo sentado en el contén de la acera de frente a su casa. Ver la gente pasar era un privilegio. Reparó en que llevaba años sin hablar con nadie, solo luchando, consiguiendo, pescando….quizás muriendo. Retumbaron las palabras de su madre al oído diciéndole que estaba hecho un mar de huesos, que debía comer un poco, parar. No conocía a las demás personas de su barrio que también se sentaban en el contén. Meticulosamente iban saludando a cada uno de los pasantes y con cada uno tenían una conversación distinta. Josef aguzó el oído, creía que si iba a estar sentado ahí los próximos días al menos debería saludar a alguien, socializar un poco pero le era difícil. Era como si el resto del mundo transmitiera en una frecuencia distinta a la de sus pensamientos. Se preguntó si aquellas personas llevaban años ahí o si se habían sentado hoy como él para pasar un día de paz, de observación, de meditación y de descanso. Se le acercó un muchacho de los que vivía al lado de su casa. Se sentó justo a su lado mirándolo con una sonrisa amistosa, Josef tuvo que hacer un esfuerzo por devolver la sonrisa pero no logró destrabar las mandíbulas para articular palabra alguna.

- ¿Que volá Josef? ¿No fuiste a pescar hoy?

Mas tarde supo que la gente sabía que el pescaba porque muchas de las personas de su barrio compraban pescado de los revendedores que el suministraba y era una especie de etiqueta de calidad de pescado fresco –este se lo cogí a Josef esta mañana- decían para asegurar la venta. La gente lo compraba sin más, sabían que Josef se pasaba 10 horas del día en el agua incluso había quien dudaba que pudiera caminar o hablar, era un hombre pez. Su pelo, aun siendo largo no se movía de lo quemado que estaba y la piel le hacia pliegues en las articulaciones a pesar de tener 18 años. Josef estaba ahí porque estaba cansado. Tomarse un día libre estaba siendo interesante, estaba viendo gente, estaba seco y no miraba alrededor constantemente para ver si no venía un tiburón de esos que hasta ahora había tenido suerte de no encontrar o al menos no ver estando el en el agua.

- Anoche soñé con el mar asere………

Josef lo miró pero a la dura piel de su cara le estaba costando sonreír, no obstante se quedó esperando, precisamente estaba deseando hablar con alguien o al menos que le hablaran.

- Soñé asere…que yo miraba pal mar desde aquí mismo desde esta calle…..y de pronto a lo lejos se levantó una ola grandísima, como un muro ¡que coño un muro! Como una pared hasta el cielo y se oía tremendo estruendo asere, tremendo estruendo pero nadie hacía caso. Yo le empecé a gritar a la gente pa que huyeran y la gente se reía de mi asere…entonces yo empecé a dudar si yo estaba loco pal carajo y la gente tenia la razón, pero miraba patrás y aquel muro ya venía y venía con mas furia con..Con…descojonándolo todo vaya y yo intenté correr pero no pude, era como si hubiese estado metido en leche condensada, la densidad ya tu sabe…..caaamaraaa leeeentaaa y aquella ola reventó aquí en el barrio. Lo arranco tó de cuajo, los árboles los carros, la gente…. ¡se llevó hasta las poncheras y los poncheros querían flotar en los tanques esos que usan ellos para probar las cámaras pero todo se iba rodando y yo me aguanté de un poste. Por poco las manos no me dan más pero me aguantaron hasta el momento justo asere….hasta que se fue el agua. Me caguen diez el barrio quedó hecho mierda asere……..bueno, mas hecho mierda de lo que está, to descojonao y la gente tirá por piso llorando y saliendo de los escombros. Candelones con tostones asere que pesadilla.

Josef disfrutó de la interpretación con mucho gusto, la gesticulación las onomatopeyas y la expresión corporal típica le habían hecho ver cada imágen al detalle. El muchacho se sentó de nuevo a su lado, mirando a la nada. Josef suspiró porque aun no había salido de la pesadilla de su vecino, el agua lo arrastraba calle arriba sin compasión y a pesar de estar mojado como siempre se sentía las quemaduras de la piel cuando rozaban a toda velocidad con el asfalto. Por su lado pasaban todo tipo de escombros y de pronto vio una muñeca sin brazos entre el agua turbia que ya le entraba por la nariz y la boca con tanta presión como intentar soplar por la manguera del compresor de inflar ruedas de la ponchera. La muñeca tenía partes en la cabeza sin pelos, no tenia ropas pero en un pie tenia un delicado zapato blanco, los ojos los tenía semi cerrados y a la vista de Josef abrió uno e hizo un guiño humano. Josef se aterrorizó, dio un empujón bajo la vista del vecino que dudaba si josef lo había escuchado o estaba en otro mundo. Cogió una bocanada de aire que casi revienta sus pulmones y observó de nuevo al vecino que ya estaba listo para proseguir.

- Lo mas jodío asere…..vino después. Las cosas no valían ná. Nada existía y nada importaba. ¡¡Y tu sabe lo mas raro que me pasaba??

Josef no se inmutó en preguntar que, a decir verdad en ese día aun no había hablado con nadie, solo había visto la gente y había escuchado los sonidos de los seres humanos.

- Lo mas raro asere, era que la gente se peleaba, pero no por comida, ni por las cosas, la gente se peleaba por los periódicos asere….le ronca…..la gente ya no tenía casa ni familia ni que comer pero se peleaban por los periódicos, la moneda empezó a ser los pedacitos de periódico que a duras penas habían encontrado y secado a sol, el que tenía muchos pedacitos era rico, y si alguien armaba una página entera o una noticia ya era lo mejor que tenías en el mundo, yo me dediqué a buscar periódicos asere, la gente levantaba los escombros y los muertos no importaban, la gente solo quería periódicos asere, la gente quería leer asere….esto le ronca.

Terminando su relato se fue sin despedirse como un resorte. Siguió conversando con los demás “sentados” ¿Quién vende gasolina por ahí? Preguntaba. Josef aún tenía el maldito guiño de la muñeca nublándole la vista. No sabía si quejarse o agradecerlo. Quizás era una señal, o un mensaje. Siguió con la vista al vecino hasta que dobló la esquina. Iba hablando con todos por el camino pero por lo alto que hablaba, Josef pudo constatar que a nadie más le contaba el sueño. Iba como es común hablando de pelota, de películas, de vender o comprar cosas, de cadenas de oro pero a nadie le mencionó su sueño. Josef se quedó con este detalle. Había sido como si alguien le enviase esa grabación en el cuerpo de ese muchacho. Tomó la palabra de lo que fuera y se fue al malecón. El mar estaba como avergonzado de tamaño mensaje, había sol, estaba azul, hermoso. Los ruidos de las olas contra el extenso muro no susurraban nada, como si le hubieran retirado la licencia a Josef de entender el mar.
- ........adiós mar…………
Dijo en un susurro solemne. Se fué a su casa a ocultarse de mas señales como esa. - En tierra tampoco se está seguro- Dejó pasar ese día. Antes de proseguir con sus pensamientos intentó tener la mente en blanco pero en un lugar con tiempo de sobra eso es imposible, ni sabía desde cuando no podía tener la mente en blanco, incluso ensartando peces con su escopeta, no dejaba de pensar, de sacar cuentas, de soñar, de esperar. Que soñaba que esperaba, tampoco se sabía, ni el mismo lo sabía.

Al otro día entró el mar por las calles para adentro y arrasó con todas las viviendas cerca de la costa en el malecón y el municipio playa. Han pasado muchos años de eso y como todo en la isola. Aun se ven los destrozos.

Basado en hechos literalmente reales

miércoles, 3 de octubre de 2007

Josep, pescador sin nada (Capitulo 4)

Josef era un nombre realmente raro, a veces la gente le decía cualquier apodo con tal de no mencionarlo, pero había que levantarse cada día con ese nombre y seguir adelante. Su vida era como estar en el medio del mar con el agua a las rodillas sin tener adonde seguir sino adelante. Los años pasaban. Los noventas arrollaban implacables la piel de los ancianos del barrio y no había más alternativa que seguir soñando. Eso era el pilar que podía mantener una nación entera, no las consignas, ni el enemigo, ni el miedo. Los sueños. Los sueños son motor de generaciones, de vida y de muerte. Josef era uno de esos que comía y respiraba de sueños aunque le faltara el otro complemento que era la esperanza, pero tenía esperanza de que algún día llegaría quizás, por eso seguía luchando, por eso se levantaba cada mañana, con la esperanza de tener esperanzas y con los sueños imposibles atados de las manos.
El mar se había puesto difícil. Difícil por todos lados. La gente se estaba yendo en lo que fuera a perseguir sueños y esperanzas y se había puesto todo malo multiplicado por cien. Más de un tiburón se había visto por las costas ansioso de más carne humana de emigrantes balseros. A díario se encontraban restos de embarcaciones rústicas por las costas con tristes desgarros de lo que fue una empresa perdida. Pedazos de madera, de cámaras de camión, vírgenes de yeso, velas improvisadas, botellas plásticas de agua con azúcar, todo ello formando una horripilante escultura de escarmiento, de muerte y de esperanzas perdidas.

Josef acababa de salir del agua y encontrarse una de estas. La proa estaba hecha de señales de tránsito, incluso se podía leer “vía blanca” “palatino” en una de ellas. Algunos caracoles comían del musgo acumulado de tantos días de mar. Con un poco de concentración podías ver el negro destino, oír los gritos, el desespero y después la paz. Los noventas fueron turbulentos. Josef se arrodilló frente a los restos y bendijo aquella tristeza de madera con una torpe cruz de ateo sin soltar de su otra mano los pescados y los equipos que le proveían de comida diaria. Esto sucedía un día nublado en la costa norte entre La Habana y Matanzas. A la brisa del mar y a la peste de petróleo inútil de todos los pozos excavados por esa zona en un intento fallido de proveer de energía a una isla pobre con recursos malditos.
Tito salió del agua. Había tardado limpiando unos pescados un poco más difíciles. Josef volvió sobre sus pasos para ver que pasaba. El día nublado y los restos de balsa le habían aguado la mañana, además la pesca había sido mala y peor el frío de la madrugada que aun estaba alojado en los huesos. No se iba, quizás como mucho se movía de un lado a otro pero no se iba. Con brutal armonía iba serrando cada articulación como si quisiera partir a Josef en mil pedazos, la piel lo intentaba todo contrayéndose en un paisaje idéntico al de la piel de una gallina desplumada pero mas nada podía hacer. Este día era fatídico. Hasta el sonido del mar le sonaba mal a Josef y eso que lo amaba con locura pero hoy, sonaba mal.
Tito tiraba a la costa los restos de los peces que iba limpiando. El agua a pesar de no haber sol proyectaba su transparencia sobre la costa y podían verse los peces de colores de un lado a otros como locos con su ajetreo, poco más atrás una sombra. No de una nube, una sombra pequeña pero lo suficientemente grande como para llamar la atención. Josef se quedó mirando, Tito empezó a gritar.

-¡¡Cojonee!! ¡¡miraaa! Un tronco de tiburón ¡¡Un tronco e tiburón cojoneeeeeee!!

Daba golpes con los pies en la arena como si quisiera escapar de un salto, como rumpelstikin y se desesperaba como si el tiburón anduviera caminando por la tierra y corrieran algún tipo de peligro.

-¡¡COJONEEEE!! ¡¡Ese venía a comernos coño!!¡¡Hoy hemos nacío!!............¡¡hemos salido en el momento justo mecaguendiez!!......¡¡Hijo de putaaaa….hijoputaaaaaa!!
- Tito……
- ¡¡hijoputaaaaaaa!!¡No vas a comer ni cojoneeee!
- Tito…….
- ¡Me caguenlaresín……….
- ¡Tiiiiitoooo!

Tito miró a Josef buscando complicidad en sus manifestaciones impotentes pero al no recibir respuesta cambió el tono furioso de la voz por una pregunta calmada y diáfana como si la escena anterior hubiera sido vista en un cine y se hubiera acabado la película.

- ¿viste eso?
- Si…… vámonos que todavía nos queda escaparnos de los tiburones de la tierra.

La respuesta lacónica de Josef dejó un poco atónito a Tito, pero Josef solía ser así. Un tipo congelado. Quien lo conociera bien quizás podía intuir un mar de sentimientos internos y meditaciones pero por fuera Josef casi ya no se inmutaba por nada, tampoco le quedaba mucho por ver en la vida después de tantas tribulaciones por la pequeña isla donde todo podía suceder, de hecho ya le había sucedido bastante y casi nada lo asombraba. Lo que venía era medianamente normal siempre aunque para otros fuera un escándalo. El laconismo de Josef era tan raro como su nombre.
Tenía razón. Aun faltaba escapar de los tiburones de tierra. Eran así las cosas. Te jugabas la vida en el mar por unos peces y te la jugabas después en la tierra. Los tiburones de la tierra solían ir vestidos de verde o azul según fuera el caso, no se podía distinguir cual era peor pero si se sabía según la zona cual podía aparecer.
Atravesaron potreros y sembrados para evitar los trillos y caminos conocidos, cualquier cosa podía pasar porque la suerte es una ruleta. El potrero que atravesaban ahora estaba lleno de vacas que ya se sabe que son un poco malditas, agreden con los ojos abiertos y el objetivo fijado, lo sabía por experiencia de haber pasado por ese potrero antes. Había una vaca pinta que era maldita y endemoniada y por supuesto que los vio. Arrancó sus toneladas contra ellos y antes que nada y sin mediar palabra estaban corriendo intentando alcanzar la cerca, todo estaba medianamente calculado. Daba tiempo a saltar una talanquera y que la vaca estrellara la cabeza contra las maderas que hacían de puerta. Después lo de siempre. Tito a decir todas las blasfemias posibles y a caerle a pedradas a la maldita vaca, Josef odiaba a las vacas, recordaba con cariño como un día pescó vacas y se imaginaba las malditas arrastradas al medio del mar y hechas filetes. En la cabeza de esa vaca estaba el demonio con cuernos inclusive. Josef con rabia desacostumbrada cargaba la escopeta de pesca y le apuntaba pero la vaca ya por experiencias anteriores cuando veía que le apuntaban se escabullía entre el marabú. Era muy lista la maldita –pa tener una bazooka- siempre pensaba lo mismo en lo que intentaba apagar otra vez al vociferante Tito. Había que seguir camino, la carretera estaba cerca y ya habían pasado la zona de los tiburones verdes conocidos como guardafronteras, militares agobiado de la soledad de las costas y deseosos de cometer alguna fechoría con el primero que se le cruzara en el camino, miedo de los pescadores furtivos mas que por la ley, por el saqueo, porque solían quedarse con buena suerte con toda la captura de ese día y con mala suerte se apropiaban hasta de los equipos de buceo.
La salida a la carretera era por la Vía Blanca cercana al puente de Bacunayagua. Si tenían suerte, era bastante simple la cosa. Coger alguno de los carros que iban para La Habana procedentes de Matanzas, que paraban después de pasar el puente a tomar algún refresco en una pequeña caseta en dólares que estaba a la salida del puente por la parte de La Habana.
En teoría debían separarse, uno llevar el pescado y otro las escopetas, ir distanciados por si cogían a uno que el otro salvara al menos la mitad del patrimonio, pero el día pintaba tan mal y tan desolado que pasaron por alto esta norma. Iban tan desprevenidos que no sintieron el motor de un carro que avanzaba despacio detrás de ellos contrario por el arcén de la carretera. El ruido de las puertas los hizo volverse, lo mismo de siempre en el mismo orden 1- carné de identidad 2- ¿ustedes saben que esta prohibido pescar submarino? 3- voy a tener que llevármelos pa la unidad o decomisarles todo eso aquí mismo.
4- Ya estaba hecho el día. Ni escopetas ni pescado ni nada. Todo perdido. Esta vez Tito no rugió como acostumbraba, al parecer ya también había agotado sus pilas. Josef en lo mas profundo de su ser pensaba que quizás hubiera sido mejor y con mas posibilidades escapar de haberse encontrado al tiburón del agua. No había escapatoria con los de tierra. Volver al barrio con las manos literalmente vacías no les hacia ninguna gracia. Empeñaron el poco dinero que les quedaba en montarse en un camión que iba hasta Guanabo. Después la 400 hasta La Habana y después por el malecón caminando los nueve kilómetros que los separaban de casa. Todas estas horas sin una palabra, cabizbajos. Hoy era un día fatal y no había a nadie a quien quejarse ni razón para ello, era lo que tocaba, lo que sucedía, lo que estaba predeterminado.
Josef de vez en cuando alzaba la vista para mirar las parejas de enamorados que iban al malecón con horas de antelación a reservar puesto para el atardecer hermoso que regalaba la humilde tierra aun estando el día mas nublado que cuando el diluvio. Esto daba un respiro a sus tristezas. Pensó en Sandra, su amor de siempre y suspiró un poco. Tito al verlo con vida empezó a hablar de nuevo.

- yo me voy a tirar al agua otra vez, algo tengo que sacar, aunque sea 20 pesos.

Josef asintió con la cabeza, aun no estaba preparado para articular palabra.
Recogieron unos bicheros (palos de madera con anzuelos atados en la punta) y se dispusieron a buscarse, a pesar de todo, una segunda oportunidad de ganar el pan de ese día, literalmente hablando porque con 20 pesos daba suficiente para unos panes con croquetas que daban energía hasta el día siguiente. Recorrieron la costa en busca de un lugar que les diera buena vibración. Esto iba por calles. Ya en Miramar que era el lugar preferido iban mirando en los trozos en que los edificios dejaban ver las partes de las costa que no estaban construidas. Calle 4 no, estaba muy sucia el agua, vamos a alejarnos del Almendares. Calle 10, calle 12, 22, 24, 36 decidieron tirarse por el tritón, aunque quedaba más lejos, la corriente los llevaría con rapidez al este en dirección a casa. En tantos kilómetros de fondo algo deberían pescar, hoy era un día de emergencia y había que esforzarse al máximo, mas que nada porque el día de hoy aseguraría poder comprar otras escopetas y mas equipo que las desvencijadas caretas de repuesto que tenía guardadas para estos casos y que dejaban una mancha negra alrededor de la cara porque ya la goma que las componía estaba en franco estado de descomposición.
El fondo estaba como desalojado, este otoño no había dejado peces en las costas de Cuba, ligado a la incesante y desmesurada pesca por todos los medios posibles. Los peces que quedaban se escondían pavorosos de la presencia del pescador depredador, por eso solían irse un poco lejos de las ciudades pero ya se sabe lo que podía pasar. A Josef le ardía un poco la cara de la careta incomoda y pegajosa, decidió flotar un poco bocarriba y sentir el ruido del mar como chocaba con sus oídos suavemente aunque debajo de si hubiera un abismo azul que daba miedo al mas experto. Decidió olvidarse de todo, del día, de lo malo y agradecer que estuviera ahí, en medio de la nada con ese olor a algas y ese silencio. Por un rato se rindió y estaba pensando irse a casa a dormir. Estaba realmente cansado en todos los sentidos y su mayor preocupación era que a su medio de vida que era la pesca le quedaba cada vez menos. Era atacado por mar y por tierra en contra de esa actividad, ya les había costado mucho a algunos conocidos, otros se habían pasado a la pesca dura. A cortar corales a profundidades suicidas donde más de la mitad de ellos tenían accidentes y unos cuantos ya habían perdido la vida. Era hora de salir, de dejarlo, de no morir por vivir, de rendirse un poco. Le apetecía sentarse en la orilla con el agua en la cintura a coger un poco de sol, a ver los niños como ponían de los nervios a las abuelas con sus ansias de estar metidos todo el santo día en el mar hermoso y azul de la costa norte de La Habana. A ver la gente disfrutar, leer un libro, enamorar. Le apetecía vivir un poco y lo decidió. Además le hacia falta pensar porque ya era hora de cambiar de actividad. Esto no daba más.
Buscó a Tito por el snorkel de tubo gris de electricidad doblado a mano. Tito tampoco tenía la cabeza sumergida ni estaba buscando peces, hacía rato que lo había dejado. También estaba agotado, pero Tito tenía otros pensamientos en la cabeza y miraba fijo a la costa. A Josef empezó a transmitírsele la idea con una leve sonrisa entre las olas y saboreando agua de mar se acercó a su compañero de pescas y desgracias,entonces miró al punto que este miraba generando exactamente el mismo pensamiento.

- No me jodas Tito.
- ¿Por qué no?
- Porque no Tito, no me jodas.
- ¿Quién coño nos lo ha quitado todo hoy?

Las respuestas a las preguntas de Tito eran obvias. Era como las preguntas que te hacían en la escuela, debías responder lo mismo exactamente cuantas veces te las hicieran y si hacías esto aprobabas de seguro. Por ejemplo a la pregunta de quien es el héroe de América debías decir José Martí, como dijeras Martín Luther King ibas a la calle expulsado del aula y había tres palabras claves para resolver todas las preguntas de política que según la pregunta se usaban de dos formas una era: porque había hambre miseria y explotación y la otra era: porque acabó con el hambre la miseria y la explotación. Con esto tenías aprobado de seguro y con sobresaliente. Esta costumbre de hacer preguntas obvias y con repuesta fija garantizada caló en todos los cubanos de su generación sin espacio para dudas, claro que esto también servía para fomentar idea negativas como esta que estaba sucediendo ahora. Con preguntas obvias se llegaba a un convencimiento directo que no permitía segundos caminos, era un sistema que estaba así de preparado pero a veces sus métodos funcionaban en contra del mismo.

- ¡Dime! ¡Quien cojones nos ha quitado todo hoy en la mañana?

Josef decidió seguir la corriente, como no lo hiciera, el juego de las preguntas obvias iba a durar todo el maldito día y ya bastante tenía con la televisión que ponía su padre y los vecinos con discursos llenos de preguntas obvias.

- ¿el policía?
- ¡El gobierno cojoneeeeeee, el gobierno! ¡Que coño es la policía sino un pedazo cabrón del gobierno?
- Bueno el gobierno…………….
- Hay que desquitarse……y buscarnos la vida.

Diciendo esto ya iban rumbo a la costa, al lugar fijado con la vista. Era un tétrico lunes y a Josef según había estado el día ya todo le daba miedo. Además el atardecer estaba siendo muy pobre entre las nubes y ya el mar se veía gris con vientos fríos que no se sabe de donde venían, se había levantado un oleaje mediocre que intentaba sacar granos de las piedras de la orilla sin efecto alguno.

El lugar escogido era el acuarium. Ahí si había pesca. Era solo saltar un muro embicherar (enganchar con el garfio) un par de buenos peces y pirarse de cabeza al mar que los iba a defender de cualquier cosa. Fue fácil entrar. Josef se dirigía a la pecera de los pargos y las langostas, se pagaba muy bien la libra de esto aunque descoloridos por el estrés de miles de niños golpeando las peceras y llamándolos como si fueran perros. Alguien pagaría por estos pescados y lo mas divertido era contar como los habían pescado en algún lugar de la desembocadura del río almendares y después ver a los demás pescadores rastreando las zona como pastores para ver si encontraban mas de aquellas excelentes piezas capturadas por los dos héroes de la pesca del día. Recordaba una vez que se había ido hasta la costa sur, a playa Cajío y había traído unas suculentas langostas, seis en total y después de venderlas los otros pescadores le preguntaron con brillo en los ojos donde las había capturado. Eso no se hacía, eso iba contra la ética, pero el hambre no liga con eso así que les dijo que las había cogido en el puente de hierro del río Almendares, tuvo que elaborar una cuidadosa explicación de la diferencia de densidades del agua salada y el agua dulce para justificar que debajo en el río había agua de mar y que por eso unas langostas de agua salada vivían ahí en medio de la desembocadura del río de La Habana, lo malo fue que por casualidad no era mentira y después de horas de viaje a la costa sur en 20 minutos salio el engañado con unas langostas igual de buenas dándole las gracias. Josef se retorció dentro de si mismo por no haber pensado antes esa teoría para si mismo y haber perdido un buen lugar de pesca por querer burlarse de un compañero. Por supuesto en los días siguientes ya no quedaba ahí en ese puente ni un cangrejo y lo del agua salada era verdad que había descubierto por instinto. Debajo del río había agua de mar por la diferencia de densidades y había peces de mar dentro del río. Que chasco. Nada salía bien.
Tito le llamó la atención con un susurro muy potente como si se le fuera el aire a una fabrica de algo, cuando Josef se volvió, no se sabe como Tito tenia entre sus manos una tortuga que aleteaba al aire como un macabro pájaro desplumado. Josef se quedó paralizado un momento, abrió los ojos con cuidado que no se salieran de sus cuencas de tanto asombro pero corrió donde Tito a ayudarlo y juntos al muro que separaba el acuarium de la costa. Detrás se oían unas voces, eran los guardias del acuarium que aunque habían reaccionado tarde ante tanto asombro ya venían a toda velocidad. Josef y Tito se lanzaron al agua con la tortuga victima, en la caída la tortuga se dió a la fuga, quizás vanagloriándose de estar libre pero a golpe de patas de rana la alcanzaron entre los gritos e improperios de los guardas que impotentes se quedaban recostados a la baranda que separaba la instalación de la libertad marina. La pobre tortuga nada más sabía nadar en círculos, por eso no se había escapado porque velocidad no le faltaba. Los tres seres se alejaron mar adentro y una vez fuera de la vista Tito saco el cuchillo para acabar la obra. La tortuga atontada ya no hacia por nadar, se dejaba llevar al ver la voracidad de sus captores. Se quedaron un rato pensando lo que habían hecho. El instinto es fugaz. Volvió la mente, la meditación, pero por si acaso la tortuga estaba bien asegurada.

- ¿Y si la vendemos viva?

Un silencio de minutos no dejó oírse ni siquiera las olas que ya daban la sensación de estar en un delicioso sillón que te acomodaba. La actividad había producido calor que hacia sentir como si el entorno fuera cómodo y agradable. La tortuga estaba ahí. No se movía apenas y aleteaba solo con las aletas izquierdas, la costumbre de dar vueltas a la derecha en la pobre piscina. No se hablaron en un buen rato pero como puestos de acuerdo soltaron la tortuga a la vez, esta empezó a descender en círculos hasta el fondo y ahí descubrió que también tenia aletas a la derecha de su cuerpo, emprendió una carrera que se les perdió de vista en pocos segundos. Se quedaron mirando al horizonte lo poco que permitía mirar cuando los ojos están a la altura de la superficie del agua. Unos metros después la tortuga sacó la cabeza del agua y con un resoplido respiró el aire de libertad, se veía el caparazón como iba a toda velocidad mar adentro, mar adentro como la vida. Quizás ese último resoplido fue para dar gracias por su suerte de ese día. Se quedaron con cara de tontos. Ya la noche caía en el mar con la pesadez característica. Se dejaron llevar por la corriente. En algunos minutos calcularon que el dinero recibido por la carne de tortuga no era comparable con la satisfacción de lo que habían hecho. Rieron como locos un buen rato con trago de agua salada incluido, la risa era un premio. Hay gente que lo tienen todo y no ríe, la risa lo arregló todo, las pérdidas, los sustos, las emociones y sobre todo el maldito lunes. Quizás lo bueno que les había deparado el destino ese día eran unas buenas risas que hacen tanta falta como el dinero. Hubieran querido repetirlo pero no iba a ser posible. Me gustaría contar que de camino a casa pescaron algo ya cayendo la noche pero no fue así. Al otro día Josef no se levantó de su cama, ni el otro, ni el otro. Al tercero salió y se sentó en el contén de su barrio. No contó nada, nunca contaba nada. Su cabeza solo mecaniqueaba un cambio de actividad. Se puso a pensar que hacer, que daba dinero, con que vivir.

lunes, 17 de septiembre de 2007

HUNTER

Es dificil decidir que se va a ser en la vida. No es como cuando uno es niño que dice que va a ser medico o cosmonauta. Yo, esas dos profesiones las tengo perdonadas. Si veo sangre me desmayo y el otro día monté en una montaña rusa en un parque de la warner.bros y cuando me metió un par de sacudiones me alegré de no ser piloto porque a la primera vuelta que diera el avión me tiraba por la puerta de atrás como el primero. De hecho, de pequeño cuando alguien me preguntaba que quería ser yo decía “ruso” pa mi los rusos eran lo mejor del mundo según se me metió con sangre en la cabeza, como mismo entra la letra. Bueno era mejor que pompón que quería ser guaguero, pero nunca nadie le decía donde se estudiaba eso. Después de ver la primera entrega de Indiana Jones decidí cual sería mi próximo trabajo. …………..Basurero….eran los únicos que se enganchaban en un camión en marcha y les pagaban por ello porque arqueólogo pregunté y nadie me contestó nunca sobre ello, o antropología, creo que en Cuba abolieron esa carrera ¿paqué? Da igual del mono que vengamos, todos somos el hombre nuevo. Cuando empecé a trabajar en el mar desde muy niño me sentía absurdamente feliz y no quería mas nada para mi vida. El mar es todo para mí. El mar es mi vida, mi ciudad, mi casa. Leyendo a Víctor Hugo creo, fue cuando mas orgulloso me sentí de ser un trabajador del mar. Fueron años de paz. Pero después vino la guerra sórdida y silenciosa de los éxodos y muy a pesar mío se me abrieron caminos nuevos en mis profesiones. La lista de lo que he hecho no cabe en este blog pero aun seguía sin saber que hacer. Pasados años en los que ya no se puede decidir aun sigo pensando en ello aunque ya nadie pregunta que quiero ser. Se supone que mayormente eso que querías ser no lo puedes ser y si no ya hace rato que lo eres. Yo hace rato que lo soy pero no lo sabía. Yo soy…………..Cazador.
Difícil profesión. Las armas son tan caras como prohibitivas. Hacen daño. Pero yo se que tengo que luchar por lo mío y hacer todo lo que haga falta por lograr este sueño que he decidido que sería mi vida futura. Quiero ser cazador. Ya eso no se paga, es un lujo, quizás un hobby de algunos pero yo me quiero dedicar a ello por completo. Vivir de ello si es posible. Por lo pronto estoy vendiendo mis cosas. Me quiero comprar una gran CANNON XL1 modelo anticuado pero muy bueno aunque sea de tercera mano. Empezaré con esa arma, poderosa, ligera y versátil, de largo alcance y de grandes radios de acción. Letal, un arma letal la XL1 después necesitaré entrenamiento, bajar las 60 libras de mas que tengo, viajar a Cuba, donde se encuentra mi presa favorita, dormir en el monte, acechar, esperar, no respirar, soportar el frío, el calor, el salitre y sobre todo esperar, para justo, en el momento oportuno, en el segundo exacto, cuando asome de su madriguera……cazar de un solo disparo el amanecer o atardecer mas lindo que no se repetirá en miles de millones de años en esa isla tan especial donde el sol nos regala lo mas hermoso aún con las carestías, las tristezas, la memoria y el azar.

Las fotos son de Bertinhos Roman, inspirador de este articulo. fueron tomadas en su reciente viaje a Cuba.








domingo, 16 de septiembre de 2007

DeMoler

Un Gran aplauso a los autores de este trabajo. Gracias a los que siguen produciendo dentro de Cuba, cultivos o cultura.

A isla Do II parte

Estaba yo por la loma de la calle 20 en el vedado, mas exactamente en 20 entre 11 y 13 por donde viven mis primos. Mi primo el más pequeño, Yosvany se acababa de comprar un Buick del 52 verde claro, descascarado como todos los Buicks. Con peste a grasa vieja y seca, a carro ya muerto o como mucho desfallecido. Los carros tienen olores. Yo por el olor se como están por dentro, cosas de mecánico. Los Buick tienen su olor especial, un olor triste, pasado de época. A los buick les duele envejecer, no son como los Chevrolet que cambian de motor, de dueño, los chapistean 500 veces y siguen ahí con el corazón en la mano como Juantorena dándolo todo desde el parque central hasta la ceguera. Los Buick tenían clase, de hecho quedan pocos vivos, en terapia muchos y fallecidos casi todos. Mi primo se había comprado un buick, un buick de La Habana, triste, con el vinil caído o roto, con los niquelados llenos de poros como escaras de un anciano abandonado, con ruedas de camión y ningún medico quería mirarlo.
Me llamó porque yo era un raro “biusero” lo que quiere decir gente que sabe de la mecánica de los carros raros, en este caso los Buick que muchos mecánicos no atendían. Al arrancar tiraba lenguas de candela por el carburador parriba como si escupiese demonios que tenía dentro y se oían en sus entrañas horribles explosiones que denotaban una enfermedad grave, no por eso incurable. Lo habían visto muchos mecánicos pero cada uno daba su opinión sin atreverse a tocarlo –eso es un ocho en línea- decían como si dijeran esto se nos muere y no podemos hacer nada. El ocho en línea se referían a un motor de lujo especial que sacó la General Motors para hacer unos motores silenciosos y estables pero con particularidades ingenieriles bastante raras. Ya no quedaban folletos o información de este tipo de carros pero como yo había sido un encuentracosas toda mi vida, los había estudiado y aunque celosamente custodiados habían pasado por mis manos el suficiente tiempo como para que yo supiera cosas exclusivas que me permitían ganarme la vida con este tipo de rarezas.
Escuchen bien, voy a revelar un secreto profesional y sobre todo quiero escribirlo antes de que se me vaya de mi mente envejecida, el orden de encendido del Buick ocho en línea es 1,6,2,5,8,3,7,4 por ese simple detalle gané bastante dinero en Cuba, era mi clave de llegar y arreglar muchas cosas al igual que la cadena de distribución del árbol de levas que estaba a 11 dientes por la derecha. Cosas ajenas, pero claves como la historia clínica de un paciente o el detalle de la especialidad en algún tema. Le arreglé el carro a mi primo en lo que canta un gallo. Arrancó, el motor gemía y sonaba como solo saben hacerlo ellos, era como mi música. Yo por instinto movía las manos al compás de la aceleración y sus ruidos me decían lo que estaba haciendo específicamente cada parte de sus sistemas o mecanismos. Dentro de mi veía todo el motor por dentro y no se me escapaba ningún detalle, aceleración, torque, el motor torcía de lado un poco el carro de tanta potencia reunida, solo le faltaba tener alas. Sonaba como un bombardero de la segunda guerra mundial, era hermoso contemplar este logro de la mecánica andando.
Un señor de pelo blanco no cesaba de mirarme todo el tiempo, pero ya estaba acostumbrado. En Cuba la gente se puede poner a mirarte sin más, no hay nada mas que mirar lo que te rodea y nada en que pensar, todo puede ser perjudicial por eso mirar todo el santo día lo que hace otra persona es normal. A veces, hoy en día me paro en las obras por ahí a ver como sueldan los trabajadores y me miran con mala cara, me voy rápido por supuesto. Pero en Cuba, es normal mirar, mirarlo todo y si es posible opinar. Este señor no dejaba de mirarme hasta que cerré el capó del Buick que aun seguía ronroneando como un gato de acero feliz y ajeno a la tristeza circundante.
Al poco rato de haber apagado el motor y disfrutar de los tics de las contracciones metálicas el señor se me acercó por la espalda y disparó un dialogo como solo se dispara en la calle 20 del vedado. La calle 20 es un mundo aparte, paralelo a la calle 12, la Dionisia, el Canal del Cerro o el Fanguito. La calle 20 tiene su propio lenguaje y ahí la gente se dispara palabras sin mediar ninguna cortesía o confianza, al que le tengas que decir algo díselo antes de que se muera en los próximos 50 años, o no lo digas nunca más.
-es raro ver gente que sepa de este tipo de cacharros.
No le contesté. Es de mala educación hablar en medio de una opera o un teatro, también en medio de un discurso muy sublime o un entierro. El motor de un buick de casi 50 años andando en una isla hundida de crisis, llena de espectros de personas arrastrando sus pies sin rumbo y despedidas diarias así lo era. Era todo aquello junto. Se le miró mal al señor por violar ese espacio, ese silencio. Me volví y lo miré sin decirle nada. Tenia el pelo blanco y las cejas negras, el señor no bajó la vista, al contrario me miró de arriba abajo con los brazos cruzados en actitud superiora. Pasaron varios segundos. Volvió a romper el silencio.
-¿También arreglas ladas?
-¡NO! – dije tajantemente sin dejar terminar siquiera el siseo de la S final de su frase y sin mirarlo, ya había metido mi vida y mis sentidos de nuevo en el capo del Buick con el hermoso motor ocho en línea esta vez ya sonriente.
- Has crecido mucho – Hay frases que entran como contraseñas en la vida. Hay cosas que entran como contraseñas en la vida. Quizás si yo sigo hablando de mecánica todo eso resbala a tus sentidos porque no entiendes, no te lo vas a aprender ahora y quizás y es lógico tampoco te interesa. Sin embargo si digo quizás helado de chocolate si pones atención, o algo de sexo o de violencia. El helado de chocolate tiene sexo y violencia. Sirve para las dos cosas pero no me pregunten porque. En la calle 20 ningún viejo le debería decir a un joven desconocido “has crecido mucho” eso no se decía, de eso no se hablaba.
-¿Como esta tu padre? Un tiro de gracia. Mi sagrado padre estaba muriendo poco a poco. Esta vez lo miré yo de arriba abajo pero ya sin ojos, lo mire con el alma, la gente alrededor prestaba atención cual si de una novela se tratase.
- ahí está, tirado en la cama. No quiere moverse, no quiere salir, y a veces no quiere abrir los ojos.
-¿pero esta muy mal?
- No…….solo que no quiere estar bien.
- Dile que lo quiero, dale un abrazo de mi parte.
La tierra empezó a removerse debajo de mis pies, a pesar de cambiarme de sitio más de diez veces la tierra seguía persiguiéndome como para tragarme. Recogí mis herramientas como pude y me largué a mi casa. Me duele escribir sobre mi padre pero quizás contando cosas esté mas tranquilo y sobre todo logro algo. Que no se me olvide. Mi mente no se porque. Se esta borrando.
-¿como te llamas?
- Diego, dile que su primo Diego le manda un abrazo.
………………………………………………………………………………………………………
De camino a casa hacía grandes esfuerzos por recordar algún Diego conocido pero no me salía ninguno. Por parte de mi padre no conocía más familia o amigos que mi abuela que tampoco me había contado nada ni siquiera de mi abuelo Canario. Apuré los pasos hasta llegar, mi madre como siempre me estaba esperando con la comida hecha. Atravesé los pocos metros de la casa para llegar al cuarto de donde mi padre no quería levantarse nunca, le tiré de un pie, esto siempre lo hacia reír un poco y abría los ojos con cansancio, cansancio del alma. En aquella época mi padre, lo que tenía era eso. Cansancio del alma.
- ¿Quien es Diego? Te manda saludos.
- ¿Diego?...........Ah……..Mi primo Dieguito ¿está bien?
- ¡¡Ah!! Tu primo, yo pensé que estabas solo en el mundo.
- Si el primo Dieguito el de la calle 20 ¿Cómo lo viste?
- No sé yo estaba ahí en lo mío y te mandó saludos, no se si está bien o mal, no lo conocía ¿tienes mas familia por ahí o ya esto es todo?
La conversación tenía un rumbo predeterminado, ya sabíamos adonde iba a parar. Horrible conversación que siempre terminaba en lo mismo.
- Su familia vino cuando Girón, ellos venían a matarnos. ¿Qué tu querías que hiciera? ¡Yo no tengo más familia que ustedes!
Vinieron a colación varios recuerdos gastados. Ocho años antes en el 92 a mi padre le había dado un infarto que casi le provoca la muerte cuando se enteró que “la Revolución” había aceptado el dinero del “enemigo” como moneda que circularía libremente entre los cubanos. Se negó rotundamente a visitar cualquier lugar donde existiera esa moneda, negó toda relación con los odiados dólares a pesar de que sus hijos subsistíamos gracias a ellos. En la cama del Hospital Hermanos Ameijeiras aparte de nosotros solo lo fue a visitar una persona ajena. Una prima que era una señora muy gorda venida de los Estados Unidos cuando se enteró que mi padre estaba enfermo. Habíamos recibido instrucciones precisas de no aceptar ningún regalo de la prima y de ser posible hablar lo menos posible con ella ya que “esa familia no era familia” yo tenia 22 años y estaba en el servicio militar, no me interesaba nada, solo tenia mi cabeza en montar Windsurf, escaparme de la unidad y perseguir rubias por las playas.
- ¿Cuanta familia negada más tienes por ahí papá?
- ¡A pues mira!- espetó con la zoquetería que he heredado calcada de su comportamiento y con una sonrisa sarcástica muy bien lograda – Está tu prima Chichi, Luisito, Macho, Javierito, Emilito.
Fingía que le provocaba risa como yo me iba escandalizando a medida que iba mencionando nombres pero intenté calmarme a toda costa y contenerme. Ya estaba cansado de discutir con mi padre por lo mismo, no se arreglaría nunca, nunca daría su brazo a torcer como nunca lo hizo. Consigo se llevó la terquedad mas grande del mundo aunque la lección que quizás quiso darme cumpliera exactamente el efecto contrario en todo momento y hasta el día de hoy me haya hecho un renegado de las discusiones y un incrédulo político relegado a la anarquía y el apolitismo.
- Papa….papá ¿Por qué nunca me hablaste de esa familia?
- Porque yo no tengo mas familia que ustedes.
- Papá….esa es tu familia, la prima esa que vino que parece un tanquecito viajó desde Miami hasta aquí a pesar de a saber cuantos años hace que tu no le hablas ¿y todo porque? ¿Por qué?
Silencio por respuesta. La forma de darse por vencido era hacer silencio. Quizás yo en el fondo tenía razón. Pero la razón nunca se le da a un discípulo, o así me parecía.
Bajé de nuevo a mi mecánica. Abajo como siempre ya me estaban esperando mas cacharros viejos, que si los frenos, que si la electricidad. Mas que nada para pedir consejo. Yo arreglaba los que podía y cobraba lo que me dieran. Los que no, al menos les decía lo que tenían que hacer o adonde ir. Empecé a pensar. Cuantas cosas se me estaban prohibidas, miles de cosas. Conocimientos, lecturas, y me dolía imaginar que mi padre y maestro era una de las piezas de esa censura. Me preguntaba constantemente ¿por qué? Repetidamente ¿porque? Por accidente había descubierto un libro de Reinaldo arenas, de milagro me enteré que Cabrera Infante existía, un día de paso por un barrio que ni recuerdo oí a Feliciano, en una fiesta me sorprendió Willy Chirino, en la radio, a veces cuando la atmósfera estaba limpia se podía oír a tres patines. No tenía palabras para ello, solo una.

SÓRDIDO.

Todo lo que me rodeaba. Miraba a todos ¿Cuánta familia negada mas había por ahí? y peor cuanta cultura, cuanta historia, cuanta humanidad perdida en el silencio establecido.
Nuestros padres eran piezas móviles del inmenso reloj que nos ahorcaba con su acerada cuerda. Pero ellos no tenían la culpa. Pensar, usar la cabeza era perjudicial y nuestros padres harían lo que fuese y aun lo hacen para vernos a nosotros lejos de cualquier situación incomoda. Es como la prostitución del alma por chantaje familiar. Había que decidir ver a tu hijo sufrir o sobrevivir. Cada padre tomó su decisión y cualquiera que fuera estaba correcta porque si sufrías lo hacías hasta escapar y después sobrevivías y si sobrevivías un día te dabas cuenta, sufrías y después te escapabas a sobrevivir. Un trabalenguas que me deja vacía la cabeza y que no me deja atinar a cuantos grados de encendido tiene este Chevrolet de 150 caballos de fuerza que esta descompensado el motor y fuera de tiempo.
Recuerdo una vez que le grité a mi padre con toda la fuerza de mis pulmones. Aún me duele cada costilla por ese día. El barco del trabajo en que pescaba mi hermano fue secuestrado y llevado a los Estados Unidos. Llegó el guardia a reclamar como decomisado el barco mas pequeño, el que era propiedad privada de nosotros, yo no le quise dar la llave y el pobre recluta descerebrado comenzó a intentar romper el candado con un martillo. Hubo tensión. Por mediación de un tío mió los guardias se llevaron el barco de mi padre detenido sin que ocurrieran desgracias, decían que si mi hermano se quedaba lo decomisarían. Mi padre fingía estar tranquilo, yo, a mi me daba igual, me alegraba que mi hermano estuviera a salvo, fuere donde fuere pero no iba a dejar que me quitaran el barco de mi familia. – Si se queda se quedó- Le dije al guardia -pero ese bote tiene dueño y es de una familia, es de mi madre, de mi padre y de una familia y lo hundo primero porque ese bote lo fabricó mi abuelo, no me lo dio nadie. Mi tío intentaba calmarme, yo intentaba romperle la cara a alguien, a esa edad las cosas solo suceden, hasta que mi padre rompió el escándalo.
-Si se queda no es más mi hijo……………..
Mi madre bajó la cabeza y se fue, el silencio lo tomó todo. Sentí el fuego, la onda expansiva, me vi desde afuera como reventaron mis venas y mis dedos se quebraron de tanto apretar el puño.

-¡¡¡¡SI ES TU HIJO, Y LO SERA SIEMPRE!!!!

Hubo un silencio total, todos los presentes bajaron la cabeza ante la pena de tamaño cuadro desolador. Mi padre dio media vuelta y se fue caminando lo más rápido que podía. Todavía en mi mente está tratando de irse. Cada día lo veo. Alejándose, callado, tratando de que me calle, de que me salve, que sobreviva. Mi hermano volvió. Todavía anda por las costas pescando y yo, cada día descubro cosas nuevas que me fueron prohibidas. Lezama Lima, Jesús Diaz, Eliseo Alberto, Tres Patines. Se que mi padre me mira y se alegra como siempre de mi sed de conocimiento. Dónde está ya nadie le puede hacer daño, ya nada importa. Solo queda recordar, perdonar y unir a los que estamos de este lado y sobre todo que ningún sórdido proyecto de un absurdo ser humano te separe o te haga ir en contra de tu familia.