viernes, 21 de junio de 2013

Lo mejor puede estar por llegar.

Los amores de Josef no eran nada graciosos. Ni fáciles. De pequeño vio una película japonesa llamada la sirenita. En el cine lloró a lágrimas vivas lo cruel del mundo ficticio donde acaecía. Una sirena que daba su voz a cambio de ser una mujer para subir a la tierra donde había un príncipe que nunca le hacía caso. Una bruja que se aprovechaba de eso y tendía horribles trampas y oscuros hechizos hizo a Josef sentir todo el odio que se puede sentir con escasos 6 años. Llanto y más llanto. Y esa sensación de encontrar y perder a alguien por quien daría la vida. ¡Estúpido príncipe! No se daba cuenta.

 La madre de Josef perdió las esperanzas de que entendiera que solo era un dibujo animado. Josef no cejaba, miraba el mar cada día hasta que muchos años después comprendió que solo era una historia animada que alguien había pintado en celuloide. Hasta ese entonces lloró en silencio cada noche no tener a la sirenita para poder dar todo por ella. Cuando se vino a dar cuenta ya estaba en el mar, sumergido, pescando desde antes de que amaneciera hasta que caía la tarde de cada día. No reparó en el día en que olvidó la sirenita, tampoco perdió la esperanza de ver su dulce cabellera rubia nadando por debajo de el en una de sus interminables pesquerías.

El mundo iba cambiando, ya no eran tiempos de sirenas.

Josef intentó hacerse a la tierra. Trató de hacerse a la tierra en lo que todos sus conocidos se hacían a la mar. La mayoría se perdió en interminables viajes con cámaras de camión o artefactos flotantes inamovibles. A josef no le dolió nada porque creía que morir en el mar era digno, pero ver diezmada su cuadra y su gente fue entristeciéndole sin darse cuenta. Y un día se quedó en la tierra sin más. Sin sirena, sin amor y sin sueños.

 Son cosas que pasan.

 En varias décadas nadó en muchos cuerpos. Pretendió muchas ilusiones. Incluso guardó tesoros en su memoria de cosas bellas que sucedían con personas de verdad. Sandra lo hizo soñar un poco, Paulette lo llevó a sentir cosas que pensaba que no existían. Pero ese amor, el que revuelca las vidas, las desvía y las arrastra no había venido jamás.
Josef se quedó esperando encontrar alguien que lo dejara sin aire, lo doblegara de ilusiones.

 Muchas décadas pasaron.

 Un día, en un episodio de su vida que no viene al caso se encontró una foto. Sin autor, sin fecha. Una persona sonreía levemente y Josef cayó otra vez. Lo mismo aunque con 40 años en las costillas. Una vez mas aunque ya no había nadie cercano que lo convenciera de que solo era una foto, sin datos, sin autor. Quizás una foto tomada al azar, encontrada al azar. Amada al azar.


 Lo mejor, puede estar por llegar.

 No había mundo ni tierra ya para Josef por lo que decidió arrancar para donde fuera. Sin rumbo, sin planes ni fechas. Totalmente libre. No traicionó el amor de si para esta foto por nada del mundo. Solo mirarla cargaba la vida de peligrosas ilusiones. Madre no estaba para decirle que solo era una foto. Superficialmente se hablaba a si mismo que esa persona no debe existir, debe ser muy vieja, en todo caso, nunca iba a saber quien era.

 Muchas décadas pasaron.

Sin rumbo, sin casa, sin familia, sin Ítaca. Dando tumbos esta vez en aviones, aduanas, pasajes, visas. Al menos mejor que los que se hicieron a la mar cuando el se hizo a la tierra. Llegó a una casa y vió una foto. La robó.

Los amores de Josef no eran nada graciosos. Ni fáciles. Condenado a las imágenes inexistentes. Prometió dejar su corazón en aquella imagen. Y por primera vez una imagen habló. Josef no se lo cree. De vez en cuando escucha la voz de su madre diciendo que solo es arte, que solo es una imagen. De momento, su corazón es para la mujer de esta foto. No hace mas que mirarla, esta foto le habla, le mira, no hay nadie por suerte para convencerle de lo contrario.


Lo mejor, puede estar por llegar.

viernes, 6 de julio de 2012

viernes, 22 de junio de 2012

Gaby está aquí

Las casualidades y el destino son una cosa incomprensible, a veces cruel, a veces hermosas. Ayer una casualidad hermosa me hizo encontrarme a mi mejor amigo desde antes de aprender a caminar en el aeropuerto de Barajas. Un país tan grande con tantas horas del día nos puso a los dos unos escasos segundos en un sitio para que nos encontráramos. Es Gaby, conozcánlo:
Es el último amigo de la infancia que quedaba en Cuba, está aquí.


En Youtube se puede ver este video en HD real 1080.

Con siete años ya andábamos robándonos los botes de remos de los pescadores para largas aventuras por un río que nos parecía interminable. Tres, éramos al principio los bandoleros que inspirados en los libros de Mark Twain remábamos río arriba con nuestras escasas fuerzas mal alimentadas de pan y azúcar mirando con ojos conquistadores cada piedra milenaria del Almendares y aguzando el oído para descubrir pequeños manantiales entre sus selváticas orillas. El sonido de la pala del remo al salir y entrar repetidamente en el agua componía una suave y cadente melodía que amansaba los calores de las tardes silenciosas de los domingos de agosto, junto a los pájaros que no cesaban de cantar y sobrevolarnos. El calor era tan denso que casi se veía flotar el vapor por encima de las perdidas y muertas corrientes de un agua verde y contaminada que pujaba por mantener la vida a pesar del hombre. Era nuestro río, nuestro barrio, nuestro hogar.
Ni ese día ni en los que siguieron por años pensamos en el futuro. Había mucho por explorar en ese río para estar devanándose los sesos en cosas triviales como lo que podría ocurrir o la existencia humana. Los pequeños botecillos se balanceaban a la orilla con la misma preocupación que teníamos en aquel entonces. Había tanta tranquilidad. Quizás el mundo desde aquel momento se estaba cayendo a pedazos, pero en ese rinconcito de la tierra tres niños vagaban a lo Huckleberry Finn, soñando con ser piratas en medio de la decadencia de una ciudad prohibida y sitiada por unos pobladores uniformados y armados que estarían desde antes de nacer y quizás mucho mas de lo que se esperaba.
Nadie osó decirnos que unos años después yo me iría a España, Félix a Chile y Gabriel a un oscuro país sin nombre que se llama soledad y queda cerca de la calle línea por el barrio del Vedado.
Siempre que voy toco su puerta pero nunca está. Sale su madre que ya no me reconoce y me dice que anda por ahí. Un por ahí extenso, vacío y triste. Me vuelvo sobre mis pasos recordando tiempos divertidos, anécdotas curiosas como que Gaby cada vez que pasábamos por debajo del puente de hierro se colgaba de este para jugar a los piratas y nosotros seguíamos remando hasta que sus gritos nos hacían regresar, algunas veces a tiempo, otras tarde, con el consiguiente baño en el río y la risa de varios días. Robábamos hicacos en una casa de Miramar que el patio da al río y la hazaña consistía en subirnos al bote ya alejándose de la orilla porque unos fieros perros querían despedazarnos de rabia por nuestra asombrosa rapidez. Sonrío y nos veo corriendo y los perros detrás, los hicacos cayendo de nuestros bolsillos y ese salto que solo se ve en las películas y los recuerdos. Gabi era pequeñito, un negro gordo y pequeñito que sus pies apenas le daban para alcanzarnos, la mayoría de las veces también ya se había alejado demasiado el bote y caía al agua. A Gabi le pasaba todo.
Exploramos todo nuestro país del Vedado, entramos de noche a los pasadizos del túnel de línea, nos colamos en cuanto alcantarillado se quedara abierto, nos metíamos en todo patio que tuviera una mata de mangos, aunque no tuviera mangos porque era moral que hubiera una mata de mangos en la cual no hubiéramos subido y explorábamos el bosque de La Habana, el parque Almendares, los campos de tiro, los refugios de la puntilla, escalábamos el Sierra Maestra, nos colábamos en la casa abandonada de 5ta avenida, en la de 28 y 1ra, en los derrumbes, en las pequeñas cuevas.
Un día la policía la cogió con llevarse a la estación a todos los niños que se bañaran en el malecón, sentados dentro del carro patrullero el policía le preguntó a Gabi que si el era maricón. El escándalo de Gabi fue tal que nos soltaron entes de llegar a la unidad y nos libramos ese día.
Desde luego que otras madres le aconsejaban a la mía que no me dejara jugar ni mataperrear con ese niño raro “amanerado” Otro tanto de lo mismo recibieron las madres de los demás que después se fueron sumando a la pandilla. Manuel, quien lleva mas de veinte años preso, Reinol “Hongo mongo” (En USA) que recibía continuas golpizas tumultuarias por lo pesado que era, Hiscler (En Guatemala), Hebert (En USA), Félix (El de Chile) y yo. Éramos una pandilla sin líder y aseguro que de todos quizás yo era el más tranquilo y miedoso de cuanta empresa irresponsable y sórdida se nos ocurriese.
A los 21 años más o menos nos reúne Gabi en su casa con una cara muy seria. Acostumbrábamos a juntarnos para oír música y contar las barbaridades de nuestra niñez. En medio del silencio Gabi con voz tenebrosa nos habla mirándonos a todos.
- Caballeros…………… Yo soy gay………..
Reventó de pronto una risa estruendosa al unísono de todos los de la pandilla, Gabi frunció el ceño y comenzó a rozar con la rabia.
- Claro que eres gay Gabi, desde siempre. ¿A que viene eso ahora?
El negro se fue hinchando y sus saltones ojos se enrojecieron que daban miedo.
- ¿Entonces ustedes lo sabían? ¡Partía de cabrones hijos deputa! ¡Y yo aquí una pila de años haciéndome el macho!
- ¡Pero Gabi! ¡¡No nos jodas ahora con eso!! Tú eres un tronco de maricón desde que eras niño compadre. ¿A que viene esto ahora?
- ¿Y ustedes los sabían? – No cesaba de repetir casi con lagrimas en los ojos – Yo pensaba que el día que ustedes lo supieran ya no íbamos a ser mas amigos.
Nos abrazamos entre todos como un bravío equipo de futbol, riendo a carcajadas y Gabi llorando. Nadie le explicó que la amistad es algo irrompible cuando es de verdad, que un hombre de verdad era un buen amigo como el, sin importar su condición sexual, raza o credo. Tampoco nadie nos lo explicó a nosotros pero venía en nuestras mentes por defecto. Y por eso Félix el que vive en Chile, Hebert el que vive en USA, Hiscler el que vive en Guatemala, Reinol el que vive en USA y este servidor el que vive en España lo vamos a ver además de Manuel, cada muchos años cuando le dan un pase de esa prisión perpetua que no sabemos ni nunca hemos preguntado porque está.
Y ahí está Gabi. En la republica de la calle Línea y F en el Vedado. En un cuartito que si estornudas te puedes dar con las paredes, pero es difícil dar con el. Al ser negro, bajito, calvo, gay y con voz de pito además de su peligrosa rebeldía nunca ha conseguido un buen trabajo ni nadie fuera de nosotros, sus hermanos de siempre, lo han apreciado tanto. Cuenta con brillo en los ojos sus momentos de gloria cuando una vez lo contrataron para hacer de Bola de Nieve en una película que nunca se ha visto. Cuenta una escena en la que el está tocando en un piano que se hunde en el mar. Nadie sabe si es su sueño o si a través de sus verbos despedazados nos cuenta la verdadera historia de lo que es su vida. Iré a verlo en cuanto pueda, la amistad por suerte, la verdadera amistad de corazón, no entiende de razas, credos, sexos ni políticas.

sábado, 5 de mayo de 2012

Josef comienza un adiós (Cap 127)

Diciembre del año 2013. El frío nunca se quitaba, ni en la mas voraz de las calefacciones. Josef estaba como casi todos fuera de casa, donde había que estar.  Los compañeros de trabajo vociferaban dominados por los vinos y los cavas con una euforia momentánea descontrolada. Josef solo oía murmullos, sabía que ese era su último año.
13 años llevaba fuera de las costas que lo vieron crecer y aun no sabía que hacía ni donde realmente estaba. La broma que consistía en ponerle todas las cosas de la vida en su estado mas difícil no se acababa, pensaba que quizás era un castigo y el no lo había entendido aun. Era un castigo absurdo y anticuado. Una especie de mini gira de Odiseo.

Podría estar en su casa, en silencio, tranquilo pero sabía de antemano que esa situación era letal. El silencio. Su mente no cesaba de generar ideas y porqués. Quizás la ausencia de respuestas a sus preguntas en sus solitarios años metidos debajo del agua se le habían acumulado y ahora salían por las rajaduras de la edad, el tedio y la lejanía. Tanta presión tenían sus ideas que incluso el ruido de mas de cincuenta personas hablando a la par lo convertía en un suave murmullo lejano para hacerse oír a toda costa. Josef no quería oír su mente pero estaba ahí y no paraba de hablar por nada del mundo en primera fila.
Si, caía algo parecido a lluvia o nieve. Extendió la mano para cerciorarse pero sus quemadas palmas apenas distinguían entre el frío y el muy frío. Y vino su pensamiento y se lo llevó, se lo llevó lejos otra vez.
Nunca encontró sentido a las cosas terrestres. Al final de todo, trató de adaptarse pero no sirvió de nada. No llegó a ningún resultado. Parece que las reglas del juego era solo sobrevivir lo mas dignamente posible pero que al final no se llegaba a ningún lado. Le molestaba mucho pensar que habría metas o premios en la vida o que esto podría ser una mentira auto inventada o una verdad sin resultados.
Todo el mundo sabe cuanto lo intentó. Fijó sus sueños en las cosas supuestamente reales, terrenales. Intentó vivir en pareja, incluso a veces le pasó por la cabeza tener una familia. Pero había algo que no se lo permitía. Las personas caían a su alrededor por una cosa o por otra. Le abandonaban, les abandonaba. Esa magia que contaban algunos estaba empezando a pensar que era otra de esas mentiras para ayudar en la resignación de tener que cumplir un papel en la vida. Una vida instintiva y monótona, una vida que no era la suya.
Josef comenzó a caminar, a lo lejos escuchó su nombre pero lo ignoró por completo. Quería ver las calles un poco mas, una vez mas.
La calles con su espíritu festivo se equilibraban con el silencio y el apuro de los caminantes. Disfraces, colores, banderas. También mas lluvia helada. Josef regresó a un punto de su vida en lo que sus pies lo llevaban sin rumbo por el centro de Madrid, ese barco donde se perdió. El barco hundido donde se le fue la vida por primera vez.
Desde el día en que despertó se preguntaba que hacía en este mundo. Estaba inconforme porque creía solemnemente que debió haberse quedado en ese barco, ese era su camino y alguien lo sacó de el con muy buena fe pero lo arrebató de su línea de vida. O al menos eso era lo que creía porque las cosas fueron de mal en peor. No puede negar que hubieron cosas tan intensas y bellas que por segundos le hacía pensar que había valido la pena, pero después todo volvía atrás. No hay opción, se decía a si mismo, hay que volver ahí y seguir donde lo dejamos. Convencido estaba que se encontraba viviendo una vida que no le pertenecía, una vida que había perdido el interés y que iba degenerando a la medida en que ya no conocía ni fines, ni metas, ni siquiera porque estaba esperando. Había que volver a ese barco o a cualquier otro. Desde luego que ese barco mercante griego hundido, en el que se había perdido y casi había muerto ya no existía, pero existían otros y quizás lo que manda y ordena en las vidas de los seres lo tomara en cuenta, o mejor dicho, lo retomara para dar un final ¿o comienzo? de lo que no debió haber sido interrumpido nunca, esa cuenta atrás que solo le quedaban segundos y la estiraron en años. Años de caminar sin rumbo, lleno de vagos sueños, absurdas metas y lejanías enfermizas.

Llegó a casa e hizo una búsqueda en internet. Barcos hundidos. Habían cientos, miles. Algunos completamente debajo del agua a una profundidad respetable, otros indignamente encallados con partes de su férreo cuerpo expuesto al sol, pero todos eran lo mismo, barcos hundidos. En cualquiera de ellos era buen lugar para retomar un camino cortado, abandonado abruptamente por los sucesos fortuitos que siempre están al doblar de la esquina. Cerró su búsqueda sobre lo más cercanos y marcó objetivos. Los equipos de buceo ya los tenía desde que había decidido no abandonar el mar aunque viviera a mas de 400 kilómetros de el. Los mas de diez años sin usarlos no interesaban, con que funcionaran los primeros minutos de la inmersión ya bastaría. Los metió en su carro horas mas tarde y ya bien entrada la madrugada puso rumbo al sudoeste. La carretera estaba en paz, con el último dinero que le quedaba llenó el depósito de combustible y compró algunos dulces en la gasolinera. Una hasta ahora inútil brújula marina, marcaba desde el salpicadero del carro el rumbo decidido. Josef estaba medianamente feliz, solo le molestaba haber tardado tanto en decidirse y haber empezado tantas veces a tratar de tener una vida terrestre normal.



sábado, 19 de noviembre de 2011

domingo, 14 de agosto de 2011

Las ilusiones de Josef (Capitulo 21)


Luchar contigo. Fue la ultima frase que usó Josef para dejar salir todas sus ilusiones. En pocas palabras soltó los sueños que le unían  a la tierra. Sandra quizás no entendió nada de esto pero sintió esa energía que desprende el querer empujar con fuerza el futuro. Josef a sus 17 años ya sabía buscarse la vida y prácticamente había vivido el doble al ver su tesón en defender sus ilusiones en un sitio donde tenerlas es delito. Sandra se dejó, iba un poco fascinada por aquel esquelético luchador de la calle que olía  a acero quemado y risas. Josef había aprendido a reír y para colmo a hacer reír. La risa era una herramienta mas, quizás la mas importante para sobrevivir, además si Sandra sonreía, todo estaba arreglado, era una magia enriquecedora que Sandra se riera, las olas se calmaban, la luz coloreaba las partes ocultas de los árboles, si Sandra reía, el día habría valido la pena.
Déjame luchar contigo. Se quedó la frase tatuada en su aire y en el aire que pasaba a través de los besos. Hoy todo estaba bien, mañana veríamos. Hoy sobreviviríamos, mañana tal vez.
Cada hoja que tocaba el piso era motivo de un beso, cada canto de pájaro, cada anciano que cruzaba una calle. Cualquier evento era justificación y orden para entregar cariño. Josef iba atrapado por una sensación nueva que le provocaba un éxtasis y una calma tan extensa como sus ganas de seguir redescubriendo ese nuevo mundo. La tierra iba siendo hermosa a pesar de sus tantas tristezas, su humo y su sequedad. Caminaron sin rumbo hasta que llegaron a una cafetería cerca del puente de hierro, ahí se sentaron y con algunos dólares consiguieron algunas cervezas que tomaron con la música de Juan Luis Guerra de fondo entonando un tema que parecía que algo desde arriba les mandaba a ellos. Cuando te beso.

 Sandra se fue metiendo poco a poco en la ola gigante de cariño, pagaron y salieron tomados de las manos. Josef tomó rumbo al único sitio conocido del lugar, la base de los pescadores. Entró en uno de los barcos conocidos y ahí ya cerca de la medianoche regaló todos sus sueños, todas sus ansias una y otra vez. Sandra después de pasar de su asombro de tanta delicadeza de alguien que dobla aceros con sus manos se dejó llevar una y otra vez, besos como signos de puntuación en un dialogo de suspiros y susurros, calor, frío, silencio, vibraciones.  A lo lejos el "cuando te beso" de Juan Luis sonaba también cíclicamente cada varios temas olvidados. La luna entró cuando quiso para hurgar entre las pieles blancas o quemadas, recorrió la perfección y las cicatrices con desespero hasta que Sandra se separó de un tirón de Josef.
- ¿Que hora es?
- Como las doce ¿porque? - Preguntó Josef con una sonrisa de felicidad.
Sandra sacó de su bolsillo una diminuta cajita forrada en papel. - Toma - dijo alargándosela con las dos manos cual si fuera algo muy pesado o muy sagrado.
- ¿ Que es ?
- ¡ Ábrela!
Josef deshizo el papel, abrió y dentro había algo que brillaba tímidamente.
- ¿Que es? - dijo sacando el objeto con toscos dedos quemados de tanto trabajar.
- Son tres delfines... Somos tu, yo y nuestro hijo que un día vendrá. Quería conseguir uno mas grande pero era caro y no me alcanzaba - Sandra bajó la cabeza como avergonzada - Pero si lo ves a la luz, los verás, los tres delfines, es nuestra familia.
Es nuestra familia era el sello que faltaba, Josef besó los delfines y abrazó a Sandra. ¿Como se puede ser tan feliz? Sintió ganas de llorar pero le pareció una estupidez ¿como se puede ser tan feliz?
- ¡Hoy es tu cumpleaños bobo!
Daba igual, Josef no seguía esas cosas y después de un momento tan bello e insuperable menos. Si que hacía algo de frío, era Diciembre.
- ¡Felicidades, pide un deseo!
Josef deseó, si algún día se acababa este bello instante poder comenzarlo de nuevo, Deseó con todas las fuerzas vivir por siempre  aquí, en este momento. Pero sabía que las cosas buenas eran caras, prohibidas e imposibles, optó por algo mas práctico.
Si algún día esta bella sensación se acaba, poder empezar otra vez.

El que narra esta historia asegura que los delfines estuvieron colgados en el cuello de  Josef hasta  el fin de sus días, hasta el fin de los días en que estuvo intentando empezar este momento otra vez.


martes, 10 de mayo de 2011

Tres cosas buenas.

 Tres cosas buenas. Tengo que pensar en tres cosas buenas. Cada vez que me canse, me caiga, me rinda, tengo que pensar en tres cosas buenas. Siempre hay tres para pensar. De nada vale quejarse, molestarse, hundirse si las cosas van a seguir para adelante contigo o sin ti. Trata de soportar ese pequeño error del hermoso viaje de estar vivo. Sigue adelante y cuando veas que el mundo está al revés, que la gente mala le salen bien las cosas, que triunfa la deshonestidad, la maldad y todas esas cosas que no vale la pena mencionar, no te caigas, piensa en tres cosas buenas y en los segundos en que lo logres, ya estarás montado en el siguiente tren. Solo tres cosas buenas a la vez.
Estar durmiendo y que te zarandeen con cariño a las 2 de la madrugada.

Uno
- Vamos, despiértate, tengo una sorpresa – La voz de mi papá en una oscuridad donde solo se le veía un pequeño brillo pícaro en los ojos y la sonrisa – vamos, vamos ssshhh! – dormía con la ropa de andar, la vida era tan azarosa que no me cambiaba por si pasaba “algo” ese algo que estaba pasando.
Nunca preguntaba, nunca nada malo podía venir de mi papá, y esa sorpresa que venía tendría que ser mejor que la anterior. Le gustaba darme sorpresas, sabe que yo mas que nadie las apreciaba y aun me sorprenden y me pegan de adentro hacia fuera con emociones nuevas cada día. Me hizo apurarme un vaso de agua con azúcar y un pedazo de pan que tuve que demoler de lo viejo que estaba, cruzamos la calle hacia el barco. El frío no me importaba y el olor de río siempre me daba un estrés agradable de aventuras. Arrancó el motor – Vamos a Cabañas – dijo en voz baja entrecruzada con las cariñosas detonaciones de la vieja maquinaria que movería la hélice en las próximas seis horas.


A cabañas, un viaje largo. Soñaba con un viaje largo, mi primer viaje largo había sido recorrer a pie todos los nueve kilómetros del malecón habanero. Pero este era por mar, de madrugada, en silencio. Cuando la vieja mole de madera comenzó a moverse parecía que lo hacía por arte de magia, sus cientos de capas de pinturas de varios colores, descascaradas le daban aspecto de monumento o pared. Nadie pensaría que eso se movería y menos al ritmo de las olas, olas que ya empezaban al salir del puerto de Río Almendares. Subí al techo del barco, fui siguiendo cada una de las estrellas y veía asomarse la cabeza de mi papá a ver si no me había caído al agua, el zarandeo era como si dijera ¡despierta, aprovecha esto! Hasta que empezó el amanecer pasando el Mariel. Cuantas luces, el frío era lindo, el hambre era linda, como sables los tímidos rayos de sol rompían el agua cristalina y a veces espumosa hasta donde la vista se perdía. Se perdía la vista, era como flotar sobre un cristal azul y la proa en silencio, tímidamente ganaba metros hacia nuestro destino. Están grabadas a fuego tantas emociones bellas, podría estar años describiendo cada minuto de ese día, ese día de muchos días cuando todo era tan bello, cuando daba gracias por respirar, por oír, por abrir la boca y probar la sal de la atmósfera. Gracias a eso hoy suspiro y sonrío sin ton ni son en las peores situaciones. Eso no me lo quita nadie.

Dos.
Años llevaba intentando navegar a vela. Solo dios sabe como me hice con una tabla de windsurf. Pero era solo pararme y caerme, me parecía imposible, tantas veces pensé dejarlo hasta que apareció el chino, el chino había visto en televisión cual era la técnica y se le había quedado grabada aunque el nunca se había montado en una tabla. Me enseñó. En menos de media hora lo comprendí todo y con una sonrisa me disculpé por tanto tiempo perdido en intentos infructuosos sin conocimiento alguno. Hice lo que me habían explicado. En los años perdidos había ganado al menos un poco de equilibrio y me dieron más facilidad para empezar. Cuando la vela está en su sitio y la tabla empieza a moverse no lo crees, no crees que algo se mueva en silencio tan solo empujado por el viento. Impresiona como un metro, dos, va cogiendo una velocidad que parece espeluznante y ya formas parte de una naturaleza en movimiento que no necesita mas que tu energía y los deseos de casi volar. Grité tanto ese día que me quedé sin voz, a toda velocidad me arqueaba hacia atrás y metía la cabeza en el torrente de agua, el único ruido era la sal pegándome y la espuma reventando con la presión. Los primeros metros fueron los más impresionantes del mundo, es saltar tu propia fuerza con el ingenio, es escapar de tus mínimas posibilidades de ser terrestre. En fracciones de segundos ya estaba soñando a miles, soñando viajar, escapar, volar. Navegar a vela es algo que choca con los espíritus de mucha historia, es sublime y hermoso, es como si la tierra y la vida te estuvieran dando un regalo incalculable.

Tres
Perdí la cuenta de cuantos esfuerzos hice por Sandra. Cuantas veces dejé de intentarlo y cuantos días pensé que lo lograría de nuevo. Era como escribir en hielo, imposible. Hasta que sucedió. Llegamos de noche a la costa donde  las suaves olas iban magnetizando cada beso, haciéndolo mas importante. Hacía ese calor de agosto y en la playa de 12, al lado del gran teatro blanquita, hoy llamado Karl Marx metimos los pies en el agua. Sin voz estábamos desde hacía días porque nos habíamos encontrado en una magia rara donde pasaban cosas sobrenaturales como el no tener que hablar para decirnos de todo, todo lo bello de la ilusión, las esperanzas y los sueños. A lo lejos algunas parejas hacían lo mismo que algunos borrachos, dejar que su mundo diera vueltas por unas horas para no tener ni pies ni cabeza, para no tener calle por donde volver, ni cielo donde pedir. Las olas llamaban y se hacían sentir como esa caricia que la tierra tiene reservada para ti, en los días en que no se enfada por el mal trato que le damos. Nos metimos poco a poco en el agua. Increíblemente veía como si una luz extraña saliera de mis ojos, veía cada detalle, sabía todo. El vaivén de la ropa era molesto y por eso la tiramos con un poco de violencia sobre las rocas de la orilla. En el silencio de la noche sonaron como si se hubiera caído una nube muy pesada llena de agua. La piel, con diminutos volcanes a cada milímetro por culpa del ligero frío agradecía el contacto con la otra piel y el agua que por fortuna se fugaba de este espacio salía casi hirviendo. El sabor salado con olor a algas de mi sueño fue arando un espacio particular en mis vivencias para este día. Vi la diferencia de colores de donde había dado el sol y donde no, me dediqué a besar esas líneas, la supervista se iba haciendo cada vez más nítida. Tropezar en una curva, en una línea era como llegar a una meta y coger más energías para la siguiente. Fundirse en uno y no pensar más, quedarse, ser alga, pez, marea. Gritar en silencio cuanta felicidad, rajar las piedras de ilusión. Tuve que detenerme en su pecho. Nunca supe la obsesión de donde salió pero me detuve ahí por mucho tiempo, quizás hasta el sol de hoy. Cada luz era recompensada con un beso, cada vibración con un abrazo, cada ola con un roce. Y yo detenido en su pecho, recorriendo cada kilómetro de vida con cada milímetro de piel fría, blanca, erizada de frío donde el agua hacía zig zags para poder correr. Esos colores están vividos en mi memoria. No se si esto volverá a suceder. Por lo pronto lo llevo conmigo a todas partes.


Estas son mis tres cosas buenas y a partir de aquí pueden pasar lo que sea con mi vida. Que yo voy a sonreír a todo y seguir adelante. No es que me interese nada, es que estoy cargado de lo hermoso que he vivido, otro día pensaré en tres cosas más, si la penosa situación del momento y lugar donde vivo lo requiere.

domingo, 24 de abril de 2011

Señales y no de humo.

Hay días en que uno amanece atravesado. Hoy es un día de esos, encima domingo. Levantarse un domingo a las 6:00 am para trabajar puede doler. Hoy es un domingo de esos. De regreso de los sitios a los que tengo que ir siempre vengo disfrutando de la carretera y cualquier música que esté en la radio, me da igual. Ese rato conmigo solo es un aliciente al terrible día. Soñar es mi entretenimiento preferido, recordar también.
Me doy cuenta cuan lejos estoy de mi casa, mi casa de verdad, donde nací. Increible que aun no haya echado el ancla, no he quemado naves. Mi nave está ahí, latente, esperando algún día volver. Feas palabras para quien lleva más de diez años fuera y no tiene ni un ladrillo. Entonces sucedió lo imprevisible. Soy escéptico pero hoy me llovieron las señales. Primero estaba pensando en mi casa y me surge en mi camino improvisado un cartel con el nombre del barrio donde nací y después me crucé con otra sorpresa que no cuento, dejo imágenes. Son señales creo. Algo tiene que pasar.
Cadillac Seville 1959 en Madrid.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Un invierno demasiado largo.

Este invierno se me hace largo. A medida que se me va el tiempo junto a la vida en el sitio donde no se respira mar, hay gente en mi isla que no permite que las personas respiren en paz. No debiera quejarme, pudo ser mucho peor. Aquel viaje que planeamos a Rusia con la misión de quedarnos en el aeropuerto de Gander, Canadá, el que no se dio porque no pudimos completar los tres mil dólares quizás no hubiera sido tan terrible como ser victimas de nuestro arrojo de quedarnos en Moscú o donde le diera la gana de aterrizar al maldito avión de Aeroflot. Quizás estoy mejor que en Miami con el trauma de ver a mis hermanos de viaje desapareciendo en el mar como muchos, quizás aun hago este cuento porque no tuve la terrible idea de esconder el cuerpo que me lleva por este mundo dentro de un tren de aterrizaje. Quizás el no tener el valor de gritar por mi vida dentro de La Habana o el heredar los miedos paternos de la represión me mantienen más o menos a salvo. Dentro de poco, harán diez años que estoy fuera. Fuera de casa, fuera de peligro, fuera de pobrezas. En una manta fría y segura que se llama Europa. En un sitio donde no tengo ni quiero tener nada, donde no quiero raíces a pesar del buen trato que se me da y de todos los esfuerzos que se vierten en que me sienta como en casa. Gracias a todos. Pero el destierro es una pena menor al saber que tu casa esta ahí enfrente y que unos sujetos desalmados la tienen tomada por la fuerza. La tierra de todos los cubanos está tomada por la fuerza por dos o tres armados hasta los dientes y sumamente peligrosos, por personas que no creen en los hombres ni en los pueblos, por seres que al estar muertos de miedo se tornan más peligrosos aun y solo atinan a modernizar sus armas y medios de extinción de vidas. Ahora se estremece toda la tranquilidad de la lejanía porque lo que yo no hice lo están haciendo otros. Gritar por sus vidas. Incluso hay quien se atreve a desafiar la maquinaria brutal insinuando que Cuba es de los cubanos. Ya no puedo dormir. Solo me queda arrojar lo que tenga en la mano a favor de los futuros muertos o apresados. Letras en este caso. Hacerlas publicas es mi vergonzoso deber y mi miserable acción donde hay tantos campos vacíos en los que se puede ayudar. De niño me leía todas las epopeyas escritas por los supuestos revolucionarios que le ganaron a los malos en la historia de Cuba y cuando le preguntaba a mi padre que hacía en esa época el me contestaba con tristeza que no había hecho nada. Me he quedado con el gesto de su cara para un día cuando me pregunten lo mismo a mí, habiendo tenido oportunidades de hacer algo por los míos decir exactamente lo mismo. No he hecho nada. Solo huí y me refugié en la fría y cómoda Europa. Por eso este invierno se me está haciendo eternamente largo.

sábado, 19 de marzo de 2011

Mi regalo por el día de los padres.

Paso 18 horas al día manejando, conduciendo. Este día trato de no pensar. Pensar puede doler. Por todas partes el mundo que me rodea me recuerda que hoy es un día de pensar en los papás. En la radio un pequeño dice que le regaló a su papá un vaso pintado por el, para poner lápices. Imagino que algo tan simple como eso puede ser el objeto mas valioso del mundo en su momento. Espero que el día pase pronto.
Por la televisión más de lo mismo, quizás el objetivo de impulsar al consumismo hace que esté también en todos los carteles y publicidades con las que me tropiece. El día no pasa, está detenido, tengo que concentrarme aunque por suerte hoy no hay casi tráfico.
Hasta que al final me dejo llevar. Tengo que pensar en mi papá.

¿Que le regalaría en un día como hoy? 
No me gustan las celebraciones, paso de ellas, se me olvidan, pero quizás los años y las horas a solas con el pensamiento me recalquen este tipo de cosas.

¿Que le regalaría?
Hay un autobús estacionado a la derecha de la calle por donde yo voy. Mi padre me dijo cuando me enseñó a manejar que apenas llegaba yo a los pedales de su Jeep Toyota del 1954, que cuando rebasara una guagua, parara, porque la gente suele bajarse de las guaguas y cruzar por delante de estas de pronto. Aminoré hasta parar, nadie salió pero si hubiera salido hubiera estado seguro porque mi padre me enseñó eso y yo le hago caso a veces.

Ese es su regalo.

Lo escucho y tomo todo lo bueno que me enseñó, lo pongo en práctica y me lleva por la vida con menos tropiezos de los que me tocarían. Llegando a la casa me acuerdo que tengo una carta de él que nunca he leído. No he tenido valor en diez años que llevo emigrado de abrirla. Me fui de Cuba sin despedirme. Mi pobre padre era un ciego defensor del sistema cubano, yo era el hijo maldito, terrible, contestón, zoquete, desafiante, disidente, contestatario, rebelde.

Traidor por abandonar Cuba.

Cuando enfermó pedí el permiso de entrada a Cuba ¡Si! para los que no lo sepan, yo cubano tenía que pedir un permiso de entrada a Cuba y pagarlo por supuesto. 4 meses tardó entre varias denegaciones hasta que mi padre un día caluroso de La Habana murió quejándose de frío. No llegué a tiempo, no lo pude ver para al menos decirle que me iba regularmente bien. Que aquí en España aunque era capitalista la gente no se moría en las calles por falta de atención médica como siempre me recalcaba. Que también había educación gratis y que la gente vivía de su trabajo. Que era un sitio donde se llevaba una vida normal y tantas cosas que contarle. Tenía cientos de periódicos españoles para leerle las cosas de aquí, pero no llegué a tiempo. Mis amigos del barrio cargaron con el, lo llevaron por mi. Igor, Rivas...Gracias.

Y esa carta que no he abierto. La voy a abrir ahora pase lo que pase. Para bien o mal tengo que leer, oír sus palabras. Dígame lo que me diga. Así me insulte con sus párrafos políticos absurdos. La encontré, está guardada dentro de un libro, viene en un sobre de cartón donde mismo le pagaban su jubilación. Con su letra zurda pone de el y de mi madre pero esta carta la escribió solo él. es su letra, son sus palabras.

Querido hijo mío:
                                                                                Me siento orgulloso de tí.
Ya que se como te desenvuelve en tu nueva situación, se que estas trabajando duro y que el tiempo no te alcanza, estaré tranquilo porque se que tu tienes don de gente y eres como el "alka-seltser" que siempre cae bien pero con todo y eso quisiera tenerte aquí "coño" te extraño, extraño, extraño MUCHO.
¿Quien me arregla el reloj? (Está roto)
"            "             "      "      las cuchillas de afeitar.
¿con quien me peleo?
¿ "         "  aprendo de mecánica o me presta un libro?

Después sigo..........................



viernes, 11 de marzo de 2011

La historia de Kevin. (Documental reportaje 14 minutos).

Kevin es un pequeñin que viaja de Cuba a España para reunirse con sus padres que como miles de cubanos han emigrado para sacar a flote la familia a pesar de la separación y la distancia. Apenas se da cuenta que se aleja miles de kilómetros de su casa natal y quizás por siempre. Cuando llega a Madrid lo primero que pregunta es ¿Y mi abuela? pensando que solo había dado un paseo. Esta es una historia de reencuentro.

jueves, 3 de febrero de 2011

El abrazo de la tierra

Algunas islas se mueven solo con un abrazo. Algunas olas pretenden lograrlo, pero las olas empujan, no abrazan. Por eso la tierra tarda tantos años en moverse de donde está. Por las buenas nada.

Algunos pensamientos se mueven solo con un abrazo. Se repite la fórmula. Lo que pudo ser un día fatal, se torna en un acontecimiento colorido. Dos segundos antes y muchos meses después esa energía que llegó por sitios irreconocibles aún carga de lo acontecido. Va mas allá, se escapa. Es como el agua, o la sal, importan tanto pero pasan desapercibidas. Mucha gente tarda años en darse cuenta, otros no se dan cuenta nunca. Hay que detenerse, pararse. Usar la vista que quede, el olfato, el tacto y sentir ese abrazo de la tierra. Hay que detenerse, mirar como crece un árbol en cientos de años, mirarlo en un segundo. Mirar a través del concreto, de las obras del hombre tan aplaudidas por el mismo hombre. Hay un trocito de verde, de arena, de aire entre tanta arquitectura manual. Caminar por las rendijas, irse a vivir al musgo, reflejarse en una gota de agua, seguir a una hormiga.
No quiero que lo qué me rodea salga del sueño de nadie cuerdo, Los acristalados monumentos y las columnas romanas. No quiero que me rodee nada reciente.
Lo único reciente que me puede rodear son tus predios. Tus predios presentes y tan en contra de los míos. Tus predios artificiales y concretos, grises y agresivos. No me importa. Puedo respirar en ellos. Es una pena que entre eso vengan incorporadas las leyes humanas, que como los muros, se aplauden a si mismas pero no mejoran nada de la vida. Es una pena que seas de esta tierra y estés adaptada, integrada y más o menos feliz en ella. Que no disfrutes de la vida en tantos segundos que te quedan de un minuto. Pero es así, por eso me quedo a mirar de lejos y sin que sepas te abrazo. Te dejo toda mi energía dos segundos antes y muchos meses después para que te lleven por las aceras llenas de hollín. Puede que esté en la próxima esquina aplaudiendo un muro para hacerme visible, pero en realidad solo me reconocerás si encuentras en mis bolsillos unas pequeñas piedras redondas y gastadas de un río lejano. Detente, sigue un olor o un sonido. Déjate ser viva. Ya tendrás tiempo para hacer lo que se supone que debes hacer.

martes, 25 de enero de 2011

El delicado espacio de lo bello.

Pasan los días en que caminamos mirando al suelo sin saber siquiera que hay encima de la altura de nuestro insignificante ser. Esos días grises cuando piensas que no hay remedio contra nada y que los males son los dueños de todo. Esos días que no acabarán. Uno de esos días levantas la vista y ves que por encima de ti hay vida, y por delante. Que vendrán cosas buenas por leyes matemáticas de probabilidades y aleteos de mariposas en el otro lado del océano. Sabrás que todo lo que has pasado no ha sido más que una humilde enseñanza para que seas mejor persona en el futuro, más tolerante y más fuerte y sabrás también que olvidarás limpiamente como un corte de cuchillas estas malas memorias que hoy te abruman. Ya puestos. Comenzarás a caminar por el delicado espacio de lo bello. Por unas interminables curvas de lo querido que cargarán tú alma para la siguiente oleada de desdichas. Es un ciclo por desgracia. Como el verano y el invierno. Estamos condenados a los ciclos, pero por suerte, en esos escasos segundos de tu para nada eterna existencia vas a llegar. Vas a disfrutar del delicado espacio de lo bello.

martes, 28 de diciembre de 2010

La huida de Josef (Capitulo 47)

Habían pasado muchos años desde que Josef comenzara a intentar tener una vida normal. Muchas cosas lo habían movido a ese cambio tan drástico aunque no se podía negar a si mismo que lo estaba disfrutando. Había salido de pasar toda su vida metido en el mar, de que sus sonidos solo fueran el ruido de las olas al salir, al ruido de martillos y de motores de carros destrozados por el tiempo, sin mas transición que sus deseos por lograr cosas inmateriales como el amor de Sandra, aquella de la calle ocho que tan inalcanzable parecía. Todo lo que sucedió entre la historia anterior y esta, es digno de contar y será escrito en algún momento. Este salto era necesario, porque la memoria se va borrando.
La tierra le depara a los seres humanos reglas y leyes que no siempre son bienvenidas. Las leyes del “hombre blanco” a menudo hechas en beneficio de unos pocos que tienen poder sobre ellas, por lo general perjudican profundamente a las personas que tienen o desean tener su mundo propio, a comodidad o conveniencia para pasar por el breve estadío la vida lo mejor posible, disfrutando, por el duro trabajo claro está, esas pequeñas cosas que nos permiten este momento de estar en este sitio del cual como mismo hemos venido un día nos largaremos sin tiempo a decidir si se hizo algo bien.
Pues Josef fue victima de una de estas leyes, la del servicio militar obligatorio, largos años perdidos entre enseñanzas absurdas que solo servían para hacerle daño al resto de la humanidad. Hasta un día en que Josef se cansó y decidió huir. Esperaría los años necesarios para que eso cambiase. En este lapso pasaron tres infinitos años que repito, serán contados porque quizás merecen la pena.
Ya nos vamos de aquí. Lleguemos de una vez a la historia.
Josef había reunido todo el dinero posible de sus andanzas de hombre terrestre como “chapista y mecánico” y se había largado de madrugada para la carretera central de la isla de Cuba. Isla alargada hecha a propósito por lo que se que se encargara de la creación, para dar la sensación a sus isleños de que tenían que recorrer un gran país cuando era solo una lista de tierra en el medio de un mar azul y profundo como un abismo. Solo quedaba como todo en esa isla, dos opciones. Josef pensó que quizás quien hiciera esto, en este mismo momento en cualquier otro sitio del mundo tendría cuatro puntos cardinales para huir, el solo tenía dos. Este u Oeste. De nada serviría una brújula, tocando mar Josef sabría enseguida donde estaba según la hora del día. Viento del este por la derecha costa norte y al revés, costa sur. No había mas donde correr. Sin embargo, una vez terradentro, podía dar la sensación de que se estaba en tierra firme porque los ojos no alcanzaban a ver el inmenso azul donde había nacido.
¿Este u Oeste? Esa era prácticamente la cuestión. Al Oeste conocía casi todo. Sus incursiones pesqueras furtivas le habían hecho conocer esa parte de la isla casi a fondo literalmente hablando. Conocía por mar, cada peñasco de la costa, cada herradura, cada coral y por tierra cada camino o pueblo. Era un lugar insuperable en cuanto a hermosura en todos los sentidos de la vida. Gente tan buena, paisajes, fauna. Los amaneceres mas hermosos que recuerda los vio en Pinar del Río, pero quedaba mucha isla hacia el este, mucha isla que mirar, mas terreno donde buscar porque sabría que lo iban a ir a buscar a su casa, aquellos hombres con uniformes y valores en los hombros, mas importantes que el valor de la palabra o el razonamiento. ¡Este! Decidió en voz alta, había mucho que ver.
Huir estaba empezando a tener emociones positivas. Eso de no tener rumbo, ni orden, ni horario, le estaba llevando atrás cuando el único reloj que miraba en su vida era el de las mareas y el sol. Amanecer, meterse en el agua, atardecer, salir, marea alta, esperar y alimentarse, marea baja, entrar a toda velocidad para ahorrase los mínimos metros de inmersión que la naturaleza quitaba por unas horas.
En eso uno de los camiones de carga que iban al oriente del país paró por la posible ganancia de dinero que reportaba llevar junto a la carga a las personas que por una razón u otra decidieran viajar de esa forma por las carreteras. Josef se subió hábilmente escalando por las tablas de la parte trasera no sin antes pagar 15 pesos que era lo que normalmente cobraban los camioneros por esta peligrosa actividad. El aire frío de la madrugada le daba a toda velocidad en la cara, los demás pasajeros se arropaban con sabanas empercudidas de dormir en las calles, sacos y cuantas telas pudieran para protegerse del cortante viento de viajar a la intemperie, pero Josef estaba curado de ese frío. Supuestamente a esa hora el ya estaría metido en un mar más frío aun, con olas que destrozarían un barco si pudieran y que miraban impotentes como un pequeño e insignificante ser humano se escapaba de su furia con la habilidad de una copia de aletas de pez puesto en sus pies a manera de hombre sirena.
El camión llegó hasta Villa Clara, el amanecer de ese día no fue tan espectacular porque las nubes de un viento norte y frío se habían empecinado en no dejar ver el sol rojizo y bello de esa hora. No importaba, el ruido del motor, el aire y los chirridos de toda la carga mas el desvencijado camión era una buena banda sonora para pensar mucho, había mucho que pensar, de todo menos en el futuro. Más bien, había mucho que soñar y muchas emociones para jugar con ellas. Josef disfrutaba de las emociones siempre que se las provocara el mismo, no le gustaban las sorpresas, ni siquiera las buenas sorpresas.
Otro camión, esta vez con el piso lleno de petróleo así que había que ir de pie. Las horas pasaron y el frío se cambió por el terrible calor incinerante de un sol que se colaba entre las nubes para dar en el blanco, justo ahí donde quemaba y dolía. Las mujeres cubrían a los niños como podían con pañuelos gastados, transparentes, que se veían reflejos de algunos pedazos de hilos dorados que quizás alguna vez tuvieron. Los hombres por una curiosa costumbre machista no cedían sus sombreros a aquellas madres, era como si los sombreros amarillentos de yarey fueran parte de sus cráneos y pudieran morir al quitárselos. Josef tapó a una mujer que tenía dos niños, uno en cada brazo, con su abrigo verde lleno de manchones de salitre por todos lados y la mujer le agradeció con una mirada humilde de unos ojos vítreos por las adversidades que tenía que pasar en ese momento.
Otro camión… y otro. El día entero en las carreteras, se pasaba de frío a calor, de llano a montaña, de seco a selva. Josef no tenía idea de cuan larga era su isla porque las cifras nunca le dijeron mucho, lo estaba sintiendo, disfrutando en su propio cuerpo ahora mismo, hasta que llegó a Guantánamo, cuidad rara, de energías raras y apenas podía caminar porque los pies se le habían entumecido de tantas posiciones incomodas adoptadas en su mas reciente medio de transporte. Pero sabía que estaba lejos, muy lejos, todo lo lejos que se puede estar en la isola de Cuba e imaginaba que nadie le encontraría ahí.

martes, 26 de octubre de 2010

Josef despega hacia la "vida terrestre" (Capitulo 20)

((Quédome muriendo en el pasado, el presente ya se encarga de matarme por si mismo)).


Era un Fiat rojo en una de las lujosas casas de Miramar. Estaba bastante chapisteado y solo había que hacerle el piso. Josef le pidió por este trabajo 150 dólares y el señor aceptó sin miramientos. En tres días Josef ya casi había terminado ese trabajo tan simple y había cobrado incluso. El señor Martín, por ponerle un nombre, era chofer de los camiones cisternas de las gasolineras “Oro negro” y por eso nadaba en dinero porque trasegaba con combustible todo lo que quería, dinero que nadaba en sus bolsillos ante la imposibilidad de comprar, invertir, guardar o hacer cualquier cosa normal que se hace con los dineros en cualquier parte del mundo. En la mochila de Josef abundaban las botellas de ron que le regalaban cada día como era tradicional con los chapistas, solo que Josef no destapaba ni una, no le interesaba, además, un día por probar, intentó trabajar borracho como veía hacer a sus maestros y se llenó de quemaduras ante la imposibilidad de calcular donde caerían las chispas o la falta de reflejos para reaccionar ante las bolas de acero derretidas que se le venían encima. En escasos días había multiplicado sus habilidades por tres y se dio cuenta que estaba perdiendo el tiempo miserablemente con Fizz. El trabajar solo, era como conectarse a una maquinaria de adelantar lo que tenía que hacer, sin conversación, sin borracheras, con su propia organización. Todo marchaba como quizás en algún momento fue el oficio de la chapistería, limitado simplemente a arreglar la carrocería de un carro.
Al tercer día apareció Fizz con dos más de los del gremio de los chapas alcohólicos no anónimos y fingiendo tremenda tristeza se dirigió a Josef de una manera fría y algo amenazante.
Josef estaba soldando los últimos puntos de fijación de la chapa para terminar esa tarde y sentados en el muro le observaban como avanzaba a un ritmo automático y meticuloso.
-¡Ño tremendo cabrón que me ha salido el blanquito este caballeros!
Dijo Fizz en voz alta como para lograr el apoyo de toda la concurrencia que se entretenía viendo como Josef trabajaba en silencio o porque no tenían más nada que hacer.
-A este blanquito yo lo hice chapista y en cuanto pudo, me dejó embarcado. Y ahí está trabajando hasta con mis herramientas, por la espalda…
Uno de los compinches de Fizz decidió meter la pata, pero su cerebro embotado de alcohol no le dejaba generar más palabras que las únicas que se le conocían.
-¡Estas enmojonao blanquito!  ¡Nos has metío linea!
Josef siguió soldando con la mascara puesta, le molestaba muchísimo interrumpir un cordón de soldadura por cualquier tontería externa, además disfrutaba sobremanera viendo como el metal derretido se acomodaba a su antojo y quedaba casi como soldado por una maquina.
- Estas emojoneteao, enmojonaísimo, enmojoneteasimo…..
Iba a continuar diciendo variaciones de la única palabra que sabía decir cuando Josef tiró la mecha y se paró de una forma violenta que no era normal en el. Josef no era para nada violento a pesar de su entorno, disfrutaba cada segundo de paz y lograba estar en ella a toda costa.
Por eso que se dice que “huye de una persona pacifica cuando se violenta” los tres compinches reaccionaron tan rápido como gatos, retrocediendo varios pasos y desconcertados. Josef se acercó a Fizz y este pestañeaba continuamente esperando algún tipo de reacción agresiva como se acostumbraba en esas situaciones. Josef le dijo bajito a Fizz sin ningún tipo de expresión en la cara.
- ¿Cuanto dinero me debes Fizz?
Fiz intentó contar con los dedos pero Josef lo detuvo.
- Me quedo con las herramientas estas, “estamos echaos” frase que había oído decir cuando un negocio se cerraba correctamente entre beneficiarios. Usada para hacerse entender en el mismo lenguaje de la calle.
- Ta bien, estamos echaos – Contestó Fizz con alivio, dándose cuenta de que aquello no iba para peor y mirando de reojo a los compinches para no parecer cobarde.
- Estás superescontraenmojoneteao - seguía a lo lejos como rezando un mantra uno de los alcoholizados acompañantes.
Fizz se retiró cabizbajo y Josef se le quedó mirando en retirada. Fizz era un asco de persona, un despojo de la sociedad pero Josef le tenía cariño y agradecimiento. Tenía claro que no podría hacer ningún tipo de trato ni negocio con el nunca mas. Encomendaba al dios que fuera todas las pobres personas de esta tierra que hicieran negocios con Fizz. Por un momento pasaron por su mente aquellos primeros días en que a pesar de todos sus defectos lo adoptó como aprendiz y le dejó comenzar esa nueva vida para la que se estaba preparando. Ya tenía un oficio terrestre, ya había ganado su primer dinero sin intermediarios estafadores, Ya podía ir a ver a Sandra y decirle que quería luchar junto a ella. Esa era la mayor proposición de amor de la Cuba de aquellos tiempos, nada de te amo, ni me muero por ti, Quiero luchar contigo era la mayor demostración de entrega en un sitio donde no se vivía del trabajo ni de de la decencia o el conocimiento. Se vivía de la lucha diaria.
Josef le gritó a Fizz a lo lejos, le extendió una bolsa con todas las botellas de ron que le habían regalado. El sabía que para nada era un sano regalo a un hombre alcohólico pero se contentó al pensar que al menos bebería ron por unos días y no alcohol destilado de algún combustible o algún tipo de disolvente altamente nocivo que era lo que solían beber.
Fizz se arrodilló ante el Fiat de Martín y cogió una brocha con rapidez para pintar las soldaduras con pintura anticorrosiva como era el procedimiento, Josef se extrañó muchísimo de su reacción.
- ¿Qué haces compadre?
- Ayudándote mi hermanito – A josef le dieron ganas de llorar, sentía verdadera lástima por Fizz, se preguntaba constantemente como se puede llegar a ser así.
- Dale, arranca pal carajo “nos vemos en la carretera” – Fizz dejó la brocha ante la frase de Josef donde cortaba por lo sano cualquier tipo de relación comercial. Fizz dio las gracias varias veces, destapó una de las botellas y después de verter un poco al piso “para los santos” se dio un copioso trago. Se fue, no sin volverse de vez en cuando y sonriente decir adiós como un niño pequeño. Josef le deseó que cambiaran las cosas de su vida en silencio, que algo muy fuerte lo hiciera recuperarse, cambiar, pero no, nada en esta dimensión iba a tener tanta fuerza como para cambiar a Fizz y de esto se sabrá mas adelante.
Como el FIAT de Martín
Josef terminó el fiat y le pagaron 250 dólares con la alegría de haber encontrado a un chapista que trabajaba en serio. A la media hora tenia más de 20 ofertas de trabajos en ese mismo barrio de Miramar, se corrió la voz. Había un chapista que no era borracho y trabajaba bien y rápido. El negocio terrestre crecía por segundos, Josef miraba con extrañeza como su vida se iba “normalizando”

martes, 22 de junio de 2010

Josef y La historia del descapotable. (Capitulo 19)

Quizás su costumbre de ver esas cosas insignificantes en las que que nadie gastaba su tiempo, era una de las causas que lo catalogaran como un tipo raro. Josef no miraba como pasaba el tiempo, se entretenía infructuosamente en esas cosas que nos pasan por delante de la vida como una pequeña hoja que cae o el sonido imperceptible de una ola especial que no iba a suceder en millones de años más. Josef por instinto se dio cuenta que los seres humanos somos testigos de cosas hermosas y gigantescas pero estamos tan ocupados mirando las nimiedades del día a día que no disfrutamos del poco tiempo que tenemos.
Por eso la gente lo veía raro, loco, o un poco retrasado. Josef no respondía a los estímulos normales de la avaricia o la ambición. Por eso también le tenía cariño a Fizz un sujeto que estafaba despiadadamente a quien se le cruzara en su camino, Josef le agradecía haberlo aceptado en su cerrado mundo alcohólico como un aprendiz avanzado. Y Fizz, por no se sabe que razones tenía a Josef por un hermano menor al que debía proteger y enseñar lo justo para que no le superase.

Esta parte de la historia es, bastantes capítulos por delante de donde la habíamos dejado. Es esa historia que está latente cuando pasa el tiempo arrasador de memorias y uno no quiere que se borre a toda costa. Hay que saltarse los tiempos y contarla porque corre el riesgo de ser pisoteada por la vida moderna y la genealogía del ser, que es lo que nos lleva a comportarnos como humanos y pisotear la hierba… y todo un planeta entero. Josef, aunque añoraba con todo su ser las azules aguas del bendecido mar costero habanero se había negado a si mismo la vida de pez y se esmeraba en vivir como un ser terrícola, humano como todos demás. A fuerza de tragar humo de chapas quemadas había aprendido a chapistear carros que era una cosa “terrenal”. Lo necesitaba más que nada por esos sueños extraños que le venían en todo momento de esos comportamientos humanos que consistían en tener pareja, en defender un territorio, en soñar con algo. En lo profundo de su ser extrañaba aquellos obscuros momentos en que no pensaba en nada, solo en llegar al día siguiente. Era una vida cavernícola, marítima que por peligrosa o repetida que fuera quizás en otro momento fue una buena vida.

El aire de salitre le llegaba siempre como recordatorio de antiguas pero efectivas opciones. Había que llegar, había que ser humano, terrestre, terrícola, ser como los demás. Se había comprado un carro convertible, inservible. Ese carro, habían dicho los expertos nunca caminaría. El motor estaba hecho piezas en el maletero, el dueño muerto sin ningún tipo de esperanza de poder arreglar aquella documentación pero Sandra dijo que ese era el coche, el de sus sueños, el que ella veía en el autocine de la “novia del mediodía” el de la costa, las tablas de surf, los sueños. Josef seguía inmensamente fiel aquella predicción porque sus sueños estaban puestos en Sandra y cada paso le acercaba a la vida real.

Al cabo de los años Josef logró arreglar ese Buick Special 52 con que el que quizás soñó alguien el día que lo sacó de una agencia de carros lujosos. Pero Sandra ya no estaba. Cosas de la vida. Las cosas buenas nunca se juntan, las malas si. Josef reunió toda la gasolina que pudo y se fue la “novia del mediodía” un cine, del que nuestros padres nos contaban historias. Las camareras en patines desde luego no existían pero en el pequeño mundo de Josef todo era posible. Con solo cerrar los ojos en la destruida pantalla, salió Humprey Bogart con su interminable cigarro. Y besó a Sandra como se besan a los sueños. Con esa suavidad terrible que va a arrasando la tierra por donde pasa. Ese beso que estremece, pero que despide.

No es el fin, se comentó a si mismo cuando se dio cuenta que el día estaba comenzando a desbaratar sus pensamientos. Ese frío que por suerte recuerda estar vivo a los que madrugan por las calles le daba a Josef infinitas caricias. Josef sintió ganas de mar… y de Sandra. Pero no estaban. Ninguno. Bienvenido al mundo real, se dijo a si mismo. Despierta. Nadie sabe el pasado que nos espera. Cuando miró los primeros rayos de sol el resto del mundo desapareció. Estar vivo era una especie de milagro de los días pares. El flamante y destruido Buick arrancó con su fuerza acostumbrada rompiendo cualquier poesía criminal disuelta en la atmosfera. Le llevó a casa. Quizás mañana, pensó Josef, todo será distinto. Lo que pasa es que para ese entonces, ya no seremos los mismos.


La historia del descapotable (Tarda unos segundos en reproducirse...)

viernes, 4 de junio de 2010

La despedida

Cuando grabé estas imágenes con mi obsoleta cámara de video, algo me decía que era una despedida. Así fué. Una vez que pisé la nueva tierra traté de olvidarme de aquella. Mas de diez años bastaron para demostrarme la imposibilidad de este hecho. Hoy, mas que nunca quiero recuperarla, no funcionó la coca-cola del olvido como muchos dicen. Esa tierra, esa azotea, esas calles me duelen cada día más como si de una enfermedad se tratase por eso no puedo dejarla atrás, ni quiero. Esa es mi tierra y tierra de todos los que la quieran. Por eso a veces mi cuerpo se pasa días sin alma por ahí, porque como esta puede ir a donde quiera, se pierde en los aires de estas imágenes sin fecha de caducidad ni fin de contrato.

El barrio increíble, en diez años no ha cambiado casi nada, exepto que todos los amigos se han ido a otros países y los edificios que se iban a caer ya se han caído, los niños han crecido y desde luego no saben quien soy a pesar de haberlos cargado en mis brazos y algunos haberlos enseñado a nadar y a pescar. Mi padre ya no está porque se quedó esperando un absurdo permiso para que yo pudiera entrar a Cuba de nuevo y se marchó para siempre mutilado por la espera y la injusticia. Se que voy a volver y ojala no sea tarde para recuperar esas familias de barrio,esas puertas abiertas y los niños jugando en todas las casas indistintamente. Esas tribus de pequeños y grandes en busca de aventuras pesqueras por el malecón y la costa de Miramar, la puntilla o el 1830. En el minuto 4:45 sale mi padre y varios niños del barrio, hoy hombres y mujeres que no saben de donde me han visto porque desaparecí un buen día como sus padres y hermanos mayores, a intentar olvidar a otro lado infructuosamente.

miércoles, 2 de junio de 2010

Josef y el próximo paso (Capitulo 18)

Los días transcurrían como si fuera un círculo infinito de monotonía. Para Josef, el sol salía y se ocultaba a una velocidad increíble. Cuando vino a darse cuenta ya habían pasado muchos meses desde que empezó en la ardua tarea de hacerse con un oficio terrestre que le permitiera subsistir sin el interminable peligro de las madrugadas en el mar. Aun seguía teniendo las pesadillas de las persecuciones de las autoridades y los decomisos de capturas y artes de pesca. Por suerte el día a día lo iba alejando de tan terribles momentos, aunque otros momentos tensos se acercaban. Cada vez que llegaba a casa tenía varias citaciones militares a las que nunca acudía. No se veía envuelto en algo relacionado con armas y mucho menos uniformes. Los vecinos contemporáneos habían desaparecido, muchos se habían ido a los Estados Unidos  y otros habíanse perdido en el mar. De esto no se hablaba, era algo común, aceptado. La muerte del “cilindro” le habían acelerado sus deseos de estar con los pies en la tierra, más ese tímido amor que había encontrado por la calle 8 de Miramar en una de sus tribulaciones marítimas de la playa de 12 por la cual pasaba todos los día en espera de un reencuentro. La ilusión iba cada día en aumento por lo nuevo y lo que le esperaba. Fizz, el a veces maestro de oficio y compañero de trabajo, iba degenerando en una persona alcohólica cada día mas irresponsable, en mas de una ocasión no le pagó a Josef lo convenido por su adicción, pero Josef no le guardaba rencor, se sentía pagado con lo que estaba haciendo y aprendiendo, solo que en cuanto se dio la oportunidad Josef despegó por su cuenta y el pobre Fizz se quedó tan solo como siempre había estado. Esa oportunidad llegaba en un día como hoy.

Como de costumbre Josef llegó a las nueve al sitio de trabajo. Era la casa de un médico bastante acomodado en el barrio de Miramar. El Moskovish que chapisteaban estaba tan podrido que hacía rato se había pasado de lo que Fizz llamaba presupuesto, presupuesto era ir pidiendo dinero a los dueños para supuestos materiales que después se gastaban en alcohol y algunas cosas mas sórdidas, para después decir que no había alcanzado y pedir más. Gracias a Fizz y a mucha gente como el, el gremio de los Chapistas-mecánicos gozaba de una terrible fama de alcohólicos y estafadores. Esto complacía a Josef en lo mas profundo de su ser porque entendió enseguida que era una desventaja que le permitiría  entrar en el negocio sin mucha competencia fuerte.
Ya hacía media hora que Josef cortaba plantillas de chapa y las doblaba para que estuvieran listas para la soldadura cuando se acercó un sujeto en una bicicleta, era un señor muy gordo, lleno de cadenas y anillos de oro que resoplaba el pedaleo como una tortura que se inflingía a si mismo por alguna mala acción. Chorros de sudor le corrían por la frente en lo que gritaba sin decir ni siquiera los buenos días.
-¡¡¡Chapa… chapaaaaa!!!
Josef no entendía todo aquel alboroto tan temprano, soltó las herramientas en el piso y fue a ver que sucedía, el extraño sujeto seguía con las extrañas palabras.
-¡¡Chapaaa…!!!
Cuando estuvo frente a él, el sudoroso y sofocado visitante le disparó las palabras.
-¡¡Chapa, cuanto me cobras por chapistearme mi carro!!
Josef comprendió que el era el “chapa” que el era un “chapa” el nombre que se le decía a los chapistas por aquel entonces, lleno de óxido, con las ropas roídas, heridas en las manos, era un típico chapa con todas las de la ley. Fizz no había llegado y este señor sin duda se dirigía a él.
-¡Dime cuanto!
-Tengo que verlo y saber que es lo que le quieres hacer – contestó Josef con aires de profesionalidad, como había visto a Fizz hablar con los clientes antes de que se sumergieran en un camino largo lleno de agónicas estafas.
-¡Ven ahora mismo, móntate en la parrilla!
Josef evitó reírse, se imaginaba que si esa persona apenas podía con su propio cuerpo como sería con él montado en la parrilla de aquella bicicleta rusa que entre óxidos se veía que alguna vez fue azul mate.
-No, dime la dirección y yo voy mas tarde
-Ta bien, dame un papelito.
Apuntó con toscas letras una dirección y se fue no sin antes impulsarse varias veces con los pies antes de pedalear como si fuera un niño pequeño en un velocípedo sin pedales. Josef se quedó mirando la dirección, era fácil de llegar y además cerca.

vehículo Moscovish ruso
Intentó volver al trabajo pero se había desmoralizado un poco. Fizz le debía mas de cuatro mil pesos cubanos y como 20 dólares entre trabajos realizados, acordados y nunca pagados. Al final él hacía el trabajo mas duro, cortar la chapa, hacer plantillas, doblar chapas, sacar golpes, lijar para pintar y Fizz solo soldaba un poco y pasaba tres horas bebiendo o vanagloriándose de cuan bueno era en esto y aquello. Josef consideró que ya sabía bastante como para arrancar solo, Fizz nunca le dejaba coger la soldadura pero como estaba ausente la mayor parte del tiempo Josef había vencido el miedo que siempre le habían metido en el cuerpo de que eso explotaba a la primera y además con los ruidos que hacía de vez en cuando era como para creérselo, había hecho pruebas en pedazos de chapas desechables. No le iba tan mal. La teoría aprendida le estaba viniendo como anillo al dedo y cada día agradecía también a aquel profesor de la escuela tecnológica Ciudad Libertad que amablemente dedicó su tiempo a enseñarle tan productivo oficio.
Fizz no era mala persona, pero el tiempo de estar con el ya había terminado. Si quería seguir adelante en su propósito debería saltar al próximo paso. Dejó de trabajar y siguió meditando como si se tratara de una estatua congelada en una acción. Saltar al próximo paso, esa era la cuestión. Era ya el mediodía y Fizz no llegaba. Sacó el papel con la dirección del nuevo trabajo y recogió algunas herramientas primordiales, un martillo, un par de tas, unas tijeras hojalateras y las mangueras del grupo de soldadura. Memorizó bien la dirección y se lanzó calle abajo en busca del avance, del próximo paso.

viernes, 7 de mayo de 2010

Sueños grises

Los sueños con La Habana suelen ser oscuros, la lejanía le quita el color a las imágenes de la memoria. Solo aquellas viejas grabaciones refrescan aquellos momentos que quizás fueron mejores. Lo malo que las grabaciones, como a la memoria también se le van los matices y las luces.

Vídeo realizado en el año 2000 y reeditado en el 2007.

Videos tu.tv

Déjame Habana….............


Se puede ver en HD en youtube

Como mismo escupiste mi cuerpo a un lugar diferente de la tierra
Como mismo te quedaste por la fuerza con mi alma
Como mismo te robaste todos aquellos sueños secretos
Ahora te ruego que me dejes, Habana.

Como siempre que me llenas las pupilas
Como siempre que las apagas con lágrimas
Como mismo las quemas con tristezas
Te pido que me dejes, Habana

Déjame estar sin mirar tus muros
Déjame no respirar tu atmosfera cansada
Aléjame de oler tu salitre lleno de porquería de la ciudad hundida
Solo te pido que me dejes, Habana.

Se que puedo morirme soñándote
Sin embargo no tengo el valor de ir a por tus besos
Como mismo me llevé mi cuerpo a tus espaldas
Como mismo te dejé mi alma, debajo de tu almohada.

Déjame por favor, Habana.

jueves, 6 de mayo de 2010

La triste historia que nos tocó vivir

Es imposible llevar las cosas de peor manera cuando no se tiene la razón. Por respeto a mis padres, sobre todo a mi padre que ya no está entre nosotros, defensor del sistema cubano a ultranza, cuando manifiesto alguna idea en contra, me queda un poco de cargo de conciencia de que lo estoy haciendo mal. En lo mas lejano de mi mente existe algo que me dice que ojala yo esté equivocado en mi forma de pensar y de hacer y que los que gobiernan en Cuba tienen la razón. Pero los hechos contundentes me van golpeando a cada segundo que llega una noticia de Cuba. Esa lejana idea de pensar que quizás el sistema cubano tenga algo de lógica o razón se despedaza con cada golpe o grito que le dan a las madres cubanas que exigen en silencio y a través de rezos y plegarias la libertad de unos hijos y esposos encarcelados solo por escribir o pensar. 

Con estos hechos, no queda ni remota posibilidad de aunque sea preguntar cuales son las razones, si lo que te van a responder está escrito desde los años 60´s y recalcado en las nuevas generaciones por la fuerza que, alejándose de cualquier tipo de pensamiento o sentimiento humano, son capaces de salir a las calles a maltratar a mujeres que piden por sus familias.

 Ya, el colmo de la ridiculez es el argumento de que somos (y digo somos porque lo soy) mercenarios de la CIA, de que nos pagan y esas estupideces. Desde luego que alguien gana mucho dinero con lo que pasa en Cuba y no soy yo. Sería muy extensa esta entrada si enumero las cuentas y los negocios estatales tomados como privados por los “revolucionarios” para embellecer sus arcas personales. Sería absurdo repetir como, los supuestos logros del comunismo cubano en realidad, son una enmascarada rigidez capitalista aun peor, porque no solo son los propietarios de todos los medios de producción sino que se enriquecen con ellos e inclusive ostentan la propiedad sobre las personas y todo lo que conlleva al restringir todas las libertades de movimiento y pensamiento dentro de la isla, que no sea repetir cotorróneamente* el discurso del dueño de la finca. 

De mas está decir que la tesis comprobada del socialismo cubano que es “repartir las riquezas” pero no crearlas no funciona en este mundo algebraico. Aunque también les faltó agregar que era “repartir las riquezas” pero entre los dueños solapados y camuflados de uniformes militares de altos grados, los mismos que comerciaron drogas con Pablo Escobar o que son capaces de obligar a esa parte descerebrada de la población humilde, a golpear personas por sus criterios, por el temor de hacerlo abiertamente como quisieran con tropas y policías debido a la experiencia acumulada con las demás dictaduras homólogas. En realidad, la dictadura cubana es una tesis de cómo hacer las cosas aprovechando ciertas comodidades geográficas. Entre ellas, que en Cuba no hay frío, porque si con una bajada de temperatura caribeña se mueren 22 pacientes de un hospital desprotegidos ¿que pasaría si existiera el crudo invierno norteño? ¿Qué pasaría si las tierras bondadosas de la isla no dieran esos boniatos que se compran en el mercado negro? ¿Qué pasaría si no hubiera una frontera custodiada por feroces tiburones y peores y violentos guardas? Desde luego que no existiera y esta desgracia es la suerte que la dictadura cubana no sirva de ejemplo para otros países que están tratando de adaptarla con ridículos resultados en todos los sentidos.

  Desde luego que nuestros líderes dictatoriales no son grandes creadores. Aprendieron y calcaron de las dictaduras anteriores y su poca creatividad le ha dado solo para pequeños matices cubanos. El resto es metodología de Hitler (literalmente en el caso de los actos de repudio actuales) Stalin en las fabricas de fusilamientos instaladas en unidades militares, la mas productiva de ellas bajo la tutela del “carnicero” Che Guevara, Pinochet (de él se tomaron las redadas policiales y los arrestos en masa de manera sorpresiva) y una lista interminable de peligrosas máquinas contrarias a la libertad y la vida. Cuba actualmente es un compendio de todos estos cánceres sociales que han ennegrecido la historia humana a través del tiempo de la existencia.
Fidel en uno de sus cursos acelerados de dictador junto al sanguinario Pinochet.

Una  de las cosas mas horrorizantes es como el resto de la población mundial, a falta de criterios o esperanzas deja sus sueños ya sea por la incultura, la falta de información o la testarudez en defender este sistema, que superando las dictaduras anteriores ha invertido mas de los recursos con los que pueden contar en pequeñas victorias pírricas al exportar fuerza de trabajo esclava como medio de pago en lo que los optimistas ven una hermosa labor de ayudas médicas, o militares en el caso de las ayudas al terrorismo mundial y la desestabilización de los gobiernos democráticos en muchos sitios del mundo que aunque no sean perfectos, están ahí por vías electorales y nunca de fuerza o imposición como es el caso de el paraíso de ETA, o en su momento Sendero Luminoso en La Habana.

No queda más que esperar que esto cambie y llorar por los que no lo vieron. Muchas personas desde sus sitios cómodos o protegidos son incapaces de tender una mano a los que dentro de Cuba agonizan en persecuciones injustas, encarcelamientos, torturas y exclusiones. Actualmente Cuba es el reino del racismo de todo tipo, el apartheid, las mafias militares y la desprotección social en todos los sentidos. En lo que yo escribo esto, centenares de asnos uniformados están golpeando personas inocentes porque no quieren callar, o están contando sus retribuciones y mirándose con recelo entre ellos porque saben que el día donde va a haber una estampida de inmoralidad va a llegar y tienen listos sus arsenales para ajusticiarse entre ellos por conseguir ya no logros o dineros, si no una minima supervivencia ante tanta ignominia de la que ellos tienen conocimiento y control.
Queda decir que siempre se puede hacer algo por los que sufren. Se puede firmar por la libertad de los presos políticos. Incluso es de gran ayuda leer, estudiar y comprender antes de apoyar algo que incluso te puede hacer daño a ti mismo. Da igual que seas de derechas o izquierdas, con que seas un ser humano ya vale. Si desde tu posición cualquiera que sea, defiendes la libertad, los derechos de pensamiento y expresión ya eres de los nuestros. Da igual quien te pague o si vives debajo de un puente. Si quieres libertad, eres una persona libre y los que tenemos vagas esperanzas en mejorar la vida, contamos con personas libres para la reconstrucción de nuestra ultrajada islita en medio del mar..

Aquí está esta canción dedicada a los verdaderos mercenarios cubanos.


cotorróneamente* Me acabo de inventar esta palabra. Repetir como una cotorra algo sin sentido, mecánicamente o por obligación