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miércoles, 21 de febrero de 2007
Vida anterior.
sábado, 10 de febrero de 2007
APNEA (Parte I y II)
Me empecé a hace preguntas. Una de ellas ¿Por qué me metería yo debajo del agua y dejaría de respirar?
(8 de Julio de 1989)
El sol no daba más de esplendor y luz. Esa luz que raja los colores en mil pedazos. Que solo echas en falta en los días grises y te acuerdas de cada una de sus tonalidades como si estuvieran grabadas en una cinta en el alma. La acera estaba caliente aunque nada que nuestros pies descalzos no soportaran. En la mente, aunque un poco tarde ya, que quedaran algunas chiquillas en el (Cristino Naranjo) y de ser posible alguna conocida. Habíamos terminado de pescar y vender pescado. Estábamos despiertos desde las 4:30 AM pero eso no importaba aunque mi paso era un poco tambaleante. Había que llegar. Una agradable conversación con una que estuviera bien linda ya sería un aliciente perfecto para ese día. De llegar a algo serio nada. No se porque no le gustábamos a ninguna. Bueno a decir verdad si sé. Éramos unos jeans recortados y desflecados andantes. Ni carné teníamos. No hacía falta para el lugar a donde íbamos. Escalar los muros del teatro Kars Marxs era cuestión de juego. Lo mejor era escapársele a las fauces del perro de pistolita una vez más. Le teníamos tan cogida la velocidad al perro que corríamos delante de el sin alejarnos pero sin que nos cogiera. Pistolita apenas nos gritaba todos los horrores que pasaban por su mente más que gastados y nosotros reíamos a más no poder. La segunda fase era brincar el muro del Cristino sin que el negrón que guardaba ahí nos viera. Tampoco había que esmerarse mucho. En caso de ser descubierto con lanzarse al agua era bastante. A veces nos sacaba también la pistola y le gritábamos de todo. Dicen las malas lenguas que a más de uno disparó aunque sin darle, yo creo que esa pistola no disparaba desde Girón por lo menos, se veía oxidada y pequeña en las manazas de gorila como le gritábamos. Al caminar hacia el centro del cristino, donde estaba la piscina artificial que no era más que un pedazo de mar cerrado con muros y yakis íbamos mirando el entorno. Numero uno: que no nos pillara ningún custodio o policía, numero dos: las niñas. Habían cientos, cada cual mas linda. Me preguntaba yo si la población de cuba estaba siendo enteramente femenina y me alegraba un montón. Pasando revista hasta que la mayoría de las veces conocíamos a una. Este día conocía a Yelaine. Era rubia y con eso bastaba. No habían rubias por esos tiempos y por supuesto al ser lo difícil era lo que mas me gustaba en esa época. La seguí con vista de águila. A lo lejos ella se metió en el agua, yo me metí también. Estaba sola. Buena razón para ir por debajo del agua y salir delante de ella con un ¡ay que casualidad! Darle un beso e intentar hablar con ella. Desde luego que era mejor en el agua. En tierra corría el riesgo de que se le ocurriera ir a una cafetería y yo no tenía ni un medio encima para invitarla, además se me iría la pestaza a pescado que de seguro traería encima y de paso pasaba desapercibido mi short de jeans cortado con un cuchillo de limpiar pescado mas desflecado que las barbas de un chino.
Cogí aire. Me metí impulsándome de las rocas que daban a mis pies. Nadé en su dirección pero los bolsillos del pantalón me frenaban como un paracaídas involuntario. Aun así aguanté todo lo que pude hasta que llegué a un estampado de flores que parecía ser su trusa. Me quedé un rato agarrado de una piedra del fondo planeando que decir. Di mil vueltas a la cabeza. Al final de cientos de conjeturas me quedé con la idea inicial, un ¡ay que casualidad!¡no sabia que venias aquí! Como un atleta profesional tomé posición con los dedos de los pies para afincarme y salir con energía igual que un pez. Contraje las piernas como un resorte y salté a la superficie. Ahí estaba Yelaine mirando. Se quedó como pasmada. En milésimas me di cuenta que había surtido un efecto genial el haber salido como un delfín. Me planté delante de ella y aunque casi me tuve que pegar en la cabeza para desbloquear el sistema del habla le dije a duras penas rompiendo el nudo de timidez de mi garganta ¡ah! ¿Vienes a este…..? Un manotazo me cruzó la cara al grito de ¡cochino! No me había dado cuenta. A pesar de mi experiencia marítima no caí en cuenta que cuando uno se acaba de meter en el agua se aflojan todas las mucosas y tienden a salir y mas si resoplas al llegar a la superficie después de un leve cambio de presión. Explicación mas que suficiente para decir que había salido en la cara de Yelaine con tremenda cara de cumpleaños y con una moquera que parecía una lata de pegamento de pegar zapatos virada en mi cara.
Amarga derrota antes de empezar el combate. Miré en derredor a ver si me habían visto. No. Por supuesto que no… se les había escapado ni un detalle a los de mi pandilla que se retorcían por el suelo de risa. A mi me dio mucha rabia. Sobre todo el bofetón. No tenía que ponerse así por unos míseros mocos. A cualquiera le pasaba. Unos simples mocos. Buenos unas simples libras de mocos. Anduve alejado por la orilla contraria un buen rato. Quería estar solo. Miraba con envidia a las parejas que se escondían entre los yakis y se daban todo tipo de caricias. Me miré las manos. Para tener 18 años ya estaban muy duras y cortadas. Llenas de pinchazos de espinas de pescado, de cortadas infectadas. No me imaginé acariciando a nadie así. Sería horrible. Creía en ese momento que el amor era para otras personas, no para mí. Y con ese gran todopoderoso haciéndome salir delante de la única rubia que conocía en mi vida con la cara llena de mocos no me convencía de lo contrario. Parece que había que resignarse. Había que resignarse.
Mis compañeros eran Hebert Chavez*, Gaby y Hiscler. Desde lejos vi como me llamaban y a regañadientes me junté a ellos de nuevo. Era que en la piscina estaban rifando un kake al que aguantara más la respiración. Nos acercamos no sin perder de vista a los policías y CVPS ya que estos como perros observaban a la gente como tratando de descubrir algo. Bueno estábamos metidos en la casa del ministerio del interior y eso estaba lleno de hijos de militares o militares mismos. Entramos a la piscina. Un tipo con aspecto de militar estupido con un micrófono en la mano hacía unas alocuciones patéticas tratando de animar aquello. La música, aunque salía de unos altavoces rajados por el uso, le daban una ambientillo de fiesta y el sol ya se estaba poniendo. Comenzaba la noche y eso era “la piscina” la actividad nocturna de borrachera y lanzarse con ropa al agua. El sujeto del micrófono ya tenía a tres reclutas consigo, sus pelados exquisitos me decían que deberían ser militares jóvenes de mi edad o hijos de ellos como ya mencioné antes. Uno le dio un beso a Yelaine y eso me reventó. La miré y me retorció los ojos en un como te atreves a mirarme. Faltaban mas para la competencia. Hiscler me empujó. Era un mulato fuerte. Al caer en el medio del ruedo el del micrófono me puso la mano encima diciendo que conmigo ya completaba el espectáculo. Me encabroné con Hiscler. Mentalmente le prometí una paliza de horas hasta que el más grande de sus pedazos fuera del tamaño de un chícharo. Vaya mierda de amigos que tengo, pensé constantemente, no les basta con reírse de mi desgracia, también me mandan al ridículo. Los muchachos se lanzaron a la piscina con marcialidad y estilo, yo me dejé caer como una bomba mojando a algunos que protestaron airadamente, el del micrófono que de ahora en adelante le llamaré el del reloj porque lucía un cronometro ruso plateado empezó con una cuenta atrás. Busqué a Yelaine con la vista. Lo mismo. Me miraba pero al yo mirarla me cruzaba los ojos. Me vi que iba a hacer el mayor ridículo de mi vida. Los otros hacían ejercicios de respiración. Yo pensando en mi vida de mierda, en mis amigos de mierda, en mi short recortado y los flecos. El escándalo y la euforia general era impresionante. La cuenta atrás ya iba por tres. Empecé a calmarme. El agua estaba tibia y el olor a cerveza era muy agradable. Vi como ultima cosa antes de sumergirme a los mierdas de mis amigos dándome ánimos a gritos que ya no oía. Me fui metiendo ¡cero! Gritó el del reloj.
APNEA II
Cada uno se agarró de los escalones como pudo para mantenerse sumergido. Aun debajo del aguas se sentía el escándalo reinante en el exterior y los gritos de toda la gente como si lo que estuvieran presenciando fuera una pelea de perros. Traté de relajarme. Ya que iba a hacer el ridículo al menos no saldría el primero. Debía pensar en otra cosa, pero la imagen de Yelaine dándome un sonoro tortazo en toda cara y de los bichos amigos burlándose me venía como una pesadilla. Debo pensar en algo bueno, me dije una y otra vez hasta que enganche el primer canal. Ahí me refugié por un rato.
Una bicicleta. Quizás si reunía algo de dinero pronto podría tener una bicicleta. Pero una 28 rusa, de freno de pedal no de esas chinas raras que se ven por ahí de vez en cuando llenas de letras chinas y que no corren na. Con una bicicleta podría llevar a Yelaine por todo el malecón en la parrilla y quien sabe, algún que otro viajecito a playas del este. Aayy ¿como seria con Yelaine en playas del este? La abrazaría metidos en la playa por mucho rato, sin besarla ni nada. Ni nada ni nada solo abrazarla para demostrarle que la quiero y que…que me gusta abrazar. Incluso podría tener dinero para ir a comer pizza a 23 y 12 a Cinecittá. Ver atardecer en el malecón. Sería cuestión de ahorrar un poco y no gastarme el dinero en equipos de buceo que era algo prohibitivo como bien decía mi padre – este muchacho inventando gana más que yo trabajando- pero la escuela era un problema, una perdida de tiempo. El que inventó la escuela era un criminal. Se me subió un poco los latidos del corazón cuando volví a la realidad. Un estridente silbido marcaba el primer minuto. El pitazo ininterrumpido de un silbato de estos de policía que tenía una bolita adentro que no había uno que me cayera en las manos y yo no se la sacara, me trajo de nuevo de mis agradables sueños y uno de los muchachos salió desesperado por coger aire. Al menos ya no era yo el primero pero me sentía amplio. Además. El panorama que había afuera era como para ahogarse en la piscina con gusto y no salir más a la cruel realidad de un amor agresivo por unos simples mocos y unos amigos traidores. Seguí escapando de lo mío y el murmullo histérico de lo que sería un buen escándalo competitivo se fue alejando de nuevo. Me quedé solo. Solo en el mundo. Pensé en el azul del mar. En como mi padre se le había ocurrido decirle al buzo de su trabajo que ni se le ocurriera enseñarme a bucear. Como este me daba rodeos para escaparse de tal compromiso y al enterarse mi padre de que ya yo estaba buceando sin ningún tipo de conocimiento por pura cabezonería, además con unos equipos destrozados. Fue en busca de el y le pidió a gritos que me enseñara bien. Emilio, no entendió nada, que así se llama mi primer maestro pero me enseñó todo lo que pudo, todo lo que me sirvió para llegar vivo hasta el sol de hoy. ¡Pitido otra vez! Cada vez que sonaba me traía de vuelta de manera brusca y estridente. Había salido otro de los muchachos y minuto dos. Miré y solo alcancé a ver como sus pies subían por la escalera. Tengo que irme, tengo que irme. Pensaba pero tratando de no desesperarme. Me fui otra vez. Los delfines que vi en el mar eran hermosos. Como saben que uno es humano y se le acercan no se. Pero cada vez que estaba pescando y venían delfines yo empezaba a llorar. Es como ver ese familiar que se fue a través de un cristal. Ellos me hablaban con sus ruidos pero pobre de mi yo no entendía nada. Pobre de los humanos, pensaran ellos. Era curioso como en la inmensidad azul aparecían y desaparecían sin dejar rastro ni hacer ruido. Los delfines son la gente más hermosa que puebla este planeta. A ver, si yo hubiese llegado con Yelaine a la playa y después de estar un buen rato abrazados le digo serio ¿quieres ver un delfín? Y a un gesto de mi mano salta uno ya sería el bombazo, la mato a mis pies y después soy capaz hasta aunque me duela de darle el bate, de dejarla, decirle que no me gustó el galletazo del Cristino, que eso le había quedado feísimo pero pondría en la historia que me dio un galletazo porque se asustó al verme llegar de manera violenta, la parte de los mocos la borraría.
Tres minutos. Todavía quedaba uno de los chicos en la piscina pero mi sensación de seguridad me hacia confiarme en que aquello no había acabado. Por momentos al venir a la realidad se escuchaba el escándalo de todas las personas que gritaban. Que pena que no se podía apostar. Hubiera puesto más salsa al espectáculo. El aire empezó a escasear. Cometí el error de mirar a mi contrincante y este me estaba mirando. Al desconcentrarme el corazón aceleró como un motor y como un motor consumió de un trago las ultimas reservas de oxigeno. Me empecé a sentir mal. Traté de escaparme una y otra vez pero ya había caído en las garras de la ansiedad. La ansiedad es una esposa fiel que cuando llega a casa se queda contigo y no te suelta ni un momento, te muerde, te mima aunque tu no quieras. Aunque sientas que te estas asfixiando con ella a tu lado. Pensé en delfines, se me convertían en tiburones. Pensé en yelaine, veía el galletazo más otros de postre. Pensé en la bicicleta, me vinieron los meses o años que debería reunir para comprar una en 500 pesos. Pensé en la vida, me vi en esa piscina huyendo del mundo, queriéndome ahogar con tal de no salir en la derrota. Pensé en mis padres impotentes viendo como mi educación se convertía en ser un pescador más de los que mi padre siempre había pedido no tener. Que fuera pintor quería el pobre. Pensé en el Cristino, me vino a la mente que el perro de pistolita me estaba esperando afuera de la piscina e imaginé vivir metido dentro del agua por meses o años. Como se estrujaría la piel, como tomaría solo de esta agua salada que me estaba asqueando. El militar o lo que fuera no paraba de gritar, la gente no paraba de gritar y yo no podía largarme. Si viniera un helicóptero y me sacara de aire de ahí sin verle la cara a nadie y mucho menos a Yelaine, si se le fuera el agua a la piscina y yo me fuera por el tragante ¡CUATRO MINUTOS! El otro muchacho seguía ahí y además ni siquiera se movía. Ya me estaba molestando y eso es fatal para aguantar la respiración. Bueno, parece que no iba a ganar ¿de donde habrían sacado a alguien que aguantara cuatro minutos? Eso se veía poco, a no ser que fuera pescador. Cuatro con cinco, cuatro con diez. La euforia era terrible. El escándalo a más no poder. Ya se había hecho de noche porque las luces que alumbraban la piscina entraban como rayos. Se oía a algunos desquiciados ya dando golpes en el agua con la palma de la mano y esto también me molestaba. A decir verdad, había llegado ese punto en que todo me molestaba y hacía que mi corazón cogiera bocanadas de la gastada reserva de aire para repartirlo por todo el cuerpo como si fuera un día normal. Nunca había reparado en el tiempo que aguantaba sin respirar. Los años de pescar submarino parece que habían servido de algo pero como no tenía reloj no sabía cuanto era y ahora iba con cuatro minutos con quince. El otro empezó a estremecerse, a convulsionar. Se tiraron varias personas a la piscina y lo sacaron en brazos. Yo me calmé un poco al saber que había ganado y de chulo me quede unos diez segundos mas hasta que me sacaron por la fuerza. Hubiera querido ser sordo pero era el ganador y tuve que oír todo el escándalo hasta que me dieron mi kake. Busqué a Yelaine entre el publico hasta que di con ella, ahora me sonreía, pero además ella y sus amigas. Y mis tres mal amigos haciendo ver constantemente que andaban conmigo y sacándole conversación a todas las que podían. De paso, se comieron el kake. Yo no tenía ganas de comer. Cuando les pregunté tan tranquilos me dijeron. Acuérdate que somos colados y tenemos que irnos nadando ¿Qué querías que hiciéramos?¿que saliéramos con el kake por la puerta? Terminamos el día con el chiste del programa para bailar ¡¡¡QUE VOLÁ CON MI KAKE????? Y me fui nadando no sin antes saberme el teléfono de la casa de Yelaine que vivía en nuevo vedado por atrás del cementerio de los chinos. Con Yelaine hubo mas historias raras. Pero ya las contare en otra ocasión. Averiguamos que ese tipo de competencia la hacían los jueves y quedamos para el próximo. A comernos otro Kake.
sábado, 3 de febrero de 2007
sin ton ni son
Me da igual se está convirtiendo en una de mis frases favoritas, creo que hoy la dije un par de veces y en días atrás también. Me da igual cuantas veces lo dije. Hoy es viernes. No salgo a la calle. Cada día estoy mas vago al punto que me cuesta calentar comida y me como unas salchichas sacadas de un nylon directamente del refrigerador. Si vengo a leer mis libros de video, edición y no paro de soñar. Parece que eso es lo que me consume energías, o no las tengo o no las tuve nunca. Me da igual. Estoy pensando en irme otra vez. Quizás a Canarias. Siempre he soñado vivir ahí. Con el sonido de Regina Spektor de fondo miro mis vídeos filmados en canarias la última vez que fui. Es un sueño. Mucha gente las aborrece – no son mas que piedras y desierto – Pero aun conservo la sensación de caminar descalzo por arena del Sahara depositada caprichosamente formando montañas infinitas y ese viento que invita a la vela todo el santo día. ¿Qué hago Regina?
Le comenté a los compañeros de mi y trabajo y me miraron como un loco. ¿Como te vas a ir? ¿Donde te vas a quedar? La respuesta salió automáticamente. Me da igual. Cuando llegué aquí tenía un dólar en la cartera y muchos deseos de trabajar. Días después tenía tres porque un amigo me regaló un billete de dos dólares de esos que ya no hay. Recuerdo que lavé carros, después trabajé como chapista, mecánico, soldador, chofer hasta que terminé en esto de la informática. Pero no se que pasa. Nunca me sentí de Madrid. Debe ser porque no tiene mar. Cuando anduve viajando por toda España viendo las ciudades de costa tampoco ninguna me invitó a quedarme. Debe ser que cuando miraba al infinito azul me pesaba tanta tierra en las espaldas, tanta tierra firme duele, aplasta. Soy un isleño enfermizo. Soy tan pequeño en el mapa que no siento mis manos ni mi aliento. Estoy perdido como aguja en un pajar en un continente millonario. Sin embargo en las islas se siente que el viento de mar te atraviesa sin preguntar nada. Para algunos la sensación de encierro que da estar rodeado de mar, para mi es de libertad. En el mar no suelen haber barreras, al menos visibles. En el mar apenas construyen rascacielos o hay obras de años y años que te obligan a respirar cemento como si fuera la sal de la vida. En el mar al menos en estos siglos últimos y quizás otro mas que venga, ¡Ja! La vida es más sabrosa.
No se si tengo manía de empezar de nuevo o si es alguna patología. Al final aquí no me falta de casi nada, salvo aguantar algunas pesadeces diarias en mi trabajo todo va relativamente bien. Vivo con mis mejores amigos que hacen a la vez de familia y es bueno cuando llegas tarde que alguien te pregunte si todo va bien, eso esta resuelto. Y no todo el mundo lo tiene ahora mismo. Uno de los problemas que me veo es que estoy acostumbrándome y disfrutando ver la vida desde lejos. Prefiero mirar a la gente que conocerla. Prefiero imaginar historias que saberlas. Me encanta ir en el metro y mirar a alguien e inventarme su modo de vida con tan solo mirarle los zapatos que lleva o como lleva fruncido el ceño. Me gusta enamorarme de las muchachas que se cruzan en mi camino de lejos y vivir una vida entera en cuestiones de segundos que dura el tiempo en que me pasan por al lado. A veces me falta tiempo y hago algo raro y anormal en Europa. Me paro, me viro y me quedo soñando e inventando vidas. La gente tropieza conmigo, maldice, incluso a veces solapadamente me empujan pero yo en ese momento estoy viviendo y el resto de la humanidad, corriendo. Supuestamente esto iba a ser un comentario a un vídeo de canarias que voy a subir pero he perdido el hilo. No lo voy a recuperar. Me da igual. No se como empecé ni por donde iba. Parece que estoy tocado. Mi compañero me lo dijo con las palabras más sabias del mundo. Tienes menos memoria que un pescado frito.
viernes, 26 de enero de 2007
PUERTAS ó Pesadillas de invierno.
miércoles, 17 de enero de 2007
Cuento basado en un sueño.
- ¡me caguendiez! No pude ver la estrella, ahora tendré que esperar a que el sol asome para poder ver donde está el este y seguir mi rumbo al sur, al sur debe estar Cuba, pues se supone que yo salí de la costa norte de la habana por el malecón no? Solo que desde que toqué el agua se desaparecieron todas las costas y el agua no ha dejado de darme por la rodilla desde hace días. Yo no caminé al norte ni al este ni al oeste yo solo me tiré al agua para bañarme un poco como cada día y cuando me viré no vi mas tierra. He perdido la cuenta de cuantos días llevo caminando. Yo no quería irme, ni a Miami ni a México ni a ningún cabrón país yo solo quiero llegar a mi casa ¡donde esta mi casa!
La voz no fue escuchada casi ni por el mismo. Se perdía entre el ruido de las pequeñas olas y la brisa del amanecer sin penas ni glorias contradiciendo aquello de que nada esta oculto entre cielo y tierra, debió ser por que en este caso había cambiado el segundo elemento. Cuando cayó en cuenta de que gritar no le iba a resolver nada reparó en que sus pies ya llevaban rato caminando como si un sistema independiente del cerebro les obligara a caminar sin parar con una perfecta cadencia mecánica que asemejaba una gran maquinaria bípeda, se sonrió un poco al pensar que el no era más que un muñeco accionado por un dueño que ahora le apetecía tan solo verlo caminar y caminar sin parar, pero el dueño ¿Quién sería? -¿dios?- dijo en voz baja pero subió el tono violentamente -¡me cago en dios! ¿Porque estoy aquí?¡¡que pasa!!- se acordó de un pasaje de la odisea y se sintió Ulises regresando o buscando su casa, alzó los brazos y grito otra vez al viento - ¡no te necesito dios, me cago en ti! ¿Me oístes?, bueno… Ulises no dijo lo segundo- sonrió como quien acaba de hacer una maldad pero la sonrisa pronto se convirtió en una expresión de miedo -¿y si dios existe? ¿Y si me esta mirando? Creo que no es buen momento para burlarse de dios, pero igual, no puedo estar peor- miró en la superficie los restos podridos de un pez que era devorado por otros pequeños peces –coñó- meditó sobre la cuestión – si puedo estar peor. Bien peor. A decir verdad hasta ahora no me ha pasado nada realmente malo- miró al cielo otra vez y ya la luz le molestaba, solo se oía el ruido de sus piernas mecánicas abriendo el agua a cada paso.
-dios - dijo como humillado – perdóname ý si estás ahí y sácame de esto ¡si no quieres que te……!¡no!...Fue un chiste y a mi me da gracia, yo creo en ti dios pero imagínate, soy cubano, no puedo dejar de blasfemar y burlarme de todo ¿tu nos entiendes verdad ¿o será por eso que nos llevas como nos llevas? No creo, en el fondo tu también eres bueno aunque a veces seas un poco HP, dios aprieta pero no ahoga – se rió a carcajadas desencajándose a si mismo como un muñeco de resortes- ¡¡pero como aprietas cojones!!- volvió a mirarse los pies, ahí estaban un paso tras otro un paso tras otro con una cadencia perfecta –como una maquina- pensó –no fallan, un dos, un dos, un dos un…..coñó que hambre…pero no voy a parar, al mediodía almuerzo, tengo que abrirle otro hueco al cinto, menos mal que es de tela, la cosa no esta tan jodía chico, está negra pero no está tan jodía- decía esto y se reía para si un poco, un pensamiento lo tranquilizó a pesar de llevar muchas horas caminando-
- al menos me río.
II
Ya el sol estaba casi encima del todo. El mediodía era la hora de parar por dos cosas, el temor a perderse al no saber con el sol en la cabeza adonde quedaban los puntos cardinales y porque era la hora de pescar y tomar agua. Repitió la misma operación aprendida días atrás por la necesidad de sobrevivir. Pidió a todo lo que existiera encontrar tierra aunque fuera una isla desierta para dormir seco aunque sea una vez y miró alrededor, cosa que apenas hacía, porque se pasaba los días enteros caminando y mirando la maquinaria de sus pies como hacían su función ininterrumpidamente, deseando cuando levantara la cabeza ver el mismo punto donde había partido que era la playita de la calle 16 en el Vedado al lado del castillo de la chorrera en el malecón Habanero o al menos una vulgar roca sobresaliente donde dormir y seguir al otro día su camino. Se preguntaba a si mismo si encontrase una roca, si al siguiente día la dejaría o se quedaría por el miedo al infinito para siempre castigado en ese pedazo de tierra –creo que si- se contestó a si mismo. La convicción de llegar a algún lugar más fuerte que un pedazo de piedra en medio del mar aun la tenía clara aunque había que llegar a ver dado el momento que se hacía en realidad. A lo lejos se oían de vez en cuando unos chapoteos inmensos como si fueran grandes peces revolviendo el agua -¿serán tiburones?...ni pensar en eso… mejor pienso en otra cosa, esto no es un pensamiento apropiado para esta situación- sonrió un poco pero sus cejas dejaron advertir el miedo - a la la la la- tarareo como para romper la imagen de la película vista años atrás en que un tiburón casi se come un barco, terminó el recorrido visual y al no ver tierra alguna ni indicios de ella si se desaparecieron un poco las ideas anteriores y dio paso a la desesperación. El corazón empezó a latir de una forma incomoda y todas las quemaduras a arder, la garganta a secarse – no hay tierra, ¡no hay tierra!- como si su propio pensamiento fuera enormemente sádico y disfrutara con ello, como si el cerebro lo castigara por un simple baño en la costa habanera.
No hay tierra, decía sacando del nylon 2 platos plásticos, algunos hilos y un pedazo de rama de un árbol encontrada como todas sus pertenencias flotando en el infinito a la deriva. Puso manos a la obra a la tarea de todos los días de con el palo romper algunos erizos que metía dentro de la bolsa de nylon y hundirla hasta que se llenaba de agua. Entonces por su transparencia se desaparecía de la vista. Los peces atraídos por el olor de los erizos mutilados entraban en la bolsa y eran atrapados con manos cruelmente hambrientas que les daban muerte en poco tiempo. Ninguno era mayor de tamaño que un dedo anular pero con varios de estos ya tenía para todo el día. El sabor amargo de su carne ya estaba empezando a parecer agradable incluso se aventuraba con algunas vísceras a ver si se le cambiaba el sabor de alguna manera. Después en lo que engullía los peces con la misma bolsa de nylon extendida sobre la superficie del agua con tanto sol se evaporaba una pequeña parte que recogida hábilmente con el plato servía de ayuda para no morir de sed ese día. En los primeros momentos intentó tomar agua salada pero le provocó trastornos tan graves que estaba decidido a morir si no encontraba la forma de conseguir agua que al menos no tuviera tantas sales. No se podía evitar hacer comparaciones con los primeros días y ahora, a no ser que hubiera una tormenta o perdiera sus pertenencias todo estaba bajo control. El agua, la comida aunque justa y escasa estaba en sus manos, dormir también, las cosas básicas así que por segundos hasta se consideraba afortunado pero estos estados de ánimos eran como las pequeñas y aburridas olas que iban y venían, un rato bien y otro rato dejado a la histeria, los gritos y el desespero. Por suerte los pies estaban bien. Se preguntaba curiosamente quien en la tierra se preguntaba y agradecía que sus pies estuvieran bien. A el no le interesaba la bolsa de wall street ni el football ingles, solo quería y codiciaba que sus pies no le fallaran, y lo otro que no estaba en sus manos que era llegar.
III
Anduvo unos diez o doce días por su cuenta mental, o peor, no lo tenía claro, de hecho no tenía donde llegar ni sabía si iba a llegar a algún lugar en algún momento de si rara vida. Ya había aprendido que peces eran más deliciosos que otros a la hora de comer, incluso el grado de especialización en la pesca ya le permitía escoger la especie deseada y algunos habían sido bautizados como pez verde, el gordo, el rayado, el preso. Un día llegó a un lugar arenoso y gozó inmensamente quitándose los zapatos y restregando los pies en la arena a manera de un masaje que recuerda como las sensaciones más ricas de su vida. A veces tropezaba y caía de cara al agua y se dejaba caer o flotaba como un madero con intención de que una corriente lo llevara a algún lado pero era inexistente. Su única responsabilidad era no volver sobre sus pasos. Aunque tantos días sin encontrar tierra le hacían dudar de si había cogido el camino correcto desde un principio. Ya no podía volverse atrás. Volverse atrás era garantizar esos doce o diez días que tenía en mente de camino perdido, como una esperanza perdida aunque a veces entraba en violentas discusiones consigo mismo. Se odiaba por haberse tirado al mar ese día raro. Tampoco pasaba ningún avión ni barco ni nada que le pareciese humano excepto alguna botella mohosa o algún pedazo de plástico. De pronto cayó en cuenta que extrañaba el fuego. Aunque en el país que vivía la mayoría del tiempo uno se ahogaba de calor, ahora un buen fuego seria bienvenido. Recordaba que en algunas casas de Cuba que había visitado, a manera de decoración u ostentación había estufas de leña empotradas a la pared como mismo se pudieran encontrar en Alemania o Suecia. Ahora no se burlaría, a pesar del calor encendería un buen fuego y respiraría un aire caliente desecho de humedad que seria muy bienvenido. Cada vez que veía una mancha blanca en el fondo era lo que el llamaba un arenazo. Momento de quitarse los zapatos y remover la arena con los pies, dulce masaje a sus maquinarias. Los zapatos ya estaban del color que alguna vez fue la piel sintética. -Menos mal que me tiré al agua con ellos por los erizos- pensó. Después de disfrutar un poco en cada arenazo seguía la maquina un paso, dos, un paso, dos, un paso, dos. Sin parar, sin fallar. Aprendió también que si ponía las manos sobre sus cejas a manera de visera y metía un poco la cabeza en el agua casi veía como si tuviese una careta, así pudo detectar donde pudiera haber langostas, cangrejos y pulpos y variar su dieta. Estos últimos eran durísimos e insaboros pero le mantenían mascando un buen rato como si fuera un chiclet y era un buen entretenimiento. Por las noches seguían esos ruidos de peces grandes que asustaban y apenas le dejaban dormir, no quería preguntarse que eran, se lo tenia prohibido a si mismo. Los amaneceres empezaron a ser hermosos, cada día más hermosos. Se detenía a mirar cada rayo, a contar los matices de colores. Nunca había reparado en que un amanecer o atardecer puede tener cientos de colores hasta donde podía contar. El mar se hacia una fiesta de ellos rojos, violetas, anaranjados, azules de todos los matices le hacían mirar por horas y esperar cada día que el sol se escondiera o saliera para disfrutar como cuando se sentaba a mirar la mejor de las películas en un cine, cosa que no echaba de menos, no extrañaba la ciudad, ni la gente, ni los carros, ni el ruido. Cada día su posición era mas sublime en cuanto a tranquilidad. Cada día había más belleza en su desgracia. Más dejadez por las metas o el futuro. Llegó un momento en que dejó de querer encontrar la tierra. Dormir en el mar era la mejor forma de dormir que pudiera experimentar ser humano alguno, tanta paz, tanta ausencia de problemas, todo resuelto, ya sin miedos, sin metas. Dejó de caminar del todo. Estuvo un par de días en el arenazo. Su pequeño pedazo de cuerda le sirvió para atarse un tobillo a una piedra así la corriente de la noche no lo movería de ese rico arenazo abundante de peces y amaneceres.
Esa noche se durmió en paz por primera vez en toda esta epopeya. Soñó con los amaneceres más lindos del mundo. Tuvo también un sueño erótico con sirenas que hacía tiempo estaban haciendo lugar en su imaginación. Estas, a pesar de tener cola de pez sucumbían a caricias terrenales y se convertían en hermosas mujeres con deseos de amor y abrazos, sus cuerpos eran calientes, dóciles y fuertes a la vez, además murmuraban cosas en el más antiguo de los idiomas con una dulzura que no competía ni los colores del mundo ni las riquezas. Su pelo enredado en algas lo arropaba como una manta caliente llena de vida y tenían un olor a mar, a muerte, a lino y a podredumbre que le excitaba hasta el ultimo poro. Se pasó la noche entera haciendo el amor ferozmente con todas las que venían en su camino y sus pies no le fallaban en caminar para buscar otra y otra. En el sueño por momentos descubría ricas islas llenas de árboles y riachuelos dulces alrededor de su camino pero no abandonaba el mar ni sus sirenas. Ni por un segundo pensaría para el resto de sus días salir de esa cristalina agua que le susurraba poder y vida. Más nunca pensó ni con todos los continentes que se cruzaran en su camino volver a la tierra, a los amaneceres polucionados, al ruido y la sequedad. A pedir limosna, a pedir permiso, a trabajar. Sus riquezas, el saco, el plato y la cuerda lo era todo. Empezó el frío, señal de amanecer. Se despertó con la excitación de todos los días. Se arrodilló en la arena y se enjuagó la boca con sorbos de tibia agua de mar de amanecer. Al pararse adonde el sol asomaba gritó con los brazos abiertos en forma de cruz.
¡quiero vivir aquí!
Le dio olor a humo. Básicamente a humo de escape de carros. Un ruido horrible perforó sus oídos. Si, estaba amaneciendo. Pero al otear el horizonte como cada día solo vio edificios, gente yendo para el trabajo. Carros pitando, humos, maltratos. El agua le seguía llegando por la cintura pero nadie reparó en ese hombre que a las seis de la mañana salía del agua de la orilla del malecón. Pudiera haber sido cualquier pescador. Se sentó en lo más alto del muro y un pobre amanecer encarbonado se presentó ante sus ojos. Apenas podía caminar, se sentía pesado y las máquinas de sus pies le dolían mucho. Pasó un día llorando, y dos, y tres. Al cuarto con su bolsa plástica atrapó unos peces y los comió como de costumbre. Varias personas intentaron sacarlo del mar pero no lo lograron. Era más hábil que un pez y dándose cuenta de esto empezó a alejarse de la orilla, pero en horas y horas nadando no logró dejar de ver los edificios. Además ya no caminaba, nadaba porque el mar estaba negro de profundo. Bajó sin apenas coger aire para intentar coger fondo, se le acababa pero seguía para abajo. Nadie lo echó en falta. Unas sirenas vinieron a buscarle. No volvió más. Y mucho menos se preguntaba porque había sido todo esto.
martes, 16 de enero de 2007
Ultimas fotos de la zona cero T4




domingo, 7 de enero de 2007
La Historia de una foto

pero la historia la sigo cuando alguien que me preguntó por unos elefantes vistos en topes de collantes me diga porque me ha hecho esa pregunta.
Bueno, pues me daba muchísima curiosidad de porque me preguntaban lo de los elefantes en topes, es que algunas de las personas vieron elefantes, otros carros volcados con gente adentro muriéndose, algunos vieron personas que no estaban. Yo no comí pero cuidar de los alucinados me supuso uno de los peores días de mi vida, ademas en un lugar peligroso como es el Caburní.
Una de las personas que iba en este viaje empezó a jugar con un llavero que no tenía y según ella se le cayeron al piso y se estuvo todo el día buscándolo, los mas lo que les dio es sueño. se quedaron dormidos pero por donde corría el agua del río y yo sacaba a uno y otro se metía, cogieron todos hipotermia. Sentados en una cueva alguien dijo ¡coño que escuela mas bonita han hecho aquí! bueno lo de los elefantes y los carros volcados en medio del monte junto a monos riéndose y gente que estaba ausente pero hablaban con ellos fue una cosa muy muy impresionante. tres datos curiosos: uno, la pupila estaba dilatada al extremo ¿¿tendrá homatropina?? No me veían ni me oían, pero no manifestaban ninguna dificultad motora ni de equilibrio. era como unas imágenes insertadas por el cerebro en el escenario real, osea si había un árbol conque chocar lo veían y lo esquivaban pero en ese árbol podían ver recostado a alguien que no estaba y hablar con el. una mezcla de montajes cinematográfico cerebral.
y dos: cuando me rendí de aguantarlos para que no se desbarrancaran porque estaba exhausto, todos se paraban en el borde del barranco del Caburní pero ninguno se caía ni se tambaleaba, como perder la sensación de miedo o peligro y tener control a 100% de la situación aun no siendo real.
y tres: cuando todo pasó me preguntaron porque yo estaba berreado y asustado y nadie(de los que habían tomado eso) se acordaban de absolutamente nada. y hasta el dia de hoy, menos los que estábamos claro piensan que es jodedera mía.
The Goonies
Cuando vi esa película por décima vez en el cine Riviera de la calle 23, salí pensando que nunca iba a tener una historia así. Quedé enamorado por desgracia de la de los aparatos en los dientes, la que decían que era la más fea. Y las historias de mi abuelo que el venía de sangre pirata me hacían pensar que algún día encontraría un mapa entre sus cosas. Nunca lo encontré, cuando se fue solo dejo a mi abuela triste que se fue poco después junto con el. Me quedé pequeños recuerdos de que había vivido en una isla que era un desierto inmenso con playas interminables y se llamaban islas canarias. Cuando me enteré de que las canarias eran islas españolas y le pregunté se ofendió mucho. Nunca mas le toqué el tema si era español, el no era español y a la pregunta de donde tu eres decía, no se, soy guanche. Nadie sabe de donde salieron los guanches, al menos no se tiene claro. Eran los nativos de algunas islas de las canarias pero no eran africanos tampoco. Se piensa que eran restos de tribus vikingas que en sus tribulaciones fueron a dar a esos lugares en el medio del mar. Dicen las malas lenguas que nunca revelaron su procedencia porque fueron echados de sus tierras y los primeros pobladores no tenían lengua porque se las habían cortado para que su descendencia nunca su supiese como volver ¿de ahí vengo yo? ¿De desterrados deslenguados que no les pueden contar a sus hijos el origen de su gente?
miércoles, 3 de enero de 2007
El Fanbás (parte I)
El Fanbás (parte II)
domingo, 31 de diciembre de 2006
sábado, 30 de diciembre de 2006
Gracias, estoy bien.

Hoy amaneció un día raro. Tan raro que estaba despierto a las 6:00 a.m. Lo primero que hice como siempre fue mirar el correo como buscando alguien. No encontré. Miré el reloj y vi que se acababa el año. Aunque me lo tengo prohibido, violé mis propias reglas por el morbo de burlarme de mi mismo y me atreví a reflexionar un poco sobre este año que se va. Ha sido un año de grandes avances……para otros. Yo; pasé el año en este trabajo donde estoy pero no he avanzado nada y aprendido menos. Estoy en stand by desde hace más que eso. Seguí pensando. Mi esposa se fue a Cuba, me robaron el carro, perdí la cartera con todos los documentos, cosa fatal para un extranjero en España, debo un montón de dinero en multas, además multas de amigos que se las pusieron en mi carro y no la van a pagar y me viene la denuncia por propietario, sobrevivo en una enana habitación donde apenas cabe mi computadora y yo, y veo como se va el tiempo tranquilamente. Algunos días salgo a la calle y paseo mirando a la gente y preguntándome que historias tendrán sus vidas. Es de lo mejor que hago en esta tierra de mar prohibido. Si al menos hubiera mar – siempre me digo – me sentara en un puerto a mirar el vaivén de los botes. Este año no ha sido bueno, pienso, no al menos por las comparaciones que tengo de otros pasados pero me viene a la mente eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor y me conformo, me dejo en paz.
A las nueve y media de la mañana me caen muchísimas llamadas al teléfono, todas preguntando por mi. Es que han puesto una bomba en el aeropuerto donde trabajo pero hoy no trabajo. He llamado a mis compañeros, se han quedado medio sordos y piensan que lo que han visto no ha sucedido, que mañana cuando se despierten todo habrá sido un sueño. Ojala sea así. Todo un sueño. Después de todo, vaya formas más raras de decirme que no me queje. He tenido suerte lo sé. Hoy no trabajaba. Este ha sido para mí; un buen año.
viernes, 29 de diciembre de 2006
jueves, 28 de diciembre de 2006
Por Viñales
Estuve viendo unas fotos del blog LUCES Y SOMBRAS de Viñales y me quedé sin ganas de poner este video. Además que por las circunstancias filmé muy poco y estaba muy nublado esos días. Pero ahí está. El no ponerlo sería como haber comprado un regalo a alguien y no dárselo. Vale para recordar ese olor a humedad y café del campo. El silencio celestial y la brisa fresca que nos trae la naturaleza te acarician como si no quisieran que te fueras nunca, te despoja de todo calor, incluso a veces cae una llovizna que parece un invierno polar pero no frío. Este lugar es genial, en el mundo no hay otro así. De hecho no me acuerdo o creo que nunca supe porque se habían formado los mogotes y si había en otras partes. Si alguien lo sabe que lo cuente. Mientras yo sigo por aquí, entre los grillos y las piedras. La niñita que sale jugando con la botella de cerveza ¡¡porque tenga una botella de cerveza no tiene que ser mi hija!! Es luna, como si lo fuera. Será protagonista de mis próximos vídeos porque fue la encargada de aliviarme de todas las tristezas al volver a Cuba. Fue quien único logró que me sintiera del todo bien al inundarme de su cariño y de sus gracias inocentes y geniales. Aprovecho entonces para presentársela. Para ustedes, Luna de mi corazón.
PD: Ya Liset me ha echado un cabo con este articulo pueden verlo en su blog es algo infinitamente interesante y hermoso. gracias Liset




