miércoles, 3 de enero de 2007
El Fanbás (parte I)
El Fanbás (parte II)
domingo, 31 de diciembre de 2006
sábado, 30 de diciembre de 2006
Gracias, estoy bien.

Hoy amaneció un día raro. Tan raro que estaba despierto a las 6:00 a.m. Lo primero que hice como siempre fue mirar el correo como buscando alguien. No encontré. Miré el reloj y vi que se acababa el año. Aunque me lo tengo prohibido, violé mis propias reglas por el morbo de burlarme de mi mismo y me atreví a reflexionar un poco sobre este año que se va. Ha sido un año de grandes avances……para otros. Yo; pasé el año en este trabajo donde estoy pero no he avanzado nada y aprendido menos. Estoy en stand by desde hace más que eso. Seguí pensando. Mi esposa se fue a Cuba, me robaron el carro, perdí la cartera con todos los documentos, cosa fatal para un extranjero en España, debo un montón de dinero en multas, además multas de amigos que se las pusieron en mi carro y no la van a pagar y me viene la denuncia por propietario, sobrevivo en una enana habitación donde apenas cabe mi computadora y yo, y veo como se va el tiempo tranquilamente. Algunos días salgo a la calle y paseo mirando a la gente y preguntándome que historias tendrán sus vidas. Es de lo mejor que hago en esta tierra de mar prohibido. Si al menos hubiera mar – siempre me digo – me sentara en un puerto a mirar el vaivén de los botes. Este año no ha sido bueno, pienso, no al menos por las comparaciones que tengo de otros pasados pero me viene a la mente eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor y me conformo, me dejo en paz.
A las nueve y media de la mañana me caen muchísimas llamadas al teléfono, todas preguntando por mi. Es que han puesto una bomba en el aeropuerto donde trabajo pero hoy no trabajo. He llamado a mis compañeros, se han quedado medio sordos y piensan que lo que han visto no ha sucedido, que mañana cuando se despierten todo habrá sido un sueño. Ojala sea así. Todo un sueño. Después de todo, vaya formas más raras de decirme que no me queje. He tenido suerte lo sé. Hoy no trabajaba. Este ha sido para mí; un buen año.
viernes, 29 de diciembre de 2006
jueves, 28 de diciembre de 2006
Por Viñales
Estuve viendo unas fotos del blog LUCES Y SOMBRAS de Viñales y me quedé sin ganas de poner este video. Además que por las circunstancias filmé muy poco y estaba muy nublado esos días. Pero ahí está. El no ponerlo sería como haber comprado un regalo a alguien y no dárselo. Vale para recordar ese olor a humedad y café del campo. El silencio celestial y la brisa fresca que nos trae la naturaleza te acarician como si no quisieran que te fueras nunca, te despoja de todo calor, incluso a veces cae una llovizna que parece un invierno polar pero no frío. Este lugar es genial, en el mundo no hay otro así. De hecho no me acuerdo o creo que nunca supe porque se habían formado los mogotes y si había en otras partes. Si alguien lo sabe que lo cuente. Mientras yo sigo por aquí, entre los grillos y las piedras. La niñita que sale jugando con la botella de cerveza ¡¡porque tenga una botella de cerveza no tiene que ser mi hija!! Es luna, como si lo fuera. Será protagonista de mis próximos vídeos porque fue la encargada de aliviarme de todas las tristezas al volver a Cuba. Fue quien único logró que me sintiera del todo bien al inundarme de su cariño y de sus gracias inocentes y geniales. Aprovecho entonces para presentársela. Para ustedes, Luna de mi corazón.
PD: Ya Liset me ha echado un cabo con este articulo pueden verlo en su blog es algo infinitamente interesante y hermoso. gracias Lisetdomingo, 24 de diciembre de 2006
Feliz Navidad........feliz.......navidad
Un dia encontré una hermosa y amarillenta caja acolchonada en tela de brillos muy curiosa. Se veía antigua y manchada. Era como un tesoro. Tenía un pequeño broche de perla que abrí cuidadosamente rezando porque no viniera nadie. Cuado alcancé a ver lo que había dentro me quedé boquiabierto ¡Unas bolas de colores brillantes, como de cristal! unas rojas, otras azules, verdes pero de unos colores vivisimos. Me moría por preguntar que era aquello pero no podía decir que lo había encontrado o dejaría al descubierto mi propio rastreo de Nela.
Semanas estuve con aquella curiosidad en la cabeza, hasta que un dia se me alumbró el bombillo y le dije a mi madre que estaba buscando revistas viejas para forrar los libros de la escuela y antes de que ella me contestara me metí de cabeza al closet donde se guardaba aquella fortuna. En lo que mi madre me señalaba unas revistas buenas para forrar libros (La mujer sovietica) ya yo, haciendo gala de actuación ponía tremenda cara de hallazgo y preguntaba como un cañon que que cosa eran aquellas bolas. Mi madre se quedó callada un rato, yo insistí e insistí hasta que recibí respuesta.
- De las navidades
- Y ¿que es eso?
- Nada....una fiesta que se hacía antes.
Las bolas de cristal se quedaron ahí, yo las miraba de vez en cuando como quien tiene un inmenso tesoro pero no sabe que hacer con el. Una a una las fuí rompiendo pensando que quizás su utilidad estaba en su interior y "navidades" no me decía nada. me sonaba a naves, a barcos. ¿quizas alguna flota? ¿algo relacionado con el barco de mi padre?
Pasaron los años. Sobreviví sin las navidades, también sin el fin de año a veces. muchas sin mi cumpleaños. Desde que descubrí que mi mamá lloraba a veces porque no nos podía hacer nada de fiestas o regalos. Somos dos hermanos que cumplimos el mismo dia. Desde ese entonces. No me gustan las fiestas programadas. Lo siento. siempre que cumplo años y puedo me voy a pescar a un rio aunque no hayan peces, o me pierdo por ahi. Pero estas navidades me toca trabajar y tengo que decir feliz navidades aunque para mi no signifiquen nada. de todas maneras es hermoso con la ilusion que los niños de aqui lo esperan, es como eso de los reyes que una vez oí, o me pareció oir y que era que en la bodega te daban un ticket que te decía que dia ibas a cojer los juguetes. A mi, casi siempre los ultimos. un dia cojí una moto pequeña que me encantaba. me gustan las motos. Pero que matazon, los reyes esos eran un poco cabrones la verdad. Lo siento.
feliz navidad
feliz navidad
feliz navidad.
mientras...........me voy a pescar a alguna costa, o al menos sueño que lo hago.
viernes, 22 de diciembre de 2006
Mamá Caridá otra vez.
miércoles, 20 de diciembre de 2006
El artista cubano
martes, 19 de diciembre de 2006
Aclaración botánica
Un dia estaba en el parque de 7ª entre 4 y 6 creo. El de miramar que tiene los grandes arboles con raices que parecen barbas, discutiendo con un amigo acerca de esos arboles tan hermosos e impresionantes. Que si es un ficus, que si no. que si, que no. entonces para nuestra sorpresa fuimos interrumpidos por un niño de unos 7 años con un guante de beisbol debajo del brazo y mirandonos fijamente.- ¡A si!¡Y tu te lo sabes!¡A ver!¿como se llama?
El niño se llevó la mano a la barbilla como habrá hecho Socrates, o Arquimides, o Einstein un millón de veces. giñó un poco el ojo de la sabiduría y no tardó en dispararnos.
- Ese arbol es...........es...........¡El arbol de las muchas hojas!
Acto seguido se mandó a correr a todo lo que daban sus pies. Nos quedamos callados y sin palabras.Ese dia nos dedicamos a reirnos de nosotros mismos y no discutimos mas nada en largo tiempo.

domingo, 17 de diciembre de 2006
Breve amanecer en La Habana sin sol
lunes, 11 de diciembre de 2006
sábado, 9 de diciembre de 2006
La memoria es un animal que come duerme y se despierta...... y cuando lo hace, sin querer nos hiere el alma.
Ese día lloré mucho en el cine. Por suerte nadie me vio. Lloré porque nuestros padres están ahí como héroes. Porque no les entendemos, porque no le escribimos o le escribimos que estamos bien y que la nieve es blanca. Yo mismo no le escribo ni a dios. Con tanto que escribo. Con tantos palos que me dio la vida, con el perdón. Ese día llegué a casa, busqué la carta de mi padre y la leí. Con mano zurda estaba escrito que a pesar de estar siempre fajados yo era su hijo preferido, el que mas salía adelante, decía. Supuse que debía decírselo, no escribírselo, decírselo en la cara y quizás llenarme de valor y abrazarlo como hacia mucho no lo había hecho. También me decía que estaba enfermo y se sentía mal, que de yo estar ahí al menos se reiría con mis cuentos o recordando nuestras navegaciones en el mar del norte de
sábado, 2 de diciembre de 2006
¡¡¡¡¡¡¡¡ Ya volviiiiiiii !!!!!!!!!!!!
La habana no es de los que ordenan, ni de los que prohíben
La habana es de los habaneros, los cubanos y los ciudadanos del mundo que la amen
Hay que volver a la habana
La habana no tiene culpa que no nos quieran ahí
La habana es nuestra
Y aunque le duela
Y aunque nos duela
En contra de quien sea
No hay que darle el gusto a los exiliadores
Hay que volver a la habana
sábado, 11 de noviembre de 2006
Mensaje en la botella
De pronto miro al piso y hay una pequeña mancha de petróleo. Me da el olor. El poco sol que queda lo va vaporizando. Se ve como una distorsión en la atmósfera de los vapores de turbinas y reactores. El silbido es terrible, mas yo no lo oigo. Tengo el MP3 puesto a casi todo volumen con la versión en piano de cenizas del paraíso. Intentaré ponerlo en este articulo. Ya veré como me arreglo.
El olor a petróleo aunque pueda ser asqueroso, y lo es, me lleva lejos. Muy lejos en esas puertas que se abren cuando uno tiene esa caja de Pandora abierta que son los recuerdos y las nostalgias. Es enfermizo. Estaré enfermo. Me lleva al mar. Al barco de mi padre, a los pescadores, al río almendares, a mis carros viejos de mi alma, a mis manos negras de ex mecánico. A lo lejos las montañas imitan para mi placer un leve color azul ¿o serán vastas y tontas ideas mías? Si detrás estuviera el mar.
Mas tarde ya voy a casa. Un buen compañero me lleva e insiste en dejarme casi en la puerta. No dejo de alegrarme cada día de los compañeros que tengo. Como me hacen reír. Cada uno tan especial, tan humano. Camino lo poco que me queda cabizbajo miro un pie y otro. Aunque es viernes mi barrio está silencioso a las doce de la noche que llego a casa. Subo. Como. Leo el correo con el plato al lado de la computadora. La gente ha leído y me agrada. Por suerte no hay nadie en casa y pongo la misma música que he estado oyendo todo el día.
No se para que pongo estas cosas tan comunes y diarias. Debe ser por el olor a petróleo. Pongo el sonido del mar. Me recuesto, no duermo. Me voy por ahí, dentro de mi, muy lejos. Nunca supe en Cuba que uno podría navegar tan lejos dentro de uno mismo. Claro. Aquí no pasa nada. Todo bien, pero falta algo y me hago esa gran pregunta. ¿Qué me falta?¿que falta? A las tres de la mañana me preparo un trago bien cargado de Havana club y coca cola. Pasa por la garganta y acto seguido miro la transparencia del vaso, si es que la hay. A contraluz las cosas son mas hermosas, quizás es porque no se ven de frente sino solo las siluetas. A contraluz están mis pensamientos y por eso no llego a conclusiones con ellos. Menos el reloj, todo funciona mal. Cada cuerda del piano me hunde más en las ideas que una tras otra se van con la misma rapidez que llegan ¿Quién me entiende? Yo no me entiendo. Me prohibiré pensar un rato. Estaré tranquilo un rato. Aquí estaré. Le diré a los dedos que no toquen mas teclas con letras. Haré silencio de recuerdos. Un silencio.
miércoles, 1 de noviembre de 2006
El dia que me morí (Primera parte)

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| Aquí estamos tres el negrón Jiscler, Igor y yo. |
Esas palabras se me quedaron grabadas. La frase vivir de mi trabajo fueron muchos años mas tarde detonante para que esté donde estoy. Pero esta historia no viene por aquí, viene por lo que pasó a continuación.
En eso se sintió el ruido de un barco. Un barco gris de cemento, pintado con pintura descascarada que se caía a pedazos. Nos montamos todos en el, la cubierta estaba fría y salada. Con estos cristales que forma la sal al secarse y que siempre resbalan como diminutas bolas transparentes. El barco tomó rumbo a lo profundo de la bahía. Como un juego iba bordeando cayos pequeños y se veían algunos barcos de guerra semihundidos. Yo pensaba que eran esos barcos, barcos medianos, pero seguíamos de largo en lo que el sol empezaba a calentar nuestros cuerpos. Llegó un momento en que el pesado barco de cemento empezó a hacer olas y a dar pequeños saltos, me alegré un poco porque recordé cuando salía pescar con mi papa en su barco, El Paraíso. Perdí la cuenta de que rumbo llevábamos o cuantos cayos habíamos pasado. A lo lejos en el horizonte se veían marañas de mangles inexpugnables. Nadie hablaba entre si, yo estaba nervioso y asustado, no sabia que me esperaba aunque ya tenia una mínima idea. Pero bueno, había hecho cosas peores y esto no era nada del otro mundo, el papa se veía tan tranquilo que daba esa sensación, el cromagñon en mas de una oportunidad me dijo, vas a ver que divertido y eso me hacia volver el alma al cuerpo aunque no mucho porque al cromagñon también le parecía divertido que a cuarenta metros el regulador le fallara y le comenzara a funcionas después e ochenta martillazos y cuando ya estaba a punto de ahogarse.
Bordeábamos una costa llena de pájaros marinos cuando se apareció una especie de tubo o columna con varios cables, muy oxidado todo en el medio de la bahía. Apagaron el motor del barco y tanto silencio a esa hora me rompió algo en los oídos. Se sentía como una presión que casi hubiera preferido que dejaran el motor en marcha. Poco a poco fue aliviado por el ruido del agua de sentina y el burbujeo de los escaramujos del casco de este viejo barco. La gente empezó a abrir las cajas de madera y vi en su interior unas botellas de buceo “bitanques rusos” de catorce litros con su correspondiente regulador ABM-1 usados por el ejercito, copiados del primer regulador inventado por el dúo Costeau- Emile Cagnan. Eché una ojeada al agua y se veía todo transparente y limpio pero verde como el agua de las bahías. Me engancharon sin preguntar un par de botellas de estas y ayudé a los otros ponérselas también. Las manos me temblaban un poco y me hubiera gustado ir al baño, pero ahí no había. Todos se tiraron al agua al unísono, el estruendo fue uniforme como una gran explosión que hizo eco en el impecable silencio d esa mañana pinareña. Ya me iba a lanzar cuando el papa puso en mi mano una linterna grande como de doce o diez pilas que me puso más nervioso aun. La agarré con seguridad e intentando ser profesional me largué al agua como pude para no quedarme atrás. Ya casi estaban listos y tenían todo puesto, yo ni siquiera había lavado mi mascara. En unos segundos me la puse y metí la cara en el agua a ver que se veía. De pronto, el corazón me dejó de latir. A unos veinte metros mas o menos de profundidad se veía………..¡UN CEMENTERIO DE BARCOS MERCANTES! La vista era indescriptiblemente impresionante, tuve que esperar un rato a que el corazón volviera a su lugar. De esto no puedo dar mas detalles. La palabra no alcanza para describir lo que sentía. Hay que estar ahí para saber como yo con 18 años me las arreglé para que no me diera un infarto. Eran fantasmas de hierro, llenos d peces, algunas barracudas amenazantes. Figuras abstractas del capricho de la naturaleza. Una gran instalación artística promovida por las corrientes y la vida que había en ese lugar. Era….casi lloro dentro de la mascara. El cromagñon se quitó el regulador por un momento y me tocó por la nuca, saqué la cabeza del agua. Supongo que tendría los ojos fuera de las orbitas porque al verme echó una risotada que sacudió todo el espacio silencioso.
No se cuanto tiempo transcurrió de sacar chapas de estas, debo haber zafado mas de 50 cuando se me empezó a acabar el aire. Miré el manómetro del cromangñon y también ya casi estaba en cero. Así que ya había que irse. Todos ya habían subido solo quedábamos nosotros dos. Le pedí al cromangñon que se fuera alante que yo iría después por la idea de ver un poquito el barco por dentro y el me hizo caso. A mi me quedaban unas diez atmósferas por haber hecho el trabajo mas suave y que menos energía requería. Cuando el cromangñon se fue, me puse a recorrerme el barco por los pasillos. La poca luz que entraba por las ventanas era como una decoración tétrica, morbosa. Los pasillos aun conservaban huellas de que ahí había vivido gente. Entré a varios camarotes uno por uno donde se veían camas y muebles, seguí por los pasillos hasta que llegué a lo que pudiera ser la parte central de las bodegas de carga y bajé. Iba pasando de un piso a otro mirando los niveles como si me hubiera suicidado lanzándome al patio central de un edificio lentamente. Entré en un recinto que parecía la sala de maquinas con enormes motores dormidos llenos de peces. Encendí la linterna. Las luces que iban quedando ya iban siendo las menos a pesar de que eran mas de las nueve de la mañana. Me llamó la atención un corredor en específico, al final había un cuadro en la pared, entré sin pensarlo y llegué como una meta hasta el cuadro. El agua estaba tibia y cómoda y no provocaba perdidas de temperatura ninguna a pesar de tener yo puesta poca ropa. Limpié el cuadro con el dorso de la mano y vi una foto de alguien. Estuve un buen rato preguntándome quien seria ese alguien y haciéndome conjeturas.
De pronto me llevé un susto porque empecé a sentir unos golpes tremendos en el casco del barco. Eran acompasados y supuse que era que me estaban llamando. Miré el manómetro y me quedaban solo unas cuatro atmósferas. Había hecho una tontería imperdonable, me quedaba lo justo para salir, pero no se salía por arriba, había que salir por una escotilla lateral por donde mismo había entrado. Así que volví sobre mis pasos pero ya parado en medio del gigantesco espacio central no recordaba por cual piso era. Cuando comencé a bajar había pisos por encima de mi, no se cuantos y por debajo, todo era igual, lleno de algas y corales. Subí lentamente como intentando ver alguna huella de mí paso o del paso de los demás, pero el extremado cuidado de no levantar sedimento había hecho que no tocásemos al menos lo menos posible para no enturbiar el agua. El corazón me dio un brinco acompañado del pensamiento – la hemos cagado- intenté estar tranquilo. Pero ya tenía el tiempo contado y nunca fui bueno para competiciones. Empecé a aletear mas rápido y ya se iba levantando de tras mío una capa de sedimento, lo que me prohibía volver atrás una vez mas. Me imaginé en uno de los pisos que una raya era el rastro del arrastre de una de las planchas y por ahí mismo entré, pero nada me parecía conocido y a la vez todo igual. No me quise dar la noticia de que estaba jodidamente perdido en una mole de hierro de miles de toneladas. Seguí pensando que mi suerte natural me haría encontrar la salida en el último momento. Poco después ya iba a la máxima velocidad que permitían mis piernas, doblaba como un hábil pez por pasillos y recovecos buscando un poco de luz pero esta se iba desapareciendo, lo que me daba la impresión de que me estaba metiendo en lugares mas sellados aun. Daba vueltas sobre mi eje al mismo tiempo que me desplazaba para inspeccionar el techo también por si había alguna grieta. Llegué a un recinto de unos tres pisos de altura que estaba lleno de cadenas. Una montaña inmensa de cadenas – me caguen diez ¡esta es la proa!- esas son las cadenas del ancla. Ya el corazón me funcionaba como un motor diesel. Intenté coger un hierro del piso para golpear y que al menos así supieran donde estaba. Todo estaba soldado. Apague la linterna un momento.
Comenzaba la cuenta atrás.

Intenté salir por la escotilla aunque me rompiera los huesos, pero los hombros no me salían aun así calculé que si me quedaba trabado donde dejaba el tanque, tendría que sacar el tanque primero y después intentarlo yo.

Saqué el tanque a duras penas, me pasé las mangueras por detrás el cuello y mordí la boquilla con fuerza no fuera a ser que se cayera el tanque por la borda y yo me quedara entonces ya sin aire del todo y sin oportunidades de nada, lo intenté otra vez pero los hombros no me pasaban. Empecé a sangrar un poco por los brazos supongo que con el esfuerzo me había dañado un poco la piel. Entré de nuevo. Golpee con el tanque la pared repetidas veces. El burbujeo iba removiendo la habitación, solo me quedaba golpear la pared que hacia un estruendo horrible para que me oyeran, quizás ya estaban todos arriba esperándome tranquilamente. Sé que no se habían ido porque el papa y el cromangñon nunca se hubiesen marchado sin mi. Me empezó a faltar el aire, ya se hacia difícil de respirar.

Me senté en el piso a pensar. Pero no se me ocurrió otra cosa más alegre que ver mi velorio. Intenté recordar que libros tenía en casa para saber que heredarían los amigos. Imaginé al jiscler y al Bujío sin mí. Ya crecidos, casados, con hijos haciéndole cuentos a los hijos de un amigo que tuvieron una vez. Cogí un teléfono que estaba medio flotando suspendido al alcance de mi mano y me pregunté si esa llamada era para mí. Me dio risa. Traté de dar vueltas al disco pero caí en cuenta que no me sabía el teléfono de nadie, que ese teléfono no estaba conectado y que en ese barco estaba casi todo muerto y dentro de poco estaría todo muerto del todo. Me puse el auricular como si de verdad se tratase de una llamada. Dios quiere hablar conmigo. Sonreí y deje escapar la última bocanada de aire útil. Ya no respiraba pero por suerte, no estaba en pánico. Había oído decir que cuando uno le falta el aire entraba en una narcosis, pero no sabia mucho mas, no era buzo. No había estudiado buceo. No tenía ninguna idea que venía ahora pero lo que fuera seria recibido con calma. Lo que fuera que me estuviera haciendo esto no le iba a dar un espectáculo para que se divirtiera. Quizás en este barco habían muerto gentes al hundirse y me estaban observando, quizás en su momento ya los vería yo a ellos y seria parte de ellos, no me molestaba vivir en un barco hundido, mucho menos en el fondo del mar. Esto tenia partes buenas, solo pensé en mi madre y se que las lagrimas eran menos saladas que el agua que me rodeaba pero fue por corto tiempo. Me jodía no ser adivino. Si hubiera sido adivino hubiera hecho un montón de cosas antes de meterme en este lío, o no me hubiera metido. Bueno el destino es incontrolable. Quizás aun sabiéndolo las circunstancias me hubieran llevado hasta ahí hasta ese barco muerto de donde sacábamos buenas planchas de madera para que alguien decorara su casa con hermosas maderas incorrompibles.

Nelda me gustaba mucho. Sus ojos verdes detrás de su piel morena quemada por el sol eran lo más hermoso que había visto. Para colmo era simpática y cariñosa, pero no se porque rayos cuando estaba junto a ella yo no decía ni media palabra. Quedaba como un atontado tímido y así era. Después me quedaba con ganas de golpearme a mi mismo. Como ahora. Si dios me dejara salir de aquí se lo diría. Que me gusta mucho. Que quisiera que fuera mi novia. Me había pasado e l tiempo posponiéndolo y mira donde estaba ahora. También debí haber ido menos a la escuela de lo que fui, a ver ¿de que me valen los estudios? ¿Harán pruebas en el cielo? ¿Habrá otra vida? Soy afortunado, voy a saberlo. Me estoy sintiendo bien, me estoy relajando, no tengo fuerzas.

Me escapé del servicio militar, de ir a la guerra de Angola. Me salvé de tantas cosas. Al final la vida no era tan buena. Aunque no me quejaba de ella no niego que me la pasaba sufriendo aun haciendo lo que más quería. La vida es trágica por naturaleza porque es la manera de hacer que te defiendas. Una vida sin problemas, trabas y pruebas desaparecería tu instinto de conservación. La gente rica por ejemplo, los que tienen de todo sin esfuerzo siempre están con depresiones y tonterías de esas. Yo tenía mis tristezas pero disfrutaba de ellas. Mis tristezas son lindas y las quiero a pesar de estar siempre riéndome. Dejé caer el teléfono, la cámara lenta de las cosas que suceden bajo el agua estaba exagerada. Todo sucedía más lento que lo normal como si se estiraran los últimos minutos. Nelda me gusta pero quizás nunca me haga caso. Lo que si no puedo dejar de decírselo ¿Donde estará? Miré el reloj, las diez menos cuarto. Estará en el tercer turno de clases como toda persona normal. Claro que no podía fijarse en mi porque yo era un anormal, un mataperros como bien decía mi madre o un antisocial como decía mi padre. Nunca entendí la palabra antisocial, yo tenia buenos socios así que no se a que venia eso.

La luz se fue yendo poco a poco y todo el entorno se alejaba de mí sin piedad. Huía como si todo lo que yo tocase fuera maldito El pequeño foco de la linterna encendida fue lo último que vi. Me agarré de ese punto lo más que pude. Recordé cuando me fueron a operar de pequeño que yo trataba a pesar de la anestesia, de mantener los ojos abiertos para que el medico no fuera a pensar que ya me había dormido y me metiera cuchilla antes de que hiciera bien su efecto. A pesar de luchar y luchar los ojos habían dejado de ver poco a poco como ahora. Ya se había asentado de nuevo el sedimento. A duras penas logré ver pequeños peces que pululaban cerca de mi cara como preguntándome que rayos hacia yo ahí sentado como si se tratase de un lugar turístico. Empezaron a aparecer algunas confusas luces con movimientos aleatorios, había un silencio total. – ya está, es el túnel- pensé e intente sonreír un poco pero no me obedecía nada, traté de mover un dedo pero nada, como si no tuviera cuerpo. Casi podía decir que había salido de mi y que si miraba atrás me vería a mi mismo tirado como una marioneta sin hilos en el piso de una habitación de un barco hundido. Al menos es una muerte interesante. Negro todo.
FIN.





