miércoles, 3 de enero de 2007

El Fanbás (parte I)

Salí del metro. Afortunadamente hacía un calor terrible para ser primavera. El asunto de madrugar para ir al consulado no me hacia ni la mas mínima gracia, pero como bien decía una persona muy querida por mi -A lo único que le tengo miedo en España es a la parte cubana- caminé algunas manzanas mientras miraba a las personas que ya se encontraban trabajando, el que barre, el que conduce, el policía. Mientras yo dormía ellos ya estaban trabajando. Pero este día me tocó madrugar. En el consulado tenía entendido que había que venir muy temprano porque daban pocos turnos para mal atenderte, maltratarte y darte un par de papeles que había que rellenar para el permiso de entrada en Cuba. Llegué a lo que sería el consulado. Está al lado de una iglesia y es una entrada de un edificio de apartamentos convertido en oficinas. Por supuesto que aun no habrían abierto así que me senté en un contén de acera a esperar, cosa en la que somos especialistas y así medio dormido me puse a meditar sobre las cosas y las no cosas de la vida.
En la lejanía sentí que decían mi nombre. Esperé a estar seguro para volver la cabeza. Soy bastante vago para todo. Cuando sin dudas alguien pronunciaba mi nombre me paré y al volverme vi que era alguien que estaba durmiendo en la puerta de la iglesia tapado con periódicos. Me extrañó mucho. No conocía a nadie que viviera en la calle. Así que me acerqué y miré quien era.
Cuando los ojos se me acostumbraron a la penumbra del portal creí reconocer una voz y no me equivocaba, era el Fanbás, un amigo de hace muchos años. Habíamos estudiado juntos en la secundaria del fanguito y estuvimos trabajado un tiempo juntos en los barcos de pesca, de ahí su apodo (Fanbás) nuca supe porque usaba esa palabra, en realidad el no tenia donde vivir, la casa de sus padres se había derrumbado y lo habían mandado para un albergue que estaba en lo que fue una posada en la calle 51 por puentes grandes y el se negaba. Entonces vivía en los barcos. Era un negrón atractivo, mujeriego, borrachón y jodedor, siempre estaba buscando “un mango pa meterlo al fanbás” lo que traducido es buscar una mujer pera estar con ella en una especie de habitación que tenia acondicionada en el cuarto de los compresores de las neveras.
Sin pararse del piso me dio la mano con mucha alegría, aun yo estaba estupefacto y lo rematé con la tonta pregunta de – ¡coñó! ¿Estas aquí?
Me senté junto a el inmediatamente. Le caí a preguntas. Resulta que su novia de muchos años (de los últimos tres años en cuba) había venido para España. Diana, una flaquita que también estudiaba con nosotros. Llevaba casi un año en España y el un par de meses. Pero se le notaba la mirada cambiada. El brillo de pícaro había sido sustituido por unos ojos medio cerrados y una cara seria y predecible. Es que no estoy bien aquí, me repetía continuamente y se masajeaba las manos como si se estuviera muriendo de frío, como si aun estuviéramos helando pescado dentro de una nevera. Cuando le comenté que había ido a pedir el permiso de entrada para ir a cuba echó una carcajada. Resulta que eso no era ahí y aunque lo fuera no podría porque para coger turno había que ir desde el día antes a dormir en el portal de la iglesia - Como en Cuba – remató con solemnidad. A medida que se fue aclarando el día empecé a ver caras de gente también tumbadas en la escalera de la iglesia, eran más cubanos. Vestidos de todas formas posibles, de todos los colores y edades. Todos por igual tirados en el piso para esperar su oportunidad de arreglar alguna cosa con los temidos funcionarios cubanos. Empecé a cogerle odio a ese edificio, era un lugar de vergüenza, de humillación. Ya me estaba dando cuerda cuando el Fanbás dijo – hasta aquí quieren que seamos iguales la fuerza hermano - y se rió escandalosamente a lo que respondió un siseo de mandar a callar por alguien que ya había encontrado al fin el sueño por muy incomodo que estuviera.
Afuera de esas escaleras el mundo seguía dando vueltas a pesar de todo. Había guerra en Irak y un tsunami dando vueltas por ahí a ver a quien arrasaba. Seguro en África alguien despertaba junto a nosotros aquí en España y soñaba con tener una vida mejor. Quizás incluso tuvieran la suerte de comer ese día y sobrevivir para el otro pero aquí en España, nosotros seguíamos tirados en el piso. Ni mal ni bien, acomodados, cogiendo el sueño en una escalera. Esperando por los funcionarios cubanos. Esperando.
Decidí irme. Le pedí el teléfono al Fanbás y me lo dio gustoso, el día mejoró con su primera sonrisa de verdad, de las de antes, una sonrisa pequeña de quien tiene poco para dar pero aun así no se mide para compartirlo. Me dio un poco de su sonrisa, la recibí y la guardé muy dentro. Por los buenos tiempos. Hay mucho que contar del Fanbás. Mucho.
Bajé la escalera hacia el metro y en eso ya venía Diana. No se si antes dije que el Fanbás estaba ahí guardándole turno a Diana para hacer sus cosas de consulado. Inscribirse, renovar el pasaporte, que te roben, que te roben, que te roben y que te roben. Las gestiones normales del consulado Cubano supongo que en todos los países.
Me invitó a un café y se alegró mucho de verme, también con esa cara de tristeza común cuando ves a alguien y dices, me gustaría verte en los tiempos de antes cuando nos escapábamos juntos de la escuela y nos íbamos a bañar al malecón y después nos metíamos horas secando la ropa para que nuestros padres no se dieran cuenta. Acepté gustoso, solo que el Fanbás y yo nos pedimos cerveza. El camarero nos miró con una sonrisa, tenía unos bigotes quijotescos, retorcidos hacia arriba con mucho cuidado. Una camisa blanca impecable y un chaleco mostaza – ¿sois cubanos eh?- asentimos con la cerveza ya bajando por la garganta y mirando como un carnero degollado – los cubanos sois los únicos que desayunáis cerveza, y que dejáis propinas – nos quedamos callados analizando lo dicho y agrego el hombrecillo –aunque estéis tristes, siempre estáis pa fiestas.
Alguien se asomo a la puerta ¡Caballeros! ¡Ya abrieron! La mitad de los que estaban en el bar a esa hora, bebiendo cerveza, lentamente se incorporaron y pagando fueron uno por uno saliendo a la puerta. Ya había suficiente luz como para fruncir el ceño. La imagen que tengo era dantesca. Podrían ser cientos los que fueron saliendo de portales, bancos, parques, carros aparcados, con abrigos, con niños. Todos callados, todos cabizbajos, todos o casi todos con las manos en los bolsillos apretando los valiosos papeles que venían a acuñar, sellar, firmar, archivar, legalizar, lejitimizar, verificar y toda esa clase de crímenes contra la honestidad del hombre. Todos con sus vidas en blanco y con letras arial narrow a dos espacios. Poco a poco entrando por una angosta puerta donde casi cabían de uno en uno. En orden propio, como domesticados Por los años, por la vida o por la fuerza.
Bajé al metro enseguida. Huyendo recordé dos frases de nuevo. A lo único que le tengo miedo en España es a la parte cubana y la otra Hace falta una carga para matar bribones.

El Fanbás (parte II)

Cuando le comenté que me gustaría contar esta historia hizo el gesto con los hombros como que le importaba lo mismo que el caso de la lewinsky. A los pocos días recibí una llamada de su número, pero era Diana. La conversación fue más o menos así.
- que volá fanbáa
- soy Diana
- dime niña, como están.
- Mal, Julián (el fanbás) no sale de si mismo.
- ¿Que pasa?
- A veces se pasa días y no habla, desde que llegó por suerte o desgracia le consiguieron trabajo aquí en el mismo edifico donde vivimos, como una especie de mantenimiento y limpieza y le va bien pero…….
- ¿Pero?
- No sale a la calle, tiene miedo.
- ¿………..?
- Cada vez que ve algo lo compara con cuba, si ve un pájaro dice, mira un gorrión como el de cuba, si una flor lo mismo, si un edificio igual, si toma una cerveza le sabe a bucanero, si ve a alguien un poco quemao dice, ese parece un cubano. No sale de ahí y por supuesto, no sale de Cuba. No se ha ido aun.
- Creo que se lo que es eso.
- Le da gracia hasta si ve algún edificio medio roto dice como en la habana vieja y comprenderás como estoy, yo hice lo posible porque viniera para que echáramos palante juntos y nos va bien pero su mirada esta en el otro lado.
- Creo que eso solo lo arregla el tiempo, acaba de llegar como aquel que dice.
- Pero es que el otro día cuando te vio, sonrió un poquito, como antes y por eso te llamo.
- ¿Y que hago?
- Quizás tu pudieras sacarlo un poquito, aquí cerca, aunque sea al bar de abajo, que vea a la gente, que hable, no sé, que empiece a estar aquí.
- ¿mañana trabaja?
- No; los sábados no.
- Mañana voy pallá.
- Gracias.
- Ná, vas a ver que se le pasa con el tiempo, yo no podré hacer nada.
- Bueno, gracias de todas formas.
Pudiera decir como superman, esto es una trabajo para superyoyi pero me dije todo lo contrario y es porque soy pesimista por naturaleza. El problema del fanbas era casi el mismo que el de todos y gracias a no se que, como no tenía a quien contárselo no afectaba a nadie. Pero no estaría de mas recordar un poco los viejos tiempos y ver si nos tomábamos una, como siempre decíamos pero acabábamos en mil y a las 15 de la mañana.
El sábado me levanté temprano y arranqué mi cacharrito. Un peugeot 205 diesel que renqueaba como un aparato de perforar calles. Me fui a buscarle. Me aparecí en la puerta y esperé un rato al tocar. El rato fueron casi 30 minutos ¿Qué hago aquí? Me preguntaba una y otra vez. No va a querer salir conmigo. Bueno, será como una visita. Los veo y me voy y ya está.
Me abrieron, Diana hizo como si nunca hubiera hablado conmigo. Eran ya como las diez de la mañana de un buen día y entré. Metí un grito como si estuviera en el cuarto de compresores de las neveras de la empresa de pesca. No me contestó –pasa, pasa – Decía Diana señalándome la entrada de uno de los cuartos del pequeño apartamento. Entré con sigilo quizás estaba durmiendo pero estaba acostado mirando al techo con los ojos perdidos. Seguí gritando a ver si volvía de donde quiera que estuviese.
- ¡ Pero este negro no se va a levantar hoy?
- ¿Que volá? – Dijo entonando con mucho trabajo los ojos hacia mi como si fueran dos globos terráqueos lo que se estaba moviendo.
- ¿ven acá tu no te vas a desayunar unas cervezas conmigo hoy?
Se levantó poco a poco, estaba con ropa, solo le faltaban zapatos que se los puso inmediatamente. Se fue a la cocina y abrió el refrigerador, sacó un litro de cerveza. Diana le dijo que iba a limpiar un poco la casa que si era posible que nos la tomáramos en la calle. El fanbas cogió el cubo de limpiar y la escoba y empezó a ponerse manos a la obra. Diana se lo quitó de las manos con mucho cariño. Es tu día de descanso- le dijo entre mimos –además tienes visita, baja con el yoyi y tomate una cerveza en lo que yo acabo esto – lo acompañó hasta la puerta entre miradas cómplices conmigo que yo bajaba la cabeza, era una situación rara. Rara para un sábado por la mañana.
- ¿y si lo hacemos entre los dos rápido y bajamos todos?
- ¡que no! Ven ahorita que te voy a hacer un almuerzo rico.
El fanbas se dió por vencido, salió delante de mi como quien va a algo obligado. Sentí que le estaba jodiendo el día. Bajó las escaleras como si contara los escalones y yo recondenándome por saber lo que el sentía, lo que pensaba y hasta un poco jodido por comprenderlo. Pero cuando hay alguien que vive contigo o por ti ya las cosas son distintas. Ya no te puedes abandonar si alguien te espera.
El pasamano de la escalera era de metal y estaba oxidado, quizás un día tuvo pintura, lo sé. Pero era un edificio bastante viejo de la calle San Bernardo de Madrid. La escalera chirriaba porque sus escalones eran de madera también gastada por miles de tacones en su ir y venir diario, me recordaba el chirrido que ponían en las aventuras de piratas que según los sonidistas hacía el barco. Quizás si. Si el piso del barco era de madera claro que chirriarían como estos escalones, entonces supe que los sonidistas de las aventuras de las siete y media estaban en lo cierto. Los barcos piratas sonaban así.
Me le adelanté al fanbas y seguí por la acera, el se paró un rato cuando vio que abrí la puerta del carro como dudando si era bueno o malo, como si tuviera unos últimos segundos para defenderse y decir que no. Parecía una pausa en su vida. Quizás si hubiéramos mirado los relojes en ese momento se habrían detenido por unos segundos y por eso hoy el año nuevo nos ha llegado unos segundos mas tarde. Por culpa del fanbas. Empezó a moverse de nuevo la tierra. Dio los pasos que faltaban hasta el carro, se sentó adentro y le dije que se pusiera el cinturón -¿pa que?- porque ponen multas. Se lo puso, cogió aire mirando a todos lados -¿pa donde vamos?- dijo como restándole importancia a su arresto amistoso –pa la mata e los mojones, yo los tumbo y tu los comes- de pronto pareció como si le hubieran conectado a la electricidad y hubiera estado tiempo descargado. Como ese juguete que encuentras limpiando la casa y era de pilas y entonces dices ¡coñó! A ver si esto aun funciona y le quitas las pilas a otra cosa pero sabes que aun le queda algo de carga, entonces al ponerlo el juguete sea lo que sea se mueve un poquito con el último halito de esas pilas que costaron tan caras y que no habrá más. Ese carrito que ligeramente movió las ruedas o el perro de tu hermana que donde decía made in china era donde se le ponían las pilas porque eran juguetes de los ochenta de cuando los reyes bodegueros donde te daban el turno de básico, no básico y dirigido. El fanbas se movió así un poco con la ultima carga, pero como era en camara lenta me dio tiempo a sumarme a su acción y gritar con el, el final del juego.
- ¡¡YO A POQUITO Y TÚ A MONTONES!!
Mejoró la cosa. Yo dejé de sentirme mal y el se acomodó en el asiento como si fuéramos a dar un largo viaje. Paré en la primera terraza donde vi que había algún restauran abierto, me senté en una mesa y pedí un par de cervezas, de paso desayunamos una buena ración de chorizos de pueblo en salsa de vino. Nos la comimos con gusto sin apenas hablar. El fanbas rompió el hielo.
- esos árboles yo creo que los hay en cuba.
- Tienes a…..
- ¿A Diana? Si, se que la tengo jodida. Imagino que ella te habrá llamado, la pobre no sabe que hacer. ¡Ay cojones! Que buena es.
- Si, me llamó. Está preocupada. Dice que no has salido de cuba y yo creo que es verdad
- Es verdad
- ¿Y entonces que cojones vas a hacer?
- Salir…un día…irme.
- ¿Y mientras?
- Estaré como todos, como tu. Dando cabezazos por ahí hasta encontrar un hueco por donde me vaya, por donde venga.
- ¿Te puedo ayudar en algo?
- Lo he estado pensando. Si es por mi, me da igual quedarme como estoy. Pero quiero estar con Diana y que ella esté feliz como se merece. Nunca he estado mas seguro de que tengo la persona mejor del mundo a mi lado como ahora. Me siento como una mierda por hacerle esto pero no se me da bien ser hipócrita o mentiroso. Si estoy jodido estoy jodido me duele mucho. Pero ella lo está pagando y es por mi culpa y esto me hace agobiarme más aun. En esta historia yo soy el que no funciona bien. Quiero arreglarme, quiero arreglarme pero es como mandar algo a un consolidado, espera meses y meses y si tienes suerte llegaran las piezas y te saldrá bien, si no estás jodido y no te puedes comprar otra cosa.
- ¿Tus piezas están en Cuba verdad?
- Si
- Pistones de volga, caja de waz, carburador de lada, diferencial de ambulancia……….
Se volvió a reír como antes. Pero se apagó como se gastan las baterías usadas una y otra vez en la walkman que le compraste al marinero que de día las pones en tu viejo juguete que le dejas a tu sobrino y es una moto de policía que dice police y tu sobrino pregunta porque está mal escrito.
- que cojones podemos hacer fanbas.
- No sé….yo creo que con el tiempo… quizás si las cosas no me recordaran todo momento a Cuba ¡Yo me quiero ir cojones! ¡quiero estar aquí!
Las personas que estaban alrededor nos estaban mirando. El fanbas había subido la voz.
- ¡ya ves negro! ¡lo que has formado! Eres un conflictivo, mira como te mira la gente. Nos van a llamar a la policía, y si vienen empiezo a gritar que un negro me está asaltando para que no me lleven a mí.
El negro empezó a reírse como debe ser, desde adentro y entre risas logró balbucear algo que casi no se entendía.
- ¡coñoo! Verdad aquí la gente no suele hablar con guapería.
- Mira vamonos pal carajo, te voy a llevar a un lugar que como digas que se parece a Cuba te voy a dar una entrá de palos que no vas a servir ni pa castañar los dientes.
Nos fuimos rumbo al 205, una vez dentro el fanbas se soltó el cinturón y salió del carro otra vez –abre el capó- me dijo con autoridad. Le di a la palanca de cierre e hizo el ruido característico de soltarlo. El fanbas lo abrió en lo que yo me bajaba del carro con la curiosidad de que rayos querría este dentro del capó del carro a esta hora.
- ¿es de petróleo?
- Si
- ¿Y es bueno?
- Nunca me ha dejado botado al menos.
- Entonces es bueno
- Es una mierda, un carro que no se le rompe ná y que todas las piezas son de los mismos fabricantes de la marca, una mierda. Nunca he visto este motor por dentro ni siquiera le he apretado una tuerca este carro es una mierda.
- ¿Tú extrañas a tu Rambler?
- Y a mi Buick y a mi chevrolet y el studebaker ¿te acuerdas el que cogíamos pa correr en la autopista?
- ¿Te acuerdas de los guajiros de las villas que no nos querían pagar las apuestas?
- Candela, casi se forma una carga al machete
- Candela.
El pobre peugeot desmoralizado iba cargando con nosotros montaña arriba. Puse rumbo a la sierra de Madrid, a un lugar llamado Navacerrada. Un lugar hermoso que la naturaleza puso ahí para los madrileños. Un buen lugar para matar la nostalgia del caribe. Eso no se parecía a nada en Cuba. Las montañas estaban peladas en piedra viva por las heladas y su agresividad advertía a los viajeros que no se aventuraran en ellas sin equipos especiales. La parte nevada era como un gran manto tendido meticulosamente por dios para que reflejara la luz del sol y le diera a si mismo en la cara. Poco a poco el 205 llegó hasta la cima, no sin antes quejarse un poco. Nos bajamos del carro y aun sabiendo que nos íbamos a congelar el culo nos sentamos en unas piedras con resto de hielo. El fanbas cogió nieve en las manos y la aplastó hasta que se le salio por los dedos.
- yo………….. ya había visto la nieve.
- si, en las neveras de los barcos cabrón.
- es la misma nieve, es agua congelada, lo que aquí no hay pescado ni peste a pescado.
- como me digas que algo aquí se parece a cuba, te voy a descojonar.
- No…nada se parece, esto es Europa y estamos lejos de casa con cojones.
- Menos mal
- Pero una vez en madruga………….la temperatura bajó a cuatro grados.
Estuvimos tirándonos bolas de nieve hasta que se nos agotaron los brazos. Sudamos un montón, se me rompieron los espejuelos, me mojé los pies y después se me congelaron, tuvimos que comprar medias nuevas en las tiendas de esquí, nos jodimos la garganta de gritar y después nos fuimos. Deje al fanbas en la puerta de su casa. Se que no había arreglado nada. Que solo el tiempo podría con eso, pero al darle la mano entre risas le dije muy serio.
- bienvenido a Europa negro.
No dejó de reirse, no se le acabaron las baterías esta vez, me tiró unos golpes de boxeo que yo le respondí desde mi gordura y mi inmovilidad sedentaria. Todavía me dolía la cara de los bolazos de nieve que me había estampado el hijoeputa. Por las pasas que tenia por pelo aun le corría agua del hielo que le había incrustado. Me ha llamado este fin de año, que cuando vamos a las montañas otra vez, dice, le metí curva y me desvié, me fui al balcón porque en mi casa no hay buena cobertura, en lo que hablaba con el miré a la calle, estaba llena de basura –coñó que basurero – pensé – esto se parece a la habana.

sábado, 30 de diciembre de 2006

Gracias, estoy bien.

Hoy amaneció un día raro. Tan raro que estaba despierto a las 6:00 a.m. Lo primero que hice como siempre fue mirar el correo como buscando alguien. No encontré. Miré el reloj y vi que se acababa el año. Aunque me lo tengo prohibido, violé mis propias reglas por el morbo de burlarme de mi mismo y me atreví a reflexionar un poco sobre este año que se va. Ha sido un año de grandes avances……para otros. Yo; pasé el año en este trabajo donde estoy pero no he avanzado nada y aprendido menos. Estoy en stand by desde hace más que eso. Seguí pensando. Mi esposa se fue a Cuba, me robaron el carro, perdí la cartera con todos los documentos, cosa fatal para un extranjero en España, debo un montón de dinero en multas, además multas de amigos que se las pusieron en mi carro y no la van a pagar y me viene la denuncia por propietario, sobrevivo en una enana habitación donde apenas cabe mi computadora y yo, y veo como se va el tiempo tranquilamente. Algunos días salgo a la calle y paseo mirando a la gente y preguntándome que historias tendrán sus vidas. Es de lo mejor que hago en esta tierra de mar prohibido. Si al menos hubiera mar – siempre me digo – me sentara en un puerto a mirar el vaivén de los botes. Este año no ha sido bueno, pienso, no al menos por las comparaciones que tengo de otros pasados pero me viene a la mente eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor y me conformo, me dejo en paz.

A las nueve y media de la mañana me caen muchísimas llamadas al teléfono, todas preguntando por mi. Es que han puesto una bomba en el aeropuerto donde trabajo pero hoy no trabajo. He llamado a mis compañeros, se han quedado medio sordos y piensan que lo que han visto no ha sucedido, que mañana cuando se despierten todo habrá sido un sueño. Ojala sea así. Todo un sueño. Después de todo, vaya formas más raras de decirme que no me queje. He tenido suerte lo sé. Hoy no trabajaba. Este ha sido para mí; un buen año.

jueves, 28 de diciembre de 2006

Por Viñales

Estuve viendo unas fotos del blog LUCES Y SOMBRAS de Viñales y me quedé sin ganas de poner este video. Además que por las circunstancias filmé muy poco y estaba muy nublado esos días. Pero ahí está. El no ponerlo sería como haber comprado un regalo a alguien y no dárselo. Vale para recordar ese olor a humedad y café del campo. El silencio celestial y la brisa fresca que nos trae la naturaleza te acarician como si no quisieran que te fueras nunca, te despoja de todo calor, incluso a veces cae una llovizna que parece un invierno polar pero no frío. Este lugar es genial, en el mundo no hay otro así. De hecho no me acuerdo o creo que nunca supe porque se habían formado los mogotes y si había en otras partes. Si alguien lo sabe que lo cuente. Mientras yo sigo por aquí, entre los grillos y las piedras. La niñita que sale jugando con la botella de cerveza ¡¡porque tenga una botella de cerveza no tiene que ser mi hija!! Es luna, como si lo fuera. Será protagonista de mis próximos vídeos porque fue la encargada de aliviarme de todas las tristezas al volver a Cuba. Fue quien único logró que me sintiera del todo bien al inundarme de su cariño y de sus gracias inocentes y geniales. Aprovecho entonces para presentársela. Para ustedes, Luna de mi corazón.

PD: Ya Liset me ha echado un cabo con este articulo pueden verlo en su blog es algo infinitamente interesante y hermoso. gracias Liset

domingo, 24 de diciembre de 2006

Feliz Navidad........feliz.......navidad

Cuando era pequeño mi mamá me escondía las latas de leche condensada. Además de ser por la libreta no estaba bien que yo me las tomara a pulso como si fuera un refresco. Pero esto dió lugar a que, cuando me quedaba en casa solo, hiciera exaustivas revisiones en busca del dulce tesoro.
Un dia encontré una hermosa y amarillenta caja acolchonada en tela de brillos muy curiosa. Se veía antigua y manchada. Era como un tesoro. Tenía un pequeño broche de perla que abrí cuidadosamente rezando porque no viniera nadie. Cuado alcancé a ver lo que había dentro me quedé boquiabierto ¡Unas bolas de colores brillantes, como de cristal! unas rojas, otras azules, verdes pero de unos colores vivisimos. Me moría por preguntar que era aquello pero no podía decir que lo había encontrado o dejaría al descubierto mi propio rastreo de Nela.

Semanas estuve con aquella curiosidad en la cabeza, hasta que un dia se me alumbró el bombillo y le dije a mi madre que estaba buscando revistas viejas para forrar los libros de la escuela y antes de que ella me contestara me metí de cabeza al closet donde se guardaba aquella fortuna. En lo que mi madre me señalaba unas revistas buenas para forrar libros (La mujer sovietica) ya yo, haciendo gala de actuación ponía tremenda cara de hallazgo y preguntaba como un cañon que que cosa eran aquellas bolas. Mi madre se quedó callada un rato, yo insistí e insistí hasta que recibí respuesta.
- De las navidades
- Y ¿que es eso?
- Nada....una fiesta que se hacía antes.
Las bolas de cristal se quedaron ahí, yo las miraba de vez en cuando como quien tiene un inmenso tesoro pero no sabe que hacer con el. Una a una las fuí rompiendo pensando que quizás su utilidad estaba en su interior y "navidades" no me decía nada. me sonaba a naves, a barcos. ¿quizas alguna flota? ¿algo relacionado con el barco de mi padre?

Pasaron los años. Sobreviví sin las navidades, también sin el fin de año a veces. muchas sin mi cumpleaños. Desde que descubrí que mi mamá lloraba a veces porque no nos podía hacer nada de fiestas o regalos. Somos dos hermanos que cumplimos el mismo dia. Desde ese entonces. No me gustan las fiestas programadas. Lo siento. siempre que cumplo años y puedo me voy a pescar a un rio aunque no hayan peces, o me pierdo por ahi. Pero estas navidades me toca trabajar y tengo que decir feliz navidades aunque para mi no signifiquen nada. de todas maneras es hermoso con la ilusion que los niños de aqui lo esperan, es como eso de los reyes que una vez oí, o me pareció oir y que era que en la bodega te daban un ticket que te decía que dia ibas a cojer los juguetes. A mi, casi siempre los ultimos. un dia cojí una moto pequeña que me encantaba. me gustan las motos. Pero que matazon, los reyes esos eran un poco cabrones la verdad. Lo siento.
feliz navidad
feliz navidad
feliz navidad.

mientras...........me voy a pescar a alguna costa, o al menos sueño que lo hago.

viernes, 22 de diciembre de 2006

Mamá Caridá otra vez.

El 26 de octubre puse una entrada dedicada a Mamá Caridá. Aún está en este blog. El que vea esto tiene que leer primero esa entrada para que sepa quien es esta persona y como vivíamos. Pues aqui está Mª Caridá en directo y con su gracioso cubaneo que mata de la risa. Feliz Navidad mamá caridá y a todos los cubanos del mundo.

Esa negra linda que me acogió como otro más de sus hijos, que tantas veces comí ,dormí, reí y lloré en su casa. que gracias a su genial frase (Los blanco no saben cuidar de sus hijos) me dejó hacer un poco lo que me dió la gana con mi vida, pescar, bucear, bandolerear y hacer de todo por ahi. Siempre cuidandonos y obligandonos un poco a estudiar y a ser mejor persona. Si algún dia tengo hijos ojalá pasen una buena parte de sus vidas con Mª Caridá y mataperreando como tiene que ser.

miércoles, 20 de diciembre de 2006

El artista cubano

Desde que era niño y mi madre me llevaba los dias de cobro al coppelia le oía ahí. Después cuando me escapaba de la secundaria del fanguito también. Más tarde, llendo a buscar a mi novia a la facultad de economía, tampoco se ausentaba. Su musica se fué haciendo necesaria hasta el punto de preocuparme por el si no venía. Creo que es el único músico cubano ambulante que le ponen dinero aunque esté callado. Su música está en nuestros oidos, sin embargo, me enteré que cantaba hace poco. Solo oía el ruido de su percusión. ¿Quien es?la gente lo conoce como el artista cubano. Quizás por el fué que se inventó la frase conocida. ¡Caballeros, cooperen con el artista cubano!

martes, 19 de diciembre de 2006

El Cañonazo de las 9

Aclaración botánica

Un dia estaba en el parque de 7ª entre 4 y 6 creo. El de miramar que tiene los grandes arboles con raices que parecen barbas, discutiendo con un amigo acerca de esos arboles tan hermosos e impresionantes. Que si es un ficus, que si no. que si, que no. entonces para nuestra sorpresa fuimos interrumpidos por un niño de unos 7 años con un guante de beisbol debajo del brazo y mirandonos fijamente.
-¡Ustedes no saben como se llama ese arbol!- espetó seriamente sin pensarselo.
Nos quedamos mirandolo y mirandonos entre nosotros como si hubieramos visto una aparición o algo de otro mundo. Al cabo de largos segundos reaccionamos los dos cayendole en pandilla sin ningún tipo de compasión.
- ¡A si!¡Y tu te lo sabes!¡A ver!¿como se llama?
El niño se llevó la mano a la barbilla como habrá hecho Socrates, o Arquimides, o Einstein un millón de veces. giñó un poco el ojo de la sabiduría y no tardó en dispararnos.
- Ese arbol es...........es...........¡El arbol de las muchas hojas!
Acto seguido se mandó a correr a todo lo que daban sus pies. Nos quedamos callados y sin palabras.Ese dia nos dedicamos a reirnos de nosotros mismos y no discutimos mas nada en largo tiempo.
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domingo, 17 de diciembre de 2006

Breve amanecer en La Habana sin sol

Me despierto. Hago silencio para no despertar a las demás personas que duermen en el mismo cuarto de mi casa del vedado. Voy a la cocina y un breve vaso de agua con azúcar negra, más unas gotas de un limón exprimido varias veces desde ayer se caen al vacío junto a un pedazo de pan que guardé para esta ocasión. Cojo la escopeta y le reviso el aire comprimido. Tiene poco. Con la bomba al igual que el mecanismo de un pozo de petróleo eterno a duras penas voy aumentando la presión de mi peligrosa escopeta de pesca casera. No tiene marca. Se sabe que el mango es la copia de una escopeta Nemrod española pero fundido en aluminio. El mismo aluminio de fundir calderos, llantas de carros, cafeteras, exprimidores de limón, como este que le saco hasta su último zumo. Es del largo de una Superstein pero más mortífera aún. La varilla es de pasador de bisagra del maletero de un chevy de los que eran taxi. Inmejorable acero cristalizado al carbono. Espoletas de acero níkel deseosas de penetrar la carne de algún pez. Cojo las demás cosas. Aletas, plomos para garantizar que me vaya al fondo con el menor esfuerzo, mascara súper occhio de la única que sirve en mi terrible nariz y descalzo como siempre paso el túnel de calzada rumbo a la puntilla. Aun es de noche. Oscuro. Algunos carros pasan como si les pesara todo, muy lentos pero haciendo un ruido terrible que raja la tranquilidad de la madrugada con alevosía. Apuro el paso más y más todo lo que puedo con toda la parafernalia pesada que llevo. Las suelas de mis pies descalzos se agarran bien al cemento de la cera. No hay zapatos mejores que estos. Además es un placer sentir el frío de la calle a esa hora, es como un alivio para quien siempre se esta quemando en una isla al fuego de todos los sentidos. El túnel no llega a su fin, es como si su soledad me obligara a estar con el un rato mas. Es increíble como dura a esa hora. Recuerdo a Tania, cuando la acompañaba a su casa y yo no quería llegar. Al pasar el túnel este se desplazaba bajo mis pies aun si me hubiera parado. Un par de abrazos, dos besos y ya estábamos fuera del túnel. Era maldito. Ahora mismo tenía esa horrible sensación que siempre me embarga en cuba de que estoy caminando sumergido en líquido. En líquido viscoso. Muy viscoso. Meses para una firma. Meses para un cuño. Meses para un turno. Meses para un beso. Meses para un encuentro. Meses para un viaje. Meses para morir. Cada vez que me atacaba la sensación del líquido viscoso me ponía tenso y empezaba a sudar sin parar, es lo que tiene caminar dentro de mercurio, o leche condensada, o chapapote. Pensando en estas cosas ya veía unos pequeños claros en la salida. Un poco de verde árbol confundido con la noche aun presente me daba cierto alivio no sin dejar de sentirme atrapado. El mundo marcha muy lento muy lento, me repetía una voz dentro de mí, hasta que llegaba a la salida.
El olor a mar y a algas descompuestas que salía de la costa me aliviaba de mi gran peso de la lentitud. Ya ponía rumbo a la costa de la puntilla, donde estaba aquel faro que hablaba sin palabras. Cada destello era un ay desmedido y sordo. Cada destello del faro de la puntilla era para llamar la atención. Años y años llorando en el mismo sitio sin ser observado. Nadie le hacia caso salvo algún pescador o enamorado que hacia sus necesidades en la oxidada base que alguna vez fue roja. Desde que existían las luces del malecón ningún barco reparaba en el aviso del faro. Las luces del malecón lo decían todo. Solo era seguirlas. El faro había quedado sepultado en una breve punta de roca olvidad por los habaneros, no era ni siquiera un faro como el morro que todos iban a ver. Era un faro común. Estaba ahí por reglamento marítimo. Por ley. Me sentí de pronto como el. Yo también estaba aquí por ley y reglamento, descalzo, pescando para ganar algo ese día. Casi llegaba entre mis pensamientos a la puntilla. Ví en lo negro de la noche el guiño rojo del pedazo de hierro animado y me acerqué a el. El mal tiempo había barrido toda su base, la había dejado impoluta y con un brillo impresionante. Nada de algas, nada de botellas, ni latas, ni papeles ni ningún resto de la presencia humana. Ahí había estado el mar y donde esta el mar; no queda nada. Miré al cielo. Estaba tan negro que parecía que el sol no vendría ese día a trabajar. Yo también puedo tomarme un día- pensé, y me senté en la base del faro a esperar que amaneciese. A medida que se hizo la poca luz de ese día fui viendo que el mar estaba muy malo para mí. Las olas estaban tan agresivas como si se quisieran vengar de la existencia de la tierra. A veces pienso que el mar no perdona que hayan emergido los bloques de tierra donde hoy los hombres destruyen y crean a su gusto, pienso que el mar quiere volver. Que algo le ha encomendado que recupere lo perdido y que subsane el error de habernos dejado vivir. Pero el mar ya no puede. Ni los mismos hombres pueden. Tan solo algún que otro día salta y cae con todas sus toneladas de sal sobre las primeras calles de la infinita ciudad y barre algún que otro carro o alguna que otra persona, de hecho ya ha roto todo lo que iba a romper y el hombre astuto construye pensando en el. Los muros más fuertes, las pinturas especiales, la cristalería más alta, las vigas con pinturas anticorrosivas. Claro, en mi habana esto no. En mi habana la costa rendía el tributo honroso de estar oxidada, corroída, despintada. Como una humilde reverencia al poderío infinito de quien va a vivir para siempre y ver como todos nosotros nos marchamos. La habana es una ciudad de respeto. Toda la destrucción que tiene la habana la tiene porque la habana respeta el mar en sus costas y calles adentro respeta a los habaneros, corroídos, oxidados, cansados y sin esperanzas. Por eso la habana se está cayendo. No importa cuantos Eusebios Leales haya, la habana no va a cesar de caerse mientras se caigan sus habitantes. A la habana se le cae un ladrillo por cada cubano que se va, se cae un edificio por cada lágrima de cada persona que ame a la Habana este donde quiera que esté.

Me acomodé en la base del faro. Era hora de los primeros claros pero estos seguían sin aparecer. Miré el reloj. Las seis y algo. Pueden pasar varias cosas. Uno: el reloj se ha adelantado y estoy aquí como un tonto y son las cinco de la mañana. Dos: han bajado una circular del consejo de estado con motivo del ahorro de energía que el sol saldrá media hora mas tarde. Tres: el sol estará a partir de ahora en dólares. Aunque todo podía pasar me incliné por la primera pero no fue así. Al levantar la vista de mi muñeca ya el cielo se estaba abriendo. Me recorrió un escalofrío desde la cabeza a los pies. Dos ojos estaban sobre la ciudad. Dos ojos por donde se veía que existía un cielo pero dos ojos serios. Dos ojos que juzgaban a la tierra ¿o a la Habana? ¿O a mí? Me asusté mucho. Dejé de mirarlos y esperé un rato. Volví a mirar y estaban ahí. A pesar de estar aclarando un miedo me recorrió el cuerpo por ese día. Como una advertencia dicha sin palabras. Miré a ambos lados para ver si alguien compartía conmigo semejante visión pero no había un alma en la costa a esa hora. El frío del cambio de vientos me apuñaló como para dejar bien claro mis pensamientos. La advertencia llegó. Es día no me tiré al mar. Cuando amaneció volví a casa y no gané nada. Quizás por eso puedo ahora contarles esta historia. .

Dos ojos sobre la ciudad

sábado, 9 de diciembre de 2006

La memoria es un animal que come duerme y se despierta...... y cuando lo hace, sin querer nos hiere el alma.

Los hombres no lloran. Decía mi mamá cuando me llevaban al Marfán en 17 y 6 a ponerme la penicilina por lo de la garganta. Yo pegaba unos gritos que caían en el vacío oído de la enfermera que me ponía la inyección sin miramientos acostumbrada a este tipo de manifestaciones. De nada valía suplicar que no me inyectaran, que yo me iba a poner bien. Mi madre me miraba como diciendo, haz lo que quieras que de esta no te escapas y rato después el maldito pinchazo. Si en aquella época con apretar un botón hubieran reventado todos los médicos y enfermeras lo hubiera hecho con toda la tranquilidad del mundo. Hasta un día con 7 años que no lloré, tenía tanta rabia que no lloré, después de la inyección diaria de penicilina me preguntaron si me sentía bien ¡los hombres no lloran! Grité a todo pulmón en el recinto de curaciones y todas las enfermeras, mamas y niños se quedaron mirando atolondrados. Salí casi marchando aunque cojeaba un poco, mi padre me agarró muerto de risa. Ya en la puerta del hospital me cargó como quien levanta una pluma del piso y yo lo miré diciendo en lo que sería hoy traducido al adulto. ¿Y este de que coño se ríe?
Cuando salí de cuba, apenas hablábamos entre nosotros. Las diferencias políticas hicieron mella en nuestro entendimiento al punto de no querer yo ir a mi casa. Desde aquel entonces en el hospital hasta ahora me había pasado de todo. De todo. Pero nadie nunca me vio llorar. Para mi llorar era algo inservible, inútil. Era mejor irle arriba a los problemas con fuerza y rabia. A los años de estar en España recibí una carta de mi papá, su letra era peculiar al estar hecha con la mano zurda. Venía en un sobre de esos amarillos donde le pagan a la gente en las empresas, de esos del tamaño del dinero que no se les pega la tapa, pero no la leí. Quizás esperé otra parrafada política de las de siempre. Lo dejé en una esquina. Hasta que un día fui a un cine en Madrid y vi la película (Nada).de Juan Carlos Cremata.
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Ese día lloré mucho en el cine. Por suerte nadie me vio. Lloré porque nuestros padres están ahí como héroes. Porque no les entendemos, porque no le escribimos o le escribimos que estamos bien y que la nieve es blanca. Yo mismo no le escribo ni a dios. Con tanto que escribo. Con tantos palos que me dio la vida, con el perdón. Ese día llegué a casa, busqué la carta de mi padre y la leí. Con mano zurda estaba escrito que a pesar de estar siempre fajados yo era su hijo preferido, el que mas salía adelante, decía. Supuse que debía decírselo, no escribírselo, decírselo en la cara y quizás llenarme de valor y abrazarlo como hacia mucho no lo había hecho. También me decía que estaba enfermo y se sentía mal, que de yo estar ahí al menos se reiría con mis cuentos o recordando nuestras navegaciones en el mar del norte de la Habana o de los sueños. Muchos sueños tuvimos en común hasta que nos mordió el perro odioso e histérico de la política. La rabia sin vacunar nos fue separando. Tres meses estuve en España esperando el permiso de entrada a cuba hasta que se hizo tarde, muy tarde. Estaba tranquilo, solo tenía un frío atroz en el verano de la casa del vedado. Desde entonces solo me visita en sueños y en estas historias que escribo para este blog. Ya no discutimos de política y trato de no hacerlo con nadie, ese perro, al final se salió con la suya, no me dejó nunca más volver a ver a mi padre. Y la escena que está en esta entrada me hace llorar a mares donde nadie me vea.

sábado, 2 de diciembre de 2006

¡¡¡¡¡¡¡¡ Ya volviiiiiiii !!!!!!!!!!!!

Acabo de llegar como aquel que dice. Tengo la cabeza hecha un terremoto. Es increíble que diga que sentí alivio cuando entré al avión y oí a la amable azafata hablarme en español de España. Es como si volviera a la tranquilidad, a la seguridad, a donde las cosas son normales. Es increíble pensar que uno pueda ir caminando y que le suceda cualquier cosa. Desde que alguien te abrace con mucha fuerza porque te quiera mucho hasta que tengas un problema porque un tarado vendió uno de mis documentales a un canal de Miami y me haya enterado yo dentro del caos que es cuba. Ojala no le pase nada a la gente que allá ha quedado. Les prometí cuando hice esas imágenes con las que tan amablemente cooperaron que no las pondría en ningún canal donde fueran politizadas y he fallado, aunque todo ha sido sin mi conocimiento. Felicidades a los que se ganaron el dinero o los puntos con quien solo quiere agredir y vociferar sin pensar en quien pueda salir perjudicado. Ojala quede un ápice de sentido común también dentro de cuba y no molesten a nadie por mi documental. Lo hice. Como bien expliqué una vez.

Por amor al arte.

Problemas aparte les cuento que no filmé mucho, no al menos como acostumbro. Me dediqué a una hija nueva que me ha salido que se llama luna y es la niña mas linda del mundo y un poco a ver la familia y los amigos. No obstante seguí con la línea de filmar lo que admiran mis ojos y quisiera compartir con las demás personas que quiero.

También complací a aquellas personas que me sugirieron que querían oír además de música, ruidos de la ciudad y gente hablando en “cubano” se van a cansar de esto porque grabé hasta la esquina caliente y ahí hay un cubaneo de tres pares. Pa comer y pa llevar. Va a ser un gustazo. Bueno creo que tengo trabajo como para unos diez capítulos con todo lo que tengo. A pesar del pirateo sucio no voy a dejar de ponerlos. Se que por cada uno que se busca unos dólares con mis videos los ven miles de personas, unos cuatro mil contabilizados por mi blog. Les deseo que disfruten con esta nueva temporada y que al igual que yo hice puedan VOLVER A LA HABANA.


La habana no es de los que ordenan, ni de los que prohíben
La habana es de los habaneros, los cubanos y los ciudadanos del mundo que la amen
Hay que volver a la habana
La habana no tiene culpa que no nos quieran ahí
La habana es nuestra
Y aunque le duela
Y aunque nos duela
En contra de quien sea
No hay que darle el gusto a los exiliadores
Hay que volver a la habana

sábado, 11 de noviembre de 2006

Mensaje en la botella

Hoy andaba por las pistas del aeropuerto. Como siempre en el poco tiempo libre miro los aviones. Las ruedas, los mecanismos. Vaya cosas que ha hecho el hombre con tal de ir lejos. Viejas maquinas cansadas de cruzar el océano una y otra vez. Pájaros de aluminio, me encantan. Se que algún día volaré en uno llevado por mi mismo. El atardecer en las pistas es hermoso, se ven los cuerpos de las inmensas maquinarias a contraluz, moviéndose lentamente como si les costara.

De pronto miro al piso y hay una pequeña mancha de petróleo. Me da el olor. El poco sol que queda lo va vaporizando. Se ve como una distorsión en la atmósfera de los vapores de turbinas y reactores. El silbido es terrible, mas yo no lo oigo. Tengo el MP3 puesto a casi todo volumen con la versión en piano de cenizas del paraíso. Intentaré ponerlo en este articulo. Ya veré como me arreglo.

El olor a petróleo aunque pueda ser asqueroso, y lo es, me lleva lejos. Muy lejos en esas puertas que se abren cuando uno tiene esa caja de Pandora abierta que son los recuerdos y las nostalgias. Es enfermizo. Estaré enfermo. Me lleva al mar. Al barco de mi padre, a los pescadores, al río almendares, a mis carros viejos de mi alma, a mis manos negras de ex mecánico. A lo lejos las montañas imitan para mi placer un leve color azul ¿o serán vastas y tontas ideas mías? Si detrás estuviera el mar.

Mas tarde ya voy a casa. Un buen compañero me lleva e insiste en dejarme casi en la puerta. No dejo de alegrarme cada día de los compañeros que tengo. Como me hacen reír. Cada uno tan especial, tan humano. Camino lo poco que me queda cabizbajo miro un pie y otro. Aunque es viernes mi barrio está silencioso a las doce de la noche que llego a casa. Subo. Como. Leo el correo con el plato al lado de la computadora. La gente ha leído y me agrada. Por suerte no hay nadie en casa y pongo la misma música que he estado oyendo todo el día.

No se para que pongo estas cosas tan comunes y diarias. Debe ser por el olor a petróleo. Pongo el sonido del mar. Me recuesto, no duermo. Me voy por ahí, dentro de mi, muy lejos. Nunca supe en Cuba que uno podría navegar tan lejos dentro de uno mismo. Claro. Aquí no pasa nada. Todo bien, pero falta algo y me hago esa gran pregunta. ¿Qué me falta?¿que falta? A las tres de la mañana me preparo un trago bien cargado de Havana club y coca cola. Pasa por la garganta y acto seguido miro la transparencia del vaso, si es que la hay. A contraluz las cosas son mas hermosas, quizás es porque no se ven de frente sino solo las siluetas. A contraluz están mis pensamientos y por eso no llego a conclusiones con ellos. Menos el reloj, todo funciona mal. Cada cuerda del piano me hunde más en las ideas que una tras otra se van con la misma rapidez que llegan ¿Quién me entiende? Yo no me entiendo. Me prohibiré pensar un rato. Estaré tranquilo un rato. Aquí estaré. Le diré a los dedos que no toquen mas teclas con letras. Haré silencio de recuerdos. Un silencio.

miércoles, 1 de noviembre de 2006

El dia que me morí (Primera parte)


En los años 80 tuve la genial idea de no estudiar más. Me parecía tonto, con tanto mar en mis manos y tantas energías. Ya he contado antes como me fueron las cosas con mis padres y que me tuve que marchar de casa. A duras penas terminé el 9º grado al pasarlo por tercera vez en una escuela taller que se hacía solo el semestre perdido con el incentivo que si salías bien después estabas 6 meses de vacaciones y así fue. En enero terminé la dichosa escuela con buenas notas, solo que quien salía de una escuela taller no tenía ni siquiera derecho a un técnico medio. Obrero calificado y va que jode para mi. Matriculé, pero iba una vez por semana y le llevaba pescado al profesor para que no me jodiera, eso si, en las pruebas me leía un poco el libro antes y las sacaba bien. Que bruto que era. Yo pensaba que era un héroe por no ir a la escuela. Huckleberry finn había calado muy hondo en mi y no me hubiera importado vivir en un barril y fumar pipa. La libertad por aquel entonces era toda mi riqueza. Porque un hombre es rico cuando tiene todo lo que quiere y sueña.

Pero había que buscarse la vida si se quería ser libre. Como pescador estaba bien, se ganaba buen dinero, pero en invierno con los nortes no se pescaba nada. Fuimos emigrando la zona de trabajo. El malecón y Miramar se ponían muy malos con los nortes. Unas rompientes imposibles, corrientes raras y aguas muy turbias por las revolturas. La cosa estaba mala y no queríamos dejar de hacer nuestras cosas. Bucear o montar vela era vital. Sin eso la vida no era nada.

Hay muchas cosas que no se pueden contar de cómo nos buscábamos la vida en Cuba mi gente y yo. Básicamente éramos una pandilla el negrón jiscler, Igor el bujío y yo. Con nuestros equipos remendados pescábamos el diario y a la tarde montábamos vela juntos. Cuando sobraba el dinero algún que otro buceo turístico, un lujo incomparable para el nivel de vida de esa época. 

Aquí estamos tres el negrón Jiscler, Igor y yo.

Después empezamos a incursionar en Santa Fé, Playa Del Chivo, Santa Cruz, Canasí, Bacunayagua, Mariel. Llegó un momento en que casi lo que ganábamos nos lo gastábamos en el viaje. Fue un invierno raro. Un norte detrás del otro. Decididamente, no se podía pescar.
Generalmente nos reuníamos casi todos los días en la playa de doce en Miramar. Todos con los equipos en las manos pero nadie se tiraba. Solo unos locos (yo también a veces) nos metíamos en el mar con unos pedazos de madera a coger olas. Salíamos con bastantes heridas en las rodillas que ya ni sentíamos. Pero nada importaba en esa época. Lo mas gracioso es que se reunían todo tipo de pescadores y cada uno se puso a contar como se ganaba la vida en el mal tiempo. (A) por ejemplo:se ganaba la vida porque una vez al mes, se metía de madrugada en el acuarium y se llevaban un carey de la pecera, finalmente ya lo estaba haciendo de acuerdo con el custodio y compartían ganancia. Estaban valorando la posibilidad de también extender operaciones por el zoológico. (B) Iba hasta las inmediaciones del Mariel y ahí atacaba de madrugada las redes de los barcos pesqueros de quelonios (tortugas, careyes, caguamas) y sacaba mucha carne, al final decía con orgullo –si esa carne no la va a ver nadie en cuba, antes que se la coma un turista, me la como yo- Le aplaudíamos eufóricamente. (C) ya era mucho mas sofisticado –yo pesco con la segueta- esgrimía al aire un marco de segueta que no le cabía una partícula de oxido más, este cogía corales, coral negro. Valiosísimo en los sectores de la joyería. También aplaudido por la peña por el inmenso riesgo de trabajar a mas de 50 metros de profundidad, con los consabidos cálculos de descompresión y los accidentes ocurridos en más de uno. Nos tocó el turno a nosotros. Nos miraron y hubo un silencio muy largo. ¿y nosotros que hacíamos? Nos miramos los tres. Si no había pesca, no se pescaba. Se montaba tabla que en los nortes era divertidísimo y alguna que otra cosilla, a veces yo arreglaba algún barco de fiberglass, me había hecho experto en esto. Jiscler tocaba tambores en un grupito de mala muerte y el bujío vendía gasolina. Nada honorable como las historias anteriores. Vaya pena. Éramos unos don nadie en el mundo de los piratas modernos de La Habana, y si que eran piratas, todos gozaban de heridas, de mordidas de peces, de argollas, anillos y cadenas y yo la única marca que tenia era unos puntos en la barbilla que me hice tratando de imitar a uno del circo ruso que pasaban por la televisión los domingos, pero eso, por supuesto que no lo iba a contar.
Uno de ellos, nombrado “el papa” un gordo de unos 40 años, quemado por el sol y con unos harapos por ropa a pesar de tener varias cadenas de oro en el cuello, sonrió un poco en el silencio. Me puso la mano en el hombro y dijo como para que se oyera. No nos hagas caso, si tuviéramos tu edad, haríamos lo mismo que tu o peor, estaríamos en casa perdiendo el tiempo o viviendo de nuestros padres. La conversación siguió por otros rumbos. Yo me sentí aliviado al igual que mis otros dos mosqueteros. La sentencia del papa no fue discutida. Se pasó a otro tema y se olvidaron las proezas por ese día. Éramos acogidos como los hijos que deben aprender de sus padres. Nuestros padres en ese momento eran. Los piratas de la Habana.
Mas tarde, cuando ya el sol siseaba con el agua y se sentía un frío inusual que venia justo del norte, uno a uno se iban retirando cabizbajos por el día perdido. Algunos de estos pescadores tenían familias que mantener, hijos y habían escogido esta difícil vida antes que (según ellos) hacer como que trabajan para un estado que hace como que te paga. El Papa se quedó de último. Miraba al medio del mar como si hubiese perdido algo, afinaba la vista y se ponía la mano en la frente a modo de visera.
- ¿buscas algo papa?
- dicen que vienen lanchas de los estados unidos y se llevan a la gente, ya es hora de irse, si veo una, me piro.
- ¿que tu vas a hacer en el yuma papa? Ahí hay que trabajar.
- que mas quisiera yo, que poder vivir de mi trabajo.
Esas palabras se me quedaron grabadas. La frase vivir de mi trabajo fueron muchos años mas tarde detonante para que esté donde estoy. Pero esta historia no viene por aquí, viene por lo que pasó a continuación.
Cuando ya las sombras habían desaparecido y quedaban esas ultimas luces de la tarde, homogéneas, tenues y frías que inundan todo como si tuvieran la extraña capacidad de doblar en las esquinas de las cosas, aún estábamos sentados en el muro. El viento amainaba y solo se oía el ruido de las olas que estas, a pesar del mal tiempo también iban bajando como cansadas de estar todo el día royendo las piedras. La gente iba dejando la playa sola, entonces dejaba de ser lo que era para convertirse en costa. En la mas infinita y hermosa costa de la rivera de la Habana que algunos días se divisaba hasta la fábrica de cemento del Mariel a 21 millas mas o menos al oeste y al este el malecón que amurallaba cualquier tipo de visibilidad mas allá de sus muros que contenían a la ciudad cansada. El papa seguía ahí, mirando al mar, sin pestañear casi. Nos acercamos sigilosamente para no molestarlo pero sin dejar de preguntarle como cada día a la despedida.
- ¿Donde crees que sea bueno pa pescar mañana papa? Con el tiempo como está.
El papa no dejó de mirar el horizonte, solo dijo una oración.
- El que quiera pescar….mañana a las cuatro y media de la mañana en la Terminal de guaguas del lido. Le garantizo mínimo 300 pesos.
Nos fuimos en silencio. Ya los mosquitos empezaban con sus ataques y además había que acostarse temprano si se quería ir a pescar mañana en la madrugada. Al poco rato de alejarnos de la costa Jiscler dejó bien claro que mataría con sus propias manos a quien osase despertarlo tan temprano. El Bujío también se quitó con no recuerdo que excusa, algo de vender gasolina. Yo dije que yo si iba, no asistía a la escuela y además para estar metido en algún lugar aburrido, mejor iba a ver la forma de pescar del papa y así después la copiábamos nosotros. Quedó claro que era el más mercenario de los tres. Pero no importaba, donde hay amistad, todo se ve bien.
Esa noche no dormí nada bien, entre sobresaltos y preguntas. Había aceptado ir a pescar con uno de los más piratas de los pescadores de la habana, sin preguntarle que tipo de pesca hacía. A veces eso me caía mal de mi mismo, era un poco tímido y por no hacer preguntas en más de una ocasión me metí en un lío gordo. Pero lo hecho, hecho estaba, así que me intenté relajar pensando que mañana ganaría un poco de dinero y quizás podría invitar al cine a un amor que me estaba rondando la cabeza. Me tranquilicé y poco después perdí el contacto con la tierra. Me despertó el pitido intermitente de mi reloj pulsera, un digital del mas barato sellado con resinas epoxicas para poder bucear con el. El silencio era denso como la bruma que hacía a esa hora. Levantarse con frío es algo terrible. El frío húmedo de la orilla de un río se mete por todos los resquicios del cuerpo y el alma. No tenía abrigo, pues cuando me fui de mi casa no hacia frío, pero imaginé que en cuanto caminara un poco se me quitaría. Por increíble que parezca a esa hora habían guaguas, una a cada hora. No me acuerdo el número exactamente pero si había una que desde la calle línea te dejaba por la liga contra la ceguera o el lido. Cogí la primera que vino y en poco más de veinte minutos ya estaba desembarcando en el lido. Busqué al papa y le vi durmiendo plácidamente en un banco en el que había mas personas diseminadas en un orden caótico. Gente de campo y gente de mar, gente con sombreros, gente vestida de marineros, todos en la más profunda de las ensoñaciones. En el piso dormían perros, gallinas amarradas, algún que otro cerdo e incluso jaulas de conejos, aquel recinto olía a zoológico y hacía un calor denso comparado con la frescura de la madrugada de la calle 41 a esa hora.
Estuve tentado de despertarle y preguntarle de que se trataba hoy “la pesca” me había traído mi escopeta de ligas, la menos preciada por si me la quitaba la policía (me había pasado muchas veces) y mis equipos de siempre, las aletas power plana de la Mares y mi careta superocchio que era la única que servía a mi desmesurada nariz. Me senté en una esquina pero alerta de no quedarme dormido no fuera a ser que se fueran y me dejaran, o me lo llevaran todo. Con los nervios como los tenía iba a ser fácil no dormirme, así que me puse a hacer lo que mejor sabía hacer en esos tiempos… a esperar. Como a las 5 menos 10 llegó una guagua de las americanas, viejas, redondas con algunas ventanillas redondas y pintas de submarino. Se levantó toda la gente como si de una alarma hubiera salido la palabra ¡Guanajay! Que todos estaban esperando. A duras penas logré introducirme en el ómnibus y la guagua arrancó dejando un montón de gente abajo y llevándose otra cantidad de gente colgada en la puerta. Recuerdo un marino de las FAR colgado literalmente de una ventanilla a lo Indiana Jones. El papa me vio y me saludó con alegría. Me presentó como a tres más que estaban reclutados por ese día, también me hizo cargo de unas maletas de madera gris que parecían de escuela al campo. Pesaban un montón y por fuera tenían letras rusas – a saber que coño es esto- me pregunté no sin antes ponerme un poco nervioso.
Contar el viaje aunque interesante sería extenso y se saldría del espacio de esta historia. Como dice mi frase favorita. Eso es parte de otro cuento. Así que grosso modo llegamos a Guanajay, ahí otra matazón para la guagua del Mariel y ya amaneciendo en al Mariel, la guagua de Cabañas. Llegar a Cabañas es lindisimo. Es una bahía limpia ocupada por pocos pescadores y bases militares con submarinos y todo. Tenía lindas playas pero acercarse ahí era peligroso. No obstante, antes había estado en un par de campismos que estaban en sendos cayos en el medio de la bahía con piscina incluso algunos. Nos bajamos en el pueblo y ahí caminamos bastante con la pesada carga hasta un muelle que se llamaba el CABAMAR o CALAMAR no recuerdo bien. Ya amanecido empecé a mirar caras de la pandilla que íbamos y a reconocer algunos de ellos. Éramos unos siete mas o menos sin contar el papa, el era el coordinador de esta pesca así que era muy probable que el papa ni tocara el agua ese día. Hicimos un circulo alrededor del papa que vestía una camisa de las que se llamaban bacteria, no se porque, con las cadenas y los anillos reluciendo en tamaña cascada de coloridos que formaban los dibujos de la brillante tela. Nos sentamos encima de las cajas a esperar algo. Algo que no llegaba y que el papa impaciente apuraba o trataba de apurarlo con solo mirar el reloj rolex chino que ostentaba en su muñeca acompañado de manillas y pulsos.
- ¿quien viene por primera vez?
- Yo.
Dije sin esperar respuesta de los demás, quizás se me notó algo la ansiedad por saber de que se trataba. Entre las caras conocidas estaba el cromagñon. Le decían así porque siempre buceaba con una llave ajustable grande, llena de oxido en la desvencijada trusa que usaba. Era para “ajustar” entiéndase darle unos golpes a su regulador japonés aquamaster bitraquea de la segunda guerra mundial y que solía dejarlo sin aire en los momentos mas emocionantes de la pesca o mas peligrosos de un buceo sea cual fuere, era de risa verle dándole martillazos en medio de la profundidad y haciendo una escándalo tal que todos los peces se iban en estampida, después, abajo del agua misma se lo volvía a poner y todo como si no hubiera pasado nada. Lo conocí cuando hacía competencias de apnea en el Cristino, yo siempre me llevaba el premio al estar 3 minutos y 45 segundos sin respirar, llego el un día con sus cuatro diez y se me acabo la fiesta, nunca mas competí en apnea cada vez que le veía, pero con semejante entrenamiento claro que tenía que aguantar eso. Era un desparpajo de semi pez, semi hombre que siempre estaba regalando sonrisas y buena amistad. El cromagñon se merece una historia para el solo. También estaban el tubero, botellita, mataviejas, el cilindro y Alex culoroto. Al final si les interesase explicaré porque cada uno de estos nombres.
El cilindro también dijo que era su primera vez, los otros ya habían venido mas veces así me tranquilicé porque se que el cromagñon era buen buzo y me daba confianza saber que tenia un conocido en esta nueva e improvisada pandilla. El papa encendió un cigarro y se dispuso a explicarnos, deje de observar como amanecía en la hermosa bahía y de oír a los gallos del campo para prestar atención esta información era crucial para salir bien ese día, así que me volví solo oídos y se hizo silencio.
- A ver, pa los que no han venido…aquí venimos a pescar madera. Se trata de en el tiempo de aire que tenemos sacar la mayor cantidad de planchas de plywood marino que hay en los barcos hundidos de esta bahía. Nos llevan y nos traen, ustedes solo tienen que desatornillarlas, otros las sacaran del barco y otros las subirán al bote que nos lleva, mientras mas saquen mas dinero hay eso si, no se pueden romper, ni palancazos ni nada de eso, solo destornillar. Arriba repártanse el trabajo.
No puedo negar que me quedé un poco aturdido, miré a la gente uno dijo ¡yo saco! Otro ¡yo subo! El cromagñon dijo yo desatornillo y yo me quede sin palabras con mi escopeta en las manos y sin decir nada. Debo haber puesto una cara rara porque el papa me miro con preocupación.
- Si no quieres ir, no te preocupes, se que es un trabajo duro.
- Si, si quiero. ¿Solo que donde dejo la escopeta?
El papa miró la escopeta detenidamente, la tomó y la examinó por todos lados.
-¿Cuanto vale esta escopeta?
- No se…..cincuenta pesos.
- Coge estos cien – me metió cien pesos en el bolsillo de mi camisa azul de becado que llevaba, metió la escopeta detrás de unos arbustos en la costa.
- Si cuando salgamos no está ahí, quédate con los cien pesos y dala por vendida. Coge tu herramienta.
Me extendió varios destornilladores, cada cual mas oxidado, escogí el que mas fuerte se veía el cabo y mas cuidada la parte plana
-Recuerda.. nada de palancazos, la plancha tiene que estar buena si está astillada no nos la pagan.

En eso se sintió el ruido de un barco. Un barco gris de cemento, pintado con pintura descascarada que se caía a pedazos. Nos montamos todos en el, la cubierta estaba fría y salada. Con estos cristales que forma la sal al secarse y que siempre resbalan como diminutas bolas transparentes. El barco tomó rumbo a lo profundo de la bahía. Como un juego iba bordeando cayos pequeños y se veían algunos barcos de guerra semihundidos. Yo pensaba que eran esos barcos, barcos medianos, pero seguíamos de largo en lo que el sol empezaba a calentar nuestros cuerpos. Llegó un momento en que el pesado barco de cemento empezó a hacer olas y a dar pequeños saltos, me alegré un poco porque recordé cuando salía pescar con mi papa en su barco, El Paraíso. Perdí la cuenta de que rumbo llevábamos o cuantos cayos habíamos pasado. A lo lejos en el horizonte se veían marañas de mangles inexpugnables. Nadie hablaba entre si, yo estaba nervioso y asustado, no sabia que me esperaba aunque ya tenia una mínima idea. Pero bueno, había hecho cosas peores y esto no era nada del otro mundo, el papa se veía tan tranquilo que daba esa sensación, el cromagñon en mas de una oportunidad me dijo, vas a ver que divertido y eso me hacia volver el alma al cuerpo aunque no mucho porque al cromagñon también le parecía divertido que a cuarenta metros el regulador le fallara y le comenzara a funcionas después e ochenta martillazos y cuando ya estaba a punto de ahogarse.

Bordeábamos una costa llena de pájaros marinos cuando se apareció una especie de tubo o columna con varios cables, muy oxidado todo en el medio de la bahía. Apagaron el motor del barco y tanto silencio a esa hora me rompió algo en los oídos. Se sentía como una presión que casi hubiera preferido que dejaran el motor en marcha. Poco a poco fue aliviado por el ruido del agua de sentina y el burbujeo de los escaramujos del casco de este viejo barco. La gente empezó a abrir las cajas de madera y vi en su interior unas botellas de buceo “bitanques rusos” de catorce litros con su correspondiente regulador ABM-1 usados por el ejercito, copiados del primer regulador inventado por el dúo Costeau- Emile Cagnan. Eché una ojeada al agua y se veía todo transparente y limpio pero verde como el agua de las bahías. Me engancharon sin preguntar un par de botellas de estas y ayudé a los otros ponérselas también. Las manos me temblaban un poco y me hubiera gustado ir al baño, pero ahí no había. Todos se tiraron al agua al unísono, el estruendo fue uniforme como una gran explosión que hizo eco en el impecable silencio d esa mañana pinareña. Ya me iba a lanzar cuando el papa puso en mi mano una linterna grande como de doce o diez pilas que me puso más nervioso aun. La agarré con seguridad e intentando ser profesional me largué al agua como pude para no quedarme atrás. Ya casi estaban listos y tenían todo puesto, yo ni siquiera había lavado mi mascara. En unos segundos me la puse y metí la cara en el agua a ver que se veía. De pronto, el corazón me dejó de latir. A unos veinte metros mas o menos de profundidad se veía………..¡UN CEMENTERIO DE BARCOS MERCANTES! La vista era indescriptiblemente impresionante, tuve que esperar un rato a que el corazón volviera a su lugar. De esto no puedo dar mas detalles. La palabra no alcanza para describir lo que sentía. Hay que estar ahí para saber como yo con 18 años me las arreglé para que no me diera un infarto. Eran fantasmas de hierro, llenos d peces, algunas barracudas amenazantes. Figuras abstractas del capricho de la naturaleza. Una gran instalación artística promovida por las corrientes y la vida que había en ese lugar. Era….casi lloro dentro de la mascara. El cromagñon se quitó el regulador por un momento y me tocó por la nuca, saqué la cabeza del agua. Supongo que tendría los ojos fuera de las orbitas porque al verme echó una risotada que sacudió todo el espacio silencioso.
-Voy a entrar primero, tu vez como yo lo hago y entonces metes mano.
- Okay – dije sin preguntar más.

Le saqué el agua a las mangueras del regulador y comencé junto a los otros el descenso. A medida que me acercaba, el murmullo de las burbujas y la vista entre penumbra y amanecer más las raras figuras mal vestidas que me acompañaban, me acercaban más al sueño de visitar otro planeta. En este justo momento me sentía aterrizando en la nave de alíen y no cabía en mi de emoción y alegría mezclado con miedo, nervios y de todo. Casi me olvido de la linterna que se me cayó un par de veces, pero logre cogerla antes de que se alejara de mi mano lo suficiente como para perderla del todo. El cromangñon iba delante y me hacía señas de que lo siguiera. Me paré en la superficie de uno de los barcos a mirar en derredor. Era mi sueño sin avisarme, uno de los mejores buceos de mi vida. Imágenes que se quedaron grabadas en mí para siempre. El cromangñon se quitó las aletas para no remover el sedimento y yo hacía exactamente lo mismo que el. Entramos caminando a un barco de los más grandes, bajando por puertas y escaleras como si estuviéramos en la ingravidez. Ya el se conocía al dedillo todo el camino, de hecho, se veía que ya habían removidos bastantes planchas de la preciada madera. Hasta que llegamos a una gran sala que podía ser de mando porque se notaba en la penumbra controles, radios, teléfonos y cosas así. Entonces empezamos a desatornillar planchas. Los tornillos salían fácilmente, estábamos a unos veinte metros más o menos. Cada chapa de madera que sacábamos era llevada a al exterior por otro de los buzos que a su vez era entregada a uno que subía y bajaba constantemente. Esta era la peor parte, la de subir y bajar constantemente, las planchas casi no flotaban porque estaban saturadas de agua al parecer por la presión.


No se cuanto tiempo transcurrió de sacar chapas de estas, debo haber zafado mas de 50 cuando se me empezó a acabar el aire. Miré el manómetro del cromangñon y también ya casi estaba en cero. Así que ya había que irse. Todos ya habían subido solo quedábamos nosotros dos. Le pedí al cromangñon que se fuera alante que yo iría después por la idea de ver un poquito el barco por dentro y el me hizo caso. A mi me quedaban unas diez atmósferas por haber hecho el trabajo mas suave y que menos energía requería. Cuando el cromangñon se fue, me puse a recorrerme el barco por los pasillos. La poca luz que entraba por las ventanas era como una decoración tétrica, morbosa. Los pasillos aun conservaban huellas de que ahí había vivido gente. Entré a varios camarotes uno por uno donde se veían camas y muebles, seguí por los pasillos hasta que llegué a lo que pudiera ser la parte central de las bodegas de carga y bajé. Iba pasando de un piso a otro mirando los niveles como si me hubiera suicidado lanzándome al patio central de un edificio lentamente. Entré en un recinto que parecía la sala de maquinas con enormes motores dormidos llenos de peces. Encendí la linterna. Las luces que iban quedando ya iban siendo las menos a pesar de que eran mas de las nueve de la mañana. Me llamó la atención un corredor en específico, al final había un cuadro en la pared, entré sin pensarlo y llegué como una meta hasta el cuadro. El agua estaba tibia y cómoda y no provocaba perdidas de temperatura ninguna a pesar de tener yo puesta poca ropa. Limpié el cuadro con el dorso de la mano y vi una foto de alguien. Estuve un buen rato preguntándome quien seria ese alguien y haciéndome conjeturas.

De pronto me llevé un susto porque empecé a sentir unos golpes tremendos en el casco del barco. Eran acompasados y supuse que era que me estaban llamando. Miré el manómetro y me quedaban solo unas cuatro atmósferas. Había hecho una tontería imperdonable, me quedaba lo justo para salir, pero no se salía por arriba, había que salir por una escotilla lateral por donde mismo había entrado. Así que volví sobre mis pasos pero ya parado en medio del gigantesco espacio central no recordaba por cual piso era. Cuando comencé a bajar había pisos por encima de mi, no se cuantos y por debajo, todo era igual, lleno de algas y corales. Subí lentamente como intentando ver alguna huella de mí paso o del paso de los demás, pero el extremado cuidado de no levantar sedimento había hecho que no tocásemos al menos lo menos posible para no enturbiar el agua. El corazón me dio un brinco acompañado del pensamiento – la hemos cagado- intenté estar tranquilo. Pero ya tenía el tiempo contado y nunca fui bueno para competiciones. Empecé a aletear mas rápido y ya se iba levantando de tras mío una capa de sedimento, lo que me prohibía volver atrás una vez mas. Me imaginé en uno de los pisos que una raya era el rastro del arrastre de una de las planchas y por ahí mismo entré, pero nada me parecía conocido y a la vez todo igual. No me quise dar la noticia de que estaba jodidamente perdido en una mole de hierro de miles de toneladas. Seguí pensando que mi suerte natural me haría encontrar la salida en el último momento. Poco después ya iba a la máxima velocidad que permitían mis piernas, doblaba como un hábil pez por pasillos y recovecos buscando un poco de luz pero esta se iba desapareciendo, lo que me daba la impresión de que me estaba metiendo en lugares mas sellados aun. Daba vueltas sobre mi eje al mismo tiempo que me desplazaba para inspeccionar el techo también por si había alguna grieta. Llegué a un recinto de unos tres pisos de altura que estaba lleno de cadenas. Una montaña inmensa de cadenas – me caguen diez ¡esta es la proa!- esas son las cadenas del ancla. Ya el corazón me funcionaba como un motor diesel. Intenté coger un hierro del piso para golpear y que al menos así supieran donde estaba. Todo estaba soldado. Apague la linterna un momento.
La vista se me fue adaptando a los fantasmas. Cientos de figuras se fueron delineando entre todo tipo de mecanismos, tuberías, cables, cadenas y puertas cerradas. De haber tenido tiempo me hubiera puesto a buscar similitudes con cosas humanas. Nadé suavemente intentando acercarme hacia esa luz. Llegué a un corredor donde la luz se hacía más fuerte. Comenzaba a descubrir pasamanos, maniguetas de puertas, detrás de una de ellas salía bastante luz así que me puse los pies en la pared y tiré con todas mis fuerzas. La puerta se movió un poco. Y logré entrar. Era un simple camarote con una pequeña escotilla redonda por donde a duras penas me cabría la cabeza. Intenté volver pero todo estaba revuelto. En mi estampida había puesto todo patas arriba y el sedimento bajaba con la misma calma que tiene dios para llevarse a las almas perdidas, yo era una de ellas.


Comenzaba la cuenta atrás.

Tres atmósferas.


Intenté salir por la escotilla aunque me rompiera los huesos, pero los hombros no me salían aun así calculé que si me quedaba trabado donde dejaba el tanque, tendría que sacar el tanque primero y después intentarlo yo.

Dos atmósferas.


Saqué el tanque a duras penas, me pasé las mangueras por detrás el cuello y mordí la boquilla con fuerza no fuera a ser que se cayera el tanque por la borda y yo me quedara entonces ya sin aire del todo y sin oportunidades de nada, lo intenté otra vez pero los hombros no me pasaban. Empecé a sangrar un poco por los brazos supongo que con el esfuerzo me había dañado un poco la piel. Entré de nuevo. Golpee con el tanque la pared repetidas veces. El burbujeo iba removiendo la habitación, solo me quedaba golpear la pared que hacia un estruendo horrible para que me oyeran, quizás ya estaban todos arriba esperándome tranquilamente. Sé que no se habían ido porque el papa y el cromangñon nunca se hubiesen marchado sin mi. Me empezó a faltar el aire, ya se hacia difícil de respirar.


Una atmósfera.


Me senté en el piso a pensar. Pero no se me ocurrió otra cosa más alegre que ver mi velorio. Intenté recordar que libros tenía en casa para saber que heredarían los amigos. Imaginé al jiscler y al Bujío sin mí. Ya crecidos, casados, con hijos haciéndole cuentos a los hijos de un amigo que tuvieron una vez. Cogí un teléfono que estaba medio flotando suspendido al alcance de mi mano y me pregunté si esa llamada era para mí. Me dio risa. Traté de dar vueltas al disco pero caí en cuenta que no me sabía el teléfono de nadie, que ese teléfono no estaba conectado y que en ese barco estaba casi todo muerto y dentro de poco estaría todo muerto del todo. Me puse el auricular como si de verdad se tratase de una llamada. Dios quiere hablar conmigo. Sonreí y deje escapar la última bocanada de aire útil. Ya no respiraba pero por suerte, no estaba en pánico. Había oído decir que cuando uno le falta el aire entraba en una narcosis, pero no sabia mucho mas, no era buzo. No había estudiado buceo. No tenía ninguna idea que venía ahora pero lo que fuera seria recibido con calma. Lo que fuera que me estuviera haciendo esto no le iba a dar un espectáculo para que se divirtiera. Quizás en este barco habían muerto gentes al hundirse y me estaban observando, quizás en su momento ya los vería yo a ellos y seria parte de ellos, no me molestaba vivir en un barco hundido, mucho menos en el fondo del mar. Esto tenia partes buenas, solo pensé en mi madre y se que las lagrimas eran menos saladas que el agua que me rodeaba pero fue por corto tiempo. Me jodía no ser adivino. Si hubiera sido adivino hubiera hecho un montón de cosas antes de meterme en este lío, o no me hubiera metido. Bueno el destino es incontrolable. Quizás aun sabiéndolo las circunstancias me hubieran llevado hasta ahí hasta ese barco muerto de donde sacábamos buenas planchas de madera para que alguien decorara su casa con hermosas maderas incorrompibles.



Cero atmósferas.


Nelda me gustaba mucho. Sus ojos verdes detrás de su piel morena quemada por el sol eran lo más hermoso que había visto. Para colmo era simpática y cariñosa, pero no se porque rayos cuando estaba junto a ella yo no decía ni media palabra. Quedaba como un atontado tímido y así era. Después me quedaba con ganas de golpearme a mi mismo. Como ahora. Si dios me dejara salir de aquí se lo diría. Que me gusta mucho. Que quisiera que fuera mi novia. Me había pasado e l tiempo posponiéndolo y mira donde estaba ahora. También debí haber ido menos a la escuela de lo que fui, a ver ¿de que me valen los estudios? ¿Harán pruebas en el cielo? ¿Habrá otra vida? Soy afortunado, voy a saberlo. Me estoy sintiendo bien, me estoy relajando, no tengo fuerzas.



Dióxido de carbono.


Me escapé del servicio militar, de ir a la guerra de Angola. Me salvé de tantas cosas. Al final la vida no era tan buena. Aunque no me quejaba de ella no niego que me la pasaba sufriendo aun haciendo lo que más quería. La vida es trágica por naturaleza porque es la manera de hacer que te defiendas. Una vida sin problemas, trabas y pruebas desaparecería tu instinto de conservación. La gente rica por ejemplo, los que tienen de todo sin esfuerzo siempre están con depresiones y tonterías de esas. Yo tenía mis tristezas pero disfrutaba de ellas. Mis tristezas son lindas y las quiero a pesar de estar siempre riéndome. Dejé caer el teléfono, la cámara lenta de las cosas que suceden bajo el agua estaba exagerada. Todo sucedía más lento que lo normal como si se estiraran los últimos minutos. Nelda me gusta pero quizás nunca me haga caso. Lo que si no puedo dejar de decírselo ¿Donde estará? Miré el reloj, las diez menos cuarto. Estará en el tercer turno de clases como toda persona normal. Claro que no podía fijarse en mi porque yo era un anormal, un mataperros como bien decía mi madre o un antisocial como decía mi padre. Nunca entendí la palabra antisocial, yo tenia buenos socios así que no se a que venia eso.


Narcosis.

La luz se fue yendo poco a poco y todo el entorno se alejaba de mí sin piedad. Huía como si todo lo que yo tocase fuera maldito El pequeño foco de la linterna encendida fue lo último que vi. Me agarré de ese punto lo más que pude. Recordé cuando me fueron a operar de pequeño que yo trataba a pesar de la anestesia, de mantener los ojos abiertos para que el medico no fuera a pensar que ya me había dormido y me metiera cuchilla antes de que hiciera bien su efecto. A pesar de luchar y luchar los ojos habían dejado de ver poco a poco como ahora. Ya se había asentado de nuevo el sedimento. A duras penas logré ver pequeños peces que pululaban cerca de mi cara como preguntándome que rayos hacia yo ahí sentado como si se tratase de un lugar turístico. Empezaron a aparecer algunas confusas luces con movimientos aleatorios, había un silencio total. – ya está, es el túnel- pensé e intente sonreír un poco pero no me obedecía nada, traté de mover un dedo pero nada, como si no tuviera cuerpo. Casi podía decir que había salido de mi y que si miraba atrás me vería a mi mismo tirado como una marioneta sin hilos en el piso de una habitación de un barco hundido. Al menos es una muerte interesante. Negro todo.


FIN.


Unos estruendos lejanos comenzaron a oírse. No quería abrir los ojos. No sabía lo que me iba a encontrar ¿y si eran muertos como los de las películas? ¿Y si eran como los del video de Michael Jackson en triller? Pa su madre, no iba a abrir los ojos pero los estruendos se iban acercando y me daban cada vez más miedo. Los estruendos infernales, ¿que habré hecho yo mal? ¿esto es el cielo? Vaya mierda de cielo. Los estruendos se convirtieron en explosiones, las explosiones en golpes y los golpes en unos galletazos que me estaban dando para despertarme. El cromangñon me había encontrado y me había sacado a superficie. Me reanimó a base de galletazos en la cara. Me ardía y mi primera reacción fue abrir un ojo. Todos respiraron aliviados. Me esperaba una bronca del papa por tamaña irresponsabilidad pero este no me dijo nada, estaba acostumbrado a este tipo de percances y a veces con desenlaces peores, al contrario. Me dio la bienvenida a los vivos y me dio 500 pesos. De ellos pague cincuenta por coger un carro de alquiler desde cabañas hasta la puerta de mi casa. La escopeta nunca la recogí. La di por vendida. Por supuesto que no conté nada de esto y al cabo de muchos años cuando volví a Cabañas, ya estos barcos habían desaparecido, hechos chatarra.